Argentina. El Teje: las travestis sueltan amarras

Por Mabel Bellucci

El Teje, primer periódico travesti latinoamericano, recibe el Premio Lola Mora en la categoría Prensa Alternativa otorgado por la Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

El Teje fue la primera revista argentina y latinoamericana hecha por y para travestis y transexuales, donde las columnas, los textos literarios, los comentarios políticos así como la gráfica, hablaban de identidades no heterosexuales a partir de un lugar propio. Significó el primer paso del silencio a la palabra. Era una publicación de tamaño colosal. Contaba con diez páginas sumamente coloridas. Salía cada tres meses, en forma gratuita, realizada por el Centro Cultural Ricardo Rojas, Universidad de Buenos Aires. Su nombre remitía a todo terreno. Así lo definían en la editorial del primer número: “Lo que no se dice, lo oculto, lo que se trama, lo ilegal, lo sobreentendido.” El Tejees parte de la jerga del mundo de la prostitución. Una señal de complicidad entre las mismas integrantes de lo que no quieren que el otro se entere.

En 2007, un grupo de travestis se propuso construir su propia herramienta mediática, considerando que constituía una de las identidades sexuales más comentadas en los medios de comunicación; no obstante, la menos comprendida. Las más de las veces, el travestismo solo aparecía para ocupar espacio en la sección de policiales, en noticias sensacionalistas o frívolas. Frente a esta realidad insoslayable, ellas tomaron el toro por las astas: sin más, se capacitaron en periodismo pero de una manera nueva, reconociendo la variedad y complejidad de los saberes que ya poseían y que formaban parte de su cultura comunitaria. En efecto, El Teje encarnaba un modo de dar voz a través de la palabra materializada respecto del silencio social histórico por el que fueron y son damnificadas.

De hecho, batallaban por generar límites a la cultura hegemónica en cuanto a su producción de violencia, racismo, exclusión, desaparición y muerte, sin por ello omitir casos con diferentes aristas: la travesti de las grandes ciudades, la involucrada en el delito y en la prostitución. En una entrevista realizada por el diario Página 12, del 18 de noviembre de 2007, Lohana Berkins, referente histórica del movimiento, apuntó con suma justeza, refiriéndose a lo que la prensa transmitía sobre ellas: “La crónica policial hace desaparecer al sujeto. El hecho de violencia pasa a ser la centralidad de su identidad. Desaparece el sujeto cuando se dice ‘Un tiro en travestilandia’. La contraparte es ver el trasfondo, qué lleva a que suceda un hecho en particular. Muchas veces los propios organismos hacen las denuncias y ponen los nombres de varón. En este periódico jamás vas a ver un nombre de varón. En los medios, el fenotipo tiene que ser fantasmagórico, tremendamente sensacionalista, frivolizante, sin mostrar la profundidad de una comunidad”.

Todo comenzó merced a una propuesta de las áreas de Comunicación y de Tecnologías de Género, a partir del taller de crónica periodística coordinado originalmente por la periodista y editora María Moreno sobre una idea de Paula Viturro, investigadora y docente de la UBA. Por su lado, Marlene Wayar lo dirigió con su riquísima lengua travesti y su estilo literario personal a lo largo de sus seis números. En esa misma entrevista, esta teórica y activista analizaba lo siguiente: “Cada vez que leemos un diario y una revista, para poder identificarnos, tenemos que imaginarnos en otros cuerpos y en otras formas de sentir y de pensar. El Teje se propone como el espejo de nuestro sentir y pensar, es decir las formas en que reaccionamos internamente ante nuestra propia percepción de qué y cómo somos: no somos hombres. A veces sentimos que la sociedad toda habla por nosotras, en nuestro lugar. Otras veces sentimos que decimos algo que luego no se traduce en hechos”.

Entre los tantos objetivos planteados por este periódico, uno era medular: traducir en representaciones culturales y acciones políticas transformadoras a estos discursos internos de sentir y pensar de la comunidad. Llevó un buen tiempo capacitar a sus integrantes en la crónica periodística a modo de apropiarse de la voz en primera persona, reconstruir la memoria y otros sitios posibles en el imaginario travesti. De esta manera, se tornó en un constante diálogo intra/extra comunitario así como en una estrategia de empezar a conocerse y de organizarse en beneficio del conjunto para unificar criterios sobre cómo impactar ante la sociedad y, sobre todo, ante el Estado.

Nada sucedió de manera espontánea: detrás de El Teje se vislumbraba mucho camino a recorrer, tanto en la producción teórica como en el activismo. Conocer los nombres que integraron el proyecto amerita todo tipo de exclamaciones. El equipo de redacción de los últimos números estaba compuesto por Mauro Cabral, Daniela Vizgarra, Julia Amore, Paula Polo, Malva, Alma Catira Sánchez, Carla Lacci, Bruno Viera, Maite Amaya, Lohana Berkins, Naty Menstrual, Amancay Diana Sacayán, Mariana Casas, Julia Amore, Fernando Noy, Pedro Lemebel, Tadeo C.C. En ese sentido, sus redactoras y redactores subvertían el enfoque de los clásicos cronistas gráficos: eran ellas y ellos quienes registraban sus prácticas cotidianas sin victimización ni condescendencia. Por ende, desde sus propias acciones y conocimientos múltiples transmitían aquello que operaba a partir de la subalternidad para luego disputar nuevos sentidos. A la vez, en cada número repetían como un mantra sus agradecimientos a la Cooperativa de Trabajo Nadia Echazú, al Hotel Gondolín y a todas las personas que trabajan en el Rojas, por la calidez al recibirlas.

Sin duda, El Teje revelaba una virtud: la pluralidad de registros y temáticas; es decir, todo podía estar presente en sus páginas. Desde crítica teatral, listado de varones deseados, humor erótico, teoría queer, historias de vida, arte y espectáculos, legales, salud, hasta los hits de la moda. Como una suerte de espejo, esta revista encarnó un comienzo, una búsqueda del sol, una voz que bramaba NO SOMOS “OTRAS”: ¡SOMOS NOSOTRAS: VECINAS COMO VOS! ¡Vengan maricas latinas! Gritemos desde el sur del mundo! ¡Aturdámoslos!

En octubre de 2010 salió el último número. Entre los numerosos y variados artículos se encontraba “El crimen de Rubí”, escrito por Diana Sacayán. Rubí murió al mes de haber sido baleada. Tenía el nombre de una piedra preciosa. Los testigos acusan a la policía de abandono de persona. Los datos de un Polo gris y un número de chapa deberían hacer avanzar a la cerrada investigación judicial. Sin embargo, no se hizo.

Diana comenzaba su nota anticipando a los lectorxs lo que años más tarde le significaría su propia muerte: “Quizá noten similitudes en esta situación con otras notas que realicé y que refieren al mismo tema, pero es sumamente necesario desde esta redacción y desde mi compromiso como militante y activista seguir denunciando situaciones violentas que se dan en el seno de una sociedad que parece haber crecido de espaldas en relación a la comunidad GLTTB. Esta también es la realidad y esta es también parte de esa sociedad”.

 

http://www.rojas.uba.ar/contenidos/revistas/index_revistas.php

* Mabel Bellucci. Activista feminista queer. Integrante del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) en el Gino Germani-UBA. Autora Historia de una desobediencia. Aborto y Feminismo.

 

http://damiselasenapuros.blogspot.com.ar/2015/12/el-teje-las-travestis-sueltan-amarras.html

-->
COLABORA CON KAOS