Fernández se presentó en la sala de conferencias de Olivos junto a dos representantes de la oposición –el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales– y dos del oficialismo –el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el santafesino, Omar Perotti–. «Seguimos teniendo el problema de gente que no entiende que no puede circular por las calles», remarcó el Presidente, que presentó el decreto como una medida excepcional en el marco de lo que la democracia permite. Respecto de eso, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, explicó que las Fuerzas Armadas sólo actuarán en las tareas de colaboración que les pida el Gobierno pero no en seguridad, dado que lo tienen prohibido por ley. Fernández tomó como «una bendición de Dios» que la enfermedad que se inició en China llegara unos meses después al país, porque –dijo– «nos dio tiempo para prepararnos».

Hubo dos textos posteriores. Por un lado, una «carta abierta» del Presidente a los argentinos, donde desarrolló algunos argumentos. Consideró que la Argentina estaba en riesgo y que esta pandemia «es el problema de salud más grave que hemos tenido en toda nuestra vida democrática». Luego se conoció el decreto de necesidad y urgencia que entraba en vigencia al primer minuto del viernes, en el que calificó las medidas de aislamiento y distanciamiento social obligatorio de «vital importancia» para controlar la pandemia para la que todavía la medicina no cuenta con una solución.