Análisis lisérgico de la realidad

Análisis lisérgico de la realidad.

Intenté entender, lo juro, agarre un santafesino y le hice todo tipo de estudios, mapeo cerebral, test de inteligencia, de Cooper, etc. Pero nada, pensé que con la catástrofe, algunas ideas se le habían aclarado pero nada. La gran mayoría idealiza a su verdugo y la minoría no hace más que recocijarse calculando el filo de la guillotina que le cortará el balero. Cómo no soy partidario de los esfuerzos inútiles, y menos aún, amigo de los sacrificios, decidí pegarme un viaje lisérgico y cabalgando mi nube de gas intestinal, me dirigí al Estadio en donde se juega la final de la Historia. En la entrada me abarajó como siempre él. El barbeta que no es comandante…

– ¿Que hacés San Pedro?

– Acá ando – me contestó el barbado- vení vieja, escuchate este sólo heavy que aprendí con el arpa – dijo y dejó caer su blanca cabellera sobre el instrumento comenzando la diacrónica composición.

– ¿De quién es? – le pregunté

– ¡Pero mirá si serás pajero gorilón! – me gritó enfurecido- ¿ Para qué mierda estas allá abajo? Van Halem fiera, me vas a decir que nunca lo oiste.

Visto y considerando, que el viejo metálico podía cerrarme el paso en mi cometido periodístico, me hice el que sabía y tuve que aguantarme otro sólo distorsionado de ACDC para arpa de 600 cuerdas. – Fabuloso – le dije- por qué no bajás y te hacés famoso, condiciones tenés…

– ¿Más famoso de lo que soy? – se agrandó el santo- mejor me quedo y los meo desde acá. Ahora me estoy conteniendo porque se viene eso del Niño viste – sonrió mientras se empinaba una damajuana de “Soy cuyano” para inflar la vejiga.

– Si vos decís…

– Que haces acá con el grabador – me preguntó ilusionado – ¿Te toco otra y lo grabas?

– No dejá – respondí con habilidad – ¿Quién me va a creer allá abajo? En realidad vengo a hacer una nota para una revista de unos tipos que me parece que quieren venirse para acá.

– Pasá, pasá – me invitó cortésmente – son capaces de decirme que estoy contra la libertad de Prensa.

Abrió el portón, esperando mi sorpresa.

– ¿Qué pasa? – me preguntó en una sola carcajada- ¿Vos también te tragaste lo del infierno? Esa era una joda que hicimos hace unos siglos en un programa de tele de acá… – explicó- dale mandate y no te suicides adentro que no sabemos adonde mandarte.

Empecé a caminar y enseguida me encontré con viejos conocidos, bien a la izquierda, sentado en una nube cigarro en boca estaba el Che. Me acerqué como para contarle lo de la caída del Muro, pero me dijo que ya lo sabía “Se los dejé escrito cuando estaba abajo pero no me dieron bola” lo saludé con un “Hasta la victoria siempre” y me miró fuerte. “¿Nadie inventó otra cosa desde que me vine?” – me preguntó desilusionado. Y… viste como son, con eso de que vos estas vivo no se les cae una idea. Vos quedate tranqui que ya hiciste lo tuyo – concluí girando sobre mis pezuñas y encontrándome con la sorpresa que un tipo envuelto en una sábana.

– ¡Gandhi! Pelado querido… – le dije sin esconder mi alegría -¿Aprendiste inglés ya?

– No te hagas el pija mono, acá la cosa es distinta… – Ta bien, ta bien – lo frené, mientras caía en la cuenta que tenía el Pagina 12 en la mano derecha.

– Che vos que sos argentino. Contáme como es la cosa que no entiendo. Yo era pacifista, pero ustedes ya se fueron de mambo ¿Cómo es eso que después que se los violaron así, están tranquilos y hasta son capaces de votarlo al patilludo ese que los cagó? – me preguntó frunciendo el entrecejo.

– No se.. si supiera, no estaría acá averiguando – expresé desilusionado.

– ¿Sabías que ustedes tienen armas nucleares? – me desquité.

Si sabía – respondió compungido- yo lo entiendo, el que no lo entiende es aquel- me dijo señalando a un viejito que lloraba desconsolado.

Einstein ¿Que te pasa? – pregunté.

– No te va a dar bola desde que llegó lo único que hace es repetir “No puedo creerlo” – me susurró al oído Goebbels- yo le miento, le miento, pero no le queda nada… Le dije “ acordáte lo que dijiste: todo es relativo” pero no entra en razón. Lo traje a Foucault, para que le hable del Poder y no hay caso.

Me alejé triste. No era justo que se sienta culpable.

Mire alrededor y el panorama era increíble, a Borges no lo salude porque no me puede ni ver, Bethoven estaba más al pedo que oreja de sordo, Adam Smith gritaba como un loco ¿¡Qué hiceeee!? Mientras Keyness se desquitaba “ Cagadas ¿Que vás a hacer? Me acerque a un grupo de barbudos, eran Marx, Lenin, Engels y Trostki: “ No, no es lo que yo dije” se escuchaba que decían dándose manija.

En un rincón reconocí a Napoleón, Stalin, Hitler y Nerón que se contaban cosas y apostaban, de maldito que soy les conté de Bush. Se miraron, retiraron las apuestas y bajaron sus cabezas. Les pregunté por Yabrán y me dijeron que nunca lo habían visto por ahí. Bolivar miraba por enésima vez un mapa de América Latina, no quise hablarle de Chávez porque se moría de nuevo. Picasso retocaba el Guernica, pensé en decirle que se quedaba corto pero hubiera sido demasiado cruel. En el centro de ese infinito Chaplin les enseñaba movimientos a los hermanos Marx ante la atenta mirada de Olmedo y Cantinflas. – Carlitos – le dije suplicando- ¿Por qué no bajás? Te necesitan ahí abajo.

– Que se vayan al carajo, me hicieron la muerte imposible, ahora que se jodan” – dijo indignado.

– ¿Viste? Cuando tocaron a mi puerta ya era demasiado tarde- sentenció Brecht mirándome fijo- mirálos a esos… si que saben morir. Una multitudinaria murga cantaba, bailaba y reía. Eran más de 30.000. Rodolfo Walsh los miraba y abrazaba a su hija que lo miraba tiernamente. A su lado un hombre calvo jugaba con su gato.

¡Gordo!- le grite – vení Osvaldito, explicame que mierda pasa allá abajo.

Soriano me regaló una mirada compasiva, mientras Cortázar, que jugaba a la Rayuela con Alfonsina, me tajeó con una respuesta contundente:

– ¿Ves? Esta es la salud de los enfermos, allá andan demasiado enfermos de salud, pero ya se termina.

– “Be or not to be”- completó otro

– ¡Good show! – festejó un petiso de lentes y peluca- Che gorila ¿Menem extendió su víspera 55 años?

– Eso dijo – contesté.

– ¡Hey Juan Domingo! Parece que te vas a quedar con las ganas de cagarlo a trompadas

– ¿Era verdad entonces? – me preguntó Perón mientras la espuma le salía por la boca- Brujo ¿Vos no podes hacer nada para que venga? – No viejo, si no hubieras echado a los imberbes de la plaza, quizás hace rato que estaría con nosotros.

– Y los muchachos como andan – me preguntó una hermosa mujer que resultó ser Evita.

– Y…- empecé pero no me animé a seguir. Le conté que los “compañeros” entregaron su alma al imperio, que los pibes se desmayaban de hambre, que en nombre de ella ganaban elecciones y que los descamisados cortaban la ruta para pedir trabajo.

– ¿Que hicieron con los fierros que dejé en la CGT?

Como ya me parecía que la cosa se iba a poner fulera si le contaba de Daer, Moyano o Cavallieri y una fuerza centrífuga me devolvía a la tierra, decidí dejarla a la abanderada de los humildes en su merecida ignorancia y bajar a la realidad.

Caminé y caminé por las calles y el delirio parecía no querer dejarme. Caras tristes mirando la nada, chicos que me extendían sus manos sucias, madres estatuas con sus niños en brazo que hacían lo mismo, manifestaciones que iban y venían sin saber adonde. Quería salir del sueño oscuro en el que me encontraba. Conseguí un diario de ayer y me puse a leerlo. La sensación seguía, compré un diario de hoy que decía lo mismo. Imposible, estaba inmerso en una realidad o­nírica y nada químico tenía que ver.

Esto es una pesadilla, pensé, ya va a terminar… o no.

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