Arderán las astillas del capitalismo

Detrás de las estadísticas macroeconómicas, de las cifras de desempleo y de la disminución de beneficios de algunas empresas, se esconde una realidad humana cruda y horripilante, un relato de desigualdad y sufrimiento. Trabajadores que se caen, perdiendo el conocimiento, sufriendo una crisis de ansiedad. Trabajadores explotados que se retuercen agónicos en el suelo. Las consultas psicológicas han aumentado considerablemente desde el comienzo de la crisis. A pesar de que el poder intenta ocultarlo, los suicidios se han multiplicado desde entonces.

Los desempleados se encuentran en una situación aún peor, puesto que padecen la escasez mientras que los burgueses siguen bañándose en la piscina de la opulencia. El gobierno sirve a los intereses de la clase dominante, recortando derechos sociales y civiles, perpetuando la explotación del hombre por el hombre.

Los proletarios aprietan los dientes, aguantando la tensión de sus arterias, llevándose el brazo al hombro hasta que sienten el sabor del azufre y sufren un infarto. Sus familiares y allegados velan los cadáveres en un columbario de cristal que los poderosos se niegan a advertir. Pero llegará la noche en que arderán las astillas del capitalismo y el miedo a los burgueses y sus perros sarnosos se esfumará como el humo azul. Ellos deberían temernos. Porque la caldera silba, aguantando la presión. Pero explotará  y entonces el capitalismo se derrumbará.

Da igual si profeso un ideario socialista, anarquista o comunista, si pertenezco al movimiento de los indignados o no, el 25S plantaré frente a los burgueses que se sirven del Congreso de los Diputados como una infraestructura del capital.

Recuperemos la política, construyéndola como un arma del pueblo, despojándola de los oscuros influjos del poder económico.

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