Anticapitalistas: el regreso de las palabras.

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Durante varias décadas, las antiguas palabras del movimiento obrero y del socialismo fueron arrinconadas por algo que llamaban “modernidad” o “postmodernidad”, y cosas así.&nbsp Y no fueron solamente las palabras habituales de la izquierda militante (proletario, anticapitalismo, derechos sociales, luchas obreras, solidaridad de clase, liberación, etc), también cayeron en desuso buena parte de la herencia de la Ilustración, de la que las organizaciones sociales eran la más evolucionada expresión…

Ahora no toca eso, nos decían. Como concejal de EUiA en mi localidad, asistía a un seminario sobre “desarrollo local” al que asistían autoridades y “agentes sociales”, o sea sindicatos. Esto sucedía allá por mitad de los años noventa, y los que daban las conferencias predicaban la buena nueva del mercado como si lo demás (derechos, medio ambiente, a quién beneficia, etc), como sí estas cosas ya estuvieran comprendidas, y muestra de ello ra tal o cual acuerdo que se había llegado con tal ayuntamiento “de izquierdas”, o tal sindicato…Nadie levantó la voz, y cuando lo hice yo, el señor licenciado puso una sonrisa como diciendo “Este no se ha enterado”. Entonces comenzó refiriéndose a mí como alguien de “alguna internacional obrera”, y siguió su discurso enfatizando la importancia que estos planes de “desarrollo local” se hicieran sin “trabas burocráticas” y sin problemas cono los “agentes sociales”. Entonces me largué, peroles demás siguieron.

Esta situación, que habría podido parecer muy extraña tiempos atrás, se justifica según los teóricos del momento porque ya habíamos llegado a donde se podía ir. Teníamos una democracia, y las diferencias sociales ya no eran lo que fueron. Ahora contábamos con un “Estado del Bienestar” que no permitía que los trabajadores conocieran realidades como las que les tocó vivir a sus padres…Sí hablabas de ideales, estaba claro: pasárselo bien. “La revolución” era ahora disfrutar de lo que antes ni imaginabas, por ejemplo unas vacaciones en el Caribe.&nbsp El ideal era llegar a más, ascender, y muchos de los contumaces de los sesenta-setenta eran los que ahora ocupaban las sillas en los sindicatos, en los ayuntamientos…Qué les iba a contar.

Sin embargo la historia no iba para adelante, sino para atrás. Ya no se trataba solamente de las historias de pateras que, al fin de cuentas, venía a reforzar el discurso despectivo sobre el “Tercer Mundo”. A restauración burguesa estaba cercenando las conquistas sociales de los años de lucha en la calle, pero habían comenzado por los hijos de manera que estos fueron dependiendo cada vez de los padres. También resultaba que gradualmente también estaban recortando logros de los mayores, pero el discurso moderno o postmoderno que tan buena cama hacía con la Iglesia línea Opus Dei y con los evangelismos del capital, todavía les deba cuerda para poder repetir palabras sobre los “privilegios” de la antigua clase obrera, o sobre las dificultades para pagar las pensiones que venían, por no hablar del ridículo 0’ 07% de ayuda a los países que habíamos saqueados (¿quién se acuerda?). Ese discurso era tanto más eficiente en cuanto los “agentes sociales” hablaban como empresarios, cuando sale en la TV un sindicalista de comisiones hablando de competitividad de las escuelas…Había pues dos capas, la de la clase dominante, y la de la izquierda transformada.

La misma que en las instituciones se habían plegado a las razones de los poderosos en nombre de lo “moderno”, las mismas que habían logrado que la tropa, la gente, se quedara en sus casas con su fútbol, su TV, sus propios problemas, y con el criterio sublime de que “cada uno cuide su culo”, o sea con una cierta imbecilidad…

Lo decía en el artículo anterior, todo esto pertenecía a un ciclo que está agotando, y como ha explicado muy bien John Le Carre, esta crisis puede significar algo parecido a lo que significó 1989 para el “socialismo real”…Evidentemente, los poderosos tienen un conciencia de clase superlativa, y está tratando de reconducir la crisis a su favor, pero sus”éxitos” se van a encontrar con una respuesta obligada. Esa respuesta pasa por regresar a las antiguas palabras. Ni que decir tiene, no se trata de utilizar la misma música del pasado, hay que recomponer una nueva música que responde a las mismas exigencias democráticas y socialistas de la mayoría trabajadora.

Lo pensaba al escuchar a Oliver Besancenot, y me lo han comentado alunas amigos. El principal mérito de Oliver es la de haber puesto la música de las tradiciones de las lucha social a la última hora, eso además de haber osado de dar un paso más allá de las “vanguardias” para entrar de pleno con la gente que van a cambiar las cosas.

Ese es el sentido primordial de la campaña de la Izquierda Anticapitalista, como lo es de otras corrientes con las que vamos coco con codo en los movimientos. A mí me importa menos que se vote nuestra lista, y me importa más que esto quede claro. Que queden claros esos principios que viven en la medida en que se renuevan. Los que ponen los movimientos por encima de las instituciones, los que animan cargos que nunca ganan más que un obrero, los que ligan el yo con el nosotros, la lucha nacional con la internacional, y que interpretan el internacionalismo comenzando por la solidaridad activa con los emigrados, que no se olvidan de las minorías, los que consideran que la pluralidad es parte de nuestra riqueza, etcétera.

Los que creen que para avanzar hay que organizar y formar, los que rechazan el triste espectáculo de una militancia enajenada que reacciona zafia y violentamente contra “los otros”, etcétera, etcétera, etcétera…

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