Ante el asesinato de tres menores en Tame, Aurauca, Colombia

Ante el asesinato de tres menores en Tame, Aurauca, Colombia

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¿Ejército Nacional o bandas asesinas?

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En Colombia existe una conciencia democrática envilecida, amilanada, aturdida y aplastada. Un hecho que debería haber causado conmoción nacional, manifestaciones masivas de protesta, destitución e investigaciones a generales y ministros que tienen relación con el caso, pasa casi inadvertido en los titulares de periódicos y noticieros.

Yo analizo, […] pero para mí los soldados del Ejército violaron a la niña y enseguida para que no quedara evidencia que habían sido ellos mataron a los niños” señaló a RCN Álvaro Torres, padre de los tres menores de 14, 9 y 6 años asesinados y sus cuerpos desaparecidos por sus asesinos (posteriormente encontrados) en Tame, Auraca, el 14 de octubre. Casi al tiempo con este hecho abominable se ha denunciado la violación de otra menor de edad en la misma región.

Toda la comunidad y los indicios publicados por los organismos investigadores del mismo gobierno señalan como responsables a varios miembros del cuerpo del Ejército Nacional asentado en la zona.

Esto no es un hecho aislado

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No estamos ante un hecho aislado. Las tropelías, atropellos y violación de toda clase de derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas durante las últimas décadas contra poblaciones indefensas se cuentan por miles y miles. Unos pocos, de vez en cuando, salen a la luz pública, son investigados y muy pocos sufren condenas ejemplares o generan una ola masiva de repudio y rechazo.

La pregunta que obligatoriamente surge es: ¿Estamos ante comportamientos individuales o es una cultura, un método que cubre en forma generalizada a toda la estructura militar?

Las Fuerzas Armadas Colombianas han sido educadas en las últimas décadas por el más sanguinario y feroz ejército del mundo: el norteamericano. El ejército yanqui, formado y entrenado para aplastar a la población en otros países –población a la que miran con desprecio y odio y consideran inferior– tiene iguales métodos y comportamientos. A la vista están las actuales denuncias sobre sus acciones en Irak. En la historia están sus actos execrables en Vietnam.

Infinidad de veces las Fuerzas Armadas colombianas han actuado como fuerzas de ocupación en las llamadas “zonas de conflicto” con la guerrilla; mirando a cualquier miembro de la población como “enemigo” y actuando en consecuencia ante él. Por eso, formados en esa cultura, adoctrinados en el control a sangre y fuego del territorio, de arriba abajo, de oficiales a soldados, en forma constante y a lo largo de todo el territorio encontramos historias más o menos similares a las de Tame.

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¡Respondan todos!

Ante estos hechos no basta con rasgarse las vestiduras ante las cámaras de televisión, como trató de hacerlo el Vicepresidente Angelino Garzón, señalando que tales hechos producen “vergüenza”. Respecto a los derechos y libertades democráticos en Colombia el Estado colombiano no solo ha sido un “sinvergüenza”; más de una vez ha sido agente directo de toda clase de atropellos. Y el señor Garzón actualmente es parte de él y por lo tanto también tiene su responsabilidad política. ¡Que deje de ser hipócrita! Esta situación no tendrá final con algunas investigaciones y algunas condenas a los autores materiales. La responsabilidad política corresponde a todos quienes han gobernado este país durante décadas y a quienes actualmente lo gobiernan así como al imperialismo norteamericano que han entrenado, “educado” y orienta en forma directa el accionar de las Fuerzas Armadas que, vistas objetivamente las cosas, parecieran más bandas asesinas. No olvidemos que el “Comandante Supremo” de estas Fuerzas Armadas es el mismísimo Juan Manual Santos, Ministro de Defensa del anterior gobierno bajo el cual sucedieron miles de los llamados “falsos positivos”.

Para luchar porque renazca una real conciencia democrática, frente a hechos abominables como los sucedidos en Tame no basta exigir el castigo a los autores materiales. Es necesario levantar como una consigna central del programa de las organizaciones obreras, populares y democráticas la modificación sustancialde las características actuales del ejército colombiano. Ello supone, como mínimo, el rompimiento de todos los pactos militares que unen al país con el imperialismo, con retirada inmediata de todos los asesores de dicho país; una investigación profunda –con participación directa de las víctimas y tribunales populares independientes del poder político– del accionar de todos los efectivos militares en las zonas en las cuales en el pasado se produjeron violaciones de derechos humanos imputadas a miembros de las Fuerzas Militares; la disolución de los cuerpos de soldados profesionales y el establecimiento de participación de la base de soldados en la elección y promoción de la oficialidad.

Luis García

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