Antifascismo, sí, pero no nos lo metan también en la comedia progre

Por Red Roja

En los últimos tiempos venimos insistiendo en que hay que prepararse para otra fase de enfrentamiento en que todos los actores han aprendido.

 

Antifascismo, claro. Pero de verdad. Antifascismo, sí, pero hoy sería (otra) farsa progre si no va ligado a la verdad de lo que ha causado tanta tragedia social y laboral desde el estallido de la crisis sistémica que trajo el 15-M y otras movilizaciones. Antifascismo, cómo no, pero ligado entonces a hablar claro (MUY CLARO, DE FORMA DESTACADA Y PRIMERA) de que hay que DECIR NO AL PAGO DE UNA DEUDA. Una deuda que ha pasado del 30 % a, en realidad, mucho más del 100% del  PIB (de la riqueza del país) para salvar a la BANCA mientras entre el pueblo se instala la miseria y el suicidio. Y que, por tanto, hay que repetir hasta la saciedad que hay que EXPROPIAR LA BANCA. Antifascismo, sí, pero diciendo claro que hay que luchar contra la construcción imperialista de la Unión Europea (¿nos olvidamos de lo que pasó en Grecia?). Que son esas cuestiones las que debemos llevar en mayúsculas y como GUÍA cuando vayamos a las luchas entre nuestro pueblo. Y que no vale llamarse “de una manera” para luego decir que es que eso “no se puede”;  o más miserable aún: para decirnos que ese es el discurso de la extrema derecha… Antifascismo, sí, pero no para meter también a este, al antifascismo, en el saco de las ocurrencias progres, como ha sucedido en la noche electoral andaluza… Entonces, antifascismo, sí, pero no para que también forme parte del paquete desviacionista progre como ya advertíamos en nuestro último editorial. Nada de lo que está pasando puede sorprender desde una mínima conciencia revolucionaria. Era advertible:

“Ante esta inestabilidad dentro de la llamada clase política y con un progresismo de postureo que lo único que asegura es su puesto institucional, no es de extrañar que se desarrollen tendencias reaccionarias que incluso afecten a sectores populares desorientados, desmoralizados, divididos. Por nuestra parte, al contrario de los llamamientos a “centrarnos” para no hacer el juego a la derecha extrema, el camino consiste en desarrollar un potente movimiento en la perspectiva revolucionaria que sepa incluso arrastrar sectores propensos hoy a la movilización reaccionaria.

Hemos de tener en cuenta que la situación de crisis era, desde su estallido, de proyección revolucionaria, no solo porque afectara principalmente a la clase trabajadora. Afecta también a otros sectores que son presa fácil del discurso antidemocrático en la medida en que los oligarcas de nuevo tipo van de demócratas. Y no podía sino traslucir graves disensiones entre quienes aspiran a ejercer el dominio político, hasta el punto de que, aprovechando que las esferas políticas de siempre “ya no pueden dominar como antes” (Lenin), SURGEN QUIENES PRETENDEN DAR VOX a lo más cutre de la sociedad, pudiendo arrastrar incluso a sectores populares sumidos en el desconcierto. Y ello en base al discurso contra la inmigración y los nacionalismos periféricos que “chupan y roban la riqueza y el trabajo del resto de España amenazándola con su destrucción.

En los últimos tiempos venimos insistiendo en que hay que prepararse para otra fase de enfrentamiento en que todos los actores han aprendido. La crisis que estalló en 2008, y que generó un ciclo masivo de movilizaciones, visibilizó en el plano político una gran carencia por nuestra parte: la del desarrollo de un referente político propio de toda situación de proyección revolucionaria, precisamente para que deje de ser de mera proyección y tome fuerza en la realidad de la lucha de clases. Ante los nubarrones que se avecinan hay que retomar ese reto”.

3 de diciembre de 2018

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