Publicado en: 17 diciembre, 2018

Argentina. Demasiados motivos para llorar

Por Mario Wainfeld

La UCA y su índice acusador. Qué revela, qué falta describir. Crónica de muertes en el contexto de ajuste. La inflación y los falsos profetas. Empresarios preocupados, el Ejecutivo les promete tutela. Las promesas iniciáticas de Macri: imposibles e incumplidas. Algo sobre la Corte y los tribunales federales.

El informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UDS-UCA) cuantifica algo consabido. La pobreza aumenta llegando a récords desoladores. Cualquier medición es discutible o falible: no hay por qué tomar como dogma la de UCA. Saludable que la data llegue a la tapa de los diarios oficialistas: el exagerado prestigio de las universidades privadas a veces sirve para algo.Una gran virtud de los informes del ODS es la continuidad en el tiempo: las variaciones son más certeras que las cifras “desnudas”.

La trepada de la pobreza se incubó en el huevo de la serpiente: el programa económico devastador. Rompió el cascarón hace tres años, ahora repta en un medio ambiente propicio.

Despidos, suba del desempleo, redistribución regresiva del ingreso, baja del consumo, desindustrialización, cierre de empresas… No hay un guarismo aislado sino un conjunto.

El recorte del enfoque, fijado en la pobreza y la indigencia por ingresos, esclarece más si se amplía la mirada.

Desde diciembre de 2015 creció la proporción de pobres pero no toda la sociedad se empobreció. Prosperan sectores productivos, financieros, una clase social… privilegiados y en continuo ascenso. “Lo peor” no cesa ni se estaciona. Ni se condensa en la foto de los indicadores de un año, un semestre o un trimestre. Los deterioros en materia de salud y educación reflejarán la crisis de modo más lento. Crecerán, a ritmos diversos, la violencia familiar y callejera, la anomia, la usura “hormiga” en los barrios tanto como la financiera de bancos y tarjetas de crédito. Cien etcéteras.

El mainstream político y mediático apela a la expresión “inseguridad” atándola al delito común, la violencia urbana. Estudios laborales afinados se valen de ella para describir las vivencias de los trabajadores cuando se desmantelan sus derechos y certezas. Vale citar “Empleo, desempleo y políticas de empleo” una obra colectiva dirigida por el académico Julio Neffa: “la percepción de los asalariados es que la inseguridad e inestabilidad del empleo han aumentado, trayendo como consecuencia tensiones y sufrimientos por angustia o ansiedad que a término generan problemas de salud, síquica y mental primero, y luego se somatizan”.

El emprendedor sonriente y polifuncional atento a los vaivenes del mercado, que paga gustoso el monotributo, conforma un mito urbano, caro a la ideología de derecha. Personas de clase media o humildes sufren la incerteza. La encantadora costumbre policial de apalear a quienes defienden sus fuentes de trabajo o se plantan frente a establecimientos próximos a cerrar (Cresta Roja, en estos días), suma otra variante de sufrimiento: miedo y dolor físico.

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Esa extraña manera de caer: Simultáneamente, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) divulga el índice de precios al consumidor de noviembre. “Cayó al 3,25 por ciento” titula “Clarín”. Cayó pero quedó arriba, comentará cualquiera con dos dedos de frente o sin mala fe. El diario del Multimedios añade que el alza fue “mayor que la estimada”. Los estimadores que pifiaron fueron “las consultoras” o “los economistas”. Así expresado, designa una totalidad. ¿Todos, todas, todes? No es así, se trata de una parcialidad: aquellos que aúpan, asesoran o encubren al Gobierno de Mauricio Macri. Buenos muchachos.

Quienes leen Página 12 reciben cotidianamente información y proyecciones más coherentes.

El oficialismo se indigesta con la carne podrida que pone en el mostrador. Sin abusar de las comparaciones vale la pena refrescar el consejo que le da el personaje encarnado por Michelle Pfeiffer a Tony Montana (Al Pacino)en la película Scarface. “Never get high on your own supply”.”Nunca te drogues con la que vendés”, según  traducción libre del lector que nos recuerda la frase.

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Cuando la vida vale poco: La mirada impresionista, lo micro, convalidan los guarismosde la Academia. Van un par de ejemplos, sucedidos en la semana que hoy termina.

  • Un rayo cae en Villa Lugano en medio de un temporal. Mata a una mujer y deja malherido a un hombre. Estaban bajo un árbol. Periodistas bien intencionados y hasta un funcionario desaconsejan guarecerse así. Mejor quedarse bajo techo, en casas o departamentos. Olvidan u ocultan, cada cual sabrá, que se trata de personas en situación de calle, cuyo número aumenta en todas las grandes ciudades argentinas. La vivienda se encarece, se está rondando el 10 por ciento de desempleo, según índices oficiales
  • Un trabajador de Agroindustria, de 32 años, se suicidó en el edificio de la Secretaría, ahorcándose en el patio que da a la dirección de Asuntos Forestales. Ahí trabajaba. La Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) denunció que había ido a trabajar el día anterior. Transcribimos parte de la nota que `publicó la periodista Laura Vales el jueves pasado, en este diario. “Se cree que pasó toda la noche en el lugar y tomó la decisión por la mañana, pero nadie lo vio porque hace un mes despidieron a los cuatro compañeros que se quedaban de guardia por la noche, cuidando las instalaciones’, contó Sebastián Rivera, titular de ATE en Agroindustria. Advirtió que el gremio “no va a naturalizar lo que está pasando. Hace diez días otro compañero se nos murió de un paro cardíaco, no lo pudimos salvar porque no hay desfibrilador por el ajuste. Y todo esto pasa después de que nos despidieran a 900 personas’”. El delegado se cuida de avanzar más sobre las causas del suicidio, es minucioso al describir el contexto que lo antecede.

La insensibilidad oficial se prolongó después de la tragedia. Los cambiemitas alardean de llegar al Estado con un estilo coloquial, descontracturado: expanden el tuteo a administrados y empleados, se presentan solo por el nombre de pila, abusan del verbo “ayudar”.  Partidarios o incautos pobladores de Corea del Centro encuentran ahí una nueva modalidad de gestión: un Estado amigable. El Secretario de Agroindustria Miguel Etchevehere contradice dicho entusiasmo: agrega sal a la desazón de los laburantes de Agroindustria. Nadie se acerca a ellos, no se emite un comunicado, minga de declarar asueto en el edificio en el que acaba de quitarse la vida un compañero. La humanidad, hasta los buenos modales, te los debo.

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Burguesía al borde de un ataque de nervios: Despotricar contra la “clase política” o la dirigencia sindical, he ahí dos tópicos. Los dirigentes deportivos suelen caer en la volteada, aumentaron méritos con el Superclásico. Las cúpulas empresariales merecerían un abordaje similar, su poder las blinda a menudo. Un puñado de self made men “la hicieron solos” o desde abajo. La mayoría la componen herederos nacidos millonarios, criados con cuidado, educados usualmente en craneotecas privadas. El presidente Mauricio Macri, el ex diputado Francisco de Narváez, el inefable Cristiano Ratazzi, sin ir más lejos y dentro de un malón. No resaltan por la inventiva ni por sus capacidades intelectuales ni por sus dotes para desempeñarse en la arena democrática. Forjados entre élites arrogantes, habituados a desempeñarse en estructuras jerárquicas, claudican cuando se trata de dialogar, persuadir o así fuera hablar con cierto garbo y conjugando bien los verbos. Las contadas excepciones llaman la atención.

Durante la etapa macrista la burguesía local recae en una dolencia crónica: incapacidad para registrar sus propios intereses. Muchos referentes (auto)critican a la coalición gobernante. Deberían estar felices y pipones: los sueldos perdieron valor adquisitivo, se re-licuaron en dólares, la flexibilización laboral se expande pari passu con la penuria. Según el recetario de la clase dominante se activó el password de la competitividad. Sin embargo hasta trogloditas de derecha como el ex titular de la Unión Industrial Argentina Héctor Méndez se quejan por las pérdidas y se interrogan acerca de cómo seguir.

La causa del chofer Centeno agrega desazón a sus vidas. Sin mucho apego a las reglas republicanas, claman en la Casa Rosada para que influya en las decisiones de la Cámara Federal. Según relata un columnista estrella de Clarín, el Gobierno garantiza, en representación de los camaristas, un manto de impunidad para empresarios procesados. Montesquieu se revuelve en su tumba, Juan Bautista Alberdi le explica algo sobre color local. (ver asimismo nota aparte).

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Promesas insuficientes, plegarias en espera: Macri prometió “pobreza cero” en los inicios del mandato. Como programa se quedaba corto: desatendía derechos y progresos fundamentales… para colmo era imposible de cumplir.

La lucha contra “la pobreza” se vincula a la compasión más que a la política. En narrativa de derechalos pobres se asemejan más a víctimas que a sujetos de derecho, desposeídos. La conflictividad se diluye o, llanamente, se niega. De igualitarismo ni hablar. “Los pobres” conforman un conjunto de personas en desgracia… nunca un sujeto colectivo, ni por asomo una clase social.

Macri pidió a la sociedad ser juzgado por su desempeño contra la pobreza. Ya nada bueno ocurrirá para las mayorías en 2019. Los efectos destructivos del programa económico se agravarán o se sostendrán, en el mejor de los casos.

Corresponde, entonces y para este único caso, desearle al presidente que sus plegarias sean atendidas.

mwainfeld@pagina12.com.ar

 

Imagen: Bernardino Avila

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https://www.pagina12.com.ar/162487-demasiados-motivos-para-llorar

 

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