Argelia: la historia de un pueblo que no se rinde

Las recientes elecciones celebradas en Argelia, cuyos resultados son más que dudosos desde el punto de vista democrático, merecen una cuidadosa lectura del pasado. Lo que está claro es que el pueblo argelino no desistirá en su lucha contra la corrupción del Estado.

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Con una tasa de participación muy contenciosa, Abdelmayid Tebbun (74 años) ganó las elecciones presidenciales el 13 de diciembre. Diferentes medios de comunicación locales apuntaron que la tasa fue del 41%. La Autoridad Electoral Nacional Independiente (AENI), órgano recién creado, competente de gestionar las elecciones no mencionó, sin embargo, ningún dato al respecto. En su sitio web, eso sí, figuran los porcentajes del sufragio que obtuvo cada candidato y la tasa de participación a las 2 de la tarde de menos del 20%.

Las elecciones fueron celebradas a pesar de un boicot masivo del pueblo argelino que se moviliza cada viernes pidiendo la rendición de cuentas de todas las figuras políticas del país a las que llaman «la pandilla».

Las movilizaciones pacíficas habían comenzado el 22 de febrero de este 2019 para protestar contra la presentación de Abdel Aziz Bouteflika (82 años) para un quinto mandato. Bouteflika, en silla de ruedas desde 2013, dimitió el 2 de abril por la presión del pueblo argelino pero las manifestaciones masivas no pararon. El pueblo lo tiene muy claro: hay que llevar ante la justicia a todos los políticos y militares de altos cargos descritos como «ladrones y corruptos»; es necesaria la devolución de todos los fondos públicos malversados, la disolución de todos los partidos políticos y la abolición del sistema de poder controlado por el ejército para cimentar la base de la Segunda República Argelina Democrática y Popular.

LAS RAÍCES DEL PROBLEMA: LAS DIFERENTES FASES DEL PODER MILITAR

Poder militar estable

Después de una revolución armada librada por el Frente de Liberación Nacional (FLN), Argelia logró independizarse del colonialismo francés en 1962. Las contradicciones secundarias en la época de la revolución reflotaron sobre la superficie del país recién liberado, que adoptaba el «socialismo». De este modo empezó Argelia con sus contradicciones: militares contra civiles, árabes contra amazigh (que no ‘bereber’, vocablo inventado por los romanos que posee connotación peyorativa), pro-este contra pro-oeste, religiosos populistas contra laicos, luchadores dentro del país contra luchadores fuera del país… etc.

El resultado fue escalonado y estuvo marcado con una represión máxima que no resolvió jamás dichas contradicciones. La primera fase fue la adopción del monopartidismo en la Constitución de 1963. La segunda, el golpe de Estado de 1965 dirigido por Houari Boumedien, aquel entonces ministro de defensa, quien gobernó el país hasta su (sospechosa) muerte en 1978. Boumedien, nuevo líder del FLN y del Estado, abolió la Constitución y gobernó el país entre 1965 y 1976 a través de un «Consejo Revolucionario» que se comprometió a profundizar el papel del Estado en cuanto a economía y sociedad. En 1976 una nueva constitución «socialista» fue establecida. Se finalizó el proceso de nacionalización, se implementó la Revolución Agraria (reforma agraria) y una industrialización ambiciosa empujada por los altos precios del crudo que conforma la principal fuente de ingresos. Sin embargo, la economía permaneció como una economía «rentista» (dependiente de la renta de los recursos naturales.

Poder militar endeble

Después de la muerte de Boumedien otro militar gobernó el país: Chadli Benyedid. Su época estuvo marcada por una liberalización económica proporcional a la baja del «campo socialista» y los precios del crudo. Desde la independencia hasta hoy en día, las políticas económicas argelinas han sido estériles porque el sistema favorece la corrupción, la malversación y la baja productividad que son características típicas de los regímenes represivos. Enfermedades causadas por la ausencia de la democracia.

La corrupción del Estado llevó a la bancarrota a muchos proyectos industriales y agrícolas, y produjo mucho desempleo. Cuando los precios del crudo bajaron considerablemente en medio de los años ochenta, el país se volvió incapaz de importar los alimentos básicos. En 1988, Argelia pidió al Fondo Monetario Internacional (FMI) un préstamo. La condición del FMI fue la eliminación de los subsidios sociales y las subvenciones del pan y la leche. Las protestas estallaron a comienzos de octubre cuando los trabajadores del complejo de fabricación de vehículos en Rouiba organizaron una manifestación contra la mala gestión del Estado que inhibía el progreso de la compañía y causaba una baja producción mientras importaba los mismos productos con precios altos. Las protestas se extendieron al resto del país, los manifestantes quemaron todo lo que pudieron, incluida la sede del FLN. En una semana de protestas, miles personas desaparecieron, el Ejército mató a balazos a cientos de personas (casi 100 según el Estado y más de 500 según los manifestantes).

Poder militar en convulsión

Frente a la marea popular que no tenía piedad, y la insostenibilidad de su modelo económico, los militares decidieron cambiar las reglas del juego, y aprovecharse del dinero malversado. Se propuso una nueva constitución en 1989 que permitía la propiedad privada y adoptaba el multipartidismo. Se celebraron las primeras elecciones generales en 1990 y, como voto de castigo al FLN, el Frente Islámico de Salvación (FIS) obtuvo una victoria arrolladora.

El Ejército no tardó en replicar. Los generales obligaron a Chadli Benyedid a dimitir y se declaró la ley marcial. Suspendieron la Constitución y emprendieron una campaña de detención de afiliados del FIS. El FIS, aparte de su carencia de plan económico para sacar el país adelante, no contaba con una estrategia para enfrentarse al Ejército. El FIS declaró entonces la lucha armada contra el régimen y en poco tiempo el país ardió.

El FIS contenía muchos elementos «takifiríes», (islamistas que consideran a todas las personas que no abrazan su versión del Islam como infieles, objetivo legítimo de ataque moral o material), que vinieron de Afganistán donde habían luchado contra las tropas de la exURSS. Se estima que estos elementos, y las tropas del Ejército mataron a alrededor de 250.000 personas en la guerra civil argelina conocida como la Década Negra.

Abdelaziz Bouteflika.

Poder militar en convalescencia

A finales de los años noventa, con la imposibilidad de resolver con fuerza armada el conflicto en Argelia, el hartazgo popular y el agotamiento de todas las partes beligerantes, surgió la necesidad urgente de un proceso político para salir de la crisis. Los militares formaron un partido llamado la Agrupación Nacional Democrática (conocido como RND por sus siglas francesas). Se trataba de una nueva fachada política para mantener el Ejército en la nueva escena de la posguerra civil en caso de fracaso electoral del FLN ya en declive. Una nueva fachada que representaba nuevas corrientes nacidas en la guerra civil dentro de la institución militar.

Los militares vieron en Abdel Aziz Bouteflika la mejor figura para sacar el país adelante. Bouteflika había sido ministro de Asuntos Exteriores en la época de Houari Boumedien, considerada época de oro para una parte importante del pueblo argelino. Bouteflika, un diplomático experimentado de alto nivel, fue presidente de la Asamblea General de la ONU cuando se suspendió la membrecía del régimen del apartheid sudafricano. Bouteflika ganó fácilmente las elecciones de 1999 e inmediatamente implementó una política exitosa de reconciliación y amnistía que llevó a disminuir categóricamente los niveles de violencia en el país.

Poder neomilitar

Con el éxito de la política de reconciliación social, la mayoría de los combatientes entregaron las armas y volvieron a la vida civil. Sin embargo, quedaron algunos bolsillos refractarios de organizaciones terroristas con ideológica islamista. Para eliminarlos era urgente tomar un nuevo enfoque. El papel del Ejército en el terreno retrocedió y el papel de los servicios secretos incrementó. Así, el servicio de inteligencia del Ejército fue agregado a la presidencia de la república, es decir, Bouteflika lo separó del Ministerio de Defensa, sin que el Ejército perdiese importancia en el país. Aunque su espacio en la vida política disminuyó, el Ejercito abanderó más proyectos económicos propios, como la adquisición de la «compañía nacional de textil», el proyecto común entre el Ministerio de Defensa argelino, el grupo alemán Dimler Benz y el fondo «Abar» de los Emiratos Árabes para producir vehículos Mercedes en Argelia.

Bouteflika servía en todo esto como factor de equilibrio para así evitar un choque indeseable entre las dos partes, Ejército y servicios de seguridad, y para mantener la fachada «democrática». Por supuesto Bouteflika se adhiero a la «pandilla» y cortó su parte del pastel.

¡Qué se marchen todos!

No solo la biología falló a Bouteflika y a los generales sino también los precios del petróleo, la degradación de los servicios básicos, la crisis de vivienda, el desempleo y los robos extraordinarios por parte de la oligarquía del país. Por ejemplo, en 2012 Argelia contribuyó con 5.000 millones de dólares al FMI. En 2014, el país tenía una reserva de más de 200 mil millones de dólares; hoy por hoy el país tiene menos de 70 mil millones. Argelia es el tercer proveedor de Europa de gas natural después de Rusia y Noruega, pero partes enteras del país no tienen gas natural y el pueblo desconoce dónde va a parar ese dinero.

El eslogan que repiten los y las argelinas cada viernes es «¡Qué se marchen todos!», «¡Qué se castigue a todos!». Las movilizaciones semanales muestran que el pueblo entendió muy bien las lecciones de 1988 y de los años noventa. Las manifestaciones son pacíficas y participan todos los sectores de la sociedad. Los intentos del régimen de enviar elementos islamistas para sembrar el caos no funcionaron: los y las manifestantes abandonaron las zonas donde aparecían estos elementos. Las provocaciones por parte de la policía, la violencia o las detenciones no consiguieron una respuesta violenta de los y las manifestantes.

Los medios de comunicación en Argelia, estatales o privados, pertenecen a la oligarquía en poder. Las redes sociales están invadidas por un Ejército de trolls (los trolls suelen ser llamados en el mundo árabe ‘moscas electrónicas’). A pesar de la manipulación mediática, la capacidad de concentración y movilización sigue siendo importante. El último intento desestabilizador fue alentar los prejuicios entre árabes y amazighs, pero no parece que esto esté funcionando, por lo tanto, el régimen quiso escapar hacia delante imponiendo unas elecciones presidenciales.

Abdelmayid Tebbun.

 

Intento de autoreinventarse

Los cinco candidatos que concurrieron a las presidenciales de este 2019 eran figuras del mismo régimen.

Abdelmayid Tebbun (74 años). Fue gobernador de diferentes Wilayas (provincias) en el sur del país donde se convirtió en el protegido de El Arbi Beljir que fue jefe de la región militar del sur del país y luego director de la oficina del expresidente Chadli Benyedid, ex asistente del ministro del Interior durante la guerra civil, exprimer ministro en la época de Bouteflika y antiguo miembro del FLN.

Adelaziz Beleid (56 años). Antiguo cabecilla del FLN hasta 2012 cuando formó su partido el Frente del Futuro, contando con el apoyo de un sector del servicio de inteligencia.

Abdelkader Ben Guerina (57 años). Cabecilla del Movimiento de la Sociedad por la Paz, rama argelina de los Hermanos Musulmanes, otro ejemplo de oportunismo de dicha organización islamista.

Ezzedin Meihubi (60 años). Líder en la Agrupación Nacional Democrática (RND).

Ali Ben Flis (75 años). Líder en el FLN, exprimer ministro.

En la rueda de prensa celebrada tras la publicación de los resultados de las elecciones, Tebbun reiteró su llamamiento a la juventud para que participase en las movilizaciones hacia «un diálogo serio para Argelia, solo Argelia». Él siempre ha calificado la movilización como «bendita».

En sus observaciones, Tebbun dijo: «La movilización dio luz a mecanismos de diálogo y una autoridad independiente de elecciones y, por lo tanto, Argelia ha vuelto a tener legitimidad y así ha evitado las aventuras y conspiraciones que iban a golpear al pueblo argelino. Saludo cordialmente al Ejército descendiente del Ejército de la Liberación Nacional [el Ejército de la lucha contra Francia durante la revolución], liderado por el sabio Ahmed Gayed Saleh, quien gestionó la situación con sabiduría, destreza y lucidez y ofreció la protección absoluta a la movilización».

La respuesta fue un lema que miles de estudiantes vienen repitiendo desde entonces en las calles de Argel: «Tebbun, ¡te derrocaremos!». No parece que el pueblo argelino vaya a parar. Es la señal más optimista hasta el momento. Se espera que la continuación arroje luz a un organismo revolucionario con planes socioeconómicos porque la movilización en la calle no es suficiente, aunque es imprescindible en tiempos de injusticia.

Fuente: AraInfo

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