Argentina. Eduardo «Negro» Soares: Más sobre el tema de Género y el aporte de los/as compañeros/as de la 7 de Setiembre

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Nuestra Organización ha venido manteniendo un importante e interesante debate interno sobre el tema que podemos denominar «de género», pero que entendemos que es mucho más abarcador que esa simple denominación.

Ha habido compañeras y compañeros que han hecho aportes, planteos y posiciones.

Hemos considerado los planteos y aportes de compañeras de otras organizaciones amigas y/o hermanas de otras latitudes y en especial de Latinoamérica.

Obviamente aún no se arribó a una definitiva síntesis y probablemente se continúe con la discusión.

Eso sí: Convocatoria – Segunda Independencia discute esto con la única forma que que entendemos que debe discutirse esta cuestión como otras: con transparencia, con democracia interna y con absoluta libertad de opinión.

Ahora bien, sin aportes, sin algo concreto, escrito o hablado, sin posición tomada, es imposible discutir y sintetizar.

El aporte es el aporte.

Como lo hacen estos compañeros del MLN, como lo han hecho otros compañeros o compañeras por escrito, como debe hacerse para poder tener una base desde donde discutir.

Sea este tema, sean otros, es imposible discutirlos en el aire o a partir de consignismo sin argumentación.

La consigna es buena y procedente si viene fundamentada, argumentada, analizada, más allá de las formas de cada uno/una.

Esto nos evita las generalizaciones a favor o en contra de determinadas posiciones y sobre todo la descalificación.

Sea esta como otras, pueden debatirse golpeando la mesa solamente o discutiendo, aun con dureza, como a veces suele caracterizarnos a nosotros/as.

Todo lo que nos llega lo socializamos, tanto internamente como con otros compañeros y compañeras con los que tenemos excelentes relaciones y muchísima confianza. No son muchos, al contrario, son restringidos en general.

Hemos enviado las posiciones del EPP sobre la que estos compañeros ahora trabajan.

E internamente ha habido planteos, aún incluso para controvertir otros.

Así nos manejamos, así construimos nuestro proyecto.

En nuestras relaciones con otras organizaciones y viajes nos hemos informado de situaciones complicadas terminadas en rupturas por no poder sintetizar o asumir los temas a debatir, y también nos han dicho que ha habido fuertes discusiones sobre estos mismos temas.

Esta sanata vil es para enviarles a todos/as el aporte de una organización hermana, la de los compañeros y compañeras del MLN 7 de Setiembre con quienes venimos discutiendo, avanzando e intentando sintetizar un proyecto político en común a partir de acuerdos concretos en temas concretos relacionados EXCLUSIVAMENTE con línea política organizativa.

El aporte que nos envían estos compañeros/as llegó en el momento del debate y por eso, tal cual nos lo envían lo reenviamos a los nuestros/as y a quienes nos acompañan.

Sabemos que en otros ámbitos de nuestra Organización se han elaborado o se están dando las puntadas finales a aporte similares sobre el tema que, por supuesto, serán reenviados y considerados.

Se puede disentir con nuestros postulados políticos y hasta con nuestra metodología organizativa. Lo que nadie, absolutamente nadie nos podrá achacar, ni propios ni amigos, ni extraños, es que Convocatoria – Segunda Independencia no sea un proyecto organizativo confiable, en el sentido de cumplir a rajatabla con nuestra palabra y nuestros compromisos, y sobre todo PROFUNDAMENTE DEMOCRÁTICA en su interior, y con un esfuerzo para serlo más y más cuando se reciben críticas por tambalear en este sentido.

Si somos democráticos/as en lo interno, podemos ser aún mas confiables para amigos/as y aliados, y eso pretendemos.

Con estos conceptos es que me/nos permitimos socializar el planteo de estos muy queridos compañeros/as y hermanos/as como son el MNL 7 de Setiembre respecto del tema feminismo y género.

Este es el aporte que nos hacen y que abrimos a otros compañeros/as.

MLN 7 de Septiembre

Explotación de género e imperialismo de género.

A cada manifestación y necesidad de los trabajadores y trabajadoras le corresponde una iniciativa del capital, que enfrenta a los primeros de los segundos en el marco de un sometimiento interclase que quiere responder a la división natural del trabajo en función de la división internacional del trabajo, a imagen y semejanza de los únicos intereses realizables: los de la burguesía transnacional.

La explotación de la mujer no puede explicarse separada de la explotación de clase, así como tampoco de la explotación de los enfermos, los niños, de la familia, que responden a etapas anteriores al capitalismo, atravesando paradigmas civilizatorios en Oriente y Occidente.

Lo cierto es que el levantamiento de Occidente y la mundialización del modelo de progreso impuesto por la ilustración burguesa, imperialista e industrialista de Europa nos colocan ante la disyuntiva de asumir el bloque incicial desde donde se ordenan las demás contradicciones y padecimientos del pueblo, en este caso, la mujer.

Creer que las expresiones surgidas del mundo moderno y sus sociedades civilizadas pueden enfrentar la explotación de género con su dinámica, es un error garrafal; es justamente el diseño exclusivo y de sometimiento sobre el relato del progreso el que digita los lineamientos generales para que todo siga.

La opresión de género occidental, su inserción productiva y los patrones culturales del sometimiento, objetivación y degradación de la mujer no son la única manifestación del sistema para con el género. También hay una propuesta imperialista que supone el levantamiento femenino, la libertad e individualización del cuerpo femenino del resto de la sociedad. Esta alienación no responde a otra cosa que a los postulados anti-asociativos del liberalismo. Propone pensar la mujer por fuera de la comunidad y como proyecto de decisión individual y no colectiva y socialista: “Mi cuerpo es mío, y así el de todas las mujeres” desintegra cualquier posibilidad de socialismo, puesto que el diseño de sociedad superadora no puede concretarse con la mujer como elemento organizativo e integrante del conjunto, como elemento formador de conducta común sino como elemento desvinculante, individual y unitario que no puede definirse socialmente en tanto sea la negación de conformar un orden común funcional a los intereses de cada pueblo, de los trabajadores y trabajadoras, una sociedad sin clases, sin explotados ni explotadores.

El consignismo posmoderno (“muerte al macho” “matriarcado” “libertad sexual”) ubica el panorama al revés e impide visualizar los pilares de la explotación y su matriz de comportamiento.

Tampoco suma a la hora de pensar las células humanas más básicas, como la familia, la maternidad y los núcleos iniciales de la cultura del socialismo; la familia cría a pesar del capital y esto puede hacerlo de espaldas a sí misma, reproduciendo todos los mecanismos de relacionamiento y disciplinamiento social que el sistema impone o al contrario, conformando un modelo de supervivencia de espaldas al capital y de cara al sujeto comunitario, como una célula revolucionaria y civilizacional. La mujer madre es un rol de comando y no de vulnerabilidad como se pretende; un rol que debe emanciparse del modelo impuesto de progreso y no acoplarse al mismo para generar la ilusión de igualdad.

El gran triunfo del liberalismo, motor ideológico de Occidente, es tener y disputar la construcción y conducción del movimiento femenino, colocando a las posiciones comunitarias, verdaderamente socialistas y de proyecto como reaccionarias, ganando la simpatía del posmodernismo, la juventud idealista y los grandes focos de opinión y producción académica, progresista, intelectual y mediática.

El liberalismo enquistado en las dinámicas feministas “mi cuerpo es mío” vs “nuestro cuerpo es el puebo” es otro triunfo cultural que permite fragmentar no sólo a la clase trabajadora, sino a la voluntad de la sociedad entera. Incluso genera impensadas reacciones conservadoras o consensos negativos en sectores humildes del pueblo, colocando la condición popular en el estigma de la ignorancia e inferioridad barbárica.

El imperialismo de género es la problemática del sometimiento y la liberación femenina asumida desde el “mundo libre”, propuesta y resuelta por ellos mismos. Como el mercado.

La libertad de mercado se mimetiza con la libertad de género y ahí se instala un capitulo distractivo sobre los comportamientos y orientaciones sexuales que necesariamente se colocan por encima del núcleo original de la problemática: la explotación y degradación de los vínculos más básicos sobre los que se asienta el pueblo. La concepción de minoría para indicar la diferente orientación sexual y los comportamientos de la intimidad en cada sujeto, es vilmente sectaria. Una sociedad en lucha se compone de una mayoría aplastada que enfrenta a una minoría económica.

La creación de ámbitos femeninos en el espacio revolucionario es altamente positiva, pero esta dinámica también es empleada por el imperialismo de género, promoviendo el sectarismo feminista y la exclusión del hombre de los ámbitos donde puede, no acompañar como se critica y margina desde esa posición, sino aprender y moldear sus configuración en la construcción de un nuevo modelo de sociedad que contiene ambos géneros como la primera célula revolucionaria y formativa.

Por esto mismo saludamos a las mujeres combativas del Ejército del Pueblo Paraguayo, las Mujeres del Kurdistán en las YPJ, las FARC, nuestras compañeras Montoneras, revolucionarias peronistas así como todas esas mujeres de los pueblos que combaten la opresión enfrentando al imperialismo, al sistema capitalista y el coloniaje cultural de Occidente sin doblegarse ante el facilismo, el esnobismo posmoderno de época y las tendencias liberales del mercado con su conservadurismo hipócrita así como las expresiones reaccionarias e infantiles de la izquierda eurocéntrica del llamado “mundo libre”.

Son mujeres del futuro y no del pasado, las mujeres del Levante y Medio Oriente que soportan y combaten monarquías, mercenarios, bombardeos e invasores. Son también del futuro las mujeres indígenas de América Latina, las desclasadas y humilladas que crean células civilizatorias, de carácter ancestral, humilde, obrero y campesino; células para el levantamiento espiritual y profundamente humano que precisa esta etapa, y que son creadoras de cultura verdadera.

Junto con la farsa del modelo de progreso, está la farsa de la mujer occidental, contradictoria, degradada, golpeada, mancillada, violada, burguesa y adornada.

¡Vivan las mujeres del pueblo!

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