Antiimperialismo e Internacionalismo 2

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Por Iñaki Gil de San Vicente

Ponencia a debate en «Encuentro antiimperialista por la Vida, la Paz y la Soberanía” a celebrar en Caracas los días 22 al 25 de enero de 2020.

  1. DEL PUEBLO TUPINAMBA Y FIDEL CASTRO

  2. DEL IMPERIALISMO PATRIARCAL A TELESUR

  3. DEL IMPERIALISMO ESCLAVISTA A LA REVOLUCION HAITIANA

  4. DE LA REVOLUCION AL INTERNACIONALISMO HAITIANO

  5. DEL NARCOIMPERIALISMO AL IMPERIALISMO RELIGIOSO

1.- DEL PUEBLO TUPINAMBA Y FIDEL CASTRO

«El Rey habló un rato con ellos; se les mostró nuestro modo de vida, nuestra magnificencia, y las cosas dignas de verse en una bella ciudad. [Yo] les pregunté qué pensaban de todo esto y qué les había parecido lo más notable. [Ellos dijeron] que habían advertido entre nosotros algunos hombres atiborrados de toda clase de cosas mientras que sus otras mitades eran mendigos ante sus puertas, demacrados por el hambre y la pobreza. Les pareció extraño que estas menesterosas mitades tuvieran que sufrir tantas injusticias y no agarraran a los otros del cuello o incendiaran sus casas»1

Esta es la versión ofrecida por Montaigne (1533-1592) de la conversación mantenida en 1562 por el rey-niño Carlos IX con tres indios tupinambas hechos prisioneros en Brasil y llevados a París. Las diversas comunidades tupinambas hablaban la misma lengua, pero no habían desarrollado una identidad etno-nacional preburguesa, habitaban amplias costas de Brasil y se enfrentaban entre ellos cuando escaseaban los recursos. Fue la invasión portuguesa la que les enseñó la necesidad de confederarse en algo que podría llegar a ser un proto-Estado indígena no burgués con el objetivo de no ser esclavizados. Las rencillas internas, algunas de ellas muy fuertes, dieron paso a una identidad colectiva que conservó el profundo igualitarismo comunitario expresado por los tres tupinambas: no comprendían cómo las clases explotadas de Paris no se sublevaban contra los ricos: ¡Había que agarrarles por el cuello e incendiar sus casas! Así el pueblo hambriento recuperaría las riquezas y las repartiría colectivamente, acabando con la pobreza y la miseria.

Hemos iniciado esta ponencia con la lección histórica de los tupinambas porque muestra una constante elemental que iremos analizando: los pueblos tienden a solidarizarse y a estrechar lazos de conciencia cuando las agresiones internas y externas que sufren afectan a los valores esenciales de su existencia. Ahora, cuando el imperialismo se esfuerza casi a la desesperada por dominar el mundo, lecciones históricas como la de los tupinambas deben ser rescatadas de la máquina del olvido, la ignorancia y la mentira que es esa gigantesca industria de la cultura capitalista.

En esta ponencia vamos a utilizar un concepto amplio, abarcador, del imperialismo como la mejor forma de dominio y explotación de uno o varios pueblos por uno o varios Estados. Sabemos que este término adquirió carga científica y potencial heurístico sólo a comienzos del siglo XX, por lo que debemos tener siempre en cuenta en qué formación económico-social y en qué modo de producción nos movemos cuando hablamos de, por ejemplo, la dominación imperial sumeria, romana, mongola o azteca, cuando saltamos del imperialismo de mitades del siglo XIX en la India, o en las guerras del opio contra China, al actual imperialismo británico fiel peón de los EEUU. Recordemos la advertencia de J. A. Mella: «El dominio yanqui en la América no es como el antiguo dominio romano de conquista militar, ni como el inglés, dominio imperial comercial disfrazado de Home rule, es de absoluta dominación económica con garantías políticas cuando son necesarias»2.

J. A. Mella, comunista cubano asesinado en México en 1929 por sicarios de la Isla, había leído en profundidad al Martí de 1895 cuando advertía que: « Es mi deber […] impedir, por la independencia de Cuba, que Estados Unidos se extienda sobre las Antillas y caiga, con todo ese peso colonial, sobre otras tierras de nuestra América […] Yo he vivido dentro del monstruo [Estados Unidos] y conozco sus entrañas»3. Y ambos, Martí y Mella, habían aprendido de la gran lucidez de Bolívar cuando teorizó –y nunca mejor dicho- la necesidad de un programa estratégico para toda Nuestramérica capaz de vencer el ciego impulso yanqui para dominarlo todo. En el contexto del Congreso de Panamá de 1826 no se podía pensar aún en una estrategia antiimperialista4 tal cual el término se entendió desde comienzos del siglo XX, pero es incuestionable que el proyecto de Bolívar era antiimperialista en su sentido histórico.

Mella sabía que las formas de explotación y saqueo dependen en última instancia de los modos de producción dominantes y de sus formaciones socioeconómicas. Conocía los crímenes españoles contra su pueblo durante la guerra de la independencia: asesinadas alrededor de 300.000 personas de todas las edades y sexos. Lo más terrible, como indica R. Izquierdo Canosa5, es que de ellas sólo 12.000, es decir un 4% del total, pertenecían al Ejército Libertador, mientras que el 96% restante, unas 288.000, eran personas civiles, desarmadas, de las cuales 260.000 murieron de malos tratos, hambre y enfermedad en los campos de concentración españoles siguiendo la estrategia de Reconcentración ideada por el general Weyler, que se adelantó a los campos de exterminio nazis. En cuanto a Filipinas, se calcula que murieron 600.000 personas de aquél país en la guerra de 1898-1910 contra la ocupación norteamericana6, que siguió a la larga ocupación española.

Mella, comunista y por ello culto y crítico, estaba al tanto de las tierras desoladas que dejaban tras de sí los romanos con su dominación imperial, no ignoraba la crueldad casi inconcebible de los españoles así como de los británicos en la degollina de la sublevación india de 1857, la ferocidad de los norteamericanos contra los pobladores autóctonos. Para integrar en un concepto flexible todas aquellas prácticas utilizó el término dominación para expresar lo que es común a la barbarie romana, británica y norteamericana. Veamos varios ejemplos que muestran la permanencia de formas de dominación –y de ella en sí misma- en todas las sociedades rotas por la unidad y lucha de contrarios entre la mayoría explotada y la minoría explotadora, dueña de las fuerzas productivas. Tenemos el papel de la cultura, la lengua, etc., en estas formas de dominación, de imperialismos genéricos: ni la república ni el imperio romano en su fase politeísta abusaron de la cultura como medio de opresión, solamente con el triunfo del cristianismo la cultura oficial, la religión, se convirtió en arma de dominio imperialista para el siglo IV7.

Para resumir cómo actuaba el imperio español en esta cuestión, son excelentes las ideas da A. Arana que transcribimos:

«Puede decirse que Castilla vigila al Papa para que no se salga del papismo. En el Concilio de Trento los teólogos castellanos son considerados como “martillo de herejes”. Esta obsesión por guardar la ortodoxia en teología, primaba lógicamente porque en la época, con la aplastante presencia de la religión, la ideología, cualquiera que fuese, había de pasar por el campo teológico. Los primeros revolucionarios, Cromwell, Lutero, Hus, tuvieron que, para elaborar una ideología revolucionaria, revolucionar primero la teología. De ahí el cuidado con que la monarquía absolutista de Castilla perseguía toda desviación teológica. La ortodoxia teocrática y su mantenimiento a sangre y fuego, eran las premisas de la contrarrevolución a escala europea, que era casi tanto como decir mundial. De esta guerra entre las emergentes potencias “protestantes” y la Monarquía Hispánica, dependía la marcha de la civilización por una vía de progreso o de estancamiento y despotismo. Si hubiese vencido en esta guerra mundial Castilla (junto a sus países satélites), quizás hoy los regímenes más prominentes que conoceríamos serían los habituales de Latinoamérica»8.

Gran Bretaña impuso a la India la lengua inglesa como lengua oficial en 18359, lo que da una idea exacta del papel de la cultura como arma explotadora. Pero, tanto en la India como en Canadá, contra cuyas poblaciones los colonos aplicaron «el terrible terror inglés»10, Gran Bretaña empleó además de las masacres militares, las hambrunas y el pánico, también la cooptación y el soborno, como lo había hecho Roma, pero con un añadido: mantener la ficción de cierta libertad de debate cultural, de reflexión política y artística. Así, la férrea dominación lingüístico-cultura quedaba oculta por una astuta censura que toleraba espacios de semilibertad siempre vigilada. En esta especie de juego de espejos, algunas veces la intelectualidad india burlaba y desbordaba las sutiles censuras, pero…, como dice R. Darnton: «El hecho de que los indios a veces los superaran en su propio juego no hacía ninguna diferencia puesto que los británicos tenían las respuesta definitiva: la fuerza»11.

Uno de los grandes avances en los medios de dominación del imperialismo desde la mitad del siglo XX ha sido el empleo de lo que Gayarik Spivak define como «violencia epistémica»12 tal como nos lo recuerda S. Casto-Gómez en su crítica a las “ciencias sociales” en cuanto instrumento para crear obediencia, reforzar el orden e imponer las disciplinas de explotación. Por ejemplo, la violencia epistémica ampara y protege a la ideología burguesa de los derechos humanos abstractos, de las críticas y denuncias de las clases y pueblos explotados, lo que le permite al imperialismo ocultar sus atrocidades bajo la excusa de sus «derechos humanos» ideados desde el siglo XVII por la burguesía en ascenso. Pero ya entonces esos derechos exclusivos del capital fueron negados en la práctica concreta a las clases, naciones y mujeres explotadas.

Lo cierto es que, como decíamos, desde la segunda mitad del siglo XX y para derrotar al socialismo y a la URSS, el imperialismo puso en marcha un conjunto de medios de dominación que reforzaban y legitimaban los crímenes de sus ejércitos. Uno de ellos era el paquete compuesto por los derechos humanos burgueses y por la llamada libertad de cultura y prensa. En 1977 Fidel Castro destrozó el mito burgués de los derechos humanos basados en la propiedad privada de las fuerzas productivas; lo hizo en el inicio de esa campaña de alienación que justo había comenzado con la derrota del imperialismo yanqui en 1975 a manos del heroico pueblo vietnamita:

«Al imperialismo le ha dado ahora por la manía de hablar de los derechos humanos, para los imperialistas los derechos humanos equivalen al derecho a la discriminación racial, el derecho a la opresión de la mujer, el derecho a saquear los recursos naturales de los pueblos; para los imperialistas los derechos humanos son el vicio, la miseria, la pobreza, la ignorancia. Solo los países revolucionarios luchamos verdaderamente por derechos humanos, por la dignidad del hombre, por la libertad de los pueblos»13.

Mientras el imperialismo se sentía con fuerza, apenas habló de los derechos humanos tal cual se recogen en la Declaración Universal de la ONU de 1948, del «sacrosanto derecho a la rebelión contra la opresión y la injusticia» como se afirma explícita y oficialmente en su Preámbulo. Ninguna prensa «libre» defendió el derecho de resistencia de la población de la isla de Diego García en el océano Índico cuando en 1966 fueron expulsados para siempre «con un acción brutal de violencia»14 por los británicos para establecer allí una estratégica base militar imperialista. Tras la derrota de Vietnam y los avances antiimperialistas, el capital abrió el frente de sus derechos concretos de clase, presentándolos como «derechos humanos». Durante mucho tiempo, el imperialismo ha disfrutado de una ventaja aplastante en la lucha teórica y ética, que es parte de la lucha de clases, sobre los derechos en general debido a la pusilanimidad de la mayoría de la izquierda.

Pero la concienciación aumenta conforme las y los explotados se organizan contra el enorme poder de manipulación realizada permanentemente por el altísima concentración transnacional de las empresas de des-información15. R. Sánchez y J.A. Luna nos explican que:

«Una de cada tres personas que fue al cine en 2019 lo hizo para ver una película del gran imperio californiano, que se ha disparado tras comprar Pixar, Lucasfilm o Marvel. Disney no inunda la taquilla con decenas de películas sino que explota sus nuevas marcas con pocos estrenos… pero muy grandes. Siete de las diez cintas más taquilleras son suyas»16.

Aquí mismo hemos debatido no hace mucho sobre la Factoría Disney –Comunicación, contra hegemonía y praxis decolonial 28-XI-2019– así que no me extiendo más que en la cuestión excepto para proseguir por un momento el comienzo del método expositivo de la ponencia que acabo de citar: presentar unos ejemplos históricos muy ilustrativos sobre el tema que tratamos para dejar clara desde el principio la idea que defendemos: todo debate sobre el imperialismo nos lleva a la opresión nacional, al saqueo de los bienes del pueblo atacado u oprimido, a las luchas de liberación antiimperialista y, por ello mismo, al problema de la propiedad privada de las fuerzas productivas.

Mella no pudo estudiar las transformaciones de las formas de dominación imperialista porque, como hemos dicho, se intensificaron sobre todo desde finales de la II GM, tras la derrota de los EEUU ante la heroica Vietnam, y se entrelazaron, como veremos, con una vuelta a la irracionalidad del mito del «destino manifiesto» de los EEUU desde 1630 en adelante. Pero Mella sí estaba en lo cierto sobre el imperialismo capitalista en cuanto forma superior de la dominación imperial, según se ve leyendo sus palabras: «“¡Delenda est Wall Street!” He aquí el grito nuevo y salvador. Quien no lo dé, se pone a servir, aunque sólo sea con su inacción, al poderoso enemigo común»17

2.- DEL IMPERIALISMO PATRIARCAL A TELESUR

Hay que destacar que la primera causa del surgimiento del dominio imperial definido en su generalidad, fue la de arrancar a otro pueblo los recursos energéticos que tenía, y por tanto quitarles las mujeres, especialmente las jóvenes. Se sabe que el trabajo de las mujeres aportaba alrededor del 70% de las necesidades energéticas de las comunidades, siendo además la caza una práctica en la que también participaban las mujeres18. J. Mosterín ha analizado cómo uno de los primeros imperialismos estudiados con rigor, el de los pueblos indoeuropeos, se caracterizaba por dejar de lado por un momento las disputas entre ellos por el robo mutuo de ganado para aliarse en el saqueo imperialista de otros pueblos, y de sus mujeres:

«La riqueza de la tribu se medía por el número de sus vacas. Esto conducía a constantes reyertas entre las tribus arias, que se acusaban mutuamente de robarse las vacas o que se disputaban los pastos y los terrenos. Pero a pesar de estas escaramuzas intertribales, todas las tribus arias eran solidarias en su lucha contra los dasas (los indígenas y supervivientes de Harappa) de piel oscura, de labios gruesos y nariz achatada. Ya entonces dasi (femenino de dasa) pasó a significar ‘esclava’ y más tarde, en sánscrito clásico, dasa pasaría a significar ‘esclavo’, en general»19.

J. Mosterín nos está explicando cómo los ataques indoarios contra el pueblo dasa tenían un objetivo tan claro, el saqueo de sus mujeres y de sus recursos, que el propio lenguaje indoario, patriarcal, terminó reflejando esa práctica imperialista, normalizándola. La importancia de las mujeres del pueblo invadido es reconocida por el Deuteronomio (20,10-16) cuando manda a los hebreos que den muerte a todos los adultos que han sobrevivido a la derrota, pero dejen con vida como esclavas a las mujeres e impúberes20. J. F. C. Fuller, reconocido historiador militar, afirma explícitamente que las violaciones de mujeres han sido «consideradas en casi todas las épocas como legítimo botín del soldado»21.

Aunque en esta ponencia carecemos de espacio, sí queremos indicar que desde los primeros registros históricos están constatadas las luchas contra la explotación, el esclavismo y la dominación imperial. Se puede hablar de «disturbios sociales»22 en la ciudad de Kish de alrededor de -2900 y -2700, y desde luego en -2352 cuando se dio en Lagash uno de los primeros golpes de Estado de orientación revolucionaria o cuando menos progresista. Uruinimgina impuso «reformas sociales» como la supresión de impuestos, el perdón de las deudas, la prohibición de extorsiones, la expulsión de usureros, ladrones y criminales, la defensa de viudas y huérfanos, entre otras más23. El poema de Gilgamesh de -2500/-2000 narra la lucha del pueblo contra explotadores que deciden castigarlos con el diluvio24 y crear una nueva raza humana que trabaje de sol a sol, se deje explotar y no se subleve nunca más: una de las razones de esta rebelión fue acabar con las violaciones de las que eran objeto.

A. D. Smith utiliza lo que la dialéctica define como «concepto flexible» para explicar que el nacionalismo pre burgués surgió desde el momento en el que un pueblo mantenía una: «resistencia colectiva a la dominación extranjera». Basándose en esa tesis explica que hititas, hurrios, persas, medos, fenicios, escitas, urartios, arameos, eramitas, kasitas, nubios, etc., eran pueblos con especificidad cultural y contigüidad territorial, y más aún, que la guerra de Adad-Nirari (911-891 a. C) contra los enemigos de Asiria era una guerra de «liberación nacional»25 pre burguesa. Según este autor tenemos al menos tres criterios para definir el nacionalismo al margen de la época histórica que tratemos: la cultura propia, el territorio y la autodefensa.

Es obvio que Smith estudia pueblos más evolucionados que los de la comunidad primitiva a la que se refiere Marx, pero es igualmente cierto que la guerra en cuanto tal sigue manteniendo su mismo y esencial objetivo: adquirir o defender una propiedad. Por su parte F. Lara Peinado nos ofrece una descripción sintética tanto del estado de casi permanente inseguridad política interna de los poderes sumerios, desde la sublevación de Sargón contra el rey legítimo Ur-Zababa, derrotándolo, como del estado de guerra casi permanente contra otros pueblos y también contra sus reiteradas sublevaciones por la opresión que sufrían, existiendo algunos especialmente fanáticos de su independencia y libertad como los misteriosos qutu: «un pueblo que no toleraba control alguno»26.

Las luchas de los grupos étnicos, por denominarlos de algún modo, para defender su libertad o para recuperarla no desaparecieron nunca del todo, y llegó un momento en el que jugaron un papel crucial. En otro texto diferente al antes citado, el mismo investigador afirma que: «Los movimientos de estos pueblos, unidos al malestar general de las ciudades sumerias, causado por las reformas acadias y por problemas religiosos que provocaron levantamientos independentistas (caso de Uruk con su IV dinastía) motivaron la definitiva caída del Imperio acadio»27.

Las resistencias de los pueblos al dominio imperial surgían de algo tan intolerable como el sistemático saqueo imperialista al que eran sometidos. Conviene detenernos en la siguiente descripción de los grandiosos beneficios que obtenía el imperialismo egipcio:

«Enormes cantidades de mano de obra se empleaban en trabajos forzados dentro de la misma provincia, y se deportaban esclavos y esclavas como propiedad de los templos, del palacio real o de los altos funcionarios. Anualmente se recogían tributos en especie, lo que nos da una imagen clara de los productos de Siria y Palestina. En primer lugar había que entregar productos agrarios (trigo, aceite, especias) y, en segundo, madera del Líbano, metales, sobre todo grandes cantidades de cobre, piedras semipreciosas, objetos artísticos y suntuarios y, naturalmente, armas. Aparte de esto, se transportaba a Egipto ganado en grandes cantidades, especialmente caballos, en cuya cría destacaban las regiones periféricas de Siria y Palestina. Incluso animales exóticos de esos países, como el oso y el elefante de Siria septentrional, y diversas clases de plantas desconocidas en Egipto, pasaron a los jardines zoológicos y botánicos reales para realzar el prestigio de los faraones y subrayar las dimensiones ilimitadas de su poder»28.

Viendo la magnitud del expolio comprendemos tanto la magnitud de las resistencias al imperialismo egipcio, como la táctica de control y desnacionalización de los pueblos ocupados empleada por Tuthmosis III (-1479/-1425) consistente en mantener en sus puestos a los soberanos que se rendían sin batalla, pasando a ser vasallos, pero teniéndoles cogidos en lo que más querían: sus hermanos e hijos vivían como rehenes en Egipto para que no se sublevaran sus familiares, con lo que, con el tiempo: «Palestina y Siria vivieron intensamente la influencia egipcia»29. Avanzando en el tiempo, no es casualidad que fuera durante el inicio del comercio marítimo, con la organización militar que requería y con el enclaustramiento de las mujeres en sus casas mientras sus hombre hacían negocios robando a otros pueblos, o sea entre los siglos –VIII y –VII, se escriturase la Odisea, tenida como «…el primer manifiesto de dominación masculina sobre la libertad de expresión de la mujer»30. En esta cumbre del machismo se narra cómo Penélope era acosada por muchos pretendientes mientras su marido, Ulises, buscaba enriquecerse a costa de otros pueblos.

Las protestas, rebeliones y guerras nacionales contra la dominación imperial se extendían en la medida en la que los reinos, Estados e imperios endurecían los saqueos y hasta el genocidio de pueblos. Esto lo entendieron perfectamente las clases dominantes griegas que, ante la agudización de las sublevaciones populares, sobre todo a partir del -371, decidieron en el -338 que la Liga de Corinto dirigida por Filipo de Macedonia asumiera la prioridad de acabar con las rebeliones de los pueblos, siendo el primer tratado entre griegos con esta cláusula represiva y, posiblemente, el primer plan de contrainsurgencia interestatal31 para salvar la propiedad privada.

Si queremos acceder a una definición casi exacta de lo que es la dominación imperial como método global, totalitario y totalizante, de explotación en su esencia más inhumana, leamos estas palabras atribuidas a Gengis-Khan (1162-1227): «El mayor placer es el de vencer al enemigo, expulsarle, sustraerle sus bienes, ver bañados en lágrimas a los seres que le son queridos, montar sus caballos, apretar en vuestros propios brazos a sus mujeres y sus hijas»32. Es una definición que lo sintetiza todo, resume todas las características esenciales de las violencias imperialistas: el placer económico del agresor que se apropia de Bolivia en 2019, por ejemplo, porque cree que ha vencido a su pueblo y puede expulsarlo de las tierras que contienen litio y otras riquezas, y así «sustraerle sus bienes» y «montar sus caballo»; el placer racista de quien disfruta golpeando y viendo llorar a las «razas inferiores», y muy especialmente el placer sádico de la violación de mujeres, el placer de la sexualidad imperialista que viola a las mujeres de las naciones que oprime.

Muy poco, desde luego nada esencial, podemos añadir a esta definición básica atribuida a Gengis-Khan, que no sean cuestiones particulares y singulares de imperialismos concretos según las características del modo de producción que los origina. En efecto, entre 1162 y 1478, en esos 316 años que separan el nacimiento de Gangis-Khan del de Pizarro, exterminador de los pueblos incaicos, se ha producido un cambio esencial: en el Estado español se imponía de forma irreversible el mercado burgués que reducía todos los valores, precios y placeres, también los sufrimientos, al oro como el equivalente universal. Es por esto que cuando un fraile le reprochó a Pizarro sus métodos salvajes contra la población india, pidiéndole que les tratara de mejor manera, éste le respondió: «No he venido aquí para eso, sino para sacarles el oro»33, y como consecuencia de esta obsesiva fiebre por el oro, los pueblos andinos y americanos en general han sido masacrados. Basta ver la sobreexplotación de las venas de plata de Sumaj Orco, Potosí, desde 1545 «por colonialistas, neocolonialistas, imperialistas y transnacionales burguesas españolas, estadounidenses, británicas y chilenas»34, y siempre en detrimento del empobrecido y machacado pueblo boliviano.

En las estepas y montañas de Eurasia, las caravanas protegidas militarmente trasladaban muchas mercancías, joyas, oro, especias, bienes de mucho valor, esclavos y esclavas. Pero si Pizarro quería llevar al Estado español lo que saqueaba en los Andes, debía hacerlo con los barcos de la época por lo que debía emplear medios de valor equivalentes pero que ocuparan y pesaran poco: oro, plata, especias y apenas más. La diferencia básica estriba en que el mercado burgués ya dominaba a finales del siglo XV y el de las caravanas del siglo XII tenía aún bastante de trueque preburgués. A pesar de esto, los crímenes de Gengis-Khan y los de Pizarro son los mismos y buscaban el mismo objetivo que colonialistas, neocolonialistas, imperialistas y transnacionales burguesas españolas, estadounidenses, británicas y chilenas posteriores, aunque ya apenas buscasen oro sino petróleo, litio, coltán… y empleasen dólares, euros o dinero electrónico.

De la misma forma en que tampoco podemos añadir nada cualitativo más a las formas elementales de resistencia antiimperialista de los pueblos que se resistían a la ferocidad de Gengis-Khan, Pizarro y las transnacionales capitalistas, sí podemos y debemos aprender de estas palabras de Fidel Castro que unen perfectamente los objetivos del imperialismo con las razones del antiimperialismo. Corresponden a una arenga improvisada en el momento crítico del desembarco de tropas mercenarias contrarrevolucionarias pagadas y entrenadas por los EEUU el 17 de abril de 1961:

« ¡Adelante cubanos! A contestar con hierro y fuego a los bárbaros que nos desprecian y que pretenden hacernos regresar a la esclavitud. Ellos vienen a quitarnos la tierra que la revolución entregó a los campesinos y cooperativistas; nosotros combatimos para defender la tierra de los campesinos y cooperativistas. Ellos vienen a quitarnos de nuevo las fábricas del pueblo, los centrales del pueblo, las minas del pueblo; nosotros combatimos por defender nuestras fábricas, nuestros centrales, nuestras minas. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la revolución les ha abierto en todas partes; nosotros defendemos las escuelas de la niñez y del campesinado. Ellos vienen a quitarles al hombre y a la mujer negros la dignidad que la revolución les ha devuelto; nosotros luchamos por mantener a todo el pueblo esa dignidad suprema de la persona humana. Ellos vienen a quitarles a los obreros sus nuevos empleos; nosotros combatimos por una Cuba liberada con empleo para cada hombre y mujer trabajadores. Ellos vienen a destruir la patria y nosotros defendemos la patria»35.

Aunque la invasión verdadera, en sentido estricto, es la militar, la ocupación militar, hay sin embargo muchas formas de invasión, como la económica, en especial en su forma de deuda, la cultural, etc.; pero lo que les identifica a todas ellas cuando son lanzadas por el imperialismo es que buscan los objetivos queridos por Gengis-Khan y frontalmente rechazados por Fidel Castro. Hemos visto la invasión cultural de la Factoría Disney con su enorme poder de manipular la mente humana, y ahora mismo estamos viendo y sufriendo las violencias múltiples e integradas del imperialismo contra Venezuela, por referirnos al lugar geo cultural de emancipación en el que debatimos esta ponencia: los ataques que está sufriendo TeleSUR36, reforzados con una campaña muy planificada de la que se integran las violencias económicas, políticas y religiosas a las que volveremos, tienen como objetivo inmediato recomponer si fuera posible la derruida figura política del esperpéntico Guaidó37 para, de inmediato, abrir las puertas de la nación al imperialismo.

Hoy en día, las invasiones imperialistas conllevan violaciones de mujeres de forma inmediata: más de un millón de alemanas al acabar la IIGM38; y de forma mediata, con el asentamiento de la industria de la prostitución tanto para el ejército ocupante como para la «exportación» de «mercancía sexual» a los países imperialistas, trata de mujeres que se realiza incluso sin invasión militar previa, simplemente con la invasión económica39 . El caso de las violaciones de mujeres y niñas en Haití –más de 2000—por tropas de la ONU que deberían «proteger»40 a la población es un ejemplo entre muchos. Pero aún es más feroz la impunidad del imperialismo sexual que realizan las grandes mafias internacionales con el apoyo oculto de las policías, y la gran banca que limpia el dinero y lo reintegra en la economía «legal», tema al que volveremos al analizar las relaciones entre droga e imperialismo. .

3.- DEL IMPERIALISMO ESCLAVISTA A LA REVOLUCION HAITIANA

La forma más inhumana de explotación, la esclavista, es la que nos ofrece por ello mismo uno de los mejores campos de observación de la solidaridad internacionalista y de la lucha contra el imperialismo. Es cierto que ha habido varios esclavismos: el de la economía tributaria; el grecorromano; el medieval, el del primer esclavismo capitalista que irrumpe en el siglo XV hasta el XIX, y el esclavismo del capitalismo industrial41 que se muestra de diversas formas, entre las que destacan la esclavización del trabajo infantil con todos sus abusos42, del terrorismo y explotación sexo-económica industrializada o doméstica43 también en la «democrática» Unión Europea44 , de las explotaciones de migrantes sin ley y en el silencio invisible del capitalismo sumergido, el de las maquilas y empresas subsidiarias de las grandes corporaciones instaladas en países empobrecidos y que explotan impunemente con métodos cuasi esclavistas, etc. Según los cálculos suaves de la Organización Internacional del Trabajo45, en 2017 la esclavitud moderna explotaba a casi 200 millones de personas, llevando las mujeres la peor parte.

Con mayor o menor intensidad, todas las formas de esclavismo han tenido y tienen sus relaciones con las prácticas chauvinistas, xenófobas, racistas y fascistas inherentes a los imperialismos sucesivos. Antes de que la fácil demagogia sobre el «populismo» fuera una golosina que distrajera a la casta intelectual, pensadores críticos, de izquierda, estudiaron las destrucciones y estragos que el imperialismo capitalista hacía en continentes enteros, aplastando sus formas sociales e imponiendo las que el imperialismo necesitaba, muchas de ellas con las formas del esclavismo capitalista que hemos citado. Wallerstein, por ejemplo, investigó cómo los cambios en África46 desde la independencia formal de varios países sometidos económicamente al imperialismo son inseparables de las tensiones de la unidad formada por la lucha de clases y las reivindicaciones etno-nacionales.

Una vez que hemos expuesto una base teórica mínima capaz de extraer las lecciones de la historia de la unidad entre esclavismo e imperialismo, en su expresión más general, debemos y queremos citar esta impactante descripción realizada por Anthony Pagden:

«La esclavitud moderna […] tuvo su origen en la mañana del 8 de agosto de 1444, cuando el primer cargamento de 235 africanos capturados en lo que hoy es Senegal fue desembarcado en el puerto portugués de Lagos. En los muelles se improvisó un rudimentario mercado de esclavos, y los africanos, confusos y acobardados, tambaleándose después de semanas confinados en insanas bodegas de los pequeños barcos en que habían sido traídos, fueron reunidos en grupos de edad, sexo y estado de salud. El cronista Gomes Eannes de Zurara, quien registró el suceso, escribió lo siguiente:

¿Qué corazón sería tan insensible de no sentirse traspasado por un piadoso sentimiento al contemplar esa compañía? Algunos tenían la cabeza baja, el rostro bañado en lágrimas cuando miraban a los demás; otros gemían lastimosamente mirando hacia los cielos con fijeza y gritaban con grandes alaridos, como si estuvieran invocando al padre del universo para que los socorriera. Para aumentar su angustia todavía más, llegaron entonces los encargados de las divisiones y empezaron a separarlos para formar cinco lotes iguales. Ello hizo necesario apartar a los hijos de los padres y a las madres de los esposos, y a los hermanos de sus hermanos… Y cuando los niños asignados a un grupo veían a sus padres en otro distinto daban un salto y salían corriendo hacia ellos; las madres estrechaban a sus hijos en los brazos y se tendían sobre el suelo, aceptando las heridas con desprecio del padecimiento de sus carnes con tal de que sus niños nos les fueran arrebatados.

Una persona que, al parecer, permaneció completamente impasible fue el príncipe Enrique “el Navegante”, quien había patrocinado el viaje. Según Zurara, llegó tirando de las riendas “de un brioso caballo acompañado de su gente”. Separó, como era debido, el quinto real de las ventas –cuarenta y seis esclavos en total– y se alejó cabalgando. Acababa de empezar el tráfico del “oro negro”»47.

Podemos pensar que en el África senegalesa hubo resistencias de las poblaciones para no ser esclavizadas, porque fue una práctica general desde antes de la llegada de los comerciantes portugueses, pero ignoramos si las hubo en los barcos que les condujeron a Portugal. Sí sabemos con mucho detalle cómo malvivía el «oro negro» en las travesías atlánticas gracias entre otras obras a la rigurosa investigación de M. Rediker que comienza su imprescindible libro sobre los barcos que llevaban esclavos, imaginando cual sería la reacción de éstos al ser introducidos violentamente en aquellas cosas que nunca habían visto:

«Lo que todos ellos encontraban en el barco de esclavos era una extraña y potente combinación de máquina de guerra, prisión móvil y fábrica. Artillado con cañones y provisto de un extraordinario poder de destrucción, el barco, con su capacidad bélica, podía emplearse contra otros navíos, fuertes y puertos europeos, en una guerra tradicional entre naciones, o, algunas veces, contra navíos y puertos no europeos, en misiones imperiales de comercio o conquista. En el barco de esclavos se desarrollaba una guerra interna, dado que los miembros de la tripulación (convertidos en guardianes de prisión) combatían contra los esclavos (los prisioneros) apuntándoles con sus armas cuando planeaban fugas e insurrecciones. Los marineros también “producían” esclavos en el barco en su condición de fábrica al duplicar su valor a medida que se trasladaban de un mercado en el Atlántico oriental hacia otro en el Atlántico occidental, y contribuían a crear fuerza de trabajo que alimentaba una economía mundial en crecimiento a partir del siglo XVIII. Al producir trabajadores para las plantaciones, el barco-fábrica también producía “raza”. Al inicio de la travesía, los capitanes controlaban una tripulación heterogénea de marineros que, en la costa africana, se convertían en “blancos”. Al inicio de la ruta los capitanes llevaban a bordo una suma multiétnica de africanos que, en el puerto de las Américas, se transformaban en “negros” o en “raza negra”. Por tanto, el viaje transformaba a quienes lo hacían. La capacidad bélica, el aprovisionamiento y la producción fabril de fuerza de trabajo y raza dependían de la violencia»48.

Esta descripción del barco de esclavos como una máquina de guerra, una prisión y una fábrica que producía fuerza de trabajo, y que funcionaba gracias a la violencia que controlaba su lucha de clases interna, es un símil casi perfecto de la sociedad burguesa: es un microcosmos capitalista flotante en el océano de la producción de fuerza de trabajo y de ganancia. La esencia del barco esclavista como microcosmos del capital es la que explica que las rebeliones en su interior, la lucha de clases entre amos occidentales y esclavas y esclavos africanos durante la trata, repercutiera negativamente en la tasa media mundial de ganancia como ya se admitía por los comerciantes en 1731. Dado que, la media era de una insurrección por cada diez barcos los gastos sobrevenidos por la lucha de clases durante el traslado eran considerables49.

Uno de los problemas que debían resolver las y los esclavos era la diversidad de lenguas por la mayor o menor diversidad etno-cultural de los grupos esclavizados, pero la creatividad clandestina podía solucionarlo con gestos, muecas y rudimentos de un lenguaje básico de supervivencia forjado frecuentemente mediante cantos colectivos50. Otras veces, hubiera o no una práctica previa de autoorganización clandestina, eran las acciones individuales las que hacían de chispa para el incendio o de llama para la conciencia con la inmolación de una persona que se dejaba morir de hambre aguantando todas las violencias para que claudicara comiendo: «En más de un sentido, la trata atlántica fue una huelga de hambre de cuatrocientos años de duración. Desde el inicio del comercio humano a través del mar a principios del siglo XV hasta su terminación a finales del siglo XIX, hubo africanos esclavizados que se negaban a ingerir la comida que se les proporcionaba»51. Otras veces la protesta, la forma de lucha –o de escape- era arrojarse por la borda de manera individual o en grupo en un momento o tras ser derrotada una sublevación fallida52

Pero las acciones individuales o en grupos aislados y derrotados, por heroicas que fueran, no tienen tanta efectividad como la rebelión colectiva bien organizada:

«Pero la insurrección no era un proceso espontáneo y natural. Por el contrario, era el resultado de un esfuerzo humano deliberado: una comunicación cuidadosa, una planificación detallada, una ejecución precisa. Cada insurrección, con independencia de si se lograba el éxito o no, era un logro notable, porque el barco negrero estaba organizado en casi todos los sentidos para impedirla. Los comerciantes, los capitanes, los oficiales y la tripulación pensaban en ella, se preocupaban por ella, adoptaban medidas prácticas contra ella. Todos y cada uno asumían que los esclavos se alzarían llenos de furia y los destruirían si se les daba la menor oportunidad. Para quienes esperaban el barco de esclavos, una insurrección era, sin dudas, la peor pesadilla. Podía dar al traste con ganancias y vidas en un explosivo segundo»53.

Las esclavas tenían diversas funciones en las resistencias y en bastantes insurrecciones tuvieron un papel protagónico, y los y las niñas también realizaban tareas clandestinas de información, mensajería, etc.54. La libertad se enfrentaba a tres obstáculos: librarse se las cadenas, armarse y saber gobernar el barco55. Eran los mismos que frenan la victoria del socialismo: Uno, sobre todo, crear conciencia de libertad, vencer el miedo y asumir la necesidad de la violencia justa; y simultáneamente crear autoorganización a pesar de las represiones, del espionaje, las traiciones y las trampas y promesas de los amos. Dos, vencer en la insurrección, o en caso de derrota, reorganizar la resistencia con los supervivientes. Y tres, en caso de victoria saber manejar la extrema complejidad de la navegación a vela y dirigir el barco hacia tierras libres.

Como se aprecia, la heroicidad e inteligencia africana adelantaba puntos centrales del socialismo. Incluso, podría suponerse que una advertencia clave escrita en el Manifiesto Comunista ya estaba confirmada por esta lucha de clases: la destrucción mutua de los bandos en lucha porque más de un barco se hundió al hacerse ingobernable por las propias contradicciones del esclavismo, lo que exigía a las y los revolucionarios una preparación concienzuda para evitarlo. Por esto, algunas insurrecciones tomaron medidas que posteriormente serían también aplicadas por los bolcheviques desde 1917: «De ahí que algunos insurrectos se empeñaran en mantener vivos a varios miembros de la tripulación, para que los ayudaran con la navegación y el retorno del barco al África»56.

El internacionalismo y el antiimperialismo tal cual se practicaba en la época, fueron señas de identidad de las luchas de las y los esclavos una vez vendidos en el mercado capitalista, uniéndose a las resistencias de las primeras naciones, de los campesinos mestizos, de los artesanos… No podemos alargarnos en estas prácticas de humanismo que empezaron desde que fueron llevados los primeros esclavos en 1511, con la sublevación confirmada por escrito en 1533 y en la rebelión de 1538 con indios cubanos y yucatecos, al igual que otras acaecidas en aquella época57, extendiéndose por Antillas, Brasil, Panamá, Colombia, Perú, México…58. Siempre deberemos recordar en Venezuela y en Nuestramérica al Negro Miguel59, esclavo de origen africano que dirigió la revolución de 1553, y al Gobierno Revolucionario de Guaicaipuro en esa misma época, un gobierno comunitario y colectivista, protegido por su propio ejército popular para defenderse del «enemigo histórico era: el invasor español»60. Y sin apurar la lista, recordemos la sublevación de indios y esclavos negros de 1809 en la boliviana Santa Cruz de la Sierra que fue descubierta, logrando huir algunos dirigentes pero la mayoría de los insurrectos fueron exterminados61.

Al igual que ahora, el sistema entero de alienación, engaño, amedrentamiento y terrorismo estaba diseñado para imponer y mantener a los esclavos en la docilidad y la colaboración por soborno o miedo con el amo. Pero las lecciones de la vida eran tan tremendas que «otros veían en las rebeliones la mejor razón para librarse de la esclavitud. Con la expansión de esta última en el mundo atlántico después de 1750, crecieron el número y la magnitud de las sublevaciones de esclavos. La revolución de Haití, la mayor con diferencia, fue la única que triunfó. Pero la frecuencia de las rebeliones elevó, por más que éstas fuesen sofocadas, los costes de la esclavitud para los plantadores y disminuyó sus beneficios y su seguridad. Las comunidades de esclavos fugitivos (cimarrones) amenazaban algunos latifundios»62.

4.- DE LA REVOLUCION AL INTERNACIONALISMO HAITIANO

En abril de 1790 los propietarios blancos de Haití menos brutales decretaron una Asamblea General a la que sólo podían acudir quienes poseyeran más de 20 esclavos, simultáneamente los pequeños propietarios mulatos presionaban para que se reconociesen sus derechos. Ante la negativa de los primeros, los segundos se insurreccionaron pero fueron vencidos porque al negarse a reconocer los derechos de los esclavos, éstos no se sumaron a la sublevación. La represión blanca ejecutada en febrero de 1791 fue atroz. A partir de aquí los esclavos comprendieron que no tenían otra opción que la guerra y en agosto de 1791 «la insurrección comenzó al llamado de un sacerdote vudú de origen jamaicano, el esclavo Boukman, quien no sobrevivió a los primeros combates»63.

Sin embargo, en esta primera fase de la revolución la esclavitud aún seguía vigente y sólo fue bajo las extrema amenaza causada por una doble invasión española e inglesa. Previamente los invasores habían intentado atraerse a sectores de esclavos aún no sumados a la revolución, prometiéndoles reformas significativas, sólo entonces, el bloque revolucionario formado por negros libres, mulatos y un reducido sector de pequeños propietarios blancos, abolió la esclavitud a finales de agosto de 179364, por lo que debe decirse que «la revolución nace en Haití»65 porque llegó a la raíz del sistema esclavista-capitalista en su sentido absoluto: el problema de la propiedad privada66 tanto de la tierra como de los mismos seres humanos. Comprendemos así que la resistencia haitiana fuera ya entonces, antes de la victoria definitiva, un poderoso acicate para las sublevaciones de los y las esclavas, como la que se dio en la Venezuela de 1795 en la serranía de Coro67, Venezuela. Desde estos años, los EEUU tenían una razón más para apoderarse de Cuba: impedir que su independencia y la consiguiente abolición de la esclavitud azuzara los incendios de las resistencias, huidas y rebeliones esclavas en los EEUU68, como había ocurrido con la liberación haitiana.

Los «sobrios hombres de negocios» sabían «que tenían tanto que perder»69 porque en 1789 Haití producía el 75% de la caña de azúcar mundial que venía a ser una especie de «petróleo» porque además de su valor culinario, tenía un valor energético apreciable como descubrieron los industriales ingleses al darse cuenta que un cuenco de agua hervida con té –droga excitante que reactiva la conciencia, frena el sueño, etc.–, más el poder calórico de una ración de azúcar recomponía la gastada fuerza de trabajo para seguir siendo explotada. Ese «oro blanco» se fabricaba gracias a una explotación salvaje, uno de cada tres esclavos moría por agotamiento antes de cumplir los tres años de trabajo en la isla, a los que se les negaba la versión burguesa de los derechos humanos: Toussaint, dirigente haitiano, dijo que «hemos sabido enfrentar el peligro para obtener nuestra libertad, sabremos desafiar a la muerte para mantenerla»70.

Efectivamente, vencieron al potente ejército francés. Marx dijo que Napoleón envió a esa invasión a los regimientos más republicanos para quitárselos de encima: «para que allí los mataran los negros y la peste»71. Las últimas tropas francesas fueron vencidas en noviembre de 1803 y en enero de 1804, los nuevos dirigentes de la isla recuperaron su nombre indio. “He dado sangre por sangre a los caníbales franceses, proclamó Dessalines. “He vengado a América”»72, dijo este dirigente revolucionario al proclamar la República de Haití, la primera nación verdaderamente independiente de América Latina. Fue el mismo Dessalines el que decretó medidas estructurales para asegurar de forma irreversible que no volviera aquella forma de esclavitud, también repartió tierras entre los campesinos desposeídos y prohibió que los extranjeros blancos tuvieran propiedades en Haití73.

Debemos rendir honor al pueblo haitiano porque rechazó el nombre oficial de su territorio puesto por los invasores — isla La Española– reinstaurando el nombre del exterminado pueblo arahuaco que la habitaba: Haití. Un ejemplo de internacionalismo como pocos en la historia, de etnogénesis de una nación nueva creada mediante el sincretismo revolucionario de varias etnias africanas y colonos, criollos y mestizos. Por tanto, las ayudas prestadas por Haití a la libertad de otros pueblos no eran oportunistas, sino que surgían de las raíces antiimperialistas e internacionalistas del pueblo revolucionario:

«Haití dio apoyo material así como aliento espiritual a las luchas de liberación en la América hispana. El giro radical y emancipador que adoptó Simón Bolívar en 1815 estaba directamente vinculado al apoyo que recibió de Haití. Tras sufrir una serie de derrotas entre 1811 y 1815, Bolívar apeló al presidente Pétion en petición de ayuda, y este se la concedió bajo la condición de que se comprometiera a liberar a los esclavos de todas las tierras que consiguiera independizar de España. La política emancipadora de Bolívar radicalizó la lucha por la independencia y le hizo entrar en conflicto con muchos republicanos poseedores de esclavos»74.

Otro ejemplo de internacionalismo haitiano fue el intento de ayudar a liberar a Cuba en 1829, movilizando su ejército a petición de México, proyecto fracasado, no porque Haití se echara atrás, sino por el brusco cambio del contexto internacional que sirvió de excusa al gobierno mexicano para abortar la liberación. En ese mismo año, los españoles desbarataron la intentona insurreccional dirigida por la organización Águila Negra75 la embajada española en EE.UU. informó al gobernador de Cuba del intento, aunque no pudieron destruir la organización porque estaba muy bien preparada para la lucha clandestina.

El Siglo XVIII fue el de la «sublevación en las Indias»76 con luchas tan fuertes como la segunda rebelión de los comuneros paraguayos desde 1717, los pequeños plantadores de cacao en la Venezuela de 1749, las insurrecciones de Catamarca y de La Rioja de 1752, la sublevación maya de 1765, la sublevación de Túpac Amaru y de los comuneros de Nueva Granada en 1781, el comienzo de la revolución haitiana, etc. La dominación imperial y colonial de la época aprendió muchas lecciones de aquellas luchas que, con sus cambios, sigue aplicando en el presente. No hace falta que nos extendamos sobre los terrorismos militares, las presiones económicas y políticas, los golpes de Estado judiciales, etc., que el imperialismo actualiza cada determinado tiempo, porque otras y otros autores lo explican mejor. Sí queremos apuntar dos cuestiones que volvieron a ser muy importantes en la emancipación haitiana y lo seguirían siendo en la historia posterior: el «imperialismo religioso» y el narcoimperialismo.

5.- DEL NARCOIMPERIALISMO AL IMPERIALISMO RELIGIOSO

En el debate de finales de noviembre de 2019, cuya ponencia he citado arriba, ya vimos algunos de los aspectos de la estrategia religiosa del imperialismo. Los estrategas yanquis habían ido comprendiendo según se agotaba el siglo XX que necesitan una «evangelio explícitamente político» que sea la base del «imperialismo religioso»:

«En este contexto surgen la “Iglesia Electrónica” y su ´mercado religioso´ con los tele-evangelistas como Billy Graham, Oral Roberts, Jerry Falwell y Jimmy Swaggart, evangelista éste de corta carrera televisiva por filtrarse la información de ser habitué de prostíbulos, y por el club 700 con su referente Pat Roberson, aquel que pedía en TV a Dios un franco tirador para liquidar a Hugo Chávez Frías, y que tenía como accionista mundial a las petroleras, y con nuevos movimientos que trajeron sus medios de comunicación propios y siempre creciendo en base al evangelio de prosperidad llegando hasta la política, con diputados venidos del Concilio Latinoamericano en Nueva York»77

¿Qué decía y dice el “evangelio de la prosperidad”?: «…polemizaba y antagonizaba con la teología de la liberación en un plano práctico, sostenía que si Dios puede curar y sanar el alma, no hay razón para pensar que no pueda otorgar prosperidad. Incluso llegará la nueva expresión mediática de «pare de sufrir» como nueva ramificación pentecostal, poniéndole precio al milagro. La bendición es completa y la contraparte de ella era el pago por la mercancía recibida: el diezmo». Luego se crearon «la doctrina de la guerra espiritual» y «el evangelio de la redistribución», que con matices reafirmaban lo anterior:

«Constituyendo la acumulación de riqueza una bendición divina y la pobreza una sanción del pecado, los cristianos discípulos de Cristo, tienen derecho a la riqueza y a los bienes de este mundo, incluso al gran lujo. El consumo, es la manifestación concreta y garantía de la bendición divina, permite medir la adecuación de la voluntad divina. Siguiendo esta concepción, la pobreza y la exclusión no serían consideradas como un problema social. En esta “Teología de la Redistribución”, es al libre juego del mercado (neoliberalismo) al que le toca distribuir a cada uno según sus capacidades y méritos, su justa parte de riqueza. Y nadie, ni el Estado ni ningún movimiento social pueden poner en tela de juicio esta distribución»78.

La naturaleza reaccionaria de esta teología es innegable. L. Brito García ha resumido en tres puntos el conservadurismo de estos credos protestantes: « En primer lugar, muchos están afiliados a casas matrices situadas en Estados Unidos, Canadá o Europa, cuyos gobiernos mantienen políticas contrarias a la soberanía de latinoamericanos y caribeños. En segundo lugar, usualmente defienden en su prédica las políticas más conservadoras: concepción retaliadora y autoritaria de la justicia, las medidas neoliberales, el patriarcalismo, la oposición al matrimonio igualitario y al aborto. En tercer lugar, de manera creciente han asumido la operación como actores políticos que, o bien conquistan el poder, como ocurrió en Brasil, o bien representan porcentajes de la población cuyos votos, coordinados por sus pastores, podrían decidir elecciones.»79.

J. Fontana subsume el reactivado fundamentalismo cristiano en lo que define como «nuevo proyecto imperial» cuyos cimientos se empezaron a elaborar nada menos que en 1992 siendo más concretados en 1997 y tomando forma definitiva en un documento de septiembre de 2000, un año antes de los atentados de las Torres Gemelas. El proyecto pretendía y pretende acercar a todas las fuerzas político-religiosas dentro del nuevo poder norteamericano. Una vez leído, se nos perdonará la transcripción de este largo párrafo:

«Esta política favoreció además la aproximación a la extrema derecha cristiana, y en especial a los numerosos seguidores del “sionismo cristiano”, que sostenía que “la tierra de Israel ha sido dada por Dios al pueblo judío como una posesión perpetua con un acuerdo eterno”, creían que el apoyo a Israel era “la política exterior de Dios” y estaban convencidos de que en nuestros días se estaban librando las batallas decisivas del fin de los tiempos anunciadas en el Apocalipsis. Según revela una encuesta, un cuarenta por ciento de los habitantes de los Estados Unidos creen que la Biblia debe interpretarse literalmente, y que todo lo que en ella se dice es verdad, incluso en el más pequeño de los detalles. Esto conduce a una lectura del Apocalipsis en términos de actualidad, identificando en él una descripción de lo que sucede hoy en el mundo y una profecía de lo que va a ocurrir de inmediato, lo cual ha conducido a grupos de “cristianos sionistas” a considerar que la restauración de Israel en su territorio “bíblico” es una condición indispensable del cumplimiento de las profecías que anuncian la culminación de los tiempos. Un período que comenzará con siete años de tribulación –que se ahorrarán los verdaderos creyentes, puesto que en su mismo comienzo Jesús les abducirá en cuerpo y alma al cielo–, al término de los cuales los ejércitos del Anticristo librarán la batalla final en el valle de Armagedón, precediendo la segunda llegada del Mesías. De hecho sabemos que Busch le pidió al presidente francés Chirac, ante la estupefacción de este, su colaboración para la invasión de Irak en nombre de su fe común, diciéndole que “Gog y Magog están a la obra en el Oriente Próximo…Las profecías de la Biblia se están cumpliendo… Esta confrontación la quiere Dios, que desea usar este conflicto para eliminar a los enemigos de su pueblo antes de que empiece la Nueva Era»80.

Para comprender bien el aterrador sentido de las palabras de Bush al estupefacto Chirac es bueno ubicarlas en su contexto: justo cuando el pueblo venezolano vencía el golpe de Estado de 2002 y luego el paro petrolero hasta 2003, etc., organizados por ese mismo Bush que, siendo alcohólico, dejó de beber porque habló con dios, según dijo él. Justo cuando el Comandante Chávez ayudaba a su pueblo a vencer los ataques, a recuperar y ampliar la educación integral para absolutamente todas las niñas y niños al margen de la opinión sociopolítica sus padres, a poner en marcha las tierras que la revolución había entregado al pueblo, etc.81. Justo cuando en una alocución radiotelevisada reafirmaba que:

«La posición de Venezuela en el ámbito internacional reviste dos principios sencillísimos. Primero, los pueblos del mundo tienen derecho a labrarse su futuro, como su proceso lo determine, como sus leyes lo establezcan; y segundo, la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela no se discute en ningún ámbito, no se negocia en ningún cónclave, no se regatea en instancia internacional alguna»82.

Eran, por tanto, momentos críticos en los que el imperialismo religioso llamaba a una nueva cruzada para imponer la Nueva Era yanqui. La independencia de Venezuela, su sistema educativo, sus cooperativas, las tierras devueltas al pueblo…, este avance popular era y es incompatible con el dios que hablaba a Bush. Obama le sucedió a Bush en 2009 incumpliendo sus promesas electorales y endureciendo maquiavélicamente su política internacional. Nada más ganar Obama, los republicanos movilizaron las reservas de irracionalismo e ignorancia que no habían podido activar antes de las elecciones propinando una severa derrota en 2010 a los demócratas a resultas de lo cual Obama abandonó casi todas sus promesas, y es que según una encuesta realizada en ese año un 67% de los republicanos creían que el presidente Obama era socialista, un 57% que era musulmán, un 45% que no era nacido en los EEUU y un 24% que «podía ser el Anticristo»83. El equipo de D. Trump supo movilizar esas reservas desde antes de la campaña electoral de 2016. Si se dijo que G. Bush era presidente por voluntad de dios, también ahora se dice lo mismo de Trump. La prepotencia chulesca del imperialismo religioso que rodea a Trump es tal, que un reformista muy blando como Paul Krugman ha tenido que salir a la palestra pública acusando a dios de ser cómplice de Trump84.

Una gran baza en manos de Trump fue la pusilanimidad sociopolítica, la dejadez de decenas de millones de personas empobrecidas que malviven en la pasividad, que no pueden votar porque no tienen trabajo ni están inscritos en los censos. La epidemia de opioides que se extiende por los EEUU los envenena y paraliza socialmente, pero solo cuando han surgido nuevas grietas en la ya cuarteada economía yanqui se ha decretado la emergencia sanitaria en octubre de 2017. El informe de la UNODC –oficina de la ONU para drogas y delitos– de 2018, designa a Colombia y Afganistán, dos narcoestados dependientes de los EEUU, como los grandes productores del mundo, y advierte sobre las alarmantes cifras de consumo en el país de Trump. A raíz del informe y de otros muchos datos, empieza a rondar la duda sobre si los EEUU son ya un narcoestado85.

La droga es un instrumento de uso múltiple, polivalente, del imperialismo desde tiempos remotos: muchas naciones indias fueron derrotadas y exterminadas con alcohol adulterado, con ginebra y wiski envenenados. Wilbur R. Jacob detalla la impresionante resistencia de los indios de los bosques norteamericanos que se enfrentaban a poderosos ejércitos, pero que no podían vencer «al diablo de dos cuernos: la enfermedad y el alcohol»86. Las Guerras del Opio lanzadas contra China por el imperialismo británico en 1839-42 y 1856-60 fueron de una inhumanidad tal que mucha historiografía burguesa progresista las silencias, como se aprecia leyendo el largo capítulo sobre la creación del imperio británico de la Enciclopedia Salvat-El País en donde no se hace ninguna mención a aquella brutalidad criminal87. Hay que saber que:

«Los mercaderes europeos habían codiciado las riquezas de China desde los viajes de Marco Polo en el siglo XIII, pero China era conservadora y autosuficiente; no necesitaba nada de lo que los europeos pudieran ofrecerle. La Compañía Británica de las Indias Orientales resolvió este problema a principios del siglo XIX dedicando grandes zonas de la India al cultivo de la una mercancía que crea su propia demanda: el opio. En 1810 la Compañía vendía 350 toneladas de opio al año en China. Cuando el gobierno imperial chino intentó interrumpir el tráfico, los británicos fueron a la guerra en nombre de la libertad de comercio. Las dos guerras del Opio de 1839-42 y 1856-60 emprendidas por el imperio británico lo fueron en beneficio de los barones de la droga asociados en la Compañía»88.

Las atrocidades británicas, la corrupción y desidia del gobierno chino que dejaba que el opio destruyera lo mejor de la nación, y el colaboracionismo con el invasor de sectores de las clases dominantes, llevaron a la rebelión Taiping de amplísimos sectores populares que en 1850-64 con un costo aproximado de entre 20 y 30 millones de vidas, casi todas ellas de las clases explotadas, campesinas fundamentalmente. Esta rebelión tenía un claro contenido de liberación nacional y social, y enlazaba con la larga historia de rebeliones chinas que, al menos desde del +184, se libraban periódicamente bajo la reivindicación de la Gran Paz o taiping: «el término evoca la idea de una edad de oro de igualdad entre todos y de comunidad de bienes»89, o también:

«…establecer en la tierra un mundo nuevo, una “edad de oro de la igualdad” […] donde todo es de todos, la tierra es colectivizada, se toman decisiones y se realizan comidas comunes en las casas de la igualdad […] también desarrollan importantes prácticas e instituciones de solidaridad y ayuda mutua como graneros comunales y gratuitos que alimentan no tan solo a los miembros de la comunidad, sino a todos los viajeros que se acercan a ellos. Además de abolir la propiedad privada, todo pertenece a la comunidad»90.

El capitalismo no había entrado aún en la fase imperialista en la década de 1860, pero el empleo de la droga como arma de destrucción biológica de naciones trabajadoras que se resistían al colonialismo, este empleo, era un método imperialista criminal. La revolución bolchevique fue muy consciente de los terribles efectos contrarrevolucionarios de la drogadicción masiva de los pueblos mediante el alcoholismo, con vodka de baja calidad. V. Serge ha narrado en su sobresaliente capitulito –«El alcohol»– el empleo masivo de esta droga por el zarismo para destrozar la conciencia revolucionaria de las masas con toda serie de excesos que «habían sido premeditados»91, gravedad que el autor quiso recalcar escribiendo las tres palabras con letra cursiva. Los bolcheviques acabaron con esta arma biológica rompiendo las botellas, garrafas, cubas y barricas que encontraban.

Siempre se ha sabido de las conexiones internas entre el hampa de la eufemísticamente denominada «economía criminal» -como si el capitalismo no lo fuera- y los servicios secretos imperialistas aplicando el terrorismo dentro y fuera de sus respectivos Estados. El empleo de la drogadicción como arma de exterminio biopolítico de las clases y naciones «peligrosas» es tan viejo como la existencia de la lucha por la libertad, a la vez que un suculento negocio capitalista92. W. Blum nos informa que en la Francia de 1947 a 1951: «Los sindicatos criminales corsos y la Mafia de Marsella, Sicilia y Córcega, beneficiándose de las armas, el dinero y la guerra sicológica de la CIA, asfixiaron huelgas y batallaron por quitar el control de los sindicatos al Partido Comunista. A cambio, la CIA facilitaba el modo para que los pandilleros no fueran molestados ni procesados judicialmente, y para restablecer el negocio ilegal de la heroína que había sido refrenado durante la guerra, la famosa “conexión francesa”, que iba a dominar el tráfico de drogas por más de dos décadas y que fue responsable de la mayor parte de la heroína que entraba a los Estados Unidos»93.

Un hecho que escandalizó a la cínica doble moral burguesa tuvo lugar en la democrática Noruega en 1978 cuando la policía se topó con un arsenal de armas de organizaciones secretas pertenecientes a la OTAN, cuando buscaba un almacén de alcohol ilegal94. En Euskal Herria, rigurosas investigaciones demostraron cómo el Estado español empleaba a las mafias relacionadas con diversas policías no sólo en el terrorismo de los GAL sino también en el empleo de la droga ilegal como arma de contrainsurgencia95. Gracias a estas y otras investigaciones, a las luchas de toda índole contra dicha modalidad de guerra biológica del imperialismo español para aplastar la lucha vasca, debido a esto ahora ya es verdad incuestionable que también la utilizó la burguesía española contra el movimiento obrero96 en su conjunto. L. Ocampo realizó en 2006 una básica pero esencial crítica teórica de la función del narcotráfico como sistema de control social dentro de la economía criminal capitalista, en base a las luchas populares en Castilla contra semejante instrumento opresor97.

Josep Fontana ha dedicado varias páginas de su obra magna a la «economía política de la droga» que tiene su origen reciente en 1972 con el presidente Nixon, que fue ampliada por Carter en 1978 como arma contra las FARC y el pueblo colombiano, y que en 1986 con R. Reagan dio un salto cualitativo con el documento secreto nº 211 de la NSDD. Hablar de economía política de la droga es totalmente correcto y además se integran en la lógica de los cinco brillantes artículos –largos, como lo exige el objeto– publicados entre finales de mayo y finales de septiembre de 2019 por Michel Fonte sobre geopolítica de la droga98. Desde hace mucho tiempo se conocen las relaciones del expresidente colombiano Uribe con el narcocapitalismo, que no es una industria solo colombiana sino internacional. Los servicios policiales han intentado hundir las investigaciones judiciales sobre Uribe, pero no lo logran fundamentalmente debido a las crecientes presiones de las clases explotadas para acabar con un sistema corrupto hasta la médula:

«Una serie de huelgas y protestas en todo el país contra la corrupción gubernamental, la desigualdad social, los asesinatos políticos y la violencia surgieron el 21 de noviembre de 2019 y se reanudarán el 21 de enero, con ningunas de las demandas de las manifestantes cumplidas. Las protestas han sido las más grandes en Colombia desde 1977 y son parte de un resurgimiento global y regional de la lucha de la clase obrera […] En cuanto a los Estados Unidos, uno de los episodios de tráfico de drogas más infames en las últimas cinco décadas fue la facilitación de la CIA a mediados de los años 80 del tráfico de cocaína desde Colombia a través de Panamá a los Estados Unidos por el grupo guerrillero Contra respaldado por la CIA que libró una sangrienta insurgencia contra el gobierno sandinista nacionalista de izquierda de Nicaragua. La exposición pública y una investigación del Congreso sobre el sórdido asunto no hicieron nada para poner fin a la participación continua de sectores poderosos del estado en el tráfico internacional de drogas»99.

Volviendo a J. Fontana, ofrece una visión profunda del grado de penetración disolvente del dinero de la droga en las administraciones incluso presidenciales de América Latina100. Pero el gran beneficiario es el capital yanqui pues, según los datos de alrededor de 2012 que maneja el autor: «los intentos de controlar el lavado de dinero en los Estados Unidos han llevado a que aumente el tráfico clandestino de dólares hacia México, que moviliza, según estimaciones de la DEA, un volumen de entre 18.000 y 39.000 millones de dólares al año, de los que por lo menos 10.000 millones volverán “legalmente” a los bancos norteamericanos a través de instituciones financieras mexicanas, mientras otra parte se marchará a Colombia y a otros países para pagar a los productores de cocaína»101. Dado que Colombia y los EEUU no pueden ya consumir toda la oferta de drogas, las mafias, la burguesía colombiana y la CIA están expandiendo el narco imperialismo hacia otros mercados, el español102 es uno de los escogidos.

Un ejemplo concluyente sobre cómo maneja EEUU la economía política de la droga, lo hemos tenido en la amenaza de D. Trump de arremeter frontalmente contras las mafias y cárteles mexicanos, declarándolas «terroristas». Andrea Lobo explica en un brillante análisis que con esta amenaza103, en realidad, EEUU endurece sus presiones sobre México en un momento en el que se intensifica la lucha de clases mexicana, con huelgas en grandes empresas imprescindibles para que aumente la débil productividad del capitalismo yanqui que retrocede ante la competencia mundial, especialmente la china. No se pueden olvidar tampoco los efectos positivos que para el imperialismo yanqui tienen las repercusiones de estas amenazas sobre la migración del sur al debilitar sus resistencias. La autora insiste en que la burguesía mexicana se pliega más y más a las exigencias de los narcoimperialistas del norte.

De cualquier modo, el narcotráfico es una parte de la simbiosis entre el crimen en todas sus formas y el capitalismo: el segundo integra al primero como una de las vías más rápidas para acumular capital y sostener al imperialismo. Sandy E. Ramírez, ha estudiado el drama –¿o tragedia?– de México a este respecto:

«El México de hoy es el retrato del horror: las fosas clandestinas, los feminicidios, los secuestros, los comandos armados, el huachicoleo y el desplazamiento forzado forman parte del panorama cotidiano. No obstante, éste tiene como contraparte una economía de la criminalidad. Sobre la base de la ilegalidad y la informalidad, enormes fortunas se han amasado, nuevas o renovadas formas de trabajo coaccionado han aparecido, nuevas mercancías y mercados se han configurado: el tráfico ilegal de personas, de animales y mercancías legales e ilegales, el control mafioso sobre el territorio, el ejercicio privado de la violencia […] El caso mexicano es paradigmático de una transformación radical de la economía en todos los niveles. El milagro mexicano del decenio de 1960 supone una referencia muy alejada del resultado que ha arrojado el neoliberalismo: la criminalidad atraviesa todas las escalas de la dinámica social, desde las estructuras del Estado y la operación de las grandes empresas nacionales y transnacionales hasta el nivel de subsistencia. La industria de las drogas, y su ulterior diversificación, da cuenta de esta transformación económica y de la penetración de economía criminal en las estructuras sociales y políticas, como demuestra el fenómeno del huachicoleo. […] Las empresas criminales han desarrollado otros negocios. En general se distinguen dos formas en las que ha operado la diversificación económica en este sector. En primer lugar se verifica una tendencia al aumento de delitos que reportan ingresos a las empresas criminales (secuestro, extorsión, tráfico de personas y de armas, venta de protección). En segundo lugar se han establecido asociaciones con grandes empresas legales para venderles materias primas robadas, como minerales o energéticos. Ambas modalidades son expresión de un proceso de diversificación económica. […] Los cárteles de la droga también han formado asociaciones con grandes empresas legales, incluso transnacionales, fungiendo como proveedores de materias primas a bajos precios, específicamente madera, minerales y gas condensado. En algunos casos, el origen de los productos adquiridos por dichas compañías se desconoce, pero en muchos se hace con pleno conocimiento e incluso con previo acuerdo con los intermediarios de los cárteles»104.

Cometeríamos un error estratégico si redujéramos el narcoimperialismo a la droga ilegal y a la economía criminal que acabamos de ver. El negocio económico y el poder político de la farmaindustria es parte estructural del narcoimperialismo por tres razones: una por sus ganancias ingentes que se retroalimentan a sí mismas al extender la dependencia de las dosis legales que les receta la industria privada de la salud. La ONU ha advertido de la plaga de opioides que se expande por el mundo y especialmente por África105, continente cada vez más peligroso y a la vez necesario para el imperialismo occidental. Dos, porque las empresas se libran de casi todas las multas que pudieran caerles ante las crecientes reclamaciones de las y afectados por sus productos, a la vez de que tienen mil vericuetos legales para no pagar impuestos. Y tres, porque esta industria no sólo produce narcoadictos legales e ilegales, reforzando así la explotación social, sino porque además colabora conscientemente con la guerra biológica que sufren los pueblos sometidos a restricciones o bloqueos sanitarios imperialistas, como el venezolano.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 19 de enero de 2020

1 Ronald Wright: Continentes robados. Anaya & Muchnik. Madrid 1994, p. 25.

2 J. A. Mella: «Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre». El antiimperialismo en la historia de Cuba. Ciencias Sociales. La Habana 1985, p. 140.

3 James D. Cockcroft: América Latina y Estados Unidos. Ciencias Sociales. La Habana 2004, p. 333.

4 Indalecio Liévano Aguirre: Bolivarismo y Monroísmo. Grijalbo, Venezuela 2007, pp. 81-90.

5 Raúl Izquierdo Canosa: El flagelo de las guerras. Ciencias Sociales. La Habana 2005, p. 67.

6 D. Bleitrach, V. Dedal y M. Vivas: Estados Unidos o el imperio del mal en peor. Edit. José Martí. La Habana 2006, p. 220.

7 Karlheinz Deschner: Opus Diaboli. Yalde. Zaragoza. 1990, p. 89.

8 Alberto Arana, El problema español. Hiru Argitaletxe, Hondarribia, 1997, pp. 41-42.

9 AA.VV.: «Creación del Imperio británico». La Enciclopedia. Salvat-El País. Madrid 2004, tomo 17, p. 332.

10 B. Alden Cox: Los indios del Canadá, Mapfre, Madrid, 1992, p. 50.

11 Robert Darnton: Censores trabajando. FCE. México 2008, p. 143.

12 Santiago Castro-Gómez: «Ciencias sociales, violencia epistémico y el problema de la “invención del otro”». La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Clacso. Buenos Aires 2003, pp 145-161.

13 Fidel Castro: Discurso en el estadio Bernadino Somalia, 13 de marzo de 1977, Edic. OR, La Habana 1977, pp. 24-25.

14 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente. Barcelona 2013, p. 851.

15 Alfredo Moreno: (Comunicación política) Cinco monopolios construyen el relato del mundo. 15 de diciembre de 2018 (http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/12/16/comunicacion-politica-cinco-monopolios-construyen-el-relato-en-el-mundo/)

16 Raúl Sánchez/José Antonio Luna: Mickey Mouse ya tiene las Gemas del Infinito: una de cada tres películas que se ven en el mundo pertenece a Disney. 8 de enero de 2010 (https://www.eldiario.es/cultura/cine/Mickey-Mouse-Gemas-Infinito-Disney_0_982702068.html)

17 J. A. Mella: «Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre». El antiimperialismo en la historia de Cuba. Ciencias Sociales. La Habana 1985, p. 143.

18 Marta Salguero: La mujer también cazaba: una exposición rompe el sesgo de género de la evolución humana. 23 de febrero de 2018 (https://www.eldiario.es/aragon/cazaba-exposicion-genero-evolución-humana_0_743326114.htmi)

19 Jesús Mosterín: El pensamiento arcaico. Alianza Editorial. Madrid 2006, pp. 230-231.

20 Juan Vernet Ginés: Los Orígenes del Islam. Albor. Madrid 2005, p. 70.

21 J. F. C. Fuller: Batallas decisivas. RBA. Barcelona 2006. Tomo 1, p. 114.

22 Federico Lara Peinado, La Civilización Sumeria. Historia 16, Madrid 1999, pp. 40-41.

23 Federico Lara Peinado, La Civilización Sumeria. Historia 16, Madrid 1999, pp. 51-52.

24 Abel Rebollo: «Una historia de rebelión y diluvio», Días rebeldes, Octaedro, Barcelona 2009, pp. 10-12.

25 Anthony D. Smith: Las teorías del nacionalismo. Península. Barcelona 1976, 217 y ss.

26 Federico Lara Peinado: «Mesopotamia». Historia de la Humanidad. Arlanza Ediciones. Madrid 2000. Tomo 3, p. 31.

27 Federico Lara Peinado: La Civilización Sumeria. Historia 16. Madrid 1999, p. 78.

28 AA.VV.: Los imperios del antiguo oriente II. Siglo XXI. Madrid 1992, pp. 158-161.

29 AA.VV.: Los imperios del antiguo oriente II. Siglo XXI. Madrid 1992, pp. 158-161.

30 Mónica Zas Marco, Lo que Mary Beard nos enseñó sobre la misoginia clásica (y actual). 25 de mayo de 2016 (https://www.eldiario.es/cultura/feminismo/Mary-Beard-xenofobia-misoginia-social_0_519698341.html)

31 M. Austin-P. Vidal-Naquet: Economía y sociedad en la Antigua Grecia, Paidós. Barcelona 1986, p. 135.

32 Emile Wanty: La Historia de la Humanidad a través de las guerras. Alfaguara. Madrid 1972. Tomo I. p. 69.

33 Anthony Pagden: Pueblos e Imperios. Mondadori. Barcelona 2002, p. 92

34 Fernando Acosta Riveros: Las riquezas de Potosí son para los bolivianos. 4 de septiembre de 2009 (https://www.aporrea.org/energia/a85975.htm)

35 Fidel Castro: La Revolución Cubana 1953/1962. ERA. México 1975, p. 331.

36 Carlos Aznárez: Todos, todas, somos Telesur. 14 de enero de 2010 (http://www.resumenlatinoamericano.org/2020/01/14/todos-todas-todes-somos-telesur-por-carlos-aznarez/)

37 MisiónVerdad: EEUU mete la mano (otra vez) para salvar a Guaidó 12 de enero de 2020 (https://www.lahaine.org/mundo.php/eeuu-mete-la-mano-otra)

38 M.P.V.: Los soldados aliados violaron más de un millón de mujeres y niñas alemanas tras la II Guerra Mundial. 12 de mayo de 2015 (https://www.abc.es/cultura/20150302/abci-segunda-guerra-mundial-violaciones-201503021049.html)

39 Felke Halsema: La alcaldesa de Ámsterdam se replantea la existencia del Barrio Rojo: «Son mujeres extranjeras vulnerables y humilladas». 18 de enero de 2020 (https://www.eldiario.es/theguardian/Femke-Halsema-alcaldesa-Amsterdam_0_985851825.html)

41 Thalif Deen: Esclavitud moderna, el crimen organizado en su máxima expresión. 26 de febrero de 2019 (http://www.ipsnoticias.net/2019/02/esclavitud-moderna-crimen-organizado-maxima-expresion/)

42 Rafael AR Escalante: Abusos contra niños migrantes en EEUU: una realidad horrorosa. 18 de octubre de 2019 (http://www.laizquierdadiario.com/Abusos-contra-ninos-migrantes-en-EEUU-una-realidad-horrorosa)

43 Honduras: 400 niñas y niños desaparecidos y 24.000 víctimas de trata. 24 de abril de 2019 (http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/04/24/honduras-400-ninas-y-ninos-desaparecidos-y-24-000-victimas-de-trata/)

44 Cecilia Zamudio: Trabajadoras migrantes explotadas y violadas en la UE: barbarie capitalista. 31 de agosto de 2018 (https://kaosenlared.net/trabajadoras-migrantes-explotadas-y-violadas-en-la-ue-barbarie-capitalista/)

45 Trévon Austin: Casi 200 millones de personas son esclavos modernos o hacen trabajo infantil. 21 de noviembre de 2017 (https://www.wsws.org/es/articles/2017/11/21/escl-n21.html)

46 Immanuel Wallerstein: «El conflicto social en el África negra independiente: nuevo examen de los conceptos de raza y grupo de status». Raza, nación y clase. IEPALA. Santander 1991, pp. 285-311.

47 Anthony Pagden: Pueblos e Imperios. Mondadori. Barcelona 2002, pp 131-132.

48 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 9.

49 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 325.

50 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, pp. 306-311.

51 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 312.

52 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, pp. 314-317.

53 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 318.

54 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 307 y 319.

55 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 321.

56 Markus Rediker: El Barco de Esclavos. Imagen Contemporánea. La Habana, 2014, p. 323.

57 R. L. López Valdés: Componentes africanos en el etnos cubano, Ciencias Sociales, La Habana, 1985 pp. 19-21.

58 Vicenta Cortés Alonso: «El negro en la América Virreinal». GHU. CIL, Madrid 1986, T. 29, p. 64.

59 J. M. Herrera Salas: El Negro Miguel y la primera revolución venezolana. La cultura del poder y el poder de la cultura, Vadell, Caracas, 2003, pp. 95-165.

60 Luis Beltran Acosta: El pensamiento revolucionario del cacique Guaicaipuro. ICAP, Santiago de Cuba y Caracas, 2002, pp. 163-198.

61 E. Girona: Indios y esclavos en armas, Inspiración Cards. La Paz, Bolivia, 2009, pp. 242-243.

62 J. R. McNeill y William H. McNeill: Las redes humanas. Crítica. Barcelona 2004, p. 286.

63 Sergio Guerra Vilaboy: Breve historia de América Latina. Ciencias Sociales. La Habana. 2006, p. 87.

64 Sergio Guerra Vilaboy: Breve historia de América Latina. Ciencias Sociales. La Habana. 2006, p. 88.

65 Jorge Abelardo Ramos: Historia de la nación latinoamericana. Peña Lillo-Edic. Continente, Buenos Aires 2012, pp. 146-148.

66 C. L. R. James: Los jacobinos negros. Casa de las Américas. La Habana 2010, pp. 45-61.

67 Nelson Martínez Díaz: La Independencia Hispanoamericana. Historia 16, Madrid 1999, p. 61.

68 J. A. Mella: «Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre». El antiimperialismo en la historia de Cuba. Ciencias Sociales. La Habana 1985, p. 131.

69 C. L. R. James: Los jacobinos negros, Casa de las Américas, La Habana 2010, pp. 58-59.

70 C. L. R. James: Los jacobinos negros, Casa de las Américas, La Habana 2010, p. 145.

71 K. Marx: «La rebelión india». Sobre el colonialismo. PyP. Argentina 1973. Nº. 37, p. 151.

72 Pau Farmer: Haití. Para qué. Argitaletxe Hiru. Hondarribia. 1994, 69-81.

73 Sergio Guerra Vilaboy: Breve historia de América Latina. Ciencias Sociales. La Habana. 2006, p. 91.

74 Beverly J. Silver y Eric Slater: «Los orígenes sociales de las hegemonías mundiales». Caos y orden en el sistema-mundo moderno. Akal. Madrid 1999, p. 177.

75 Sergio Guerra Vilavoy: El dilema de la independencia. Ciencias Sociales. La Habana, 2007, pp. 216-218.

76 Jorge Abelardo Ramos: Historia de la nación latinoamericana. Peña Lillo-Edic. Continente, Buenos Aires 2012, p. 104.

77 W. Dierckxsens-W. Fermento: Fundamentalismo e imperio en América Latina: En lo económico, político y religioso. Diciembre 2019 (http://mariwim.info/)

78 W. Dierckxsens-W. Fermento: Fundamentalismo e imperio en América Latina: En lo económico, político y religioso. Diciembre 2019 (http://mariwim.info/)

79 Luís Brito García: América Latina: las religiones como actores políticos. 22 de diciembre de 2019 (http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/12/22/america-latina-las-religiones-como-actores-politicos/)

80 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente. Barcelona 2013, p, 839.

81 Hugo Chávez: El golpe fascista contra Venezuela. Ediciones Plaza. La Habana 2003, pp. 53-145.

82 Hugo Chávez: «Alocución por la radio y televisión venezolanas. 22 de enero de 2003» El golpe fascista contra Venezuela. Ediciones Plaza. La Habana 2003, p. 216.

83 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente. Barcelona 2013, p, 870.

84 Paul Krugman: Dios, nuevo cómplice de Trump. 18 de octubre de 2019 (http://unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/imperio/estados-unidos/20944-2019-10-18-02-01-379

85 Jesús Millán Alejos: ¿Se está convirtiendo EEUU en un narcoestado? 23 de dicie,bre de 2018 (https://mundo.sputniknews.com/blogs/201811231083621038-cuantas-drogas-en-eeuu/)

86 Wildbur R. Jacobs: El expolio del indio norteamericano. Alianza Editorial. Madrid 1973, p. 212.

87 AA.VV.: «Creación del Imperio británico». La Enciclopedia. Salvat-El País. Madrid 2004, tomo 17. Pp. 314-369.

88 Neil Faulkner: De los neandertales a los neoliberales. Pasado & Presente. Barcelona 2014. P. 273.

89 Jacques Gernet: El mundo chino. Crítica. Barcelona 2005, p. 144.

90 D. R. Gonzalo: «Utopía libertaria y movimientos campesinos». Días rebeldes. Crónicas de insumisión. Octaedro. Barcelona 2009, pp. 30-31.

91 Victor Serge: El año I de la revolución rusa. Siglo XXI. Madrid 1072, pp. 99-101.

92 G. Martorell: Drogas y Estado, 15-08-2013 www.borrokagaraiada.wordpress.com

93 W. Blum: Estado villano, Ciencias Sociales, La Habana 2005, p. 263.

94 Danielle Ganser: Los ejércitos secretos de la OTAN. El Viejo Topo. Barcelona, 2010, p. 260.

95 Pepe Rei: La red Galindo. Txalaparta, Lizarra, 1993, p. 143 y ss.

96 Carlos A. Buendía Moreno: La droga y el movimiento obrero en la transición española. 30 de diciembre de 2019 (https://www.lahaine.org/est_espanol.php/la-droga-y-el-movimiento-1)

97 L. Ocampo: «Narcotráfico, economía criminal y control social», Construyendo la primavera comunera. Escritos militantes, Edit. La espada rota, Caracas/Valladolid, 2013. pp. 203-211.

98 Michel Fonte: Geopolítica de la droga. Mayo-Septiembre de 2019 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=246793)

99 Julián James: Expresidente colombiano vinculado al narcotráfico internacional. 17 de enero de 2020 (https://www.wsws.org/es/articles/2020/01/17/urib-j17.html)

100 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente. Barcelona 2013, pp.528-529.

101 Josep Fontana: Por el bien del imperio. Pasado & Presente. Barcelona 2013, p. 530.

102 José Manuel Martín Medem: El Gobierno de Colombia y la CIA engendraron a los narcoparamilitares que ahora inunda España de cocaína. 2 de diciembre de 2018 (https://blogs.publico.es/otrasmiradas/16741/el-gobierno-de-colombia-y-la-cia-engendraron-a-los-narcoparamilitares-que-ahora-inundan-espana-de-cocaina/)

103 Andrea Lobo: Trump amenaza con designar a los cárteles narcotraficantes mexicanos como “terroristas”. 29 de noviembre de 2019 (https://www.wsws.org/es/articles/2019/11/29/mexi-n29.html)

104 Sandy E. Ramírez: Economía y criminalidad en el capitalismo contemporáneo. 5 de junio de 2019 (http://revistamemoria.mx/?p=2593)

105 Oriol Güell: La ONU alerta de que el auge mundial del consumo de opioides ya es una “crisis” en África. 26 de junio de 2019 (https://elpais.com/sociedad/2019/06/26/actualidad/1561536209_936850.html)

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