Argala Gaur

Por Iñaki Gil de San Vicente

Ahora el derecho a la Rebelión, a la resistencia contra la injusticia, se ha visto debilitado por un conjunto de presiones que no podemos detallar aquí. Sin embargo, se trata de un derecho elemental sin el cual no se entendería la evolución de la especie humana que existe porque resiste y desobedece, porque se defiende ante los ataques que sufre.

Por Iñaki Gil de San Vicente

Nota: cinco puntos para la charla-debate sobre Argala en Arrasate, el 6 de noviembre.

1). Argala nació en 1949, empezó a militar en 1968 y fue asesinado en 1978. Su vida política consciente fue breve e intensa, truncada en un momento de evolución intelectual que no podemos seguir al carecer de datos fiables. Su obra, por tanto, se quedó inconclusa, abierta, como la de tantas revolucionarias y revolucionarios, además se desarrolló en una fase histórica de cambio sociopolítico profundo: el agotamiento de la dictadura franquista se aceleraba por la crisis capitalista internacional que en 1973 tuvo un agravamiento brusco. También, una oleada tremenda de lucha de clases y de liberación nacional recorría el mundo, y por si fuera poco, reaparecían con nuevos ropajes antiguas reivindicaciones como las de las mujeres trabajadoras en concreto y en general la irrupción de feminismos diversos, también la estudiantil y los movimientos sociales; y se asomaba cada vez más la ecologista y con ella la antinuclear, etcétera. Por último, desde finales de los ’60 la progresía intelectual francesa cada vez más absorbida por la nueva industria cultural y atada por las cadenas de oro de la Universidad, se posicionaba contra el «marxismo» de la URSS fabricando múltiples modas ideológicas de usar y tirar, mientras que jóvenes universitarios radicalizados giraban a los maoísmos, trotskismos, consejismos, feminismos, ecologismos… Para salir de este agujero, el imperialismo se lanzó a la contraofensiva desde la segunda mitad de los ’70, destruyendo derechos sociales y democráticos, impulsando la financiarización y aniquilando las defensas estatales, militarizando el espacio y el mundo…

Un tercio de siglo después, el capitalismo ha cambiado profundamente, aunque siendo el mismo capitalismo en lo esencial. Ahora, el sector industrial depende más que nunca de la Banca y no a la inversa; ahora, el grueso de las inversiones son en el mismo mercado financiero y especulativo, luego en el militar y sanitario, servicios, etc., y cada vez menos en la industria productora de valor; ahora, el capital financiero-especulativo y las grandes corporaciones tienen más poder económico y político que la mayoría de los Estados; ahora, la crisis socioecológica está a punto de ser catastrófica, y se agotan los recursos naturales; ahora la economía no logra revertir la tendencia a la caída de los beneficios acelerada desde los ’70 pese a repuntes fugaces y la brutalidad de la explotación; ahora el capital ficticio y especulativo es inconmensurable, y la deuda mundial supera en algo más de tres veces el PIB mundial; ahora, una de las ramas más rentables es el narcocapitalismo, la industria sexual mundializada, las armas y el neo-esclavismo; ahora el empobrecimiento, la precarización, el subempleo, el hambre… aumentan y tienen carácter estructural…

2). Argala tuvo que digerir en muy pocos años semejante aluvión de ideas como las vistas en el ptº1, tan diversas y novedosas, incluso opuestas y contradictorias entre sí, rompiendo las cadenas mentales reaccionarias inculcadas por el nacional-catolicismo español y con las limitaciones de una dictadura implacable. Pero no fue el único: una generación juvenil, mayoritariamente trabajadora en comparación a la que creó EKIN dos décadas antes, se encontraba en el mismo vórtice y reaccionó de igual manera, aunque Argala y algunos más destacaron en el proceso. Aquí tendríamos que volver al debate de siempre sobre el papel de la individualidad en la historia, porque nos facilitaría la respuesta a varias cuestiones. Comprenderíamos así la interacción de condiciones sociosanitarias, familiares, educativas, etc., que facilitaron la personalidad de Argala: su inquietud intelectual, su empatía, buscando el contraste, debatiéndolo hasta aclarar las contradicciones, y no rechazando el debate con nadie. De este modo aprendió a usar el método dialéctico en el interior de la praxis revolucionaria, lo que resultaría decisivo para teorizar el salto de la organización en frentes, a la forma-movimiento, etcétera. Semejante esfuerzo se enfrentaba además a las grandes restricciones al estudio que imponía la dictadura y, muy especialmente, la represión del euskara, las grandes dificultades para desarrollar la teoría revolucionaria en euskera superando la aplastante fuerza alienante del español y del francés.

Ahora, la industria cultural y político-mediática, el empobrecimiento de la juventud trabajadora, su precarización, la integración de la política reformista en el orden establecido, el poder adulto y la hiper sexualización machista cotidiana, la inculcación de una forma de vida alienante y la obsesión consumista, etcétera, frenan mucho el desarrollo de la crítica y de la autoorganización del poder juvenil. Pero, al igual que entonces, el potencial inherente a la juventud tiende a desbordar esos límites porque la contradicción entre un presente sin futuro y un futuro prohibido, -la independencia socialista- hace que puedan reactivarse los valores éticos y políticos de la generación de Argala en este contexto. Descubrir en la práctica qué es la libertad, siempre ha sido vital, pero ahora lo es aún más, y en este sentido la praxis de Argala y de toda la juventud revolucionaria de todos los tiempos es más actual que nunca. Una de las tareas que debe realizar la juventud es la de barrer todo contenido y forma machista que se hereda inevitablemente de la rebeldía del pasado.

3). Argala tuvo una visión internacionalista de la revolución socialista vasca y viceversa. Su larga experiencia en Madrid reforzó y amplió con lecciones prácticas lo que había aprendido en la teoría: no existen luchas de liberación nacional separadas del contexto internacional, pero tampoco existe una lucha de clases internacionalista sin la liberación de los pueblos trabajadores oprimidos. Con las dos escisiones habidas ya en ETA, había tomado conciencia de las raíces profundas del estatalismo incluso en sectores de la Organización, así como su tremenda fuerza en la izquierda del Estado francés. En Madrid vivió in situ la fuerza conservadora del nacionalismo español antifranquista, exceptuando tanto a un cualificado grupito de comunistas cuyos nombres honramos, como a sentimientos difusos de solidaridad de sectores populares y militancia de base radicalizada. En su célebre Testamento y en otros escritos explicó la dialéctica entre lo nacional y lo internacional, rota, destrozada por la fuerza del nacionalismo de las izquierdas del Estado nacionalmente opresor, pero nunca rechazó la necesidad del internacionalismo revolucionario.

Ahora se libra una batalla decisiva entre los derechos nacionales y el Estado en la que la coherencia admirable de la verdadera izquierda internacionalista apenas puede oírse ni verse bajo el tsunami autoritario y cada vez más neofascista del nacionalismo español. La burguesía sabe que en el fondo se juega la supervivencia de España como marco de acumulación capitalista en el cada vez más adverso contexto mundial, tan diferente al de los años ’70. Sabe que se ha agotado la fase histórica en la que el capitalismo necesitaba relativamente a los Estados dependientes, y que ahora la jerarquía imperialista les exige obediencia ciega y su colaboracionismo en la explotación y en el saqueo, reprimiendo las resistencias sociales. La burguesía española sabe el papel que tiene que cumplir para seguir recibiendo ayudas que le eviten desplomarse en la creciente competencia mundial con la inmediata caída de sus beneficios. En 1978 la crisis de España como Estado-nación dependiente se resolvió tapando la dictadura con la monarquía impuesta por el dictador y aceptando la orden imperialista de desindustrialización, terciarización y obediencia militar a la OTAN. La Gran Depresión desde 2007 ha hecho aún más dependiente a España que reacciona con cuatro formas del mismo nacionalismo; el abiertamente fascista; el constitucional; el republicano-federalista de boquilla; y el «marxista-leninista» de una España centralizada y unitaria opuesta a los «separatismos reaccionarios», o sea el «nacional-comunismo» como el reverso del «nacional-catolicismo». Frente a esto, la dialéctica entre independencia de los pueblos oprimidos y el internacionalismo desarrollada por Argala adquiere aún más valía en el contexto presente.

4), Argala fue uno de los militantes decisivos en el paso del sistema organizativo basado en los cuatro frentes –político, militar, obrero y cultural- al sistema de forma-movimiento. El primero fue adoptado por ETA al ver que la forma-partido vertical estalinista no servía en absoluto en la lucha vasca, y al creer que el sistema frentista, muy empleado en otras luchas de liberación, sí servía. Durante un tiempo fue efectivo, pero bien pronto el Estado aprendió cómo golpearlo. Además, la imparable irrupción rectora del pueblo trabajador en la lucha sociopolítica desde la segunda mitad de los ’60 fue desbordándolo para mediados de los ’70. Una de las razones de la escisión entre ETA (p-m) y ETA (m) fue cómo salir del apuro. En un principio ETA (p-m) reformó el modelo separando los frentes, pero uniendo su dirección en una cadena de responsables político-militares. El parche aguantó hasta que la represión llegó a los responsables: el desastre fue devastador. ETA (m) desarrolló la forma-movimiento: las organizaciones populares, de masas, sindicales, culturales se separaban orgánica y estrictamente de ETA (m) pero manteniendo contactos políticos sin peligro de «contagio organizativo». Con problemas y limitaciones, este sistema ha sido con mucho el más efectivo para sostener una lucha político-militar de liberación nacional de clase en el mismo corazón del imperialismo europeo.

Ahora el debate sobre la forma organizativa sigue tan vigente y acalorado como lo era en la Europa anterior a la revolución de 1848, y es que es un debate que, sin desaparecer nunca, siempre se recrudece cuando los cambios sociales, la explotación y la represión se incrementan. De aquí la importancia del conocimiento crítico de la historia y de la teoría que emerge de ella. El reformismo se caracteriza por su burocratismo vertical y por rechazar las lecciones de la historia. La praxis revolucionaria, por el contrario, busca en todo momento los cambios de lo nuevo en la permanencia de la contradicción e injusticia. Desde esta perspectiva se descubre la conexión interna que recorre las sucesivas formas de organización que ha ido tomando el movimiento revolucionario desde que saltó del blanquismo y del comunismo utópico al comunismo marxista. Esa conexión interna consiste en que la organización se estructura para: facilitar la toma del poder por el proletariado; agilizar la dialéctica entre la lucha política, socioeconómica, lingüística y cultural, feminista, ecologista, internacionalista, etc.; maximizar la autoorganización obrera y popular y los embriones de democracia socialista; maximizar la efectividad de la lucha en la legalidad burguesa y aguantar la represión cuando aparezca; ampliar la riqueza teórica con perspectiva histórica larga de la clase trabajadora. En Euskal Herria, estas constantes se expresan en que la forma organizativa se estructura para acelerar la construcción de la República Socialista Vasca.

5). Argala también fue uno de los militantes decisivos en la elaboración de la Alternativa KAS, que jugó un papel central en la cohesión estratégica hacia sus objetivos históricos en el independentismo socialista, a pesar de sus ambigüedades que dieron pie a un debate interno en la izquierda independentista. El movimiento revolucionario empezó a pensar en la necesidad de alternativas concretas, tácticas y estratégicas, a comienzos del siglo XIX siendo una práctica común para la revolución de 1848. La Comuna de 1871 padeció las consecuencias de su debilidad táctica y sobre todo estratégica. La revolución de 1905 empezó a mostrar que debía precisarse mejor el paso de lo táctico a lo estratégico que se acortaba cada vez más, como se demostró en la revolución de 1917, como se demostró también posteriormente. Entre 1976 y 1978 va tomando cuerpo KAS como alternativa táctica y estratégica primero, y luego como expresión organizativa de la forma-movimiento. ETA (p-m), que inició el debate, la abandonó conforme se imponía la línea reformista en su interior. Los cambios sociales introducidos por el capitalismo fueron agudizando las ambigüedades de la alternativa KAS en lo relacionado con la explotación asalariada y con los cambios en la dinámica de clases en Euskal Herria. En vez de actualizar la alternativa para responder a estos cambios tan profundos, la dirección de entonces de la izquierda abertzale decidió en 1995 cerrar esa fase e iniciar la de la Alternativa Democrática.

Ahora la opresión nacional de clase se ha complejizado en extremo desde entonces, porque lo ha hecho el capitalismo y con él sus estructuras sociopolíticas, culturales y represivas de dominación con sus violencias múltiples, visibles e invisibles. Las consignas y objetivos históricos siguen siendo irrenunciables y deben difundirse masivamente en todo momento, pero la extrema diversificación de la sociedad burguesa y el agravamiento de sus contradicciones, hace que la izquierda revolucionaria en su sentido amplio deba ser capaz de ofrecer alternativas concretas para los problemas concretos. El laconismo de la alternativa KAS pudo servir en un momento de esperanza por las posibilidades abiertas por la crisis agónica de la dictadura. Ahora, bajo un capitalismo con mil caras incluso opuestas entre ellas, es perentoria la necesidad de ofrecer alternativas que además de resolver las necesidades urgentes sobre todo las engarcen con los objetivos históricos mediante la estrategia revolucionaria. Si no lo hace la izquierda o se retrasa, lo hará la burguesía que dispone de medios incluso para adelantar falsas soluciones a parte de los problemas que ella misma crea. Gracias a grupos militantes, es relativamente fácil encontrar textos de ayuda sobre alternativas tácticas y estratégicas, y debatirlos.

5).- Argala, como la militancia de las varias organizaciones armadas que operaban en Euskal Herria, sabía que la Rebelión contra la injusticia era reconocida como derecho humano elemental en el Preámbulo de la Declaración Universal de DDHH de la ONU de 1948. Como marxista sabía que eran muy improbable, casi imposible, que se dieran en un momento preciso todas las circunstancias que forzasen a la burguesía a tolerar de forma pasiva y pacífica ser expropiada de sus inmensas riquezas privadas sin provocar antes una represión salvaje y, en caso extremo, una contrarrevolución inhumana, por lo que veía la violencia defensiva como una táctica de mal menor necesaria para evitar un mal mayor innecesario. Como hombre de cultura, sabía que el romano Vegecio había advertido que, si se quería la paz, había que prepararse para la guerra. Desde esta visión común al marxismo, analizaba las acciones armadas buscando el mayor efecto de concienciación política con el mínimo costo humano posible, y entendía que esa forma táctica de violencia defensiva era parte de una totalidad en la que también se practicaban resistencias pacíficas y la no-violencia, autodefensas pasivas y activas, sabotajes, etcétera, tácticas siempre sujetas a una estrategia y objetivos históricos superiores. Era la estrategia la que debía decidir por qué y cuándo habría que dejar la táctica de la violencia defensiva. El tópico barato e insostenible popularizado por el reformismo según el cual ETA (m) era «militarista» no se sostiene por ningún lado.

Ahora el derecho a la Rebelión, a la resistencia contra la injusticia, se ha visto debilitado por un conjunto de presiones que no podemos detallar aquí. Sin embargo, se trata de un derecho elemental sin el cual no se entendería la evolución de la especie humana que existe porque resiste y desobedece, porque se defiende ante los ataques que sufre. Argumentar el porqué de este derecho elemental no implica y no exige practicarlo en sus métodos más duros y hasta desesperados a veces. Las diversas formas posibles y deseables, efectivas política y éticamente, de practicar el derecho a la Rebelión deben decidirse mediante estrategias conscientes. Lo que nunca debe hacerse es silenciar ese derecho elemental, ocultarlo al conocimiento de quienes padecen opresión y la aceptan creyendo que es voluntad divina. Nunca debe hacer propaganda «democrática» para que los y las oprimidas renuncien definitivamente al derecho a la resistencia y acepten sólo las vías institucionales toleradas por la opresión: eso es inhumano.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 3 de noviembre de 2018

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