Argentina. El virus en Buenos Aires: vidas que valen menos que otras

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La muerte de Ramona Medina, referente de La Poderosa en la Villa 31, desnuda la política pública de la gestión Rodríguez Larreta. Por un lado, rapidez, efectividad y aislamiento en hoteles para las personas que regresaron del exterior. Por el otro, abandono y respuestas ineficaces para la población de barrios pobres.

Hace dos meses, cuando el coronavirus empezó a circular por la Argentina y el mundo comenzaba a cambiar y a cerrarse, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aisló a varias miles de personas que llegaban desde Estados Unidos, Europa e incluso desde países vecinos.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo actuaba la gestión de Horacio Rodríguez Larreta ante posibles focos de contagio fue lo que se denominó “el caso Buquebus”. Cuando las 400 personas que viajaban en el barco junto a un joven contagiado arribaron al puerto, el Gobierno porteño activó el protocolo y montó un operativo para asegurar que se cumpliera con el aislamiento: llevaron a la tripulación y a todos los pasajeros a varios hoteles, algunos de lujo como el Panamericano.

Ahora, en medio de la curva exponencial de casos de Covid 19 que se está produciendo en el Barrio Padre Mujica (Villa 31), el Gobierno de Rodríguez Larreta —protegido por canales progres y liberales, y probablemente el más blindado mediáticamente de la historia porteña— actúa de un modo opuesto a cómo había actuado con los recién llegados del exterior. Los deja casi librados a su suerte, sin protección, con una asistencia por parte del Estado visiblemente insuficiente y después de que una parte de la población de la Villa estuvo 10 días sin agua.

Porque hay un problema estructural, que es el hacinamiento y la falta de servicios básicos. Pero hubo también un problema coyuntural que aceleró esta tragedia silenciada por casi todos los medios y visibilizada por organizaciones sociales como La Poderosa: en medio de una pandemia, con la necesidad de higienizarse de manera constante, la 31 no tuvo agua. Y no fue un rato, no fue un día, no fueron dos: fueron diez.

Ya es tarde para resolverlo. Es tarde porque el domingo murió Ramona Medina, porque el sábado murió el Oso Víctor Giracoy, porque seguramente vendrán más muertes y porque el virus circula con fuerza adentro del barrio. 

Cuando el Gobierno detecta nuevos casos en las recorridas que viene haciendo con personal sanitario, lejos de ofrecerles hoteles o espacios seguros a las personas infectadas, las envía a sus casas precarias, muchas sin servicios básicos, para que el virus siga diseminándose.

El tiempo, sin embargo, ya no se puede recuperar. Y la consecuencia es esto que está sucediendo.

La consecuencia es la muerte de Ramona, insulina-dependiente, vocera de La Poderosa y quien había denunciado la falta de agua hace dos semanas.

La consecuencia es la muerte del Oso, diabético y una de las almas del comedor Estrella de Belén.

La consecuencia es que más de la mitad de los testeados, en las pruebas masivas que se hicieron en la última semana, dan positivo.

La consecuencia es que Retiro tiene 15 veces más de casos de Covid 19 que barrios linderos como San Nicolás o Recoleta.

La consecuencia es este descontrol que se replica, a menor escala, en otras villas de la Ciudad, como la 1-11-14 del Bajo Flores.

El virus, en definitiva, sintetiza toda una política pública, una idea de para quién gobierna Larreta y sus funcionarios. Se sabe hace mucho. Esta emergencia sanitaria y social no hace más que homologarlo. 

Foto: Federico Imas
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