Argentina. Devoto: ¿Qué importa lo que pasa en las cárceles?

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Las personas detenidas están apiladas. No hay “distancia social”. La cárcel de Devoto fue la caja de resonancia de una situación gravísima y urgente que se repite en unidades penitenciarias de la provincia de Buenos Aires y todo el país. Los medios de comunicación comienzan un nuevo rally de estigmatizaciones para justificar lo que puede llegar a convertirse en un contagio masivo de Coronavirus de la población carcelaria. Si vivís hacinado en una cárcel con riesgo de coronavirus y nadie te responde, ¿qué harías si no subirte a los techos a reclamar?

Los internos subidos al techo de la Unidad Penal de Devoto. La imagen circula en todos los canales que fueron a cubrir la noticia. Una y otra vez. Ya eligieron el loop del día.

También los grupos de Whatsapp y en las conversaciones telefónicas. “¿Viste lo que pasa en Devoto? Lo que se viene va a ser tremendo”.

Pero los comentarios no son de gente a la que le preocupa la situación de las personas privadas de su libertad en el marco de la pandemia de Coronavirus, les preocupa ver a los detenidos. A los presos. Ver lo que hay detrás de los muros. El voyeurismo premiado en los estereotipos violentos de El Marginal ahora los asusta.

Es que por un momento se fisuraron esos muros que sirven ocultar la violencia institucional que sufren las personas en las cárceles diariamente. Y ahora están ahí nomás, en las pantallas de TV de los livings. En la Divina TV Führer.

Pero las protestas por los temores al contagio de los detenidos en la cárcel de Devoto ya venían siendo gritadas en las unidades penales de la provincia de Buenos Aires durante toda la semana.

Sólo que ahora estalló en la mitad de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta en eso somos porteñocéntricos.

Toda la semana se realizaron huelgas de hambre, protestas, ocupaciones de espacios comunes en muchas cárceles provinciales, con diversas cartas y denuncias circulando la información para que desde el afuera podamos difundir. Pero la receptividad en los grandes medios, con algunas excepciones, fue escasa.

En una carta colectiva “Situación límite en las cárceles bonaerenses” publicada por organismos de Derechos Humanos, universidades públicas, colectivos militantes en contextos de encierro y grupos de familiares de detenidxs y liberadxs se “hace un llamado a las autoridades provinciales por la gravedad y urgencia de la situación para reducir el hacinamiento y preservar la vida de las personas privadas de su libertad ante el avance del Covid 19 en las cárceles entre detenidxs, agentes penitenciarios y personal de la salud”.

Las excarcelaciones autorizadas por el juez de Casación bonaerense, Víctor Violini, no se terminan de hacer efectivas. Tampoco las cientos de solicitudes individuales para detenidxs en condiciones de riesgo o con penas leves, sobre conmutaciones de penas o prisiones domiciliarias.

La justicia dilata la orden de liberar personas y cada día que pasa las angustias crecen en el encierro.

Estar privado de la libertad, encerrados y encerradas en una cárcel produce la sensación, con mucho asiento en la realidad, de que nadie escuche en el afuera lo que pasa en el adentro.

Quienes estamos en nuestras casas, hagamos el ejercicio por un minuto de lo que significaría escuchar todas las noticias que vemos durante las 24 horas sobre la facilidad de contagio por COVID 19, las muertes por miles en muchos países del mundo y lo que está sucediendo en lugares cerrados como geriátricos; pero verlas estando hacinados en celdas junto a ocho personas, en pabellones que duplican la capacidad máxima posible y portando en muchos casos diversas enfermedades de base como tuberculosis, diabetes, VIH, malnutrición. ¿Qué harían si no subir a los techos a reclamar? ¿Y si encima están en cárceles con situaciones previas y presentes de absoluto colapso y condiciones de vida indignas en términos de salud, alimentación e higiene? ¿Y si tampoco se tomaron recaudos ni controles?

Tampoco hubo propuestas desde ningún ministerio sobre cómo transitar la pandemia en las cárceles. Tan solo se prohibió las visitas familiares.

La violencia institucional se profundizó en las cárceles durante la semana. El miércoles pasado, en la Unidad Penal 23 de Florencia Varela fue asesinado Federico Rey, de 30 años. El Servicio Penitenciario había dejado trascender que había sido producto de una pelea entre internos. Así circuló en los pocos medios en los que trascendió. Ayer se comprobó que fue con una bala de plomo por parte de los guardias de seguridad.

En la provincia de Corrientes pasó lo mismo. José Candía tenía 22 años y estaba alojando en Unidad Penal N° 1. Fue asesinado el martes por el servicio penitenciario provincial.

Coronavirus y represión. Un combo fatal para las personas detenidas.

Hoy, sólo hay espectacularización de los medios de comunicación. Cuando se acallen las imágenes de Devoto tomarán más fuerzas los discursos de siempre: “¿Cuánto cuesta mantener a un preso por mes?”, “¿por qué el Estado debe negociar con delincuentes?”. Se pasarán escenas descontextualizadas para representar “animalizaciones” y “salvajismo”, resaltarán las frases tumberas y hasta se reirán. De de ese modo, cuando casi todos vayamos a dormir nos quedaremos con la sensación de que “menos mal que están detenidos”, que siguen del otro lado del muro esos que son tan distintos a nosotros.

Cuando hace varios años hacíamos la revista La Astilla en la Escuela Media “Agustín Tosco” de la Unidad Penal N° 39 de Ituzaingó, en la primera edición los estudiantes escribieron en el editorial que hacían la revista “para terminar con esos tabúes que hacen que la gente crea que dentro de una cárcel hay monstruos que comen a la gente en empanadas”.

Hoy en las cárceles hay mucha gente. Mucha más gente de la que debería haber.

El Comité Contra la Tortura es su último informe anual de 2019 confirma que hay más de 45.000 detenidos en la provincia de Buenos Aires para una capacidad del sistema de apenas 29.000.

Las personas detenidas están apiladas cuando a todo el resto de la sociedad se nos impone la distancia social.

Si las autoridades provinciales y nacionales no actúan de modo urgente las cárceles van a ser un lugar de circulación de Covid 19 como en ningún otro.

Y presos y presas se va a morir de a racimos. Pero, ¿qué importa lo que pasa en las cárceles?

www.anred.org/2020/04/24/devoto-que-importa-lo-que-pasa-en-las-carceles/

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