Ante los neofascistas de siempre, no pasarán!!! (cast/cat)

Por Teo Navarro

Para llegar a poder decidir,  yo sólo veo la posibilidad que nos da la desobediencia colectiva multitudinaria, el enfrentamiento no violento de millones de personas que queremos decidir qué queremos ser no cuando seamos mayores sino ahora mismo.

Por Jordi Martí Font

Hoy, 4 de noviembre de 2016, la marca blanca y unitaria del fascismo españolista en los Países Catalanes y en el resto de naciones ocupadas por el Estado español a base de violencia extrema, ha recogido el testigo del fascismo españolista de siempre. Albert Rivera hoy ha ido a Alsasua a mostrar que aquello, según él, es España y que los jóvenes encarcelados después de ser agredidos por miembros de las fuerzas de ocupación están porque tienen que estar, porque no fueron buenos súbditos callados y obedientes que, después de recibir, se van hacia casa a llorar en silencio. Son cosas de la ocupación. Hay quién pega y pega y quien recibe y recibe. Y si quien recibe decide quejarse es acusado de pegar y no hay que sufrir porque todo el entramado legal le ca encima para ponerlo fuera de circulación. Y sí, el fascismo posmoderno, que es donde estamos ahora, tiene leyes, abogados, jueces y tribunales, pero de ninguna manera es demócrata, porque tiene un único objetivo que es mantener la impunidad de los amos y asegurar la dominación de los que ellos quieren como súbditos y nada más. Ciudadanos, con la ultraderecha que el centro (Vox) y la vieja casa común de la derecha (PP), han recogido hoy el testigo de un señor que se llamaba Ynestrillas y que ejercía hace años de jefe autocoronado de la extrema derecha española y españolista, fascista para más datos, y que hacía exactamente lo mismo que ellos han hecho hoy: escarnecer a las víctimas del despotismo del Estado español en su casa.

Ayer mismo, esta misma «justicia» de ocupación que mantiene en prisión a los jóvenes de Altsasu hacía públicas las acusaciones contra quienes denominan líderes de la revuelta. Se trata, está claro, de un escarnio público como producto de su visión de los hechos de octubre de 2017 en Cataluña, sobre el referéndum de autodeterminación que organizamos, que nos permitió decidir, que defendimos y que ganamos quienes ahora deseamos que Cataluña se convierta en una república independiente y no se mantenga como comunidad dependiente de una monarquía que tiene que heredar un niña de 13 años que se comprueba que lee bastante bien. Ni aunque lo hiciera realmente bien…

Aquello que se ve en el juicio que se acerca es que las personas encarceladas provisionalmente «para que no huyeran» serán condenados a penas de prisión, porque el Estado hace lo único que sabe hacer: reprimir. Y tendrán prisión ellos, ellas y otras muchas; y tendrán exilio las que no quieran ser encarceladas por haber permitido votar. Ya lo sabíamos, pero se ve que hacer como si no lo supiéramos les servía a algunos para alargar las cosas y no asumir «la cosa». Y «la cosa» no es otra que la que todas y todos sabemos: con el Estado español no hay pacto posible, ni siquiera negociación, ni nada que se asemeje a una decisión democrática sobre el futuro de las personas que vivimos aquí. Y no lo hay si no los obligamos, precisamente, a negociar y admitir que la voluntad de los pueblos no se puede mantener amordazada por ninguna ley que no sea la que permita decidir cuando la sociedad se encuentra en medio de una elección que puede comportar cambios importantes.

Para llegar a poder decidir,  yo sólo veo la posibilidad que nos da la desobediencia colectiva multitudinaria, el enfrentamiento no violento de millones de personas que queremos decidir qué queremos ser no cuando seamos mayores sino ahora mismo. Para hacerlo ya hicimos un referéndum y haremos tantos cómo haga falta pero no dejaremos que las prácticas parlamentarias de partidos que lo único que saben hacer es paralizar a la gente en sus demandas y peticiones, sea convierta en la forma de hacer política independentista. Porque ya sabemos, por las prácticas de ahora mismo, y teníamos claro ya de antes, porque siempre ha sido así, que cuando una demanda social llega a sede parlamentaria, esta se convierte en otra cosa. No porque toque realidad sino porque toca garrote, amenazas y todo el entramado que los que mandan tienen para no dejar de mandar nunca. No aceptamos, pues, «negociadores» en este capítulo de «la cosa», porque abiertos a la negociación estamos siempre pero abiertos a la rendición, a la transacción o a la renuncia a poder decidir, decididamente no.

Ahora bien, somos ultraventilados y no sé qué tonterías más por eso? Pues no, porque nada queremos imponer pero tampoco nada aceptamos que se nos imponga. Tenemos método y es democrático y parecía que era de esto de que iba la historia, no? Pues eso. Nuestro proceso hacia la autodeterminación ha sido, es y tiene que ser hecho de de la mejor manera posible, decidido democráticamente entre todas y todos en cada una de sus pasos, sin dejar en manos de «políticos» nada que no sean los detalles, construido desde bajo hacia arriba sin excluir a nadie, sin dejar fuera tampoco a ninguno de los que defienden la unidad del actual Estado español.

Por encima de todo, pero, sobre todo, lejos del miedo, que continúa siendo el único argumento que el Estado es capaz de utilizar para mantener una unidad construida con violencia, asesinados, torturas y prisiones. Lejos del miedo y de las formas políticas que esta toma, sobre todo el fascismo y el neofascismo de los encorbatados como Rivera, ante los cuales, con quienes resistieron en los años 30, en los 70 y ahora mismo nos plantamos en el grito que Jordi Cuixart decía y dice ante el fascismo y por el cual lo acusan de todo aquello que les pasa por la cabeza con la única intención de tenerlo encarcelado: «No pasarán!», porque la última barricada está en el cerebro y a las ganas de libertad no hay prisión que la pueda encerrar. No pasarán!!!, ni en Euskal Herria ni en los Países Catalanes!

 


 

 

Davant dels neofeixistes de sempre, no passaran!!!

Jordi Martí Font

Avui, 4 de novembre de 2016, la marca blanca i unitària del feixisme espanyolista als Països Catalans i a la resta de nacions ocupades per l’Estat espanyol a base de violència extrema, ha recollit el testimoni del feixisme espanyolista de sempre. Albert Rivera avui ha anat a Alsasua a mostrar que allò, segons ell, és Espanya i que els joves tancats a la presó després de ser agredits per membres de les forces d’ocupació hi són perquè els toca ser-hi, perquè no van ser bons súbdits callats i obedients que, després de rebre, se’n van cap a casa a plorar en silenci. Són coses de l’ocupació. Hi ha qui pega i pega i qui rep i rep. I si qui rep decideix queixar-se és acusat de pegar i no cal patir perquè tot l’entramat legal cau damunt seu per posar-lo fora de circulació. I sí, el feixisme postmodern, que és on som ara, té lleis, advocats, jutges i tribunals, però de cap de les maneres és demòcràta, perquè té un únic objectiu que és mantenir la impunitat dels amos i assegurar la dominació dels que ells volen súbdits i res més. Ciutadans, amb la ultradreta que el centre (Vox) i la vella casa comuna de la dreta (PP), han recollit avui el testimoni d’un senyor que es deia Ynestrillas i que exercia fa anys de cap autocoronat de l’extrema dreta espanyola i espanyolista, feixista per a més dades, i que feia exactament el mateix que ells han fet avui: escarnir les víctimes del despotisme de l’Estat espanyol a casa seva.

Ahir mateix, aquesta mateixa «justícia» d’ocupació que manté a presó els joves d’Altsasua feia públiques les acusacions contra qui anomenen líders de la revolta. Es tracta, és clar, d’un escarni públic com a producte de la seva mirada sobre els fets de l’octubre de 2017 a Catalunya, sobre el referèndum d’autodeterminació que vam organitzar, que ens va permetre decidir, que vam defensar i que vam guanyar els qui ara desitgem que Catalunya esdevingui una república independent i no es mantingui com a comunitat dependent d’una monarquia que ha d’heretar un xiqueta de 13 anys que es veu que llegeix prou bé. Ni encara que ho fes bé del tot…

Allò que es veu en aquest judici que s’apropa és que les persones tancades de forma provisional «per tal que no fugissin» seran condemnats a més presó, perquè l’Estat fa all+o únic que sap fer: reprimir. I tindran presó ells, elles i moltes altres; i tindran exili les que no vulguin ser empresonades per haver permès votar. Ja ho sabíem, però es veu que fer com si no ho sabéssim servia a alguns per allargar les coses i no assumir «la cosa». I «la cosa» no és altra que la que totes i tots sabem: amb l’Estat espanyol no hi ha pacte possible, ni tan sols negociació, ni res que s’assembli a una decisió democràtica sobre el futur de les persones que hi vivim. I no n’hi ha si no els obliguem, precisament, a negociar i admetre que la voluntat dels pobles no es pot mantenir emmordassada per cap llei que no sigui la que permeti decidir quan la societat es troba enmig d’una tria que pot comportar canvis importants.

Per arribar a poder decidir, jo només veig la possibilitat que ens dona la desobediència col·lectiva multitudinària, l’enfrontament no violent de milions de persones que volem decidir què volem ser no ja de grans sinó ara mateix. Per fer-ho ja vam fer un referèndum i en farem tants com calgui però no deixarem que les pràctiques parlamentàries de partits que l’únic que saben fer és aturar la gent en les seves demandes i peticions, esdevinguin la forma de fer política independentista. Perquè ja sabem, per les pràctiques d’ara mateix, i teníem clar ja d’abans, perquè sempre ha estat així, que quan una demanda social arriba a seu parlamentària, aquesta esdevé tota una altra cosa. No perquè toqui realitat sinó perquè toca garrot, amenaces i tot l’entramat que els que manen tenen per no deixar de manar mai. No acceptem, doncs, «negociadors» en aquest capítols de «la cosa», perquè oberts a la negociació hi estem sempre però oberts a la rendició, a la transacció o a la renúncia a poder decidir, decididament no.

Ara bé, som ultraventilats i no sé quines ximpleries més pr això? Doncs no, perquè res no volem imposar però tampoc res acceptem que se’ns imposi. Tenim mètode i és democràtic i semblava que era d’això de què anava la història, no? Doncs això. El nostre procés cap a l’autodeterminació ha estat, és i ha de ser fet de de la millor manera possible, decidit democràticament entre totes i tots en cada una de les seves passes, sense deixar en mans de «polítics» res que no siguin els detalls, construït des de baix cap a dalt sense deixant fora ningú, sense deixar fora tampoc cap dels que defensen la unitat de l’actual Estat espanyol.

Per sobre de tot, però, sobretot, lluny de la por, que continua essent l’únic argument que l’Estat és capaç de fer anar per mantenir una unitat construïda amb violència, assassinats, tortures i presons. Lluny de la por i de les formes polítiques que aquesta pren, sobretot el feixisme i el neofeixisme dels encorbatats com Rivera, davant dels quals, amb les qui resistiren als anys 30, als 70 i ara mateix ens plantem en el crit que Jordi Cuixart deia i diu davant del feixisme i pel qual l’acusen de tot allò que els passa pel cap amb l’única intenció de tenir-lo tancat: «No passaran!», perquè la darrera barricada és al cervell i les ganes de llibertat no hi ha presó que els pugui tancar. No passaran!!!, ni a Euskal Herria i als Països Catalans!

 

 

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