Argentina. Comienzan «controles de agrotóxicos» a frutas y verduras en Rosario

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Este miércoles, el diario rosarino La Capital titula en su portada que: «Ya hacen controles de agrotóxicos de frutas y verduras en Rosario«, a través de los cuales se busca detectar -y esto es lo alarmante- que no se superen «los dosajes permitidos» porque pueden causar «serios daños a la salud». En la página 3 del mismo matutino, y bajo el título «Comenzaron los controles de agrotóxicos sobre frutas y verduras«, el periodista Aníbal Fucaraccio realiza un raconto acumulativo de distintas informaciones a medias sin ahondar sobre la gravísima situación para la salud de los ciudadanos que es la utilización de tóxicos y agrotóxicos en la producción de alimentos, como es en este caso, de frutas, veduras y hortalizas. En toda la nota, Fucaraccio demuestra una ignorancia supina sobre el impacto real en la salud de lxs ciudadanxs (que no es abordado en la nota en cuestión), y un tratamiento del tema desde una total liviandad. El decir que la ingesta de alimentos con agrotóxicos puede ser el comienzo de un cáncer… lo dice todo.

Recién hoy ve la luz la implementación de controles sobre frutas y verduras, tras un proceso judicial que comenzó en 2013 y que fuera impulsado por el abogado ambientalista, Enrique Augusto Zárate, conjuntamente con la organización no gubernamental Taller Ecologista. Denotando así la importancia que le da nuestra justicia a la salud de la ciudadanía, a la que supuestamente vela.

La Nota

Por orden de la jueza civil y comercial Nº 13 de Rosario, Verónica Glotieb, comenzaron a implementarse los controles sobre frutas y verduras que se venden en los mercados mayoristas de Rosario y Santa Fe. Esta resolución judicial obliga a los gobiernos de la provincia y al municipal a realizar inspecciones semanales, y además a exponer públicamente los resultados de esas evaluaciones a través de un sitio web oficial. La decisión incluye la posibilidad de imponer sanciones que pueden recaer sobre los puesteros, ya que en caso de que se detecten agrotóxicos y no se pueda informar el origen de los productos, se aplicarán multas que pueden superar los 50 mil pesos.

Esta acción, que pretende detener el uso de agrotóxicos, no fue bien recibida por los vendedores de estos mercados mayoristas porque advierten que este tipo de controles y relevamientos “se deberían practicar en las zonas de producción de frutas y verduras”, y no en este punto de la cadena comercial.

“Hicimos un rastreo para ver si los controles de agrotóxicos, presentes en verduras y frutas, se estaban llevando a cabo. Tuvimos varias instancias, tanto ante las autoridades provinciales como municipales. Y nos respondieron que los hacían, pero nunca agregaron los resultados al expediente”, comentó Zárate al matutino La Capital.

El abogado confirmó que en otra etapa del proceso convocaron a técnicos de la Bolsa de Comercio de Rosario para comprobar si se desarrollaban los análisis sobre distintos tipos de alimentos, y el resultado fue grave, ya que concluyeron que en más del 75 por ciento se detectó la presencia de agroquímicos, algunos de marcada peligrosidad como el clorpirifos, que incluso triplicaba o cuadriplicaba los dosajes permitidos.

La intención de los pedidos realizados por Zárate y por el Taller Ecologista es promover que el Estado, en sus diferentes niveles y estamentos, lleve adelante los controles correspondientes sobre frutas, hortalizas y verduras, para garantizar que la ciudadanía no ingiera tóxicos y agrotóxicos en particular, los que acarrean “probados riesgos para la salud”.

“Muchos productos han triplicado el nivel de tóxicos permitidos. Algunos de estos tóxicos son disruptores endócrinos, otros mutagénicos, eso quiere decir que las células mutan al dañarse el ADN, y puede ser el comienzo de un cáncer. Es necesario que sepamos lo que estamos comiendo, y que saquemos los agrotóxicos de la comida”, advirtió Zárate.

La resolución judicial de Glotieb, obliga, desde septiembre pasado, a los Estados provincial y municipal a implementar estos controles en los mercados de concentración y de productores. Y sobre todo, destaca la importancia de informar públicamente los resultados de esas pruebas a través de un sitio web.

“Esto representa un paso adelante. Es necesario que la población esté informada sobre la calidad de los alimentos que consume, y que exija que se hagan los controles”, resaltó el abogado, en relación a la resolución emitida el 2 de octubre de 2019, por la jueza Glotieb.

“También es importantísimo el comienzo de estas inspecciones, y que se hagan conocer sus resultados”, subrayó Zárate.

Vale recordar que este abogado también presentó en 2016 un recurso de amparo en la Justicia Federal contra el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) porque no ejercía el debido control de higiene y salubridad de los alimentos, en particular la presencia de agrotóxicos.

El juzgado federal hizo lugar al amparo en 2018, y ordenó al Senasa que haga los controles correspondientes sobre los alimentos que circulan entre las provincias, y luego se comercializan en los Mercados de Concentración, de Fisherton, y de Productores, en 27 de Febrero y San Nicolás.

Del «puede ser», al ES

Si bien la nota en cuestión hace foco en la puesta en marcha, luego de siete años dormida en los tribunales, de controles de agrotóxicos, la liviandad y falta de profundidad que atravieza la misma, es alarmante. Si pensamos que con estos controles daremos fin a la acusiante problemática, sin profundizar en la raíz, estamos muy mal. Dejemos entonces las «probabilidades» a un lado, y pasemos a la realidad concreta del impacto en la salud de los residuos de agrotóxicos en frutas, verduras y hortalizas.

Para comenzar digamos que el 63% de las frutas, verduras y hortalizas que se consumen, por ejemplo, en Buenos Aires y La Plata (20 millones de personas) contiene agrotóxicos, según información del SENASA, extraída bajo la presión de un amparo judicial interpuesto por “Naturaleza de Derechos” (en cuyo informe se puede acceder directamente a los documentos del SENASA). Inmediatamente el SENASA comunica la INOCUIDAD de este “hallazgo” y asegura que los niveles son mínimos, aunque no informa los niveles detectados de cada veneno y si estos superaban o no el Límite Máximo Permitido que es la cantidad supuestamente inocua de cada veneno en cada alimento.

Los controles que conocemos fueron 1949 con 1219 casos positivos en donde se detectó residuos de agrotóxicos en frutas, verduras y hortalizas, SENASA informó solamente insecticidas y fungicidas, los herbicidas, como glifosato, atrazina, paraquad y 2.4D, no fueron notificados y son los agrovenenos más utilizados en Argentina.

¿Qué cantidad de venenos tienen los alimentos?

El SENASA no lo informó a pesar de ser unos de los datos solicitados, pero sabemos, por la información que brindaban las cámaras empresarias de agrotóxicos, que Argentina en 2012 utilizaba 335 millones de kilos de pesticidas de todos los tipos (alcanzan 400 millones en 2016 y superan los 500 millones a enero de 2020) y que 3% de estos se aplicaban en cultivos de cítricos, que 1% en cultivos de frutas de pepitas, 1% en cultivos de frutas carozo y 5% en hortalizas (incluyendo papas)2.

Uso de agrotóxicos por tipo de cultivos, datos de CASAFE

Uso de agrotóxicos por tipo de cultivos, datos de CASAFE

Así fue que 10,5 millones de kilos de químicos tóxicos se usan en cultivos de cítricos generando que el 94% de los limones junto con el 92% de las mandarinas y el 84% de las naranjas están contaminados de clorpirifós, tiametoxan, imidacloprid, dimetoato, etc.

También que 6,7 millones de kgrs. se usan en frutas como manzanas y peras (contaminadas en un 86% y 98% en las pruebas del SENASA con clorpirifós, tiametoxan, etc.) Y que 16,75 millones de kilos se aplican en verduras y hortalizas para que las consumamos a pesar de contener venenos tan poderosos como el clorpirifós, tiametoxan, abamectina, metamidofos, deltametrina, que contaminan el 92% del apio, 63% de las zanahorias, el 50% pimientos, 44% de los tomates, 42% de la rúcula y 34% de las lechugas1 segun el SENASA.

En el mismo sentido que este Informe del SENASA, un estudio de la Universidad Nacional de La Plata sobre el banco de alimentos de La Plata en 2015 también encontró frutas y verduras contaminadas en el 76,6%, en esta oportunidad pudieron medir que una porción de ensalada mixta para una persona contiene 600 ugr de Plaguicidas a los que llamaron: los condimentos no declarados.

Con toda esta información podemos concluir que 33.9 millones de kilos de venenos se utilizan por año en los cultivos de frutas y hortalizas en Argentina y que las personas que tienen una dieta sana y equilibrada ingieren casi 1000 ugr por día de agrotóxicos con sus alimentos.

¿Son peligrosos para la salud humana?

Sin duda que sí; si bien son utilizados para matar principalmente insectos, la dinámica celular e intracelular de estos seres vivos funciona de manera muy similar a la de los humanos, por ejemplo: los mecanismos que codifican el desarrollo embriológico y reproductivo son compartidos entre insectos y animales (lo que nos incluye), incluso conocemos que el 60% de los genes que regulan el funcionamiento de células y órganos de nuestro cuerpo están presentes en el genoma de una mosca de la fruta o una chinche del tomate.

El resultado letal inmediato (agudo) que se busca en agricultura (matar inmediatamente la mosca o la chinche) está directamente relacionado a la dosis y la característica de la molécula del veneno, pero muchos de sus otros efectos perjudiciales son independientes de la dosis, se ejercen por su sola presencia en nuestro organismo y a mediano y largo plazo (efectos subagudos y crónicos).

Estos efectos son, entre otros, genotoxicidad y disrupción endocrina. El SENASA cree que podemos ingerir cotidianamente dosis mínimas o pequeñas de agrotóxicos sin ningún tipo de riesgo, lo que es falso y ellos lo saben.

Por ejemplo: Clorpirifós es el insecticida que el SENASA encuentra en todas las frutas y hortalizas sin excepción, es un organofosforado vinculado, a daño directo en el desarrollo cerebral de los niños cuando sus madres embarazadas han sido expuestas al mismo (¿por ingestión tambien?), la relación es muy fuerte entre los niveles de clorpirifós en sangre de cordon umbilical del recien nacido y bajos resultados en los analisis de coeficiente intelecual (IQ) a los 7 años, sus consecuencias pueden ir desde trastornos del espectro autista hasta insuficiente desarrollo de la capacidad intelectual, segun un estudio de USA en 20114; es increíble que el SENASA permita esta exposición sin, al menos, advertir a las embarazadas argentinas.

También está demostrada la capacidad del clorpirifós de dañar el material genético en el nucleo de las células e inducir la generación de células mutantes que en condiciones especiales y personales desencadenan cáncer5.

Además clorpirifós comparte con los otros fosforados encontrados en frutas y verduras (dimetoato, metamidofós) una potente y comprobada capacidad de disrupción endocrina, es decir alterar o interferir con el equilibrio del sistema endocrino de nuestro cuerpo promoviendo hipotiroidismo, bocio y cáncer de tiroides; trastornos metabólicos, diabetes y cáncer de páncreas; esterilidad, abortos, prematurez, anomalías congénitas, cáncer de mama, cáncer de ovario y cáncer de testículos, entre otras enfermedades6.

Deltametrina y cipermetrina son los insecticidas que la industria presenta como los más inocuos (permetrinas), sin embargo su carácter de disruptores endocrinos es inocultable y por esta razón la Unión Europea tiene prohibida su utilización en los países miembros después de que en los estudios de bioseguridad6 las ratas desarrollaran tumores (adenomas) en sus glándulas endocrinas.

Abamectina es otro veneno encontrado en nuestros vegetales comestibles y su toxicidad se vincula principalmente en que reduce los niveles de testosterona y daña los túbulos seminales de los testículos6.

El otro grupo de insecticidas que ingerimos casi a diario está compuesto por neonicotinoides (tiametoxan e imidacloprid) los insecticidas más modernos y sistémicos (penetran dentro de la planta y circulan por su savia lo que hace inútil “lavar” la fruta), son 5000 veces más tóxicos sobre las abejas que el viejo DDT segun estudios publicados en Francia y son tan tóxicos para la salud y el ambiente que a pesar de que estan muy restringidos en ese continente7, Syngenta y Bayer los siguen fabricando en Europa para comercializarlos en todo el mundo, y con la ayuda del SENASA argentino terminan en nuestra comida.

Como si estos enormes riesgos fueron insuficientes, nos encontramos que los estudios del SENASA y de la UNLP muestran la presencia SIMULTÁNEA de varios de estos venenos en frutas y verduras (10 o más), su toxicidad no es solo la suma de las mismas, sino que esta se multiplica por el «efecto coctel”, efecto conocido por los científicos pero que parece desconocido para el SENASA.

¿Qué podemos hacer para evitar los venenos?

Dejar de consumir frutas y verduras no es para nada lo recomendable desde el punto de vista de la salud nutritiva, es más, debemos aumentar su consumo; pero tendríamos que familiarmente aprovisionarnos de proveedores seguros, orgánicos generalmente, de no ser esto posible lavar con mucha agua los vegetales es la indicado y pelarlos de ser posible, aunque la UNLP detecto pesticidas en el interior de la pulpa (gajos) de las naranjas, de ninguna manera podemos optar por alimentos procesados o ultraprocesados industrialmente donde la calidad de los mismos disminuye notablemente y los riesgos son aun mayores

Producir alimentos a base de venenos es un procedimiento inaceptable que en los últimos 29 años se naturalizó en el país (imitando al sistema de cultivos extensivos de granos transgénicos que utilizan enormes cantidades de agrotóxicos), porque los empresarios y el SENASA no los consideran como comida, sino solamente como mercancías que significan dinero y no los alimentos que necesitan los niños, hombres y mujeres de este país para poder vivir y crecer sanos, debemos exigir al Estado que defienda nuestro derecho a una alimentación sana y segura y que el SENASA deje de defender los intereses de las corporaciones.

82 agrotóxicos diferentes en 38 frutas y verduras

Es el resultado de la sistematización que la ONG Naturaleza de Derechos realizó a partir de 7876 reportes efectuados entre 2011 y 2016 por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) sobre agrotóxicos. El 44% de esas 82 sustancias halladas son cancerígenas. Red Eco Alternativo

“Un agrotóxico opera como un agente cancerígeno cuando existe una probabilidad o posibilidad de generar una carcinogénesis en el organismo humano, en razón a su exposición crónica indirecta, a través del consumo de alimentos que lo contienen como un residuo en muy pequeñas cantidades”, explican desde Naturaleza de Derechos.

Los alimentos sobre los que se aplicaron una mayor cantidad de agroquímicos son naranja: 22 cancerígenos diferentes; mandarina, limón, manzana, pomelo, banana, acelga, frutilla, apio, espinaca: 14 cancerígenos diferentes. En el 55% de los casos el uso de los químicos no estaba autorizado.

Naturaleza de Derechos sistematizó este relevamiento en un documento que tituló “El plato fumigado” y que fue presentado en el Tercer Encuentro de Estudiantes de Agroecología en la Universidad Nacional de Córdoba.

Allí señalan que “todos los alimentos (frutas, hortalizas y verduras) que se comercializan en los mercados concentradores del país y son sometidos a la matriz del agronegocio impuesto por las grandes corporaciones de la biotecnología y química agropecuaria con la anuencia estatal. Matriz que considera a los alimentos como una mera mercancía y que apunta a una maximización de la productividad con vistas a obtener la rentabilidad más alta posible sin medir las externalidades que se generan con el uso de millones de litros de agrotóxicos y cultivos transgénicos, tanto en la salud de la población, como en el ambiente y la biodiversidad”.

En este sentido, afirman que desde 1997 el aumento del uso de agrotóxicos supera más del 250% (de 120 millones litros kilos a más de 500 millones litros kilos actuales aproximadamente, por año) en la Argentina. A ello debe sumarse también millones de litros kilos de fertilizantes inorgánicos.

“Por ello, decidimos abordar a fondo la problemática del uso de agrotóxicos en frutas, hortalizas, verduras, cereales y oleaginosas, es decir, alimentos que mayormente son de consumo directo por la población. Se trata de herbicidas, insecticidas y funguicidas que se utilizan cada vez más y en grandes cantidades, y que terminan como residuos en los alimentos ya sea en la superficie como en el interior de las hojas o pulpa de los frutos, en razón de que el mecanismo de acción de algunas sustancias, es sistémico, es decir, penetran por la savia de las plantas«.

Debe tenerse a la vista que se trata del consumo de alimentos con residuos de agrotóxicos que operan como «agentes cancerígenos y disruptores endocrinos sobre las personas humanas. Esa situación por sí sola resulta inadmisible por representar una grave conculcación del derecho humano a la alimentación adecuada, reconocido en varios tratados internacionales que poseen jerarquía constitucional en la Argentina”, denuncian desde la ONG.

36 de los 82 agrotóxicos detectados son disruptores endócrinos. Según explican desde la ONG Naturaleza de Derechos, “los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal (tanto en seres humanos como en animales), responsable de múltiples funciones vitales como el crecimiento o al desarrollo sexual. Al imitar o alterar el efecto de las hormonas, los disruptores endocrinos pueden enviar mensajes confusos al organismo ocasionando diversas disfunciones”.

Los disruptores endócrinos pueden afectar la salud reproductiva femenina (pubertad precoz, cáncer de mama, disminución de la fecundidad/fertilidad) y masculina (malformaciones en genitales de bebés, disminución de la calidad del semen, cáncer de testículo y próstata), también alterar el metabolismo, generar problemas cardiovasculares y alteraciones, y enfermedades neurológicas.

En este punto, los alimentos más envenenados con disruptores son la acelga (16 distintos), espinaca, frutilla, naranja, apio, lechuga, rúcula, albahaca, banana, mandarina (12 disruptores).

El 29% de los agrotóxicos detectados son inhibidores de las colinesterasas, fundamentales en la transmisión de los estímulos nerviosos. Se hallaron sobre todo en espinaca, acelga, lechuga, apio, naranja, manzana, pera, achicoria, frutilla, albahaca.

Agrotóxicos y sobernía alimentaria

Veinticuatro años transcurrieron de la resolución 167/96 que autorizó la producción y comercialización de la Soja RR, propiedad de Monsanto, y que cambió para siempre el modelo agrícola del país.

En estos 24 años ha sido todo ganancias para las empresas de agronegocios. Con Monsanto a la cabeza, aumentaron su rentabilidad y su injerencia en el país, con escaso control oficial, al tiempo que se sancionaban normativas favorables, como permitirles fumigar a sólo 50 o cien metros de los pueblos y sobre escuelas, cuando el mínimo debería ser mil. La estrella fue el glifosato, principio activo del herbicida RoundUp. Con la asunción de Cambiemos, la relación se hizo explícita, carnal. La gestión de Macri cambió el rótulo del Ministerio de «Agroindustria», y en la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal nombró como titular de Asuntos Agrarios a Leonardo Sarquis, ex gerente de la división Semillas Vegetales de Monsanto.

El año pasado, la Secretaría de Salud (hoy nuevamente Ministerio)empezó tímidamente a publicar los «efectos colaterales» del modelo agrario.

«Se vio claramente que en los departamentos que usan glifosato tienen el doble de mortalidad por cáncer. En los pueblos sojeros de Chaco, las familias tienen un 30% de sus miembros enfermos de cáncer; en los ganaderos es entre 3 y 5%», grafica Medardo Ávila Vázquez, titular de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

Basados en los informes de la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes, la Red Universitaria de Ambiente y Salud advirtió que el consumo de agrotóxicos aumentó un 983% en 25 años: de 38 mil toneladas en 1990 a 370 mil en 2015. Medardo subraya:

«La Argentina es el país que más glifosato usa por habitante al año, con 5 litros por kilo. La superficie cultivada creció hasta 30 millones de hectáreas (70% es transgénico), y ya son 12 millones de personas las expuestas a estos herbicidas«.

Pero las plantas se hacen más resistentes. En la misma hectárea donde en 1996 empleaban tres kilos por año de glifosato, hoy aplican 12. Y los vecinos toman conciencia: unos 150 municipios ordenaron sacar a los agroquímicos de las zonas urbanas.

En Monte Maíz, en el sureste cordobés, toda la vida pasa por la agricultura. A principios de 2000, empezaron a darse cuenta: desde la aparición del glifosato aumentaban los casos de cáncer, lupus, alergia y abortos espontáneos. Recién en 2014, con el aporte de Ávila, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba, pudieron comprobarlo: en Monte Maíz los nuevos casos de tumores cada año son cinco veces más que la tasa informada por la OMS para el país: 1070 casos cada 100 mil habitantes, contra 200. Colon y pulmón, los más usuales.

En marzo del año pasado, el glifosato fue recatalogado como probable carcinógeno humano por la OMS. Cinco meses después, un equipo de científicos de la Universidad de La Plata detectó presencia de glifosato en el 85% de los productos de higiene personal que contienen algodón, y en el 76% de frutas y verduras. El Centro de Investigaciones del Medio Ambiente de esa universidad publicó un trabajo que demuestra por primera vez que el herbicida también evapora y cae con las lluvias.

La cuestión se centra en la soberanía alimentaria y el modelo de producción de alimentos. Julián Galeano, integrante de la asamblea organizadora de la marcha contra los agrotóxicos, propone la agroecología, sin el tinte industrial, «una agricultura sin pesticidas, que puede alimentar al mundo, generar más empleo y no dañar al medio ambiente». Los médicos de pueblos fumigados presentaron una cautelar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a fines de 2015. También hay una demanda colectiva por daño ambiental encarada por un grupo de abogados contra el Estado y once corporaciones transgénicas, exigiendo una indemnización multimillonaria a toda la sociedad. Y el 16 de octubre de 2016, Día Mundial de la Alimentación, en La Haya, una Corte Internacional comenzó a evaluar a Monsanto por «crímenes contra la Humanidad y el Medio Ambiente«. El 3 de junio de 2019, luego de casi 3 años, comenzó el juicio contra la multinacional, ya comprada por Bayer, por crímenes contra la humanidad y «ecocidio».

El juicio se basará en los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos, adoptados por la ONU en 2011. Entre los demandantes se encuentran la OCA, IFOAM International Organics, Navdanya, Regeneration International y Millions Against Monsanto entre otros grupos.

Por su parte, Miryam Gorban plantea una concepción integral de la salud como condición indispensable de cara a la soberanía alimentaria. El consumo de los alimentos en las condiciones actuales «está provocando graves problemas de salud porque afecta al metabolismo hormonal en general y son las hormonas las que regulan el organismo». Aclara que si bien el glifosato quedó como bandera en realidad se hace referencia a todo el paquete tecnológico, y recuerda un estudio hecho en Rosario en el cual el 75% de los alimentos en las góndolas de los supermercados tenían restos de pesticidas o derivados industriales de estos venenos. Algunos indicadores de los campamentos sanitarios que estudiaban las realidades de los pueblos fumigados, aparecían dentro de las primeras causas de enfermedad la hipertensión, el hipotiroidismo y la diabetes.

“No es solamente el cáncer, es el desequilibrio hormonal en su conjunto. Aparece el problema de la obesidad en gran escala, sobre todo en los niños en edad escolar. Son muchas las derivaciones que esto tiene y es mucha la inversión en salud pública para paliar esos efectos que son los que tenemos que visibilizar”.

Las relaciones entre la salud y el modelo productivo son directas. Por eso Miryam plantea la necesidad de elaborar una política pública articulada con todos los actores. “No podemos decir un discurso parcializado. La política pública abarca todos los órdenes”.

 

Fuentes: La Capital/Enredando/Tiempo Argentino/Naturaleza de Derechos/Red Eco Alternativo/Reduas/

REDCOM

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