Amigos de los Borbones

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Escuchaba ayer a Nieves Concostrina en la Ser, esta vez no solo en su habitual sección “Acontece, que no es poco”, sino como invitada con motivo de la publicación de su nuevo libro. Poco tardó la conversación en derivar hacia el ínclito Fernando VII. Epítetos como mastuerzo, felón o traidor no tardaron en aflorar de los labios de la periodista. Uno de los contertulios expresó entonces en tono de hilaridad que lo de Concostrina con el macrosómico parecía personal, a lo que ella adució que una persona despreciable sigue siendo despreciable, ostente el apellido que sea. La “tertulia” continuó por esos derroteros, haciendo referencia a varias de las ignominias más célebres del mastuerzo: derogación de la Constitución de 1812, reinstauración de la Santísima Inquisición, etc.

Que desde la emisora de radio más escuchada en este país se comenten sin tapujos este tipo de aspectos, a día de hoy irrefutables y sin intento alguno de revisionismo por parte siquiera de la carroña monárquica patria, me parece no solo correcto, sino necesario. Sin embargo, no pude dejar de sentir que, en un momento dado, Francino y compañía parecían jactarse del ejercicio de liberalismo y rigor periodístico del que hacían gala. Estaban hablando sin cortapisas de un rey…muerto hace 185 años.

Quiero pensar que en el fuero interno de alguno de los participantes, incluso de la propia Concostrina, una vocecilla les decía que sería maravilloso poder contar, en la España de 2018, tantas y tantas verdades, igual de irrefutables, sobre un Borbón más moderno (en el tiempo, entiéndase): Juan Carlos I.

Putero, corrupto, ladrón, fratricida, filofranquista, amigo de totalitarismos… son algunos de los calificativos que se emplearán, tal vez, para referirse a tan insigne personaje. O quizá no. Porque el título de este modesto artículo no se refiere a reyes saudíes o marroquíes, no habla de partidos monárquicos como PSOE, PP, Cs o VOX; no versa sobre los empresarios que, corruptos como él, revolotean en pos de su figura en el nombre de la marca España.  No, este artículo habla de los medios de comunicación nacionales. De su complicidad. De su silencio. De su vergonzosa compra de la “verdad” construida antes, durante y después de la Transición. De su repugnante servilismo con una institución de la que nos habíamos librado hace casi 90 años. De su ponzoñosa labor de desinformación.

Quizá en 100 años lo único que nos quede de este personaje sea su “decisiva actuación durante el 23F”. Fernando VII no tuvo la fortuna de contar con ingentes huestes de sabandijas cuyo fin último era el de loar su figura, inventar logros, enterrar desmanes, tergiversar, mentir, revisar… bajo la bandera de la independencia, del periodismo libre y moderno.

Cadena Ser, tu cadena progre, tu emisora moderna, tu dial… felón.

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