Aplaudir está bien; elegir Sanidad pública, mucho mejor

Hace ya una década que desde el Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza de Madrid (STEM) llevamos a cabo una campaña dirigida a las empleadas y empleados públicos, afiliados y simpatizantes, para animarles a escoger la opción de la sanidad pública: si defendemos, como trabajadores y trabajadoras, los servicios públicos, deberíamos defenderlos también como usuarios. Las redes privadas son, ante todo, un factor de desclasamiento. Los empleados públicos, por mucho que nos quieran convencer de otra cosa, no dejamos de ser clase trabajadora.

Publicidad

Los funcionarios y funcionarias de carrera estamos asignados a un régimen especial de Seguridad Social, MUFACE, con una caja propia y un sistema de cotización y servicios distintos a los del Régimen General. Entre las particularidades de MUFACE se encuentra la posibilidad de escoger entre las prestaciones médicas del Sistema Nacional de Salud (INSS) o las de una serie de entidades médicas concertadas.

Desde hace años, en STEM, animamos a las personas afiliadas y simpatizantes a que escojan la opción de la sanidad pública, para lo cual se abren dos periodos todos los años: durante el mes de enero y durante el mes de junio.

Porque es preciso detener la privatización de servicios esenciales: los convenios suponen a día de hoy la transferencia de 2.255 millones de euros anuales a sociedades sanitarias privadas, 64 millones más que en el anterior convenio, suscrito para el periodo 2018-2019. [ver enlace] Este dinero, que se utiliza para garantizar una cartera de clientes y mejorar la cuenta de resultados de estas empresas, es una cantidad que se detrae del sistema público, contribuyendo a deteriorar el servicio de todos.

Por calidad: es del dominio público que, ante una dolencia grave, la plena garantía de que no se van a escatimar pruebas y tratamientos en aras del beneficio empresarial sólo la da el Sistema Nacional de Salud. Por otra parte, las sociedades concertadas han restringido servicios a medida que tenían que atender a más usuarios y la media de edad de los mismos se elevaba. Recordemos que, en 2015, ADESLAS y ASISA suprimieron sus servicios de oncología y radioterapia, cardiología o neurología, dejando sin tratamiento a muchos mutualistas. [ver enlace]

Por coherencia: si defendemos, como trabajadores y trabajadoras, los servicios públicos, deberíamos defenderlos también como usuarios. Las redes privadas son, ante todo, un factor de desclasamiento. El principal reclamo a sus consumidores es el sentimiento de diferenciación. Los empleados públicos, por mucho que nos quieran convencer de otra cosa, no dejamos de ser clase trabajadora.

Analizando la respuesta que se ha dado en nuestro país, y específicamente en la Comunidad de Madrid, a la situación de emergencia sanitaria mundial, podemos extraer dos lecciones muy importantes:

La capacidad de respuesta de la sanidad privada ha sido muy limitada. Han sido los centros públicos de referencia los que han absorbido el grueso de la atención sanitaria, y gracias a sus profesionales la situación epidemiológica dista mucho de la que teníamos a finales de marzo.

Del fortalecimiento del sistema sanitario público dependerá nuestra capacidad de respuesta ante futuras situaciones de emergencia sanitaria.

Las políticas privatizadoras de la derecha neoliberal madrileña priman el beneficio empresarial frente a la salud pública, pero también frente al ahorro y la eficiencia, ya que, a pesar de que las condiciones laborales y salariales del personal sanitario de la red privada son peores (lo cual, lógicamente, influye en la calidad de la atención sanitaria), los tratamientos en la sanidad privada le salen más caros al conrtribuyente. [ver enlace]

La evolución lógica de estas políticas neoliberales nos llevaría a la situación de Estados Unidos, donde todo trabajador asalariado suscribe un seguro médico privado y el sistema sanitario público se encuentra en una situación tan precaria que, eliminada la opción de acogerse a una sanidad pública fuerte y bien financiada, las aseguradoras privadas campan a sus anchas, imponiendo a sus clientes cláusulas abusivas y copagos inasumibles y, obligando a miles de personas a elegir entre hipotecarse o morirse, como explica Michael Moore en su documental Sicko, cuyo visionado recomendamos.

En este momento histórico, en que ha quedado tan patente la gran calidad profesional del personal de nuestra sanidad pública y lo necesarios que son, pero también la necesidad de fortalecer y financiar adecuadamente el servicio sanitario público, cabe plantearse qué podemos hacer como ciudadanos y como empleados públicos, más allá del voto cada cuatro años y de los aplausos a las ocho: Al elegir como entidad médica el INSS, reducimos la desviación de recursos a la sanidad privada, ya que el dinero asignado a estas compañías se determina en función del número de mutualistas que las eligen.

En la última década, el porcentaje de empleados públicos del régimen de MUFACE que eligen la sanidad pública ha pasado del 14% al 20%. Desde STEM, animamos a que de muchos granos de arena hagamos una montaña, de modo que este porcentaje sea cada vez mayor y los empleados públicos seamos capaces de transmitir un mensaje claro a favor de la sanidad pública y sus profesionales. Es el mejor aplauso que les podemos dar.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More