ANTECEDENTES DE LAS CRISIS CAPITALISTAS .No hay por que ser pesimista.

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Agosto de 2009 Todos los indicadores señalan la subida incontrolada del desempleo español. Entusiasmados con el bienestar ajeno, los españoles, esperan que los emigrantes se organicen a medio plazo y le saque las castañas del fuego. En lo referente a lo laboral.

La historia del poder político y económico, pero sobre todo la del segundo, es la crónica del auge económico, de la caída en crisis del sistema productivo y de las salidas creadas a las recurrentes crisis.

Para operar las salidas a la crisis y alcanzar el nuevo auge económico es necesario el contubernio entre el poder político y el poder económico.

Comprender tanto la esencia como las formas de las crisis y del auge es indispensable para definir correctamente una política sindical, social y partidista eficaz para enfrentar en cada etapa la situación a la que habrán de enfrentarse los trabajadores.

Parece obvio que no puede desarrollarse la misma política durante el auge económico que durante la crisis o en el periodo de recuperación económica, pero en la práctica los partidos, las organizaciones sociales y los sindicatos suelen no tomar en cuenta la situación económica real, aunque con frecuencia creen la propaganda empresarial.

Durante casi treinta años hemos vivido bajo una intensa propaganda que afirma que vivimos en una crisis casi continua, se vacía con ello de contenido a la palabra crisis; que dando en la mayoría de la gente la idea de que una crisis económica es cualquier dificultad económica, desde la escasez de algún producto hasta la inflación o la deuda públicas e incluso la quiebra de ciertas empresas.

Esta propaganda también afirma que la crisis es de todo el país y en consecuencia que todos los ciudadanos somos culpables de su génesis y responsables de remontarla sacrificando nuestras precarias condiciones de vida, aceptando menos trabajo, menos salarios, menos servicios, más inseguridad, mayores precios de los productos que necesitamos con sumir, etcétera.

A raíz del colapso del sistema bancario, los políticos y los periodistas están buscando hacia atrás todas las señales de alerta que desatendieron: la súbita popularidad de las hipotecas con poca garantía, el aumento de los instrumentos de deuda securitizaba, el grave fracaso de las agencias de calificación de crédito. Pero tal vez, en lugar de las causas más inmediatas, deberían haber prestado atención a una luz roja mucho más básica: la inequidad.

Las maquinaciones financieras específicas que condujeron al colapso son siempre diferentes, pero la inequidad a los niveles alcanzados en Estados Unidos en 2006 (último año para el cual hay datos) es una señal nítida de peligro. El 1 por ciento más rico de los estadounidenses se llevó a casa el año pasado el 23 por ciento del ingreso nacional. En 1980, el 1 por ciento más rico se llevó el 8 por ciento del ingreso total. La última vez que el 1 por ciento superior se llevó más del 20 por ciento del ingreso fue en 1928, un año antes de la Gran Crisis.

pronosticar otra depresión, esta por ver,&nbsp los paralelos entre lo que sucede ahora y lo que sucedió hace 80 años son sorprendentes. En la década del ‘20, la riqueza y el ingreso comenzaron a concentrarse en la cúpula por un número de razones: una enorme conglomeración de la industria, que recompensó con largueza a ciertos inversores y ejecutivos; la emergencia de Wall Street como impulsor de la economía, a medida que la nación se deslizaba hacia el financiamiento a través de deuda, generando grandes ganancias para los financistas; y la creciente globalización, que ponía grandes sumas de dinero en las manos de aquellos que comandaban la cima del comercio internacional.

¿Cuál fue la respuesta del gobierno a esta creciente concentración del ingreso? El presidente bajó los impuestos a los que ganaban mayores sumas. Al mismo tiempo implementó políticas antisindicales, que redujeron el poder de negociación de los obreros de las industrias y los servicios, lo que derivó en menores salarios para ellos. La única manera que la mayoría de los ciudadanos pudo mantener su porción de la torta fue endeudarse cada vez más. Entre 1913 y 1928, la relación entre la deuda de particulares y la economía nacional total casi se duplicó.

Ese nivel de deuda no se podía sostener. El colapso comenzó con la Gran Crisis, pero continuó durante una docena de años. ¿Por qué? Cuando la gente no pudo seguir financiando su deuda, no pudo seguir comprando en el mismo nivel los bienes y servicios ofrecidos por las fábricas y las oficinas. El resultado inmediato fueron los despidos masivos, dejando a los ciudadanos con aun menos dinero. El resultado de largo plazo fue una depresión económica prolongada.

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