Argentina. El Cordobazo: las barricadas y los “azos” del 69 parieron a la nueva izquierda

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Es necesario repasar la evolución política a partir del Cordobazo y de los “azos” en los sectores estudiantiles y obreros y en los grupos políticos de izquierda. Los sucesos mencionados abrieron un profundo debate político que se expresó abiertamente en la militancia gremial, estudiantil y politica. El tema central de las polémicas fue en el tipo de “revolución o de transformaciones necesarias para la Argentina”.

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En el movimiento estudiantil nadie discutía que era necesario una revolución: lo que se polemizaba era de qué tipo y la forma de concretarla.

Algunas agrupaciones políticas, estrechamente relacionadas con el radicalismo popular (UCRP), Partido Comunista y sectores del nacionalismo (MURA, MNR, FRANJA MORADA, MOR, AUN, FEN etc.), se expresaban en el curso de ese debate, por la lucha contra la dictadura, por su derrocamiento y la forma de reemplazarla. Con mayor o menor habilidad, se quería hacer aparecer eso como una cuestión táctica que permitiría avanzar en el camino de una hipotética revolución contra el imperialismo y los monopolios, y en algunos casos con vista al socialismo, como lo planteaba el Partido Comunista.

Los sectores de la izquierda con raíz marxista, con mayores o menores variantes, mantuvieron en el proceso político posterior a los Azos la consigna “ni golpe, ni elección, revolución”, línea política que preconizaba el derrocamiento de la dictadura o la lucha contra ella, en el camino de reemplazarla por un gobierno o un poder que realizara la revolución de liberación social y nacional en marcha hacia el socialismo.

Las expresiones del peronismo en el movimiento estudiantil mantuvieron también lo esencial de su línea de unir a los estudiantes con el llamado “peronismo revolucionario, expresión real del movimiento obrero”, en el camino de la liberación nacional y social.

Pero, el debate abierto produjo profundas fisuras en la izquierda tradicional o institucional y determinó la aparición de grupos políticos, entre los cuales se contaban entre otros el Socialismo Revolucionario (SR), Tendencia Comunista (TC), Espartaco, Orientación Socialista, El Obrero, Lucha Socialista, Poder Obrero, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, entre otros.

Todos ellos pasaron a impugnar en forma frontal la estrategia de una Revolución que presuponía la “tarea” de la Liberación Nacional. Ese cuestionamiento abarcó lógicamente la caracterización del Estado, del país como semi colonial, las alianzas de clase, el tipo de poder.

Distintos grupos socialistas en el curso de ese proceso se pronunciaron contra la dictadura, los golpes y las salidas electorales. De la consiga “ni golpe, ni elección, revolución” pasó a la proclamada “ni golpe, ni elección, revolución proletaria”, dando de esa manera una salida real fuera del sistema. A la vez, el Socialismo Revolucionario se pronunció por el ejercicio de la democracia directa y planteó que el tipo de revolución necesaria, la única revolución realmente posible era “proletaria y socialista”, y esas fueron las diferencias fundamentales con los partidos de izquierda de raíz marxista.

Los AZOS del 69/70 además determinaron la aparición de diversos grupos de estudiantes y obreros que se proclamaban por una salida socialista con muchos rasgos de socialismo utópico y de espontaneísmo. El talón de Aquiles en la concepción política de la mayoría de esos grupos fue el no haber podido romper con la idea de la liberación nacional a pesar de proclamarse por la revolución socialista. A la vez no aparecía en algunos de ellos una clara definición de lucha por la revolución proletaria, a pesar del carácter pretendidamente socialista de los cambios que preconizaban. Las críticas hacia ellos se centraba en la no comprensión de la relación entre el papel del Partido y el proletariado, especialmente industrial, el de este con la masas explotadas y oprimidas por el capitalismo, el carácter de máxima democracia de la dictadura proletaria y su relación con la lucha diaria de la clase obrera, los llevaba frecuentemente a una incorrecta correlación entre el elemento espontáneo y el consciente, con predisposición al espontaneísmo, en el que se entremezclaban frecuentemente desviaciones de tipo economicista y militarista.

Por otra parte, un sector importante de la izquierda, se atomizó, se rompió y pasó a definirse por la acción directa. Esto se vio favorecido, no solamente por las condiciones nacionales, sino además por un proceso dado en América Latina y el mundo.

Como mencionáramos, uno de los principales fue el carácter de la revolución en la Argentina, y que en algunos grupos socialistas se definieron por la Dictadura Proletaria como contraposición a todas aquellas ideas que propiciaban un frente de clases en que el proletariado marchaba compartiendo con clases o sectores de clases la conducción del movimiento hacia la concreción de una revolución que inevitablemente se planteaba como de liberación nacional o de liberación nacional o social.

Para poder fundamentar el carácter del proceso revolucionario -el tipo de revolución que estaba planteada como necesidad- no era suficiente, sin embargo con el análisis de los elementos que definían la estructura de la sociedad o sea su plano económico-social. Un correcto análisis presuponía definir además de lo anterior, el contenido de la llamada superestructura y como cuestión esencial de esta, el carácter de clase del Estado y de la legalidad, que del mismo emana.

Existían en esos momentos un conjunto de partidos y movimientos que en su mayor parte se postulaban como marxistas y que, salvo pocas excepciones, surgieron a la vida política en el periodo posterior al golpe de Estado de 1966. Constituían un conjunto heterogéneo que poseían sin embargo una serie de rasgos políticos comunes. Dentro de este conjunto la primera diferenciación era entre aquellos que postulaban al menos con absoluta claridad que en su acción se basaban en el marxismo y los que negaban al marxismo como teoría revolucionaria.

Con respecto a los de raíz marxista, se destacaba en ellos de estar imbuidos de un profundo espíritu antiparlamentario y anti electoralista, producto de una concepción teórica y expresada en rasgos “anarquistas”, fruto de una radicalización espontánea del proceso político semejante al sufrido por las propias masas del 66 en adelante, aunque desprovistos del materialismo innato de estas, especialmente del proletariado.

En efecto, producto de la propia experiencia vivida en la Argentina (golpes, elecciones, proscripciones, etc.) y al mismo tiempo el progresivo deterioro de la situación económica y de la opresión política, de la percepción de fenómenos como la crisis del parlamentarismo a nivel mundial, de tristes experiencias como la del PC Francés con su traición en mayo del 68 (producto de sus tesis de acceso al poder por vía pacífica y por mayoría parlamentaria), y su contrapartida por el otro (por ejemplo, el triunfo de la revolución cubana por acción de las armas y el desarrollo de la lucha vietnamita), resultado de estas y de múltiples experiencias más, el conjunto de organizaciones políticas a que nos estamos refiriendo llegaron a varias conclusiones de las que destacamos dos, muy relacionadas con su actitud frente a la lucha democrática:

1.-Que la vía de acceso al poder sólo puede ser armada. En el marco de esta primera definición, de acuerdo a otras valoraciones políticas de cada una de las tendencias, había tesis que iban desde la guerra popular en el campo hasta “el acto insurreccional” pasando por la guerra prolongada.

2.-La segunda conclusión, derivada de lo anterior, es que el parlamento es un engaño para el pueblo, que no puede constituir una vía de acceso al poder y que por lo tanto no sirve para nada en cuanto a la lucha revolucionaria se refiere.

Por otra parte, algunos de esos grupos que pasaron a proclamar la revolución socialista definieron a la vez que la única forma de acceso al poder era por la acción revolucionaria del proletariado, como una conclusión irrefutable, sobre todo en un país capitalista y más aún en la Argentina, dejando aclarado que “no cabría pensar siquiera en la posibilidad de otra forma de definir el problema del poder que no sea por la acción de las armas” y que en base a eso justamente coincidían también en que el parlamento no puede ser nunca una vía de acceso al poder.

Esos grupos socialistas consideraban que el denominado movimiento marxista internacional se debatía en una profunda crisis ideológica, culminación de un proceso de casi 50 años de revisión y tergiversación de los principios esenciales del materialismo dialéctico e histórico. Se mencionaba que un ejemplo de ello era el “absoluto predominio de tendencias seudo-comunistas que en los hechos eran la más rancia manifestación del oportunismo político y heredares ideológicas de la socialdemocracia kaustkiana y el revisionismo stalinista”. Se manifestaba la necesidad de dar prioridad al rearmamento ideológico que posibilite la cohesión de las débiles fuerzas comunistas existentes en el camino de la construcción del Partido Obrero Comunista, basado en los firmes principios de la teoría marxista. Considerando a los principios no como algo abstracto y estrictamente teórico, sino como condición esencial para impulsar una verdadera política proletaria en todos los terrenos.

Definían claramente al comunismo como el objetivo histórico del proletariado y al socialismo como fase transitoria y necesaria de la revolución comunista. Se precisaba que los comunistas no solo lucharan contra la propiedad privada de los capitalistas sobre los medios de producción, sino también que combatieran la desigualdad social en la esfera de la distribución, la existencia de clases sociales y la subsistencia del Estado como instrumento de dominación de una clase sobre otra. Su fin es la sociedad universal de productores libres, en la cual ya no se manifiesta la desigualdad social entre el trabajo manual e intelectual y productivo y administrativo.

Se concebía al proceso de construcción del socialismo como un proceso de lucha de clases, en que el proletariado debe continuar combatiendo no sólo contra la burguesía internacional y los restos de burguesía interna, sino contra las capas sociales heredadas del capitalismo, engendradas por el escaso desarrollo de las fuerzas productivas materiales, la cultura y la conciencia proletaria (pequeña burguesía oprimida, intelectualidad y burocracia estatal). A la vez se destacaba que la dictadura proletaria es el arma que en ese período de transición el proletariado utiliza en su lucha de clases.

A la vez, se hacía hincapié en la coincidencia entre el ejercicio democrático del poder por las masas trabajadoras (poder soviético) y la existencia de un partido verdaderamente comunista, para garantizar la dictadura proletaria. O sea no sólo la dictadura contra la burguesía, sino también la hegemonía del proletariado sobre la burocracia y consiguientemente convertir a la revolución social del proletariado dentro de los marcos de un estado nacional, en fase transaccional a la revolución comunista internacional. Se destacaba que la inexistencia de cualquiera de esos dos elementos -democracia soviética y partido comunista- llevan inevitablemente a la degeneración de la dictadura proletaria y por ende de la revolución socialista, pasando a convertirse en fines en sí mismos (socialismo en un solo país o socialismo nacional), a expensas del desarrollo de la revolución proletaria, de la lucha interior contra la desigualdad social y la burocracia, como así también a expensas de la superación de la división social entre el trabajo manual e intelectual.

Por otra parte, esos grupos que pasaron a definirse por la llamada “acción directa” no eran más que la necesidad de terminar con la dictadura, de la negación de los golpes y de las elecciones como salidas y al mismo tiempo de la no comprensión de cuál era la verdadera revolución y el poder necesario.

A partir de eso surge en los mismos la imposibilidad de visualizar el papel de la conciencia revolucionaria como elemento fundamental en la dinámica del proceso de la revolución. Es justamente producto de lo que llamamos “radicalización hasta su último extremo” que estos grupos no alcanzaron a comprender en su mayoría que el proceso Rosariazo-Cordobazo-Rosariazo no puso de manifiesto el fracaso de la lucha política de masas sino que por el contrario reveló la potencialidad que tiene la lucha proletaria y la insuficiencia o inexistencia de líneas y propuestas para la acción revolucionaria.

Quedó demostrado en primer lugar la no existencia de líneas y programas políticos revolucionarios. De ninguna manera reveló el fracaso de la lucha política entre las masas.

Esos grupos de acción directa conservaron en su esencia similares líneas políticas a la de los partidos u organizaciones con los cuales rompieron. Solo cambiaron el método de acción. Entre los mismos es necesario diferenciar con claridad dos grandes sectores:

Unos con dirección burguesa en su cúspide, que aprovechó la radicalización de sectores de la pequeña burguesía e incluso de cuadros proletarios que se mantenían en la misma línea de búsqueda de una Revolución de Liberación Nacional, “ni golpe, ni elección”, necesidad de una “revolución por la vía armada”, etc. En ese marco, la dirección consciente de sectores de la burguesía encuentra suficiente plafond político como para que las acciones que realizan fortalezcan en amplios sectores de las masas las imágenes políticas favorables a la burguesía, especialmente la del peronismo, como opción “Revolución Liberadora”. En algunos casos sus acciones no solo fortalecen políticamente la imagen mencionada, sino que van mucho más allá, como en el caso de Aramburu.

Un segundo grupo lo constituyeron sectores que en cuanto a la perspectiva revolucionaria (tipo de revolución, de poder, etc.) no tenían diferenciaciones esenciales con lo anterior. Es necesario recalcar sin embargo discrepancias de las cuales destacamos: una más clara definición en favor de la perspectiva socialista; una raíz marxista y comprensión del carácter de clase del peronismo; y que en sus cúspides dirigentes no había ligazón directa con las direcciones políticas de la burguesía.

Prosiguiendo con el análisis de la evolución política sufrida en el movimiento estudiantil y las fuerzas que se movían en su seno, observamos que después de los “azos” existió un evidente proceso de descomposición y pérdida de fuerzas de la izquierda de raíz marxista en el seno del movimiento estudiantil.

La raíz de este proceso es múltiple. Parte del deterioro de esta izquierda de raíz marxista se debe a la ruptura y el desprendimiento de grupos políticos del tipo de los ya mencionados anteriormente. Pero lo fundamental, en cuanto a las causas de ese deterioro, es la variación en el comportamiento de la pequeña burguesía después del golpe del 66 y luego de los alzamientos populares.

Al subir Onganía, la pequeña burguesía se enfervoriza contra la burguesía, pierde la confianza en los mecanismos del sistema burgués para el cambio de gobierno y de la situación, expresándose en líneas “radicalizadas” detrás de una revolución. Producidos los levantamientos del 69, el proceso político abierto, el debate de la salida de la situación planteada no encontraba respuesta de cómo avanzar en el camino del derrocamiento de la dictadura y lograr la ansiada revolución.

En los sectores más avanzados y políticamente más activos se da un proceso del tipo del cual hablábamos antes, pero paralelamente se acercan a la política masas de estudiantes que no encuentran opción en las líneas políticas que brindaba la izquierda, hasta ese momento dominante.

Efectivamente, mientras las fracciones políticas que en el seno de la Federación Universitaria Argentina se expresaban tras la consigna “ni golpe…” disminuyen su peso político y sufren un agudo proceso de crisis, los sectores liberal reformistas y liberal burgueses, que pujaban por cambiar la dictadura a través de “elecciones sin proscripciones”, pasan a ser la mayoría.

La pequeña burguesía enfervorizada después del golpe de Onganía que ansiaba una “revolución pequeño burguesa” inconstrastable, que quería su realización inmediata, al pasar el tiempo sin producirse, prefieren restituir su confianza en los mecanismos del sistema, su confianza en la oposición anti dictatorial liberal. Ya no era más la negación del presente y del pasado pero sin perspectivas de superación antidictatorial, además en gran parte del movimiento estudiantil el futuro era la vuelta al pasado, o sea las “elecciones sin proscripciones”. Facilitaba ese desplazamiento el hecho de que la izquierda marxista no haya podido dar una opción política, organizativa y programática que señalara a las masas que se incorporaban a la vida política un camino claro para derrocar a la dictadura avanzando hacía la Revolución, sin comillas.

La causa de esa impotencia para dar dicha opción clara es lógicamente la lucha por una revolución que no es tal y el espontaneísmo, economicismo y movimientismo que engendra las perspectivas estratégicas equivocadas.

La impotencia política que revelan las líneas de izquierda determinan por un lado la evolución de algunos sectores políticos avanzados hacia la definición por la revolución proletaria y socialista, hacia opciones socialistas con mucho de utópico y hacia la lucha armada.

Esa misma impotencia política determinaba que las masas estudiantiles que se acercaban a la política no encontraban propuestas coherentes en la izquierda de raíz marxista y que tomaran por el camino de la democracia liberal burguesa. Eso último se vio particularmente donde la lucha de masas estaba mucho más atenuada, especialmente en Buenos Aires. El proceso chileno influyó como factor favorable en ese sentido en el desarrollo político de la pequeña burguesía.

El peronismo en la universidad, de raíz cristiana (UNE) y de lejana raíz marxista (FEN), fue creciendo ininterrumpidamente en esos años. Expresó a nuestro juicio un proceso contradictorio, que combinaba por un lado la conciencia existente en las amplias masas estudiantiles de que no había salida de fondo sino era protagonizada por la clase obrera y, por el otro, un proletariado bajo la dirección peronista. De eso deriva que una parte importante del estudiantado, viendo a la clase obrera solo en su expresión social y no en su expresión política, se proclamen de los que esos sectores denominaban “clase obrera real”. Se sumaron así importantes sectores estudiantiles a la línea política del sector de la burguesía que tenía mucha influencia en el seno del proletariado: el peronismo.

Ese sector fue en el movimiento estudiantil el pivote del grupo más radicalizado del peronismo, que en el 68 y `parte del 69 se expresó en distintas corrientes, también en el movimiento obrero a nivel de la CGT de Ongaro, sector que en su mayoría se encontraba en el llamado peronismo duro (62 Organizaciones).

Como dijimos, esos sectores del peronismo también se expresaron con la consigna “ni golpe ….”, recogiendo el avance espontáneo de la conciencia de su base social. Los sectores de la pequeña burguesía conscientes que se manifestaron en la CGT de Paseo Colón con fuertes contactos a nivel de las direcciones de UNE y FEN empujaban la lucha anti dictatorial que era por un lado la necesidad de su propia base social y por el otro del carácter de clase de su dirección.

Frente a ese proceso político en el seno del movimiento estudiantil se caracterizaba en ese entonces por el ascenso del liberalismo, el nacionalismo estable o decreciente, la izquierda de raíz marxista, hasta hacia dos años hegemónica en franco deterioro.

Pero todas las direcciones políticas, tanto las que crecían como las que no crecían, se encontraban aisladas de las masas y no lograban movilizaciones políticas reales.

Además, hubo sectores populares que después de los Azos se definieron por las elecciones sin proscripciones y donde se reforzaron las direcciones liberales que no participaron de la lucha activa. Los mismos se fueron definiendo pasivamente por las elecciones como medio para reemplazar a la dictadura y demostraron esa voluntad en las elecciones estudiantiles. El hecho de que no hayan luchado activamente por esa salida, a pesar de definirse por la misma en el curso de todo 1970, tiene su explicación a nuestro juicio en la no existencia de partidos políticos que pudieran influenciar en el pueblo como creadoras, no solo de un nuevo gobierno que reemplace a la Dictadura, sino además de concretar esos “cambios de fondo” que dichos sectores ansiaban y que no eran más que meras reformas al capitalismo.

Estas líneas forman parte del libro “Clase contra clase. Argentina entre 1952-1976. El quinto relato”, de Leónidas Noni Ceruti, Ediciones del Castillo

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