Andrés Bódalo, cuando nos encarcelan la dignidad

Por Jesús García Gualdras

Fue en Parla, marzo de 2015, nos quedaban dos jornadas para entrar en Madrid con nuestros símbolos y nuestras banderas, multitud de símbolos multicolores, pero que todos significaban lo mismo (pan, trabajo, techo y dignidad).

Andrés subido a la tarima retumbó, solo recuerdo una frase pero es suficiente: ”En Andalucía, en nuestra tierra, a nuestras madres y a nuestras abuelas ya no les quedan lágrimas para llorar por sus hijos y por sus nietos”. Ahora habrá que añadir a sus presos, porque si encierran a Andrés Bódalo, los hijos y los nietos pisoteados de Andalucía, cuando protestan, también son encarcelados.

Cuando la sinvergonzonería de hacerse pagar 40.000 € diarios, y cortar la luz a los parados, (Ignacio Sánchez Galán, Presidente de Iberdrola); cuando la sinvergonzonería de acumular y rescatar un plan de pensiones de 77 millones de € y al mismo tiempo desahuciar a la gente, (Francisco González, Presidente del BBVA); cuando la sinvergonzonería de ser la jefa del “club Falciani” en España, de ser la dueña (por herencia) hasta de la doctrina que evita los procesamientos de los poderosos (y cuando hay sentencia condenatoria, pues se los indulta, como al banquero Sánchez Asiaín) y a su vez, estar metida oficialmente en los despachos de primeros ministros como asesora (Patricia Botín, Presidenta del Banco de Santander), en fin, cuando tanta desvergüenza criminal no está castigada por la ley penal, lo lógico es que sea la indignación y la protesta lo que esté penado.

Mientras ustedes, los mencionados anteriormente, solo tienen el dudoso honor de sentirse orgullosos del poder, del dinero y de la adulación de un ejército de mascotas babeantes, Andrés Bódalo nos ha regalado su dignidad a los que todavía carecemos de su coraje y dependerá de nosotros el uso que le demos.

 

Andrés Bódalo tiene el reconocimiento de su gente, de nuestra gente, de toda la gente sencilla precarizada, parada, desahuciada, ninguneada y humillada y el orgullo de la dignidad, en la calle y en la cárcel.

 

Hay una disposición legal que me gustaría citar íntegramente: «Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la opresión y la tiranía».(Considerando 3º del Preámbulo de la Declaración Universal de los DDHH).

Esta disposición legal es derecho vigente, que se sepa.

En este artículo hay cuatro palabras principales, (tiranía, opresión, rebelión y derechos), pues bien, la tiranía y la opresión les interpelan a ustedes, señora Patricia Botín, señor Francisco González, señor Ignacio Sánchez Galán. La rebelión y los derechos nos interpelan a nosotros.

Ustedes son capaces de pisotearnos con su enorme e ilegítimo poder, primero encarcelan a los Bódalos que se rebelan, cuando eso no es suficiente convierten a países enteros en cárceles para pobres y sus mayordomos políticos a esos crímenes lo llaman ley, pero ustedes no pueden evitar de ninguna manera que sigan naciendo Bódalos y Espartacos, (y todos los que han nacido y muerto entre los dos).

Pablo Neruda, en su discurso en la ceremonia de los Premios Nobel, citando a Rimbaud también retumbó: “Al amanecer, armados de ardiente paciencia entraremos en las espléndidas ciudades”, es posible que primero hayamos de pasar por encima del ejército de tipejos como esos de la Plaza Mayor de Madrid que tiraban monedas a las mendigas, ustedes son los que fabrican el caldo de cultivo del fascismo, porque cuando esas hermanas nuestras toman conciencia y se rebelan, ustedes no tienen ningún empacho en regalar uniformes, pistolas y arrogancia fascista a esos que ya están preparados, educados y envenenados para obedecer las órdenes y servir de parapeto contra la indignación de la decencia.

Pues bien, ténganlo ustedes claro señores y señora, cuando les miremos a ustedes a los ojos les citaremos la ley con sus cuatro palabras y les presentaremos a nuestros presos y a nuestros muertos, y todavía no entenderán por qué, pero nosotros si lo entenderemos, llevamos demasiado tiempo convirtiendo el dolor en conocimiento y el conocimiento en voluntad y ya sabemos perfectamente por qué encarcelan a nuestro hermano y quién lo decide, y se lo haremos saber con la ley en la mano y sus cuatro palabras.

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