Ante la ofensiva golpista de la oligarquía venezolana: solidaridad y profundización de la revolución.

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Venezuela ha soportado durante los últimos años la presión de las potencias imperialistas, el acoso mediático de los grandes medios de comunicación y las intentonas golpistas. Una y otra vez los sectores oligárquicos han sido derrotados por la clase trabajadora y el pueblo pobre venezolano, en las calles y en las urnas. Con una insolencia que refleja la dignidad de todo un pueblo y que es un ejemplo no sólo para el resto del continente sino para el resto del mundo.

Sin embargo, la burguesía venezolana sigue teniendo poder económico, financiación y la connivencia del imperialismo estadounidense y europeo. Esta se ha recompuesto en sus feudos, entre las tibiezas y las contradicciones de la dirección del proceso bolivariano. Ha ganado así, un tiempo y un espacio que le han sido vitales para pasar a la ofensiva.

Las universidades privadas y hasta la misma UCV concentran a una mayoría de jóvenes procedentes de las élites sociales venezolanas hostiles al gobierno de Hugo Chávez y al proceso revolucionario. Estos jóvenes no representan a los millones de jóvenes trabajadores venezolanos, a los millones de jóvenes de los barrios populares, que día a día, trabajan en las misiones, en los medios de comunicación alternativos, en las nuevas universidades, o en los nuevos espacios sindicales combativos como UNT.

El no haber profundizado en las reformas educativas, no haber acelerado las medidas de corte socialista en la propiedad de los medios de producción, no haber fortalecido el control obrero o la reforma agraria, ha sido un balón de oxígeno para los contrarrevolucionarios y para los burócratas que actúan como un caballo de Troya desde dentro del proceso.

La reforma de la Constitución bolivariana puede ser criticada tanto en la forma de su elaboración como en algunos de sus contenidos e incluso podemos compartir algunas de las críticas relacionadas con los riesgos que entraña la concentración de poderes presidenciales para el desarrollo de una verdadera “democracia participativa y protagónica”, pero en su conjunto es una reforma que ofrece la posibilidad de profundizar el proceso.

&nbsp La prohibición del latifundio y los monopolios, el reconocimiento de los consejos populares como parte del poder público, la eliminación de la autonomía del Banco Central, el derecho de voto a los 16 años, la promoción de actividades económicas bajo los principios de la economía socialista, así como el fomento de órganos de poder popular como los consejos comunales, entre otras, son medidas de profundo carácter antineoliberal y antiimperialista.

Pero sobre todo es una reforma que debe ser ratificada en referéndum, en un ejercicio más de soberanía popular.

La gran burguesía y la derecha pro-imperialista, dividida entre la posición abstencionista y de petición del no, temen la profundización de los cambios planteados con la Reforma Constitucional en Venezuela. Va a intentar socavar su aprobación, tensando la convivencia e intentando desestabilizar al país para que el referéndum o no se lleve a cabo o se realice bajo el miedo.

Ahora se les ha sumado el general Baduel, ex ministro de defensa, manifestando su rechazo a la reforma en rueda de prensa.

Aunque la convocatoria de Baduel es, por ahora, para votar por el no, la intención de determinados sectores de contabilizar junto con los votos negativos, la abstención como manifestación del rechazo, hace pensar que existe un plan para el día después de las elecciones. Amparándose en la manipulación mediática internacional, se pretendería descalificar la victoria del si bajo diferentes argumentos, para abrir el camino al plan golpista.

Sin duda utilizaran todos los métodos posibles, y además contaran con el apoyo de todos los grandes medios de comunicación. Debemos estar preparados para ello porque la aprobación de la reforma con un amplio respaldo sería un nuevo y duro mazazo moral para los que desde hace años tienen miedo a perder o no poder restaurar sus privilegios sobre un pueblo que ya no quiere a aquellos que fueron sinónimo de corrupción, desigualdad, miseria, analfabetismo y explotación.

Estamos convencidos de que el pueblo venezolano volverá a triunfar sobre aquellos que le niegan su libertad. Lo volverá a hacer en 2007 como en Abril del 2002 o como en el momento del paro petrolero y patronal. No tenemos dudas sobre ello. Y desde aquí solicitamos al mundo del trabajo, a la juventud y al conjunto de movimientos sociales y de la izquierda la más amplia solidaridad con la revolución bolivariana.

Creemos que el pueblo de Venezuela después de salir victorioso de esta desesperada tensión provocada por los golpistas debe hacer lo mismo que después del 2002; es decir, tomar con vigor las riendas de la revolución. Y eso debe significar reivindicar el armamento del pueblo, la nacionalización de amplios sectores económicos, el control obrero, la defensa de la autonomía sindical y de los movimientos sociales frente a las estructuras del estado y la denuncia de los aparatos reformistas.

Estas medidas son propuestas desde hace tiempo por sectores de la izquierda revolucionaria, como los compañeros de la revista Marea Clasista y Socialista y otras corrientes de izquierda, que en muchas ocasiones recibieron la hostilidad de la burocracia y de los algunos sectores del gobierno.

Por ello defendemos que la profundización de la revolución bolivariana y su extensión internacional serán los mejores garantes de la derrota del imperialismo y sus golpistas, en la perspectiva del socialismo del siglo XXI.