Argentina. Algunos trabajos dignifican y otros matan

Por Mariano Pagnucco

Se produce un asesinato laboral cada 20 horas. Historias de trabajadores y trabajadoras que perdieron la vida por responsabilidad de los empleadores, ausencia del Estado y complicidad de las burocracias sindicales.

Brian trabajaba en una papelera. Sandra y Rubén trabajaban en una escuela. Martín trabajaba en el cableado eléctrico del ferrocarril. Nahuel, Cristian, Néstor, Rodrigo, Luciano, Jonatan, Carlos, Rodrigo y Salvador trabajaban en altamar. Todas personas laburantes que perdieron la vida por el simple hecho de ir a ganarse el pan de cada día. Sus nombres integran la lista de los 375 asesinatos laborales que se produjeron en la Argentina entre octubre de 2017 y septiembre de 2018. La realidad que se desprende de esa cifra es invisible para la mayoría de la sociedad: en el país muere una persona cada 20 horas por condiciones inseguras en su lugar de trabajo. Por eso se habla de asesinatos y no de accidentes laborales.

Para darle visibilidad a esta problemática, en diciembre pasado se presentó en Buenos Aires el primer “Informe Anual de Asesinatos Laborales en Argentina”, elaborado por el espacio Basta de Asesinatos Laborales (BAL). Allí confluyen familiares de víctimas, el Taller de Estudios Laborales (TEL), el colectivo de cine militante Silbando Bembas y diversas comisiones internas y representantes gremiales “combativos” (delegados de la Línea 60 de colectivos, trabajadores del neumático pertenecientes al SUTNA, la Junta Interna de ATE en el INTA, Municipales de Avellaneda, docentes de SUTEBA Tigre, ferroviarios y bancarios, entre otros).

Crédito Pepe Mateos

Todos juntos para echar luz sobre un drama oculto ante los ojos de la propia clase trabajadora, que desde la llegada de Cambiemos al gobierno nacional se debate entre la desocupación, la precarización, la pérdida de derechos y la desarticulación de la dirigencia sindical. Como si ese cóctel no fuera lo suficientemente dañino para millones de personas, la realidad argentina del siglo XXI dialoga tristemente con los versos del uruguayo Daniel Viglietti: “Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan”.

La pérdida como hecho político

Si hay que situar el origen de BAL con una fecha precisa, el punto de partida sería el 9 de septiembre de 2016. Ese día fallecieron tres personas en tres lugares de trabajo distintos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense: David Ramallo, realizando tareas en los talleres de la Línea 60; Richard Alcaraz, trabajando en la construcción; y Diego Soraire, cumpliendo con sus actividades en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Al revisar esos casos -y todos los casos posteriores- aparecen puntos en común que impulsaron la creación de BAL y la necesidad de llevar registro de los asesinatos laborales.

En primer lugar, son todas muertes evitables provocadas por falta de medidas de seguridad por parte de las empresas o los organismos empleadores. Luego está la ausencia del Estado, tanto en el control como en la sanción a través de la Justicia. El tercer agravante es el rol de las burocracias sindicales, que actúan en complicidad con las patronales y el Estado al no levantar la voz cada vez que se pierde una vida en el trabajo.

Crédito Pepe Mateos

Frente a tanto silencio, las voluntades en torno de BAL se unieron para poner en agenda un tema urgente para la sociedad argentina. El lugar elegido para presentar el informe fue la sede del gremio docente Ademys, en un marco (militante, popular, autogestionado) con cierta similitud con el trabajo de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) y sus datos propios sobre la muertes provocadas por las fuerzas represivas del Estado. La secuencia que se repite en ambos casos es: ante la falta de cifras oficiales, la sociedad se organiza y las genera por su cuenta para poder actuar en consecuencia.

Lo que sería un llanto solitario ante la pérdida, pasa a convertirse en un grito colectivo que motoriza bronca y acción. El dolor familiar transformado en política, desde abajo.

Estadísticas parciales para pensar el problema

El informe fue elaborado a partir de datos publicados por la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y un relevamiento propio de testimonios directos y fuentes periodísticas. De las 375 muertes registradas en 12 meses (octubre 2017-septiembre 2018), el documento menciona que “la amplia mayoría de los/las trabajadores/as muertos/as eran personas jóvenes (entre 30 y 40 años)”. Además, “se conocen casos de personas mucho más jóvenes que fueron enviadas  por las jefaturas a realizar tareas muy peligrosas, sin la capacitación y los elementos necesarios”, con casos extremos en los que “su primer día de trabajo en una empresa fue el día de su muerte”.

Crédito Pepe Mateos

Tomando en cuenta las ramas de actividad, los asesinatos laborales contabilizados corresponden a: Transporte (20%), Construcción (18%), Industria (12%), Agropecuaria (11%), Comercio (11%), Administración pública (10%), Servicios financieros (5%), Servicios (5%), Pesca (3%), Electricidad (2%), Minería (2%) y Otros (1%).

 

Desde BAL remarcaron especialmente que la información suministrada es parcial: solo se computaron los llamados “accidentes en el trabajo” (si se contemplaran los “accidentes in itinere” -en el viaje del hogar al trabajo y del trabajo al hogar- las cifras serían más abultadas) y solo se tomó en cuenta a la población con trabajo registrado (excluyendo a, por lo menos, un tercio de la clase trabajadora que cumple tareas de modo informal). En este laberinto de grises hay que agregar que muchas empresas y organismos tercerizan sus tareas (restringiendo derechos laborales) y que “sólo el 45,2% de los trabajadores formales encuestados” por la SRT manifestaron estar cubiertos por una Aseguradora de Riesgos del Trabajo (ART).

El informe también señala que “es llamativo que no exista prácticamente registro de las muertes por enfermedades profesionales (EP)” en el país, ya que según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo las EP tienen una incidencia mucho mayor que los “accidentes” en los decesos. Puesto en perspectiva, el drama de los asesinatos laborales parece todavía mucho más grave de lo que reflejan las cifras oficiales.

Testimonios de dolor y lucha

Con el informe, Basta de Asesinatos Laborales se propuso visibilizar las cifras, pero también “humanizar las cifras”, por eso hubo una seguidilla de exposiciones de familiares de víctimas que contaron sus experiencias de dolor y lucha en primera persona. Fue la parte más movilizante del acto.

Crédito Pepe Mateos

Madres, novias, esposas y hermanas (no es casualidad: todas mujeres que se ponen al frente) contaron, entre lágrimas, lo que tuvieron que pasar después de la pérdida de sus seres queridos: de un lado, indiferencia de los patrones, sueños frustrados y el temor de compañeros/as a dar testimonio y poner en riesgo su trabajo; del otro lado, solidaridad, organización colectiva y la necesidad de ponerse de pie para denunciar ante la Justicia.

Eva, mamá de David Ramallo (una de las impulsoras de BAL): “Es muy difícil para los familiares ir a un lado o a otro lado, porque no nos dan bolilla, nadie nos da bolilla. Nos dan una palmadita y nos dicen ‘venga mañana, señora, que la vamos a atender’. Como mamá, es muy difícil estar acá, es recordarlo constantemente, pero yo sí quiero que se acuerden de David Ramallo, lo que le pasó y porqué le pasó. Hubo denuncias, pero a la empresa no le importó. Lo que les importa a las empresas es llenarse los bolsillos, nosotros somos números para las empresas”.

Viviana, hermana de Martín Pino (joven jujeño que murió arrollado por el ferrocarril Mitre en mayo de 2018, mientras trabajaba como tercerizado para la empresa de seguridad Murata): “Dar la vida por un trabajo en el que no te valoran no tiene sentido. Hay que seguir hasta el final para que se haga justicia por todos. Que nadie baje los brazos. Yo siempre miraba las noticias en la tele y veía casos que quedan impunes, pero nunca pensé que me iba a tocar a mí, que iba a estar en las marchas con mi familia. Uno piensa que nunca le va a tocar y cuando le toca sabe realmente lo que se siente”.

Crédito Pepe Mateos

Florencia, novia de Brian Cantero (a sus 23 años trabajaba como tercerizado en la empresa papelera Sein de Florencio Varela y murió atrapado por una máquina el 24 de octubre de 2018): “Brian trabajaba para un contratista, Ramón ‘Archi’ Fuentes, que según pude recabar información es un puntero de Mussi, el intendente de Berazategui. Este tipo terceriza chicos jóvenes y los hace trabajar por 600 pesos las doce horas. Brian venía hecho mierda de trabajar ahí. En este contexto de ajuste, ponen a trabajar a pibes como Brian por $2,50, los matan y después nadie hace nada”.

Hubo un testimonio que le puso contexto político a las cada vez más precarias condiciones laborales que empujan a los trabajadores y las trabajadoras a la muerte. Guillermina, mamá de Nahuel Navarrete Godoy (un marinero desaparecido tras el naufragio del buque pesquero Rigel en junio de 2018), contó que dialogó cara a cara con el Presidente de la Nación, Mauricio Macri. Cuando el mandatario escuchó el reclamo para que el Estado se hiciera cargo de la búsqueda de la tripulación atrapada en el casco del buque, su respuesta a esa madre desesperada fue: “Así es la vida, señora, no hay presupuesto”.

Hoja de ruta para el futuro

Todo parece indicar que esta lucha -que en verdad es una suma de luchas desplegadas por todo el país- recién empieza. Las conclusiones del primer “Informe Anual de Asesinatos Laborales en Argentina” marcan el camino a seguir:

“Las y los laburantes somos quienes producimos riqueza, somos quienes llevamos adelante el proceso productivo y somos quienes mejor conocemos los riesgos que corremos día a día. Por eso, el horizonte es construir poder en cada lugar de trabajo, para disputar cotidianamente el control de los procesos productivos y nuestras condiciones de trabajo. A su vez, debemos coordinar la lucha específica de nuestro lugar de laburo con otros sectores de trabajadoras y trabajadores, porque sólo con la unidad podemos tener la fuerza necesaria para dar esta pelea, que de fondo tiene que ver con luchar contra un sistema de explotación que pone en riesgo nuestra salud y nuestra vida cotidianamente. Quienes conformamos ‘Basta de Asesinatos Laborales’ nos ponemos a disposición para seguir aportando a este proceso de organización y lucha”.

 

Fotografía:  Pepe Mateos

COLABORA CON KAOS