Ante la explotación empresarial, la Iglesia se alza como defensora de los trabajadores

EN LA SUREÑA comuna de Padre las Casas,&nbsp Región de la Araucanía, entre el 20 y 24 de abril del presente año, se efectuó la 97ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal realizada por la Iglesia Católica. El lugar no fue escogido al azar ni por motivos de comodidad&nbsp de transporte, ya que como bien es sabido la Iglesia cuenta con dos mil años de experticia en asuntos políticos y sociales. Entonces, haber designado a esa comuna específica para dar lugar a la reunión de la Conferencia Episcopal debe entenderse cual clara señal enviada a quienes tienen el mando de la nación en asuntos económicos y políticos. &nbsp

Padre Las Casas es la segunda comuna con mayor población de la Región de la Araucanía. Según las cifras del Censo de Población 2002 esta comuna presenta una población total de 58.795 habitantes, que corresponden al 6.8% del total de la población de la Región. Con un crecimiento intercensal de 24,6%. La distribución de la población según sexo es de un 49.9% hombres y un 50.1% mujeres, es decir un índice de masculinidad de 99.5.

La comuna de Padre Las Casas tiene una superficie total de 400,7 km2, de los cuales el 1% (3,82 km.2) corresponde actualmente a superficie urbana, y el 99 % restante corresponde a superficie rural. Del total de superficie rural, 102,37 Km2. son tierra no mapuche y 294,51 Km.2, es decir, el 73 % del total de la superficie de la comuna, se encuentra en poder mapuche. La comuna de Padre Las Casas tiene 58.795 habitantes que en un 57,3% se clasifican como población urbana y en un 42,7% en rural. En la comuna existe una densidad de la población con un índice de 146,7 habitantes por Km2. La densidad de población del sector urbano es de 8,8 habitantes por km.2 y en el área rural es de 63 habitantes por km.2.

Las cifras estadísticas demuestran que la elección de Padre las Casas como lugar para llevar a cabo la Conferencia Episcopal significa, sin duda alguna, que los máximos pastores del catolicismo chileno han decidido poner en movimiento sus excelentes oficios en orden a defender –por fin- a la clase trabajadora, la que viene siendo explotada, engañada y sobreutilizada sin conmiseración por los detentadores de este sistema económico inserto en el más salvaje de los capitalismos. Y junto a los trabajadores se alinean también los hermanos de etnias originarias, abusados, despreciados y perseguidos con una crueldad que hoy día encuentra parangón únicamente en el&nbsp bestialismo racista norteamericano en Irak&nbsp y Afganistán, o en las masacres perpetradas por las fuerzas armadas israelíes en Gaza contra la población civil.

El Presidente de la Conferencia Episcopal, obispo Alejandro Goic, conversó con la prensa y señaló con decidida convicción que los trabajadores chilenos debían sindicalizarse, ya que esa organización –el sindicato- es la única reserva y fortaleza que posee el mundo laboral para defender los derechos de los más débiles y, a la vez, poner un grado de igualdad de oportunidades en la balanza social.

A este respecto, el obispo declaró:

”Me preocupa la falta de organización de los trabajadores. Son muy pocos los trabajadores sindicalizados. Lo que uno quisiera, y la doctrina social de la Iglesia lo señala claramente, es que los trabajadores tengan una organización sólida, fuerte, liberada de los partidos políticos. Que defiendan la dignidad y derechos de los trabajadores. Que no estén sindicalizados es una pérdida muy grande en relación a tiempos pasados en que teníamos una gran organización sindical. Que los trabajadores se organicen, que sean libres de los partidos políticos, que defiendan sus derechos, el legítimo derecho a expresarse, pero con respeto a las personas y a los bienes de la comunidad.

”Lamentablemente a veces se infiltran personas -que no están en las organizaciones laborales- &nbsp para crear caos y desorden, y eso no lo podemos aceptar. Estamos tratando de informar a la gente para que se organice. Así como los empresarios están organizados, el gobierno está organizado, los trabajadores tiene que organizarse, y estudiar y profundizar en lo que significa una organización que defiende los legítimos derechos de los trabajadores.”

La razón asiste, por cierto, al obispo Goic y a la Conferencia Episcopal, ya que los datos estadísticos son indesmentibles y ellos muestran la significativa relación positiva que existe entre la disminución de la brecha económica y la realización de negociaciones colectivas. A buen entendedor, pocas palabras. En los países donde el universo de trabajadores posee acceso legal a la negociación colectiva, se ha producido un acortamiento ostensible de la brecha económica, lo cual debe leerse como “efectiva redistribución de la riqueza”. España, Argentina, México, Uruguay, Brasil, son naciones que sirven de ejemplo a lo mencionado recién, ya que allí&nbsp es la mayoría del mundo del trabajo la que posee acceso a negociar de forma colectiva, y, por supuesto, la brecha económica es tremendamente inferior a la que caracteriza a nuestro país.

En Chile, el porcentaje de trabajadores con derecho legal a negociar colectivamente es bajo, exiguo, casi privilegiado (20% aproximadamente de la masa laboral), y para ser francos debemos reconocer que es en el Poder Legislativo donde se encuentra la más férrea oposición a permitir que la mayoría de la fuerza laboral chilena tenga acceso legal a estos eventos. La relación “sindicato-negociación colectiva”&nbsp conforma un todo único, un cuerpo homogéneo, pero es exactamente ese punto el que muchos empresarios desean desconocer y luchan en su contra, puesto que si bien la actual legislación permite que la asamblea de trabajadores nomine a una directiva de entre sus asociados para representar al colectivo ante la empresa en la mesa negociadora, resulta un hecho de la causa que son las directivas sindicales quienes pueden desempeñar mejor y a cabalidad ese importante rol.

Es social y civilizadamente inexplicable que el ‘legislador’ (léase diputados y senadores) abra los ojos con espanto ante la posibilidad de actuar positivamente en beneficio del sindicalismo, creyendo equivocadamente (o quizá interesadamente) que la inexistencia de organizaciones sindicales “ayuda al crecimiento de la empresa y al aumento del empleo”.

Los desgraciados sucesos conocidos en estas últimas semanas en relación a la salud pública, como ha sido la dioxina cancerígena y la “listeriosis” en algunos productos animales provenientes de cerdos y aves, así como la deleznable colusión de las tres mayores cadenas de farmacias, habrían sido de difícil ocurrencia si hubiese existido al interior de esas empresas una sólida organización sindical protegida e incentivada por la legislación, ya que en las naciones donde el sindicalismo sí cuenta con apoyo oficial, los trabajadores –que son los primeros en detectar falencias, ilícitos e irresponsabilidades en la producción de bienes y servicios de su propio lugar de acción laboral- se adelantan a las consecuencias nefastas originadas por el deseo desmedido de ganancias económicas que caracteriza a la mayoría de los empresarios, sean estos grandes, medianos o pequeños, evitándole a la comunidad males&nbsp mayores, como los que estamos conociendo en estos momentos. &nbsp &nbsp

Sobre el punto anterior, en nuestro país, desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a enterarnos que el sindicalismo no solamente carece de protección y apoyo oficiales (pues la legislación al respecto no apunta precisamente a la defensa del recurso humano), sino además resulta ser de diaria ocurrencia observar los permanentes esfuerzos realizados por conocidas mega empresas para impedir el accionar de sus propios sindicatos, persiguiendo abiertamente a quienes osen siquiera opinar favorablemente respecto de una organización de tal laya.

Sin ánimo de estructurar una polémica, inconducente&nbsp a estas alturas de los acontecimientos, y habida consideración de entender que tanto las enfermedades señaladas en las líneas anteriores como la misma actual crisis financiera que sacude al planeta han sido producidas irresponsablemente por grandes empresarios y financistas, la Iglesia Católica (reiterando que dispone de una experticia de veinte siglos en estas materias)&nbsp ha levantado su voz para aconsejar oportunamente a nuestra clase política respecto de la principal llaga que hiere al mundo del trabajo, al pueblo y al país todo.

Y a objeto de no dejar suspendida en el aire una posible feble argumentación que pudiese cruzar por la mente de algún defensor a ultranza del capitalismo salvaje, el obispo Alejandro, refiriéndose a la crisis financiera-económica, declaró:

”Tenemos una especial preocupación por ese tema. Hacemos un llamado al gobierno, a los empresarios y trabajadores, a que hagamos todo el esfuerzo posible para mantener la fuente laboral. También hacemos un llamado a los docentes, a las universidades, para que hagan un estudio acabado sobre el tema. Lo que está claro es que los pobres no pueden pagar el costo de la crisis económica que no fue provocada por ellos.

”La crisis económica es fruto del egoísmo y de la codicia humana. Gracias a Dios Chile está bastante mejor preparado para enfrentarla, pero tenemos que hacer un esfuerzo muy serio. Un buen empresario, aunque tenga que ganar un poco menos, pero es capaz de mantener la fuente laboral de sus trabajadores, construye la patria, y ése es el esfuerzo que tenemos que hacer.”

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