Argentina. “En plena pandemia, discutimos con Larreta si nos va a dar guantes y barbijos”

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Jackie Flores, la referente cartonera que encabeza el Programa de Promotoras Ambientales de la Ciudad de Buenos Aires, habla sobre las luchas ganadas junto a sus compañeras, la incidencia del feminismo popular en su trabajo y las estrategias recientes para enfrentar la emergencia generada por el COVID-19.

“Una de las primeras cosas que pude detectar fue el cambio en las manos. También en las miradas, que antes demostraban cansancio. Pudimos retomar la vida porque muchas logramos volver a los estudios y terminarlos. Eso fue posible porque pudimos bajar las horas interminables y los pesados kilos que hacíamos tirando de una carreta. Así nos cambió la vida: con este trabajo podemos ser las mujeres que elegimos ser”.

Jackie Flores habla desde el otro lado de la línea con la voz entrecortada: no es la mala señal, es la emoción de haber ganado una lucha colectiva. Nuestra charla es telefónica porque el aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado en marzo pasado en la Argentina nos encuentra a cada una en su casa. Ella y sus compañeras Promotoras Ambientales están impacientes por volver a timbrear por los barrios porteños: para hacerlo necesitan elementos de limpieza e higiene personal para enfrentar al COVID-19. A pesar de lo esencial de sus tareas, el Gobierno de la Ciudad, que co-gestiona el programa, no los garantiza. 

Actualmente, Jackie es la coordinadora nacional del Programa de Promotoras Ambientales. También es referente de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y secretaria de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (Faccyr).
Hace más de 25 años, llegó desde Córdoba a la Capital. Tuvo muchos trabajos. Entre otros, fue vendedora ambulante, pero la violencia institucional que padeció a manos de la Policía hizo que abandonara la actividad. Así el cartón llegó a su vida, y su historia personal se entrelazó con la de muchísimas más. 
LO PERSONAL ES POLÍTICO
“Conocí a cartoneras y cartoneros de Buenos Aires y lo primero que atiné a hacer fue agarrar una bolsa y llenarla de cartón”, rememora. Iba desde Chacarita hasta La Paternal, adonde llevaba lo recolectado. Más de dos kilómetros separan a un barrio del otro. Mientras tanto, el país pasaba del modelo neoliberal de los ‘90 a la explosión de la crisis de 2001, con devaluación, salida de la convertibilidad y desocupación en escalada.
Ni Jackie ni sus compañeras se salvaron del cimbronazo. Fue por aquellos años cuando se acercó al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). En 2007, cuando el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reglamentó la Ley de Basura Cero (Ley 1854) –cuyo objetivo es, entre otros, reducir la generación de residuos, recuperarlos y reciclarlos–, las mujeres cartoneras empezaron a preguntarse sobre cómo seguir colaborando al sistema de reciclado con inclusión social, mientras sus cuerpos pedían un descanso porque la rutina diaria las hacía caminar 50 cuadras tirando una carreta de 300 kilos. 

Para reducir la basura, la propia ley indica que es necesario concientizar a vecines y grandes generadores de la Ciudad sobre la separación en origen de residuos, diferenciando entre los reciclables y los desechables. A ellas, que ya se habían juntado en la Cooperativa Anuillan, les sobraba experiencia en esa materia, así que empezaron a trazar un proyecto de promoción: inmediatamente tuvieron el apoyo del MTE. “Tuvimos miedo a lo nuevo, pero eso no nos frenó -recuerda-. Muchas pensaron que no podíamos hacerlo; pero para emprender la nueva tarea ya teníamos saberes y formación a partir de nuestras propias trayectorias personales”.
Una vez que superaron temores, comenzaron a pensar en qué comunicar a la sociedad y a sus compañeres. Y también a la Legislatura porteña: “En 2013 presentamos un proyecto de ley para rescatar nuestro rol como promotoras. Fue un lindo proceso. Lo llevamos al recinto, donde nos llegaron a preguntar por qué era un proyecto pura y exclusivamente para mujeres, aunque dejamos en claro que nosotras no teníamos que explicar nada”. Es evidente: las mujeres, lesbianas, travestis y trans están en desigualdad de condiciones respecto de los varones. Esas identidades son, históricamente, las que padecen las violencias machistas y sus muertes, por el hecho de ser quienes son, ocupan el último eslabón de una cadena de agresiones.
ENTRE CARTONES Y LIBROS
El proyecto que presentaron no fue aprobado, pero dejó un precedente. Poco tiempo después, en 2015, se creó el Programa de Promotoras Ambientales: “Es la primer política pública con perspectiva de género para el sector”. ¿Por qué? Porque se calza las lentes violetas para recuperar sus trayectorias, tantas veces invisibilizadas; porque entiende el impacto del cartoneo en sus cuerpos; porque las vuelve protagonistas en el espacio público, del que las han querido echar; porque reduce las horas –que antes eran 12, 14 o más y con carreta en mano– y eso posibilita que recuperen, además de residuos, sus propias vidas. 

“El Cuerpo de Promotoras Ambientales sale de las propias mujeres cartoneras. Está co-gestionado con el Gobierno de la Ciudad y lo remarcamos, porque el Ejecutivo pretendía capacitarnos cuando nosotras teníamos, y tenemos, formación al respecto”. De ese modo, las trabajadoras instan a un circuito que comienza por ellas, las que tocan los timbres de les vecines y consultan sobre sus conocimientos acerca de separación y reciclaje, ofreciendo información para “garantizar el material reciclado para que llegue a las manos de nuestros compañeros de las cooperativas cartoneras”.
Jackie continúa: “Somos la cara visible de otros trabajadores de la economía popular que realizan el servicio de reciclado acá: por nosotras, los vecinos también saben que aquel cartonero que ven en la cuadra tiene nombre y apellido”. Una conquista del mundo cartonero y en clave feminista.
Actualmente, el programa nuclea a “entre 50 y 65, aunque deberíamos ser 400 para toda la ciudad”, señala la coordinadora nacional. El espacio que nació en la CABA tiene sus réplicas en otros lugares del país, como San Pedro o San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires.
Jackie y sus compañeras dejaron el carro y pudieron volver a la escuela: ella terminó la secundaria hace pocos años. Muchas pueden estudiar en el Bachillerato Popular Cartonero, impulsado por el MTE y la Faccyr, pero principalmente por las asociadas de la Cooperativa Anuillan. Allí comparten aula Promotoras Ambientales y Recicladores Urbanos. “Antes nos expulsaron, no queremos que pase más, y por eso lo promovimos, para acceder a un derecho fundamental: el derecho a la educación”, subraya.
CUANDO LO ESENCIAL ES INVISIBLE
Pelearon contra la Ley de Incineración, que luego de ser aprobada en la Legislatura (2018) fue declarada inconstitucional. Luchan por la de envases. Denuncian que “antes Mauricio Macri (como jefe de Gobierno) y ahora Horacio Rodríguez Larreta vaciaron de presupuesto la Secretaría de Medio Ambiente porteña”.
Jackie resalta la dificultad de pelearles las licitaciones a las grandes empresas que hacen negocios, grandes como ellas mismas, con la basura. Antes de que la pandemia del COVID-19 azotara al mundo, pero con mayor impacto en las personas y comunidades más vulneradas, iban a impulsar las paritarias populares.
Ahora, la emergencia es otra: teniendo en cuenta que el virus puede contraerse por vía respiratoria o por tomar contacto con superficies contaminadas, el trabajo de las promotoras, como el de recicladoras y recicladores, debe seguir pautas de cuidado: “Nuestro trabajo es esencial, por eso le pedimos a Larreta que nos garantice los elementos de higiene para llevar adelante todo nuestro circuito. Estamos en esa plena discusión, pero nos quiere hacer salir a la calle sin esas garantías. Es una aberración”.

Lo que más angustia a Jackie es la situación de quienes ejercen esas tareas de forma independiente, porque su sustento depende del material que recolectan. Se le agita la voz, hace dos días se quedó dura de una contractura. Se le enredan las palabras de la bronca: “En plena pandemia, y encima con lo que ocurre en los barrios populares de la Ciudad, estamos discutiendo con Larreta si nos va a dar los guantes y barbijos para que no colapse el relleno sanitario”.
Nos despedimos. En breve irá al local donde también funciona el bachillerato para, con el resto de sus compañeras, extremar la limpieza. Habrá almuerzo al sol. Faltarán abrazos, solo por prevención, pero eso no quita que la ternura escasee: el apretón está ahí, donde se lucha por los derechos de todes.
  •   Fotos: Vicky Cuomo
* Esta nota fue realizada en el marco de la beca de investigación periodística de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR), impulsada por la Fundación Avina.
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