Argentina. “El futuro del fútbol es de las mujeres”

Jugadora de Norita Fútbol Club y periodista deportiva, Ayelén Pujol recopiló 100 años de historia del fútbol femenino que nunca nadie nos contó. Las heroínas que no conocíamos y que hoy reivindicamos. Las generaciones que el patriarcado sacó de las canchas, pero resistieron en los potreros. El sueño de las pibas y un porvenir esperanzador, lejos de los códigos de machos.

«Cuando era chica dije que quería ser jugadora de fútbol y me miraron como una extraterrestre. No lo dije nunca más». Quien lo cuenta es Betty García, una de las pioneras del fútbol femenino que acaba de cumplir 78 años. Calladita y casi en soledad siguió su deseo y se convirtió en jugadora desde los 19 hasta los 44 años. En 1971 jugó en el Mundial de México, un campeonato que hasta hace poco casi nadie sabía que había existido. Y lo hizo en un seleccionado argentino que se convirtió en el primero en ganarle a Inglaterra por 4-1, con goles de Elba Selba, una de las más cracks de todos los tiempos, aunque poco se la haya mencionado u homenajeado. La hazaña, que concretó incluso mucho antes que la famosa «Mano de Dios» de Maradona, ocurrió el 21 de agosto de ese año en el Estadio Azteca y por ello ese día acaba de ser declarado el «Día de las Futbolistas». Este 21 de agosto se celebra por primera vez y es casi una reparación histórica.

La historia de Betty, de Elba Selva y la de muchas otras jugadoras que fueron borradas de las canchas es rescatada por la Ayelén Pujol en su libro ¡Qué jugadora!, de reciente publicación. Un libro que recopila nada menos que 100 años del fútbol de mujeres en el país. 100 años invisibilizados, borrados, escondidos bajo la alfombra o detrás de los posters de los ídolos del fútbol de varones.

“Este libro viene a reparar una ausencia. Recopila nuestras historias, de las que jugamos y amamos el fútbol”, dice Ayelén, jugadora del equipo Norita Fútbol Club (en homenaje a Nora Cortiñas) y periodista deportiva. «El libro surge como un motor personal, porque yo de chica, como Betty, también quería dedicarme a ser futbolista, pero no lo podía ni decir. Me gustaba tanto que me estudiaba todo lo relacionado al fútbol que se conocía, el de varones: juntaba todo, tenía mis ídolos en posters, me sabía de memoria las formaciones de todos los equipos. Pero claro, ahí me encontraba con un vacío: para el mundo, y mucho más para nuestro país, las mujeres no existíamos. Hace dos años, cuando empecé a trabajar en este libro, salí a buscar todas esas historias que me hubiera gustado que me contaran».

Y relata que, mientras reconstruía ese vacío, se dio cuenta que todas eran «historias de soledad». «Todas jugaban solas o eran las únicas entre todos los varones de su barrio. De chica yo también creía que era la única que jugaba con los pibes del barrio. De grande me empecé a hacer preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿cuál fue el primer partido?, ¿cuáles fueron nuestras epopeyas, nuestras heroínas, las Glorias del fútbol?«.

Y escarbando, Ayelén descubrió montones de historias en las que no sólo hubo mujeres que jugaron, sino que lo hicieron pese a todos los prejuicios y los intentos de disciplinamiento patriarcales. Así, por ejemplo, descubrió que en 1923 se jugó el primer partido de la historia del fútbol femenino en el país y que fue nada menos que en la antigua cancha de Boca. El diario Crítica, de aquel entonces, se hizo eco del evento y escribió: «Las balompedistas nos demostraron que el sexo débil puede jugar al football y que de él es posible sacar algo bueno, a pesar de la mala costumbre que puedan adquirir para ganar las reyertas conyugales».

Entre las anécdotas que rescata el libro se muestran, también, las diversas dificultades que debían atravesar las jugadoras, muchas de las cuales hoy están organizadas en Las Pioneras del Fútbol Argentino, un grupo convocado por la ex arquera Lucila Sandoval, en las que hay jugadoras de los ‘50, ‘60, ‘70, ‘80 y ‘90. Así, por ejemplo, nos enteramos que nuestras heroínas del Mundial 71 jugaron sin botines, ni indumentaria, ni médico, ni DT, y que algunas se tuvieron que poner a cantar y pasar la gorra para sobrevivir esos días. Y que, mientras tanto, el diario Clarín cubría el campeonato mundial con un título bochornoso: “El fútbol no es de las chuchis”.

Algo parecido les ocurrió a varias de esas jugadoras a mediados de los 70, al regresar de una gira por Cutral Có: el micro en el que viajaban se quedó en la ruta y, como estaban sin comida y sin plata, tuvieron que cazar ranas para comer. Fueron regresando en tandas en camiones que pasaban por ahí y se ofrecían a llevarlas, después de horas de estar a la deriva y abandonadas.

«Algo que me di cuenta recorriendo estas historias es que las pasiones no se pueden educar ni domesticar. La pasión, el amor, es un sentimiento salvaje, animal, te brota por los poros. Es lo que en el feminismo denominamos ‘la potencia del deseo’. Durante mucho tiempo quisieron que nosotras controláramos esa pulsión. Pero no pudieron», señala Ayelén.

Cuando comenzó a trabajar en el libro todavía era impensado todo lo que se consiguió en materia de reivindicaciones al fútbol femenino, que este año la AFA profesionalizó. Una conquista que se consiguió luego de la lucha de Macarena Sánchez, quien había sido despedida de la UAI Urquiza sin siquiera una indemnización. Su caso dejó en evidencia el ninguneo hacia las jugadoras mujeres que no tenían ni viáticos. «Al principio, la investigación fue difícil porque casi no había información, pero después fue muy vertiginoso todo lo que pasó con nuestro fútbol. Lo primero que se conoció fue el reclamo de las jugadoras de la selección durante la Copa América, en abril de 2018, que posaron haciendo el Topo Gigio (inmortalizado Juan Román Riquelme) para ser escuchadas. Inmediatamente después se viralizó otro reclamo, cuando la AFA presentó las camisetas de la selección: a la de los varones la presentó Lionel Messi, y a la de las mujeres ¡una modelo! Eso fue un escándalo. Luego vino el reclamo de Maca que terminó en la profesionalización, un gran logro«, rememora Ayelén.

Inmediatamente después vino el Mundial de Fútbol Femenino en Francia –donde Ayelén viajó para cubrirlo como periodista—, que también fue una demostración de que hay público masivo para el fútbol de mujeres y que desarticuló el pretexto de los machos dirigentes para ubicarlo en el último orejón del tarro de prioridades.

«En el mundo de fútbol, el futuro va a ser de las mujeres», asegura Ayelén después de rememorar todos los episodios que sacaron a las jugadoras del closet. Y explica los porqués: «Primero, porque en lo futbolístico ofrece un juego de más técnica y habilidad con la pelota, algo que el de los varones ya no ofrece porque se le da más preponderancia a lo físico. Eso ya es un atractivo de por sí, incluso para quienes venían diciendo que el fútbol femenino aburre. Es lo que generó (Estefanía) Banini en el Mundial, que sobresalió por su habilidad y por los caños que metió, y que a muchos les hizo acordar a grandes jugadores varones de otros tiempos que se caracterizaban por ser cracks. Por otro lado: quedó demostrado que hay un público para este fútbol, que le gusta y que va a la cancha. Eso se vio ya el año pasado en la cancha de Arsenal, cuando la selección jugó por las eliminatorias para ir al Mundial. Ese día hubo 11.500 personas que fueron a verlas«.

También agrega que los códigos del fútbol de mujeres, tanto dentro como fuera de la cancha, marcan una diferencia que hace a la construcción de otro fútbol posible: «No tiene los vicios del fútbol masculino: no tiene esa exigencia de un tipo de masculinidad, de la cultura del aguante; podés ir a ver un partido de fútbol femenino con quien quieras porque no te va a pasar nada; podés ir a las tribunas y no te va a caer el meo del que orina más arriba; no hay códigos de violencia, tampoco hay canciones de cancha homofóbicas o transfóbicas».

Y destaca dos puntos más a favor del fútbol femenino: «También va a empezar a ser transmitido por la televisión, o sea que además del público que quiera ir a la cancha, va a haber otro que lo va a poder ver en su casa sentado en el sillón. Y, por último: la FIFA, que es la máxima entidad del deporte en el mundo, está decidida a ponerlo en su agenda de prioridades. Con esto, por un lado, obliga a las Federaciones de cada país a que lo tengan como prioridad; por el otro, invierte para el desarrollo; y tercero, lo transforma en un producto para ser vendido en el mercado. Entonces, habrá más gente que quiera consumirlo, y esto quiere decir también que se va a querer comprar la ropa de las jugadoras de Boca en talle de mujer. No va a ser como antes que sólo conseguías talles grandes de varones».

– ¿Que se convierta en un negocio no puede generar que se transforme en el mismo producto que el masculino?

– Sí, es un riego. Pero me parece también que tiene otra historia, que transita por otro camino. Y que también esta ebullición se da en un momento particular, donde el feminismo se expandió fuerte en todos lados. Entonces, por ejemplo, cuando EEUU salió campeón en el Mundial, su público, en vez de gritar «¡Dale campeón, dale campeón!», gritaban «¡Equal Pay, Equal Pay!», que es el reclamo por el salario igualitario. Ahí te das cuenta que hay otra construcción y que el fútbol va más allá de un juego con una pelota, que incluye otras luchas, y se da en este momento histórico. Entonces no sé, por ejemplo, qué pasaría si la barra brava de Boca empieza a ir a los partidos de las pibas. Pero sí sé que hoy hay otro público que tiene otros deseos, que tiene otra conciencia. Incluso las mismas jugadoras tienen otra historia: de abandono, de soledad, pero también de lucha.

En ese camino, Ayelén se refiere a la “transformación” que se está produciendo en el fútbol femenino, en el que también incluye al fútbol disidente. “Nuestro fútbol está lejos de ser una moda, como algunxs quieren hacernos creer. Se está volviendo popular, y las nenitas de todas las clases sociales quieren jugarlo. Hay un montón de mujeres, lesbianas e identidades disidentes que quieren practicarlo. Y cuando algo trasciende así, genera cambios estructurales en la sociedad. Entonces yo creo que todo eso que antes te dolía, te angustiaba y te oprimía, porque te ninguneaban o te decían machona, varonera o tortillera, ya no te produce el mismo efecto. Es como dice Moni Santino, sobre su trabajo en la villa 31: ¿Qué hace el fútbol para las mujeres? Transforma sus cuerpos, las empodera, y el fútbol se convierte en algo más que un juego”.
.
revistacitrica.com.ar/el-futuro-del-futbol-es-de-las-mujeres.html
NOTICIAS ANTICAPITALISTAS