Argentina: El día que Santucho pensó en la OLA

EL DÍA QUE SANTUCHO PENSÓ EN LA OLA
Sobre la unidad de los revolucionarios

Por Ariel Aloi, miembro del Secretariado Nacional de la Organización para la Liberación Argentina – OLA

La historia relata desde diversos puntos de vista la caída de Santucho el 19 de julio de 1976, dando ventaja a diferentes visiones sobre los hechos puntuales.

Los “derrotados” construyen y recortan su propia historia, y los “triunfalistas”, a contramano de las tareas vigentes y actuales, aplauden la supervivencia política y miran con adulación la historia reciente y el heroísmo ajeno o casi propio.

El 14 de julio, días antes de su caída, en un preciso boletín interno (N° 121, “Nuestras tareas en el período de reflujo”) Santucho desplegaba un claro análisis de la etapa que se abría con la instauración de la dictadura militar de Videla. Prestaba suma atención a la renovada vanguardia que se extendía sobre las huellas del Cordobazo y a la “promoción” de los nuevos cuadros revolucionarios fogueados en duras resistencias a las dictaduras, en casi 6 años de guerra revolucionaria.

Algunos “románticos” o simples sensacionalistas ven en esta última etapa, específicamente a través de sus escritos,una suertede despedida del Comandante ante los cruentos combates y represiones que se imponían en el escenario político nacional. Santucho lo tenía claro, “un río de sangre separaba al pueblo argentino de los militares asesinos”. Sin embargo, en este período Santucho volcaba planteos estratégicos de singular importancia en términos históricos y actuales.

Ese mismo boletín interno contenía un planteo de excepcional importancia bajo el título UN GRAN PASO UNITARIO: “Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un trascendental proceso hacia la completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el Partido de la Clase Obrera, el Ejército Popular y el Frente de Liberación Nacional). Dar este paso significará iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil de exagerar. En primer lugar influirá favorablemente en elestado de ánimo de las masas populares, que se sentirán respaldadas por este sano paso de sus organizaciones. Se materializará en un aumento cualitativo de los recursos revolucionarios globales, que serán empleados más racionalmente y con mayor eficacia.”Naturalmente, por la trascendencia de una concepción estratégica de poder y de largo aliento, y la importancia de este paso unitario, Santucho lejos estaba de despedirse o de plantearse una derrota coronada con su retirada cabizbaja al exterior, como harían otros “dirigentes” a la posterioridad. 
Por cierto, Santucho comenzaba a amasar la idea de construcción de una fuerza política y militar única junto a los Montoneros y la Organización Comunista Poder Obrero: la OLA (cuyo nombre fue propuesto por Montoneros, referenciado en la experiencia de la OLP palestina). No sólo para enfrentar a la dictadura militar genocida, sino para desarrollar la resistencia de larga duración y atravesar el período de reflujo a la espera de un nuevo auge y condiciones para una nueva contra ofensiva revolucionaria.

En lo simbólico los hechos de Trelew representaban la unidad concreta de diferentes vertientes: el peronismo revolucionario, el nacionalismo revolucionario y el marxismo leninismo, pero fundamentalmente la proyección concreta para enfrentar una situación determinada. La sangre mezclada, el combate único, la nueva moral y los gritos de guerra fundidos en uno. El reportaje realizado en el aeropuerto de Trelew daba cuenta de esta orientación a través de las palabras de Mariano Pujadas (Montoneros) y el Indio Bonet (PRT-ERP).
Ya en 1976 Santucho retomaba las enseñanzas del 22 de agosto de 1972 para plasmarlas en la realización de una tarea pendiente y de repercusión estratégica: “La fusión de las organizaciones revolucionarias será un gran avance para la lucha de nuestro pueblo, en la medida que se asiente sobre sólidos principios ideológicos y orgánicos, y nuestro Partido pondrá todo su esfuerzo para hacerla realidad.”

Por ello el 19 de julio de 1976 Santucho buscaba partir a Cuba con un acuerdo concreto para avanzar sobre la constitución de la OLA junto a Montoneros y Poder Obrero, en la perspectiva de forjar inicialmente un frente y en el proceso marchar hacia una fusión total de fuerzas políticas, sociales y militares. En su planteo se vislumbraba la proyección que daba a dicho paso unitario, subrayando la importancia del surgimiento de una fuerza política revolucionaria considerablemente poderosa capaz de irrumpir en la política nacional, luego del repliegue de masas que generaba la represión, los asesinatos y el genocidio implementado.No es la intención de esta nota abordar las razones por las que dicha unidad no llegó a concretarse. Sin embargo es importante destacar que aquel mismo 19 de julio varios de los artífices de la Unidad caían en combate en Villa Martellí y tanto el PRT-ERP como los Montoneros, y el conjunto de fuerzas revolucionarias, sufrirían en consiguiente demoledores golpes represivos. Tanto el PRT como los Montoneros no tendrían continuidad orgánica como proyectos históricos.

Santucho amasó con serenidad pero sin pausa la idea de la unidad revolucionaria, la fusión y la construcción de una nueva organización con una fuerza considerablemente poderosa.
Esta idea sustentada en un planteo concreto constituye una enseñanza fundamental y vertebral del pensamiento y la maduración ideológica del Secretario General del PRT y Comandante del ERP, incluso superando los planteos estratégicos esbozados en Poder Burgués y Poder Revolucionario.

Las enseñanzas sirven para abordar creadoramente el tiempo presente y las proyecciones futuras. Hoy transitamos tiempos complejos: la inexistencia de una vigorosa vanguardia revolucionaria complejiza la impostergable tarea de la unidad. Por aquí y allá se gestan, en un mismo nivel, unidades desde el plano electoral (por el voto o el no voto) o con programas reivindicativos que proponen la conquista del poder modificando la escala salarial o la jornada laboral. Estas unidades, en la historia reciente, suelen irrumpir y desaparecer.Naturalmente, sin resolver el problema de la construcción de la vanguardia y del estado mayor de la revolución, por arriba –aunque no sólo por arriba-, las “unidades”acostumbran transitar diferentes estadios de aliento y desaliento, incapaces de ofrecer una opción político revolucionaria superadora a todo lo ya transitado. 
Si los mejores hombres y mujeres, si los puñados de patriotas y revolucionarios, no somos capaces de resolver desde un planteo de acción revolucionaria el problema de la unidad, todo esfuerzo coterráneo, por “abajo” o por el costado, está destinado al fracaso.

La unidad revolucionaria, en la lucha por el poder, por una nueva moral y espiritualidad, es para nosotros una tarea impostergable. Nuestra organización es también resultado de la unidad de revolucionarios y revolucionarias con un norte común, con un diseño estratégico determinado y con una valoración de la realidad y la táctica sostenida. Esta tarea es tan impostergable como la construcción de fuerza propia, nacional, sustentada en la perseverante visión de que la “luz” de vanguardia guía, que la subjetividad se alimenta desde la acción esclarecedora y la moral y que en el tiempo será la única capaz de jugar un rol aglutinador de las experiencias rebeldes.

Sin la voluntad política de los y las dirigentes revolucionarios, de constituir unidad revolucionaria resuelta, con un norte estratégico de poder y no reivindicativo o económico, para forjar el instrumento adecuado para dirigir la lucha, la resolución de esta dificultad será tan “impostergable” como ineficaz e irresoluble. El pueblo no resolverá esta premisa por abajo si las vanguardias o destacamentos no somos capaces de generar fórmulas estratégicas comunes y acciones revolucionarias oportunas que superen lo ya transitado, con capacidad de convocar y generar confianza popular en la opción revolucionaria.

Por nuestra parte hoy volvemos a repensar la OLA como creación heroica, como faro y luz de resistencia, como herramienta para la batalla cultural y medio para la irrupción patriótica de nuestro pueblo. Es sin dudas, resultado de unidad y de vocación de poder. 
Asumiendo la tacuara y la estrella roja de cinco puntas, enarbolando los ejemplos de Mariano Pujadas y de Mario Roberto Santucho, desenvainando el sable del General San Martín y la rebeldía de Lautaro, asumimos este tiempo nuestro como tránsito para edificar la propia historia y hacer realidad aquellos sueños que guiaron generaciones enteras.

La OLA está de pie, para vencer. La unidad será victoriosa si los revolucionarios somos capaces de construirla.

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