Apología del Blog

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Un hombre se pasea en bicicleta por una pista verde de Montréal, le surje una idea, un sentimiento, una propuesta, que desea compartir con otro individuos, o grupos de ellos. Llega a su casa, escribe un artículo y lo publica en su blog.

Una mujer va a la consulta de un médico en Moscú, espera durante demasiado tiempo, se cansa y se va, llega a su casa, escribe una denuncia y la publica en su blog.

Un niño regresa de la escuela en China, abrumado por la muerte de un amiguito, en el reciente terremoto de Sichuan. Huo vive en Shanghai y a Jiang lo conoció en una competencia de matemáticas el año pasado en Pekin, llega a su casa, escribe una poesía de despedida y la publica en su blog.

Los blogs le hacen la competencia a los medios, es una verdad de perogrullo a estas alturas, es por ello que todos los medios que se precian de “estar al día”, los crean como “hongos después de la lluvia”, en sus sitios digitales.

El blog es la extensión de la revolución del individuo en el siglo XXI. A finales del XVIII se logró la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, pero ella fue insuficiente, no porque su letra fuera caduca, de hecho, una de las tres divisas fundamentales de aquella revolución francesa gloriosa, sigue sin cumplirse: la Fraternidad. La Libertad y la Igualdad van y vienen…

No, el problema fueron los medios para implementar esos Derechos arrancados a las aristocracias feudales, que como las clericales mantenían al pueblo en la ignorancia y la miseria para prevalecer. El siglo XIX aportó los grandes inventos mecánicos. El XX los grandes inventos físicos y digitales. El XXI los profundiza y sobretodo los hace acequibles a un número cada vez mayor. Claro la desigualdad entre los países reina y aún no se ve una verdadera solución a ese problema. El planeta se consume literal y metefóricamente, pero el individuo sigue avanzando, el ser humano es único y cada cual aporta una experiencia diferente, una visión alternativa, un deseo de hacer nuevo y una voluntad imparable de aprender al mismo tiempo que de hacer conocer su criterio. La complejidad del individuo aumenta cuando el nivel de vida y la calidad de SU vida crecen.

Las sociedades del primer mundo saltan al futuro, las del tercero saltan al pasado, las migraciones no siempre son sólo económicas, mucha gente emigra por salir del círculo vicioso de la mediocridad impuesta. La explosión y la saturación de la autoexpresión aquí, el gremialismo reductor y casado con el poder allá. Las contradicciones se exacerban, pero el individuo sigue avanzando, porque cada hombre y mujer somos un mundo que hay que salvar y promover, para que la suma de todos los puntos de vista, y la elección entre ellos del que conviene a cada cual, sea la mejor razón para ignorar los ajenos impuestos.

El hombre del siglo XXI tiene un enorme reto ante sí: el de la desmitificación de todo lo que los siglos precedentes sacralizaron. Occidente se descristianizó en dos siglos, pero sacralizó el poder del dinero y de los medios. Oriente se adapta y penetra con fuerza en el sistema económico mundial, pero conserva con pocas modificaciones el sistema de sacralización de sus normas sociales ancestrales.

El individuo puede superar ambos esquemas de pensamiento y de civilización, ya agotados. Tú puedes expresarte y llegar a hacerte entender por otro similar a ti, puede que sean 10, 100, 1000 o un millón quienes te entiendan, hoy o mañana, pero tu voz no será más silenciada y te darás el gusto de ignorar la opinión prestablecida, por que cuando le cojes el gusto a pensar por tu propia cabeza, no hay quien te detenga. ¡Hazte un blog!