Argentina. El poder revolucionario hoy y ahora. Sobre una crisis en el Partido Obrero (PO)

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Por Jorge Luis Ubertalli O.

Hombre sin templo

Desciende a mi ciudad tu ejemplo

Silvio Rodríguez, al Che

 

Desde el principio de la asunción de Mauricio Macri quien esto escribe opinó que, siendo su gobierno ilegítimo en cuanto engendro colonial saqueador, represor, explotador y entreguista, debía ser defenestrado sin miramientos ni prejuicios por la acción directa popular en toda su amplitud. Su continuidad en el tiempo le permitió a Macri y sus compinches locales y extranjeros demoler, poco a poco, sin pausa y sin equivocarse en lo más mínimo, el edificio de la nación y su sustrato básico: la clase obrera, los trabajadores de todo tipo y los pobres de la ciudad y el campo. La guerra contra el pueblo declarada por la administración macrista, sin resistencias directas de hacerse notar, fue y es paralela a un proyecto liquidacionista de la nación en su conjunto; en sus bienes culturales y materiales, su historia, su territorio y sus fuerzas productivas, en el contexto de un redimensionamiento del mercado mundial.

Dijimos y lo repetimos hasta el cansancio que, nacida la Argentina tal como la conocemos cuando finiquitó el Virreynato del Rio de la Plata en el marco de la hegemonía de Inglaterra sobre la región, y en consonancia con su inserción en el mercado mundial como productora de materias primas y alimentos, podría ser liquidada teniendo en cuenta el nuevo diseño del mercado mundial, en su redimensionamiento geopolítico, energético, acuífero, industrial, alimentario y, fundamentalmente, financiero.

En ese camino se produjo, durante la ‘crisis del dólar’, provocada por los grandes ‘mercados’ en el marco de una crisis mundial del capitalismo y, en paralelo, a la llegada a la palestra de Donald Trump y el renovado fascismo sui generis de su gobierno y gobiernos aliados a la región, un planteo del Partido Obrero – ya constituído en organización de masas- de convocar a una Asamblea Constituyente en camino hacia un gobierno de trabajadores con la consigna fundamental de Fuera Macri Ya, consigna no levantada por otros partidos integrantes del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT), al cual el PO se halla inscripto. En ese momento el PO convocó a un acto en Congreso, al cual fui en apoyo a la consigna de Fuera Macri Ya y la autoconvocatoria a una Asamblea Constituyente. Luego de ese acto, noté que en el transcurso de los días esa consigna fue diluyéndose, hasta que en una declaración uno de los dirigentes de ese partido llamó a acumular fuerza para las elecciones en función de competir y derrotar al kirchnerismo a través del FIT. O sea, el Fuera Macri Ya se transfiguró en una campaña para las elecciones de octubre, lo que me produjo extrañeza. Las consignas de ese tipo – máxime cuando se plantea echar al gobierno, aún el de Macri- se discuten en el seno de una organización y no se suben o bajan de acuerdo a los dictados de alguien o algunos en particular; una vez asumidas deben llevarse a cabo a como sea. Como no milito ni milité en el Partido Obrero, mi interés en esa organización se perdió en cuanto retomó un rumbo electoralista que a mi entender significan dos cosas :- reconocer legitimidad al gobierno de Macri en cuanto a ‘respetar’ su ‘mandato’ y el orden ‘democrático’, con su correlato electoral;- confundir al sector de los trabajadores y el pueblo más conscientes en cuanto a trastocar una consigna ( estrategica)  de poder popular en una campaña electoralista.

En estos días, y a colación de la crisis en el seno del PO que reprodujo el matutino Página 12, pude comprender el porqué de la desaparición de la consigna Fuera Macri Ya ( que como se señala en el documento de Altamira, Ramal y otros no se sostuvo por los ‘mayoritarios’ como consigna estratégica sino táctica, de acuerdo al devenir del momento político)  y del ‘giro’ de este partido hacia las elecciones de octubre.  En este partido, según se informa, hubo dos posiciones contradictorias, que, parece ser, vienen arrastrándose desde hace tiempo. Una es la de la Comisión Ejecutiva y el Comité Nacional; la otra la de los antiguos miembros, fundadores del partido, como Jorge Altamira, Marcelo Ramal y otros.

Los primeros acusan a lo segundos de no respetar lo aprobado en mayoría en el último Congreso partidario; de ‘fraccionalistas’ y ‘personalistas’ ( en el caso de Altamira). También ‘catastrofistas’ y  ‘charlatanes’.

Los otros, Altamira y Ramal incluidos, sostienen que los primeros los han censurado, espiado en sus faces y otros medios internéticos,  ‘expulsado’ del partido, y que han abandonado la continuidad histórica de esa organización ‘ o sea sus principios, su estrategia y sus métodos’, transformándose en ‘derrotistas’ y ‘parlamentaristas’.

En síntesis, y para no abundar en citas y decires de unos y otros, la polémica y sus proyecciones girarían alrededor  de si el partido debe aspirar o no a conducir a la clase trabajadora y el pueblo al Poder revolucionario o de trazarse, como fundamental,  una estrategia electoral.

Cabe destacar un párrafo de los seguidores de Altamira y Ramal, que han conformado una ‘fracción pública’ de ese Partido, legal, según se dice, en cuanto a sus Estatutos.

‘Para un partido revolucionario toda lucha de clases es una lucha política, es decir, un planteamiento de poder.(…) Las altas y bajas de esa lucha de clases no modifican esa metodología ( del Partido, en este caso el PO), solamente modifican la forma de planteamiento. (…) La política revolucionaria no pierde vigencia en periodos no revolucionarios, se orienta simplemente a preparar, en términos de propaganda, agitación y organización política, la actuación revolucionaria en los periodos revolucionarios que sobrevendrán’.  Estas expresiones podrían traducirse así: no relajarse, no adaptarse a las circunstancias de la ideología y las prácticas burguesas, no ser furgón de cola ‘de las elecciones de octubre’, como llegó a sostener un dirigente actual de esa organización, hoy en la vereda contraria a la de Altamira y Ramal, no confundir táctica con estrategia. En esa dirección se formulan las críticas al ‘realismo’ seguidista de los ‘mayoritarios’ , que ‘pregonan  una adaptación al proceso político’ – signado por lo electoral, en el marco de la institucionalización de la ‘democracia’ burguesa- y a otras cuestiones como el feminismo ‘puro’- despojado de su carácter de clase-, a la blandenguería frente a la drogadicción, al parlamentarismo como objetivo en sí y no como medio de propagandización y agitación del socialismo y la confrontación clasista, y a la concreción de políticas de alianzas meramente electoralistas que, sin una profunda discusión política, llevan a conformar un partido más del sistema, sin proyección revolucionaria. Cabe destacar que los primeros, ‘ ‘mayoritarios’, acusaron a los segundos de hacerle el juego al kirchnerismo en cuanto a la utilización de la consigna Fuera Macri, Constituyente Soberana y Gobierno de Trabajadores, lo que trajo aparejada una contestación de los segundos que vale la pena aquí reproducir. ‘ El procedimiento de diferenciación que consiste en denunciar a todos los protagonistas de la política (Macri, K, Massa, Gobernadores, Intendentes, el Papa, Lavagna, etc.) marca un nivel grosero de despolitización, y funciona como autoproclamación de una izquierda que sigue siendo el extremo minoritario del arco político’. ( en suma, al furgón de cola de octubre, tal como transcribimos antes). ‘ En la lucha contra el gobierno hambreador, el PO plantea una alternativa de clase (Constituyente Soberana, Gobierno Obrero); esa es la diferenciación política’ sostienen los segundos. En otras palabras, no ofrecerse como alternativa revolucionaria ante las masas, llevan a esta a aceptar el kirchnerismo como ‘salida inmediata al llamado ajuste’. Así se proclama: ‘Un programa que no plantea la cuestión del poder y la acción directa política de masas’ ( lease bien, política y no militar, no armada) ‘deja de lado la estrategia de la revolución socialista, es decir, el desarrollo de la conciencia de la revolución proletaria de la vanguardia y en las masas.’

Vale la pena destacar que unos y otros toman al denominado Programa de Transición, pergeñado por León Trotski en 1938, como orientación a seguir en el decurso estratégico de ese partido.

De él hablaremos ahora

El 14 de septiembre de 1917, poco antes de producirse la Gran Revolución de Octubre y de establecerse el Poder Soviético en toda Rusia, Lenin publicó un folleto titulado ‘La Catástrofe que nos amenaza y como luchar contra ella’ (O.E.259/300, Cartago).  En él Lenin critica a los demócratas burgueses en el poder que no hubieron conjurado, en los seis meses que habían pasado desde la revolución burguesa que concluyó con la monarquía zarista, la catástrofe y el hambre imperante, la desocupación y otros males que azotaban al pueblo. ‘ Las medidas que se requieren para combatirla son muy claras, sencillas, perfectamente realizables y al alcance de las fuerzas del pueblo, que si no se toman es sólo y exclusivamente porque su cumplimiento  afectaría los beneficios fabulosos de un puñado de capitalistas y terratenientes’.  Estas medidas, acotaba más adelante Lenin, serían ‘ el control, la inspección, el registro, la regulación por el Estado, la implementación de una distribución acertada de la mano de obra en la producción y en la distribución de los productos, el ahorro de las energías del pueblo, la eliminación de todo esfuerzo superfluo, la economía de esfuerzos. Control, inspección registro’. Destacando la ineptitud de los demócratas burgueses para paliar la situación debido a sus compromisos con los capitalistas, que boicoteaban todo control puesto que este ‘pondría al descubierto’ sus ‘beneficios fabulosos’, Lenin exigía a los gobernantes demócratas burgueses a ‘invitar a la población a que inspeccionase ella misma a los capitalistas y que vigilase si cumplían o no escrupulosamente las disposiciones acerca del control’, a efectos de incentivar a las masas a ejercer un poder paralelo sobre el Estado y los explotadores.  Así Lenin sostiene en un párrafo: ‘La sociedad burguesa considera el trabajo y el ingreso de un asalariado como su libro abierto, en el que cualquier burgués tiene el derecho de husmear en cualquier momento y denunciar en cualquier momento el “lujo” del obrero, su supuesta “haraganería”, etc. Bien ¿ y el control inverso?¿  Qué  pasaría si el Estado *democrático* invitase a los sindicatos de empleados, de oficinistas, de los servidores domésticos a verificar los ingresos  y los gastos de los capitalistas, a publicar los datos correspondientes, a ayudar al gobierno a combatir la ocultación de los ingresos?’.  Y más adelante sentenciaría : ‘ En efecto, la nacionalización de los bancos y los consorcios, unida a la abolición del secreto comercial y al establecimiento del control obrero sobre los capitalistas, no solo representa un ahorro gigantesco de trabajo del pueblo, la posibilidad de economizar fuerzas y recursos, sino que además representaría una mejora en la situación de las masas trabajadoras, de la mayoría de la población’.

Bien. Las principales medidas a tomar por el gobierno democrático burgués que Lenin enuncia para paliar la situación- y de paso incentivar el doble poder por parte de los obreros, campesinos y población en general frente a la burguesía, a la que esos ‘demócratas’ sirven- son: 1) Fusión de todos los bancos en un banco único y control del Estado de sus operaciones, o nacionalización de los bancos; 2) Nacionalización de los consorcios, es decir, de las más grandes asociaciones monopolistas de los capitalistas…(…); 3) Abolición del secreto comercial; 4) Agremiación obligatoria ( es decir agrupación obligatoria en asociaciones) de los industriales, los comerciantes y los patrones en general); 5) Organización obligatoria de la población en cooperativas de consumo o fomento  y control de esa organización’.

De sujetos colaboradores del Estado ‘democrático burgués’  en el cumplimiento de estas medidas, los trabajadores y el pueblo adquirirían la experiencia necesaria para ejercer luego su poder popular revolucionario.

Teniendo en cuenta estos antecedentes y otros esbozados por Lenin durante su corta vida, pasaremos al Programa de Transición de Trotski.

Este Programa, definido por Trotski como fundante de la IV Internacional en París, fue escrito en 1938, en vísperas de la Segunda Guerra mundial. En él Trotski- que ya residía en México, donde fue asesinado-  define como crítica la dirección del proletariado mundial, ya  que habiendo condiciones objetivas- ya no ‘maduras’ sino que ‘han comenzado a descomponerse’- no logra concretar la revolución socialista debido a la ‘traición’ de sus direcciones: socialdemócratas y stalinistas. Según Trotski, la misión de la IV Internacional es dirigir la revolución socialista mundial y para ello debe conjugar en un solo torrente las reivindicaciones ‘mínimas y las ‘máximas’ ya que   ‘la obtención de este objetivo estratégico (el socialismo) es inconcebible sin la más cuidadosa de las actitudes respecto de todas las cuestiones de táctica, inclusive las pequeñas y parciales.’

‘Todas las fracciones del proletariado, todas sus capas, profesionales y grupos deben ser arrastradas al movimiento revolucionario. Lo que distingue a la época actual, no es que exima al partido revolucionario del trabajo prosaico de todos los días, sino que permite sostener esa lucha en unión indisoluble con los objetivos de la revolución’. Esa conjunción del programa mínimo con el máximo en un solo devenir permanente se explica así:  ‘ En la medida en que las reivindicaciones parciales –“mínimum”- de las masas entren en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente -y eso ocurre a cada paso- la IV Internacional auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es el de dirigirse cada vez más abierta y resueltamente contra las bases del régimen burgués. El viejo “programa mínimo” es constantemente superado por el programa de transición cuyo objetivo consiste en una movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria’. Este programa de transición se homologa en su táctica con lo planteado por Lenin en el folleto nombrado más arriba.

Dividido en 21 títulos, el Programa de Transición se presenta- partiendo  de lo simple a lo complejo y de lo particular a lo general- como orientación para, desde las tareas y reivindicaciones más particulares y simples, arribar al puerto de la revolución socialista. En el acápite denominado El Proletariado y su revolución, el revolucionario ruso sostiene que ‘  La economía, el Estado, la política de la burguesía y sus relaciones internacionales están profundamente afectadas por la crisis social que caracteriza la situación pre­-revolucionaria de la sociedad. El principal obstáculo en el camino de la transformación de la situación pre-revolucionaria en revolucionaria consiste en el carácter oportunista de la dirección proletaria, su cobardía pequeño-burguesa y la traidora conexión que mantiene con ella en su agonía.’. Crítico de la social-democracia y el stalinismo, al que homologa con aquella, Trotski, en su condena a los Frentes Populares, mete en una misma bolsa, en relación con la Guerra Civil española, a stalinistas, anarquistas, social-demócratas y POUM (Partido  Obrero de Unificación Marxista) acusándolos, ‘ cada cual a su manera’, de ser causantes del advenimiento del fascista Franco al poder. Esto constituye un agravio a organizaciones como el POUM, cuyo dirigente, Andrés Nin, de origen trotskista, fue asesinado por la policía stalinista (GPU), al igual que muchos dirigentes y militantes anarquistas. Trotski homologa, con apresuramiento y subjetividad manifiesta, a los Frentes Populares con el fascismo en relación con ser ‘los últimos recursos políticos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria’, aunque plantea que el freno a la revolución lo constituye en parte la ‘traición de las organizaciones obreras’, a quienes Lenin también se refería en cuanto ‘aristocracia obrera’.

Sin embargo, refiriéndose al acápite titulado Programa Mínimo y el Programa de Transición, sostiene con acierto que ‘La tarea estratégica del próximo período -período pre-revolucionario de agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y descorazonamiento de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven). Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado’ . Y entre las reivindicaciones transitorias enumera: Escala Móvil de los Salarios y escala móvil de las horas de trabajo, la abolición del secreto comercial y el control obrero de la industria, la expropiación de ‘ciertos grupos` de capitalistas, sin indemnización (grandes capitalistas), la expropiación de bancos privados y estatización de sistemas de créditos, todas ellas emparentadas con aquellas planteadas por Lenin a los ‘demócratas burgueses’ en 1917 en función de estimular al proletariado y sus aliados a ir conformando un doble poder, que culminará con la toma del mismo

Con respecto a los sindicatos, sostiene con razón que ‘ En los períodos agudos de lucha de clases, los aparatos dirigentes de los sindicatos se esfuerzan por convertirse en amos del movimiento de masas para domesticarlo. Esto se produce ya en ocasión de simples huelgas, sobre todo con la ocupación de las fábricas, que sacuden los principios de la propiedad burguesa. En tiempo de guerra o de revolución, cuando la situación de la burguesía se hace particularmente difícil, los jefes de los sindicatos se transforman ordinariamente en ministros burgueses.’ Fenómeno que  se observó en el pasado y se observa hoy en la Argentina, donde las direcciones sindicales frenan la lucha de los trabajadores o las encaminan hacia el desierto de la denuncia, la confrontación-negociación meramente económica y la preservación del ‘orden’ democrático burgués. Y en cuanto al poder obrero gestado desde la base, Trotski enuncia que ‘Huyendo de la rutina como de la peste, la dirección debe prestar atención a la iniciativa de las masas. Las huelgas con ocupación de fábricas, una de las más recientes manifestaciones de esta iniciativa, rebasan los límites del régimen capitalista normal’, sostiene con razón. ‘Independientemente de las reivindicaciones de los huelguistas, la ocupación temporaria de las empresas asesta un golpe al ídolo de la propiedad capitalista. Toda huelga de ocupación plantea prácticamente el problema de saber quién es el dueño de la fábrica: el capitalista o los obreros. Si la ocupación promueve esta cuestión episódicamente, el comité de fábrica da a la misma una expresión organizada. Elegido por todos los obreros y empleados de la empresa, el comité de fábrica crea de golpe un contrapeso a la voluntad de la administración’ ( y a la voluntad de manipular a los trabajadores por parte de las burocracias sindicales).

En un mismo orden de cosas. Trotski hace un llamado en un acápite del Programa titulado PIQUETES DE HUELGA, DESTACAMENTO DE COMBATE, MILICIA OBRERA, EL ARMAMENTO DEL PROLETARIADO, a conformar Comités de Autodefensa contra las bandas fascistas paraestatales, ‘ejército privado de la burguesía’. Y sostiene : Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sienten tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas’ (obviamente también los públicos, como se observa en nuestra realidad) ‘son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelgas son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos. En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándolas en el manejo de las armas.’

Cabe advertir que Lenin ya en 1905 y de ahí en adelante planteó el armamento popular, a utilizarse en la insurrección de Moscú de ese año. Así sostenía:  ‘ Debemos aprovechar los progresos de la técnica, enseñar a los destacamentos  obreros a fabricar bombas en gran escala, ayudarlos, lo mismo que a nuestros destacamentos de combate, a proveerse de explosivos, fulminantes y fusiles automáticos.’. En el mismo caso plantea conformar destacamentos guerrilleros  de unidades móviles, pequeñas, de 2,3 a 5 combatientes, de diez combatientes. Lenin sostenía que ese movimiento, iniciado pacíficamente como huelga general, desembocó en insurrección. Pero, dice, que ninguna organización revolucionaria de ese momento, aun sabiendo lo que ocurriría, se preparó para ello. (‘Las enseñanzas de la insurrección de Moscú’, Lenin, 29 de agosto de 1906, Proletari, en O.E., Tomo II ). También en El Estado y la Revolución, (agosto y septiembre de 1917, O.E, Tomo IV, Cartago) y en otros trabajos Lenin plantea el armamento proletario y su reemplazo por destacamentos armados de trabajadores.

Este planteo es fundamental en cuanto a la concreción del Poder Popular y su defensa frente a las agresiones de los esbirros del imperialismo y las burguesías locales e internacionales. Sin embargo, las organizaciones locales que levantan este Programa no han hecho fundamental hincapié en este tema, lo que hace que el Fuera Macri y otras consignas de Poder Popular queden en agua de borrajas. Si el electoralismo y el ‘cretinismo parlamentario’ son el purgatorio de un partido revolucionario, el pacifismo pequeñoburgués y su correlato de no ejercer la acción directa armada ante la violencia integral estatal y paraestatal,  se constituye en un camino hacia el  infierno para los trabajadores, los jóvenes, las mujeres en sus reivindicaciones de género y de clase y demás integrantes del pueblo, y el certificado de defunción de la organización revolucionaria. Coincidiendo con Lenin, Trotski sostenía que ‘La nueva ola del movimiento de masas no sólo debe servir para aumentar el número de esas milicias, sino también para unificarlas por barrios, ciudades y regiones. Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de pistoleros y de fascistas ( y los esbirros oficiales del capital y los mismos capitalistas y funcionarios  que los ceban). Es preciso lanzar la consigna de la milicia obrera como única garantía seria de la inviolabilidad de las organizaciones, las reuniones y la prensa obrera. Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable,  valiente en la agitación y en la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad: educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores, infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución, aumentar la confianza en sí mismos de los explotados, desacreditar el fascismo a los ojos de la pequeña burguesía y despejar el camino para la conquista del poder para el proletariado.’

En cuanto al tema de la guerra, Trotski sostiene: ‘Toda la situación mundial, y por consecuencia también la vida política interior de los diversos países, se hallan bajo la amenaza de la guerra mundial. La catástrofe que se aproxima penetra de angustia, desde ya a las masas más profundas de la humanidad.’ Se manifiesta contra la guerra, como un producto de la pugna de intereses entre los países imperialistas y paralelamente como un festín para los que lucran con ella. Así, sostiene: ‘ Es necesario arrancar de una vez por todas el destino de los pueblos de las manos de las camarillas imperialistas ávidas y despiadadas que conspiran a sus espaldas. De acuerdo con esto reivindicamos: abolición completa de la diplomacia secreta; todos los tratados y acuerdos deben ser accesibles a cada obrero y campesino. Creación de escuelas militares para la formación de oficiales salidos de las filas de los trabajadores y escogidos por las organizaciones obreras, instrucción militar de los obreros y campesinos bajo el control inmediato de comités obreros y campesinos. Sustitución del ejército permanente, es decir del cuartel, por una milicia popular en ligazón indisoluble con las fábricas, las minas y los campos’.

Y para que no haya dudas, acota más adelante:   ‘Pero todos los países del mundo no son países imperialistas. Al contrario, la mayoría de los países son víctimas del imperialismo. Algunos países coloniales o semi-coloniales intentarán, sin duda, utilizar la guerra para sacudir el yugo de la esclavitud. De su parte la guerra no será imperialista sino emancipadora. El deber del proletariado internacional será el de ayudar a los países oprimidos en guerra contra los opresores, este mismo deber se extiende también a la U.R.S.S y a todo el estado obrero que pueda surgir antes de la guerra. La derrota de todo gobierno imperialista en la lucha contra un estado obrero o un país colonial es el menor mal.’ Defender a la URSS y a la par denunciar a la burocracia stalinista es la consigna de Trotski.

Y en cuanto a países coloniales y semicoloniales  ( entre ellos la Argentina de hoy ) en el Programa…se  adelanta: ‘Los países coloniales y semi-coloniales son por su misma naturaleza países atrasados. Pero estos países atrasados viven en las condiciones de la dominación mundial del imperialismo. Es por eso que su desarrollo tiene un carácter combinado: reúnen al mismo tiempo las formas económicas más primitivas y la última palabra de la técnica y de la civilización capitalista. Esto es lo que determina la política del proletariado de los países atrasados: está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial. Las reivindicaciones democráticas, las reivindicaciones transitorias y las tareas de la revolución socialista no están separadas en la lucha por etapas históricas sino que surgen inmediatamente las unas de las otras. Habiendo apenas comenzado a edificar sindicatos el proletariado chino se vio ya obligado a pensar en los soviets. En este sentido, el presente programa es plenamente aplicable a los países coloniales y semi-coloniales, al menos en aquellos que el proletariado es ya capaz de tener una política independiente. Los problemas centrales de los países coloniales y semi-coloniales son: la revolución agraria, es decir, la liquidación de la herencia feudal y la independencia nacional, es decir, el sacudimiento del yugo imperialista. Estas dos tareas están estrechamente ligadas la una a la otra. Es imposible rechazar pura y simplemente el programa democrático; es necesario que las masas por sí mismo sobrepasen este programa en la lucha. La consigna de la Asamblea Nacional (o Constituyente) conserva todo su valor en países como la China o la India. Es necesario ante todo armar a los obreros de este programa democrático. Sólo ellos pueden levantar y unir a los campesinos. Sobre la base del programa democrático revolucionario es necesario oponer los obreros a la burguesía «nacional».’

Y acota: ‘El peso específico de las diversas reivindicaciones democráticas y transitorias en la lucha del proletariado, su ligazón recíproca, su orden de sucesión, está determinado por las particularidades y condiciones propias de cada país atrasado, en una parte considerable, por su grado de atraso. No obstante la dirección general del desarrollo revolucionario puede ser determinada por la fórmula de la revolución permanente en el sentido que definitivamente han dado a esta fórmula las tres revoluciones de Rusia (1905, febrero de 1917 y octubre de 1917)’. Estas revoluciones, consecutivas,  tal como las plantea, se produjeron en Cuba, la República Popular Democrática de Corea, China y Vietnam,  que hoy siguen manteniendo vigente, cada cual con sus características, el socialismo. La cuestión de combinar las tareas democráticas con la nueva formación social socialista; de hacer una revolución socialista cuando todavía no están totalmente desarrolladas las fuerzas productivas de un país; la negativa a plantear una etapa democrático burguesa previa al socialismo, en la cual las burguesías ‘nacionales’ dirigirían la revolución en detrimento de la alianza obrero-campesina hegemonizada por la clase obrera y su partido de combate, provocó innumerables controversias entre aquellos que adherían a la ‘ortodoxia’ soviética post Lenin y los que la cuestionaban. La acción práctica de llevar a cabo la revolución socialista y, en ese marco, y de acuerdo a las nuevas relaciones de producción socialistas, con la ideología y moral afín y el papel rector y orientador del Partido revolucionario, concluir las tareas democráticas y acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas, fue llevada a cabo por los líderes de la Revolución Cubana y por Kim Il Sung, Gran Líder de la Revolución en la República Popular Democrática de Corea, RPDC. También por Mao Zedong en China. (Ver “Informe del Balance sobre las labores del CC presentado ante el IV Congreso del PTC”Kim Il Sung, 11 de septiembre de 1961, Obras Escogidas, Tomo III, página 104, RPDC  y ‘ La Planificación socialista, su significado’Ernesto ‘Che’ Guevara– en ‘ El gran Debate sobre la economía en Cuba, 1963-1964-.’, Ocean  Press ediciones, página 100).

Refiriéndose a las tareas de la IV internacional para con las mujeres y los jóvenes, Trotski sostiene: ‘Sólo el entusiasmo fresco y el espíritu beligerante de la juventud pueden asegurar los primeros triunfos de la lucha y sólo éstos devolverán al camino revolucionario a los mejores elementos de la vieja generación. Siempre fue así y siempre será así. La marcha de las cosas lleva a todas las organizaciones oportunistas a concentrar su interés en las capas superiores de la clase obrera, y, en consecuencia, ignoran tanto a la juventud como a las mujeres trabajadoras. Ahora bien, la época de la declinación del capitalismo asesta a la mujer sus más duros golpes tanto en su condición de trabajadora como de ama de casa. Las secciones de la IV Internacional deben buscar apoyo en los sectores más oprimidos de la clase trabajadora, y por tanto, entre las mujeres que trabajan. En ellas encontrarán fuentes inagotables de devoción, abnegación y espíritu de sacrificio.’….

Para concluir este material, es preciso destacar la actitud de militantes trotskistas en los años 70, que emprendieron la lucha armada en la Argentina. Es el caso del PRT-ERP- en sus inicios- a los que le siguieron la Fracción Roja del ERP, el Grupo Obrero Revolucionario y otros, que siguieron las tácticas de la IV Internacional ( en este caso el Secretariado Unificado) y abrevaron en el Programa de Transición como guía para la acción revolucionaria.

En el caso del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)-Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) oficial, ratificó su adhesión a la IV Internacional (SU) desde su V Congreso (1970), cuando se decidió crear el Ejército Revolucionario del Pueblo(ERP), y se deshizo de las tendencias ‘proletaria’ y ‘comunista’ ( de derecha y de centro, respectivamente). A fines de 1972, en el Comité Central ‘Héroes de Trelew’, y en el marco de denuncias sobre una ‘fracción’ interna, el PRT-ERP terminó su relación con la IV Internacional, Secretariado Unificado.  En ese marco, el Comité Militar de Sur del ERP, que solicitaba mayor discusión política en el Partido y el llamado a un Congreso Extraordinario, quedó constituído como fracción, a la que autodenominó ‘Fracción Roja- ERP’, que siguió inscripto en la IV Internacional (SU), hasta su transformación en Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y la posterior liquidación física de sus cuadros de dirección político-militares por la represión y agentes de inteligencia del enemigo.

No nos detendremos en pormenores sobre su origen, desarrollo y fin. Solo diremos que editaron su órgano, Pueblo en Armas, que desarrollaron un Programa de lucha para el movimiento obrero, basado en el Programa de Transición, la revista Cuarta Internacional, el órgano Combate ( ya como LCR), y reivindicaron a Ernesto Che Guevara, ‘Argentino de nacimiento, cubano por adopción, latinoamericano por vocación’  como ‘primer dirigente revolucionario de proyección que planteó una clara perspectivas internacionalista…’. ‘ Las reflexiones teóricas del Che Guevara representan un resurgimiento de las tradiciones del marxismo revolucionario que en nuestro continente habían encarnado Recabaren, Mariátegui, Mella…’. (Cuarta Internacional Nº 2, octubre de 1973- ver ‘Fracción Roja- debate y ruptura en el PRT-ERP, Federico Cormick, Colectivo El Topo Blindado, 2012)

La ‘Fracción…’ fue afín a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), el Peronismo de Base (PB), el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (FR 17), y el Frente Revolucionario Peronista (FRP), estos últimos fundados por Gustavo Rearte y Armando Jaime, respectivamente. La ‘Fracción…’señalaba que estas organizaciones ‘ se muestran más fieles a las aspiraciones combativas y revolucionarias de sus bases y empiezan a plantear una alternativa independiente de la clase obrera, en una dinámica de ruptura con el peronismo burgués y con el mismo Perón’ (Cuarta Internacional, 4-5 de junio de 1974).

El 1 de junio de 1973, un Comando de la Fracción Roja del ERP realizó una actividad de propaganda armada en la Petroquímica Sudamericana, pintando en las paredes esta consigna: ‘Reincorporación inmediata de los compañeros despedidos por causas políticas y gremiales. Juicio político a los asesinos de Trelew’Comando ‘Felipe Vallese’, obrero metalúrgico, dirigente de la Juventud Peronista, secuestrado y desparecido durante el gobierno de Guido en 1962. También arengó a los obreros  y repartió el Comando un volante en la fábrica celebrando el Cordobazo. El Comunicado Nº 2, de este Comando F.V., transcripto en Pueblo en Armas Nº 1, del 15 de agosto de 1973, culminaba con la consigna: Por el Poder Obrero! Por la Argentina Socialista!

Ha pasado mucho tiempo desde estos episodios. La Fracción Roja como todo el arco guerrillero revolucionario de aquella época fue caracterizado como ‘provocador’, ‘locos’ y cosas así por los partidos tradicionales de izquierda de la época. Partidos trotskistas en ‘minoría’ en la IV Internacional (SU), que hoy con el mismo o distinto nombre conforman el FIT, opinaron de la misma manera, sobre todo de las organizaciones marxistas -leninistas-trotskistas, armadas. Hoy la situación de crisis mundial del capitalismo y la situación regional y local en cuanto a la organización de la clase obrera y la construcción de un Partido revolucionario, lleva a los que, como el que esto escribe, no se inscriben en el trotskismo, a contribuir, con este pequeño aporte,  a la unidad de los revolucionarios argentinos en el marco de una perspectiva revolucionaria de liberación nacional y social, socialista. Los aportes de Trotski a la revolución, como de otros revolucionarios que no se hallan en la misma línea de pensamiento, deben servir para concretar esa imprescindible unidad,

Los compañeros secuestrados-desaparecidos, torturados,  saqueados, caídos en combate, merecen eso. Los compañeros sin trabajo y/o con salarios de hambre, los muertos de frio en las calles, los niños, viejos y mujeres del pueblo, los que se las rebuscan como pueden para sobrevivir en las ciudades y campos hoy, merecen eso.

Gane quien gane en estas elecciones farsescas no podrá mantener la calma mucho tiempo. Las masas ahora están agotadas, sin saber qué hacer, la dirigencia política oficial y ‘opositora’ hervíbora no plantea otra salida que las elecciones, el electoralismo lo envuelve todo.

Si hay un octubre, sin embargo, habrá luego un torrente de furia popular que, con dirección revolucionaria, podría barrer con el sistema capitalista en la Argentina. La construcción del Partido Revolucionario está a la orden del día para conducir lo que vendrá, un Partido que nuclee a los mejores hijos e hijas de los trabajadores y el pueblo todo, sin sectarismos ni otros ismos aditados solo para dividir y reñir a costa de ellos.

 

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