Anna Camposampiero “Llevamos 30 años viendo cómo el poder se va concentrando en pocas manos”

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Por Gorka Castillo

La historia política de Anna Camposampiero (Busto Arsizio, Italia, 1967) está sazonada de una lucha constante por la justicia social. Primero como integrante de una organización civil que ayudó a la población de Irak sometida a un embargo asfixiante por culpa de su invasión de Kuwait en 1991. Luego formó parte de un sindicato obrero hasta que se decidió entrar en la Rifondazione Comunista de Italia (PRC), el partido político que se levantó sobre las cenizas del antiguo PCI de Antonio Gramsci con la intención de volver a cambiar las cosas. “Siempre he creído que para transformar una sociedad injusta con los débiles hay que pertenecer a una fuerza organizada”, asegura esta diseñadora gráfica, responsable del área de Migración y Movilidad Humana del PRC e integrante del grupo del Partido Izquierda Europea que trabaja con América Latina.

El nuevo gobierno de Paolo Gentiloni es el cuarto consecutivo que no ha sido elegido en las urnas. ¿Qué puede cambiar?

Desde un punto de vista ‘técnico’ todo es correcto, ya que el presidente de la República, Sergio Mattarella, encargó a Paolo Gentiloni formar un nuevo gobierno tras consultarlo con los grupos parlamentarios y, finalmente, someter su candidatura a la confianza del Parlamento, a pesar de que unos grupos como la Liga Norte se ausentaron en el momento del voto. Sin embargo, desde el punto de vista político es diferente. Primero, porque el actual Parlamento ha sido elegido con una ley electoral -el sistema Porcellum-, que fue declarada inconstitucional en 2013. En segundo lugar porque el rechazo a la reforma de Matteo Renzi en el referéndum del pasado 4 de diciembre fue un voto de protesta contra su gobierno y la política que trata de impulsar. En este sentido, el nuevo Ejecutivo de Gentiloni es prácticamente idéntico al de Renzi, hasta los ministros son casi los mismos, lo que demuestra que la arrogancia se ha instalado en el poder para no cambiar nada.

El electorado italiano ya no confía en su proyecto, como lo hacía en la época en la que el PCI era el partido comunista más importante de Europa occidental, ¿qué esperanzas tienen de recuperar la confianza perdida?

Es una pregunta difícil, o fácil, depende del punto de vista. La izquierda italiana se encuentra dividida desde hace tiempo. Yo creo que hemos subestimado la agresión cultural que el neoliberalismo ha hecho a la sociedad: más individualismo, dificultades para tener una mirada a largo plazo con una propuesta social diferente. Sin darnos cuenta entramos en su juego al situar el enfoque sobre el enemigo común, que antes era Silvio Berlusconi y ahora es Matteo Renzi. En cierto modo, lograron su objetivo de divide et impera (divide y domina), pero ha llegado el momento de acabar con esto. Estamos en fase de construir una propuesta nueva y alternativa, junto a los movimientos ciudadanos, que comenzó el pasado 11 de diciembre con la celebración de una asamblea en Roma que contó con la participación de más de 600 personas.

¿Qué relación mantienen con el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo? ¿Cómo lo definiría?

La respuesta necesitaría mucho espacio. En realidad, el M5S no mantiene relaciones con nadie. Se basa en la irritación de la gente para subir electoralmente, con mensajes imprecisos sobre un cambio en Italia. Sabemos que el descontento ha empujado a mucha gente de izquierda a votar ahora al M5S, pese a que carece de una propuesta clara de gobierno y de sociedad. Recuperar ese electorado es uno de los grandes desafíos que tenemos en el PRC.

El PD parece que se ha resquebrajado y Renzi podría intentar hacerse con el control absoluto del partido para regresar triunfante al gobierno.

¿De verdad cree que el PD se resquebraja? A mí no me lo parece. Sin embargo, habrá que esperar a ver qué sucede en el congreso extraordinario que deberá celebrar próximamente porque también la minoría que pidió No a la reforma constitucional se está reorganizando. Renzi ya declaró que su deseo es participar en las primarias del PD para liderar el partido y presentarse como candidato para el gobierno.

Ustedes denuncian que la democracia en Italia es cada vez de peor calidad, ¿cuáles son las causas?

Italia está a la vanguardia en la privatización de la democracia. Prefiere que unas pocas manos dirijan el poder. Llevamos 30 años viendo cómo el poder se va concentrando en pocas manos aprovechando la falta de confianza de la gente en las instituciones públicas, el miedo a la crisis y la precariedad de cualquier propuesta alternativa. Estos factores han influido en un descenso importantísimo de la participación ciudadana en política, lo que, sin duda, impide organizar una alternativa real a lo que ofrece el sistema actual.

El auge de la extrema derecha es cada vez mayor en Europa, ¿temen un colapso del proyecto europeo?

Esta UE ha fracasado y el proyecto tiene que ser revisado en profundidad. Hay que volver a la idea original de la Europa de pueblos, al Europarlamento competente y reducir el poder de una Comisión Europea dirigida por personas que trabajan al servicio de las grandes transnacionales. Mientras no consigamos estos cambios, el riesgo de un triunfo de la derecha seguirá existiendo. Hay que tomarse este peligro muy en serio.

¿Por qué en Italia no se ha producido una confluencia popular como Podemos en España o el Bloco de Esquerda en Portugal?

Tenemos historias diferentes y demográficamente también somos muy distintos. Italia tuvo el movimiento obrero más fuerte de Europa. Aquí nacieron gran parte de las leyes sobre el bienestar social y albergó al partido comunista más fuerte de continente desde la II Guerra Mundial. Pero con el avance de la precariedad laboral y la dificultad para entender que evolucionaba hacia la pérdida de derechos de los trabajadores se ha conformado una generación individualista, desconfiada y sin capacidad de reacción ante el fracaso de las socialdemocracias en todo el continente. Por eso, cuando nació el M5S, encontró votos y consenso bajo el consigna de “que se vayan todos” y la debilidad de los partidos de izquierda. Vivimos una mezcla explosiva que a la izquierda le está costando superar.

Gorka Castillo | El Telégrafo

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