Apuestas y buitres en el fondo de una crisis

Como en el año 2008, viejos y conocidos buitres de la especulación dispusieron ya sus garras para lanzarse en provecho de la situación; y es que antes del virus Sars-Cov-2 ya se hallaba instalado en nuestros barrios otro problema de salud pública, la ludopatía

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La COVID-19 llegó a nuestra vida y enganchada a su corona una crisis sanitaria, económica, social y emocional que vuelve a poner en riesgo a los sectores más vulnerables de la población. Como en el año 2008, viejos y conocidos buitres de la especulación dispusieron ya sus garras para lanzarse en provecho de la situación; y es que antes del virus Sars-Cov-2 ya se hallaba instalado en nuestros barrios otro problema de salud pública, la ludopatía causada por las casas de apuestas.

Se hizo necesario un confinamiento y paralización de actividades para combatir entre todas a la propagación de la COVID-19, entre ellas el deporte y competiciones profesionales de las que se nutren las casas de apuestas para desarrollar su negocio, dejando así descubierto uno de sus pilares base de mercadeo. Aún así este negocio voraz supo reinventarse con rapidez, trasladando sus apuestas a deportes virtuales o competiciones de videojuegos a través de las que seguir atrapando la economía y salud de las y los más jóvenes.

Redes sociales e Internet comenzaron a mostrar incesantes anuncios de máquinas de casino y juegos de póker de diferentes empresas de apuestas, a los que, en un juego macabro de palabras, se acompañaban frases animando a apostar «quedándote en casa» y los beneficios que ello reportaba una supuesta diversión bajo encierro, que no es ocio si no la mascarada de un sector que, pese a la grave situación, sigue dispuesto a todo por seguir aumentando sus ingresos.

El 31 de marzo, el Ministerio de Consumo anunciaba la aplicación de medidas extraordinarias enfocadas a reducir la publicidad de los juegos de azar online durante el estado de alarma, motivadas por la detección de un aumento en la práctica y consumo de los mismos, con los correspondientes riesgos para la salud y un agravante de los problemas de adicción de las personas que ya lo sufren, dada la situación de confinamiento. Medidas que incluían la prohibición de la emisión de publicidad de apuestas y juego de azar online, excepto en la franja de madrugada, tanto en radio, televisión como plataformas digitales, así como la prohibición total de publicidad a través de redes sociales y correos electrónicos. Así mismo el Gobierno prohibió cualquier uso de bonos, descuentos o regalos de captación. Todo ello, según manifestó el Ministerio de Consumo, al objeto de proteger la salud pública, debido a que las condiciones de confinamiento en el domicilio favorecen la aparición y desarrollo de nuevas adicciones.

Pero, ¿realmente las operadoras de juego de azar y apuestas, estaban dispuestas a renunciar a tan suculenta situación? La realidad es que algunas no. Tal y como desapareció la publicidad de las casas de apuestas, llegó de forma camaleónica otro tipo de reclamos adictivos en forma de videojuegos y aplicaciones de tragaperras o casinos.

Aplicaciones, en un principio publicitadas como gratuitas pero conteniendo compras con dinero real, que no tienen otro objetivo que intentar atrapar en sus redes a un público adolescente ya que las mismas, sorprendentemente, están clasificadas para una edad recomendada de 12 años. Videojuegos de «máquinas tragaperras» y casino, que ofertan una imagen inocente prometiendo un sinfín de diversión en tiempo de confinamiento, pero que suponen una trampa para las y los más vulnerables.

Hablamos de un tipo de videojuegos disponibles en las plataformas de descarga de apps, que incluyen micropagos, idénticos a las máquinas y juegos de azar que podemos encontrar en cualquier web o casa de apuestas, que no obedecen a ninguna regulación, por lo tanto escapan a cualquier medida normativa, presentando el mismo riesgo de adicción dadas sus características, si bien acentuado ya que carecen de cualquier tipo de control que impida su acceso y consumo por menores de edad o personas que voluntariamente se han inscrito en los registros existentes para que se les impida apostar.

Sobre este tipo de estrategias comerciales, en la Unidad del Juego Patológico del hospital de Bellvitge de Hospitalet de Llobregat (Barcelona) aseguran que existe una convergencia entre los juegos de apuestas y los videojuegos, tratándose éstas de formas encubiertas de juego online que suponen una puerta de entrada para otras actividades como los juegos de azar o las apuestas online. De hecho, un estudio de la Dirección General de la Ordenación del Juego realizado en colaboración con el Hospital de Bellvitge, afirma que hasta un 3% de los niños y niñas de 11 a 16 años no sólo estarían pagando en estas apps, sino también han empezado a jugar a actividades para adultos como las apuestas deportivas o el póker online.

Detrás de algunas de estas estrategias comerciales de dudosa ética, se encuentra Social Games Online, una operadora titular de las plataformas digitales Slot.com y Mundo Slot, que forma parte del conglomerado de empresas relacionadas bajo el manto de la multinacional CIRSA, empresa española de juegos de azar, cuyo propietario no es otro que el fondo buitre de inversión Blackstone, el cual la adquirió en una ambiciosa operación de compra en el año 2018, cifrada en unos 2.000 millones de euros, de los cuales 1.500 millones de euros fueron deuda.

En este entramado se encuentran las empresas Social Games Online, Sportium y Global Game Machine Corporation, estas dos últimas implantadas con una fuerte expansión presencial en forma de casas de apuestas y máquinas «tragaperras» de salones y bares en todo el territorio del estado español.

Blackstone, que está detrás tanto de la propiedad de los narcopisos del Raval de Barcelona como de las viviendas protegidas con las que mercadeó Ana Botella en Madrid, se lucra actualmente en el sector del juego y apuestas con la explotación de 148 casinos, 190 salones de juego, más de 75.000 máquinas recreativas en bares, 70 bingos y 3.000 puntos de apuestas deportivas en España, Italia y Latinoamérica.

Las aplicaciones y videojuegos que hemos podido relacionar anteriormente, son una versión virtual idéntica a los juegos y máquinas que se hallan instalados en salones de juego, bingos y bares de forma física. Solo en Aragón, la empresa operadora Global Game Machine gestiona y explota al menos 15 salones, 2 bingos y un gran número de máquinas implantadas en el sector de la hostelería, a las que se suman casi un centenar de zonas de apuestas bajo la marca Sportium. Esto supone que a través de las aplicaciones de tragaperras comercializadas por el mismo grupo empresarial, se podría estar dando una incentivación temprana a las apuestas en las y los adolescentes, tal y como se puede comprobar en los datos del informe de la Dirección General de Ordenación del Juego anteriormente señalado.

Recientemente se conocían noticias sobre importantes movimientos del fondo Blackstone en plena crisis el cual, aprovechando la caída de precios del mercado, ha levantado el mayor fondo de la historia para inversión inmobiliaria en Europa cerrando un préstamo de 900 millones de euros. A su vez, al menos 16.000 familias de 20 provincias distintas del estado español, inquilinas de viviendas en propiedad de este fondo buitre, denunciaban que la propiedad estaba aprovechando la crisis sanitaria para impulsar desahucios o presionar para que aceptaran subidas del alquiler del 80%.

Al mismo tiempo, según datos de Telefónica, el consumo de datos y tráfico de «gaming», entre el que se encuentra las aplicaciones y «videojuegos» de la operadora propiedad de Blackstone, aumentó un 271% al inicio del confinamiento con respecto a la semana anterior al mismo. Y es que, como podemos comprobar, el máximo exponente del capital hace negocio allá donde ve la oportunidad de obtener el mayor beneficio a costa de la desgracia sin ningún tipo de escrúpulo, caiga quien caiga.

Que no se repita el escenario que se nos presentó en el año 2008 y esta vez no paguen, todavía más, los que menos tienen. Qué nadie quede atrás. Enfrentémonos juntas a los abusos, los desahucios y el negocio de las casas de apuestas, cuyos mismos explotadores siguen intentando implantar sus normas a la sociedad a golpe de capitalismo salvaje y especulación en una partida con las cartas marcadas.

Ante estos ataques de los buitres de siempre, que aprovechan cualquier circunstancia para hacer negocio con la salud y bienestar de los sectores más vulnerables de la población, debemos trabajar en un escudo de medidas a través de soluciones políticas en forma de normas y estrategias preventivas que vayan de la mano con las iniciativas de las diferentes plataformas y movimientos sociales. Soluciones que hagan frente en común al constante mercadeo de vidas y derechos de las personas, especialmente en tiempo de crisis. Un cambio de modelo social y por lo tanto también económico que ya era necesario antes de la crisis, alejado de la anterior normalidad, que no era tal, y en el que la denominada «nueva normalidad» suponga la construcción de una sociedad más justa, igualitaria, solidaria donde los poderosos fondos buitre, sus negocios y los intereses capitalistas sean desterrados de nuestros barrios. No será fácil, pero tampoco imposible, está en nuestra mano construirla.

Fuente: Arainfo

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