Venezuela. Ante los muros mediáticos

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Venezuela vive actualmente la más feroz guerra mediática que haya podido experimentar en los últimos 18 años de Bolivarianismo del siglo XXI. Todo comenzó a endurecerse con la aprobación de una nueva Constitución  en 1999 producto de un proceso capilar de consulta,  construcción y aprobación colectiva del pueblo.
Nuestra Constitución fue atacada por una minoría que hoy la cita para argumentar,  no obstante el pueblo no ha perdido la memoria de aquel visceral rechazo a la Carta Magna. Coincidió su aprobación  con unas torrenciales lluvias  de diciembre en la zona central del país, y con ellas el deslave de magnitudes incalculables  que dejó un número de víctimas hasta ahora desconocido en Caracas y el estado Vargas. Aquella coincidencia bastó para que el entonces Cardenal de Caracas  llegara a afirmar que era un castigo de Dios:
Apoderarse de sus recursos naturales, esos son los intereses que se esconden detrás de esta brutal injerencia internacional contra Venezuela, los mismos que alimentaron invasiones por parte de los Estados Unidos a otros países como Libia, Siria e Irak.  Para ello es necesario destruir el Estado-Nación generando caos. No olvidemos que con la nueva Constitución de 1999 va implícita una premisa que resulta intolerable para los países hegemónicos: emancipación, independencia y administración de los recursos naturales por el propio Estado venezolano y no por empresas trasnacionales.
La primera etapa de la guerra mediática es la demonización, ésta  persigue posicionar una opinión pública mundial negativa. Cualquier acontecimiento de la vida del país que se quiere afectar es válido para crear gigantes burbujas de falsedad que ocupen los principales titulares en los medios. Esta operación se lleva a cabo mediante la avanzada  de las trasnacionales de la información y el  empleo de personajes conocidos en el mundo político que colaboren con el  intervencionismo, estos últimos se convierten en  reforzadores de la opinión pública.
También   juegan un papel fundamental los sujetos y grupos endógenos, es decir quienes viven en el país y se prestan para tales fines, los cipayos. Según el Papa Francisco “El cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio”
Esa es una clase social tan antigua que ya en tiempos de Jesús encontramos una cúpula político-religiosa en Jerusalén que se coqueteaba y se vendía con el poder romano en contra del pueblo con tal de mantener sus privilegios. El día que apresaron a Jesús,  Herodes que no se hablaba con Pilato hizo  las pases a costa de su víctima: “Aquel día Herodes y Pilato que hasta entonces habían estado enemistados, establecieron buenas relaciones” (Lc. 23,12).
La demonización en este caso  es un  modo sofisticado para crear el desprestigio internacional de un gobierno o de un pueblo  y así declarar la ingobernabilidad o estado fallido. Un ejemplo es la matriz difundida, y ya casi aceptada a nivel mundial como verdad, de que en Venezuela hay una dictadura.
Extraña dictadura donde los opositores al gobierno legítimamente constituido, hasta atacan bases militares con instalaciones educativas dentro repletas de niños y el ejército no se activa como legalmente le corresponde. En cualquier país del mundo los militares reaccionan a estas agresiones con su armamento reglamentario.   Extraña dictadura por estas y muchas otras razones de peso por las que muchos de los que aquí vivimos, más bien creemos que hay demasiada tolerancia de parte del gobierno, pero a nivel internacional han logrado establecer la matriz de que este gobierno electo democráticamente es una dictadura.
En diciembre de 2015 aquí hubo elecciones del poder legislativo en las que ganó la mayoría de los escaños la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que conforma el bloque opositor al gobierno. Ese Poder, el Legislativo, desde hace año y medio fue declarado en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia. No obstante, sus elecciones  fueron validadas en el contexto de este sistema democrático que ahora presentan ante el mundo como dictadura. Hoy  la mayoría de diputados de la Asamblea Nacional que es unicameral, desconoce a ese mismo  Poder Electoral que en 2015 los declaró diputados,  sólo porque este año convocó legítimamente a una Asamblea Nacional Constituyente que ellos no aceptan.
En el exterior se habla de cómo el régimen de Maduro está atropellando al pueblo. La verdad es que aquí hay una Guardia Nacional que el gobierno envió a las calles sin armas, solo con escudos y bombas lacrimógenas a detener la violencia generada por grupos armados y con unos niveles de agresión irracionales e inauditos. La agresión la ha sufrido el pueblo sencillo.
Ya pasan de 21 las personas a quienes han incendiado vivas solo porque sospechan que son afectos al gobierno y más de cien asesinatos.  Cómo olvidar el caso emblemático del joven Orlando Figuera de 21 años a quien solo porque llevaba una franela roja, color que identifica a los chavistas, fue motivo para que lo quemaran y lo apuñalearan https://www.youtube.com/watch?v=ll-9htw2iUg.
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#Venezuela | Muere Orlando Figuera, joven quemado por opositores
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