Publicado en: 18 abril, 2019

Antídotos contra el miedo. Lo que los pensionistas queremos oír

Por Prudenci Vidal Marcos

Cuando la gran civilidad de los pensionistas de nuestro país posee las armas de la racionalidad y del voto en las urnas, quienes verdaderamente deben tener miedo son los que pretenden sacar rentabilidad democrática difundiendo el miedo.

Por Prudenci Vidal

En estos tiempos de anuncios catastróficos y, sobre todo, de gran incertidumbre, ¿quién no se siente turbado por un miedo paralizante que, como perro rabioso,  nos persigue por todas partes?

Estos miedos disfrazados anuncian la posibilidad de perder la sanidad, la educación, las pensiones, los cuidados en la dependencia y nos auguran sufrimiento al final de nuestras vidas sin posibilidad de ejercer el derecho a una muerte digna.

Comprendiendo que las energías del hombre son agotadas por el miedo y que ya no le quedan más recursos, Emerson escribió:” Quien no supera cada día un nuevo temor no ha aprendido aún la lección de la vida”.

Siendo el temor el sistema de alarma elemental del organismo humano que nos advierte de los peligros inmediatos y sin él, el hombre no hubiera podido sobrevivir en el mundo primitivo, ni en el moderno. El temor puede convertirse en una fuerza creadora considerable. Y aquí es donde aparece la racionalidad democrática ante los agoreros a quienes publicistas y directores de campaña han convencido que el recurso al miedo puede favorecerles electoralmente.

Un gran pedagogo italiano, Angelo Patri, afirmó :” La educación consiste en tener miedo en el momento adecuado”. Y como la gran civilidad de los pensionistas de nuestro país posee las armas de la racionalidad y del voto en las urnas, quienes verdaderamente deben tener miedo son los que pretenden sacar rentabilidad democrática difundiendo el miedo.

La educación y la racionalidad son los dos antídotos fundamentales para combatir el miedo. La oscuridad fue superada con la electricidad. El miedo al dolor trajo los formidables avances de la ciencia médica. El temor a la ignorancia de unos, la difusión de la ignorancia de otros, imposibilita una civilidad democrática. Por eso, superados los medios del analfabetismo (en España el 88% de la población tiene por lo menos estudios medios) debemos afrontar las elecciones con la máxima racionalidad.

Deseamos escuchar mensajes como estos: “Nuestros hijos podrán decidir su descendencia porque vamos a crear un plan de guarderías de 0 a 3 años públicas, gratuitas, y de gestión pública”. “Nuestros hijos van a poder vivir cerca de nosotros, porque incentivaremos el alquiler social con construcciones a cargo del ministerio de la vivienda para que mediante un alquiler digno puedan, algún día, comprar esa misma vivienda”. “Nuestros hijos no van a ser explotados en el trabajo porque no permitiremos que nadie trabaje sin estar adherido a un convenio colectivo”. “Las pensiones estarán garantizadas como derecho en la constitución mediante los presupuestos generales del estado y con una revalorización del IPC real”. “Decretaremos una moratoria de noviembre hasta abril para que nadie pueda quedarse sin suministros eléctricos, de gas y de agua; tenderemos a la remunicipalización de empresas de estos productos básicos”. “Y todo esto podrá ponerse en marcha porque la reforma fiscal que proponemos será semejante a la que rige en la Europa Social que tendemos a construir”.

No es suficiente con denunciar que aquí en este país de la piel de toro el desequilibrio impositivo es espectacular en detrimento de la clase trabajadora [Pequeñas y medianas empresas 17% de sus beneficios; grandes empresas 6%; gran banca 2’9%; constructoras 1,2%; sueldos de alrededor de 2000€ el 21%.

Deseamos escuchar que tienen un plan pormenorizado de cómo recuperar la deuda del recate bancario en unos plazos cortos; deseamos oír que los médicos, enfermeras y personal sanitario recuperan todo lo que se les debe y que sus plantillas se amplían hasta llegar a la situación de 2008; deseamos oír que la “ratio” profesor/alumno descienda hasta los 20 alumnos; deseamos oír que las residencias de ancianos serán públicas y con un pago que no exceda el 80% de la pensión del anciano/a; deseamos oír, y esto lo completa todo, que lo público va a ser prioritario en la acción de gobierno y que lo privado, dedicado al negocio, va a pagar sus beneficios con un impuesto semejante al de un trabajador en su IRPF.

Para conseguir esta racionalidad debemos prestar oídos a los programas y a las propuestas “mitineras” de todos los partidos para después votar a quienes más se acerquen a nuestros propósitos. Evidentemente, estas propuestas sólo las vamos a escuchar en los partidos de auténtica izquierda [los demás están siempre arriba y nosotros debajo]. Hoy recuperar la conciencia de pertenecer a la clase obrera y no a la burguesía que se ha inventado eso de la “clase media” es defender todos los derechos que nuestra constitución proclama y perder el miedo a tener miedo. Un miedo paralizante que impulsa a la vuelta de un “status quo” del bipartidismo. Si éste se mostró incapaz de gestionar una crisis a favor de la clase trabajadora, hoy nuestra racionalidad y nuestra civilidad debe hacerles pagar su incapacidad con un aislamiento democrático en las urnas, dando paso a propuestas progresistas de verdad que atiendan a las necesidades de la clase obrera y de la ciudadanía en general.

 

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de La Marea Pensionista

 

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