AMIA, a 15 años del atentado… y un mes

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Por macabra que sea la verdad, ésta debe escribirse sobre los libros de historia. Solo así tendrá sentido seguir narrando lo sucedido. Mientras nos quieran engañar y nos venden los ojos, como se los vendan a la justicia para no permitirnos ver, el relato será la mera narración de un cuento y no la “historia”. Hoy la dirigencia de la comunidad judía argentina ha vuelto a demostrar qué lejos está de querer saber la verdad y una vez más se muestra cómplice del gobierno que no deja de encubrir uno de los peores atentados antisemitas que sufriera nuestro país. Mientras los medios machacaron durante todo el 18 de agosto sobre los actos a “15 años” del atentado, habría que recordarles a esos medios, que hoy se cumplen 15 años y un mes.

Laura Ginsberg, representante de la Agrupación Por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA) lo dijo por lo bajo: los dirigentes comunitarios han enviado a los miembros de la comunidad judía a su casa. Esto sucedía el 17 de julio de 2009, un día antes de cumplirse el 15 aniversario del atentado en el marco del acto organizado por la agrupación rebelde. Mientras APEMIA convocaba al acto unitario por el 15 aniversario, los dirigentes de la comunidad judía “resolvían” levantar el acto oficial argumentando “la epidemia de GRIPE A” que supuestamente sacudía al país. Pero el motivo era otro. En primer lugar, días más tarde del 15º aniversario del atentado, llegaba a nuestro país Avigdor Lieberman, reconocido fascista israelí, para sellar el pacto de impunidad con el gobierno argentino. No podían por lo tanto los dirigentes de la comunidad realizar un acto de repudio a la administración Kirchner al tiempo de preparar con bombos y platillos el recibimiento de uno de los máximos ideólogos de la masacre contra los palestinos. La excusa de la GRIPE A valía tanto entonces como lo vale hoy, toda vez que la “pandemia” no se ha retirado de nuestro país. (Mientras escribo estas líneas me entero que la familiar de una conocida está en observación médica por la posibilidad de haber contraído la influenza N1H1). Hubiera sido preferible un sinceramiento por parte de la dirigencia comunitaria y no una mentira más para sostener lo insostenible.

Pero veamos en profundidad algunas diferencias entre el acto y organizado por APEMIA y el discurso allí pronunciado, (y del que se han hecho eco otras organizaciones sociales y políticas), y el acto – discurso – oficial, al que además ha asistido como invitada de honor la mismísima presidenta de la nación. No caben dudas que APEMIA apuntó sus dardos a las complicidades del gobierno argentino en el encubrimiento del atentado. Del documento leído por Laura Ginsberg puede leerse entonces: “La dirección judía mandó a levantar cualquier acto público a espaldas de su propia comunidad, porque comparte la voluntad política del gobierno del matrimonio Kirchner de poner ya un “punto final” al tema de la AMIA. Porque acompaña al fiscal Nisman en su esfuerzo por exculpar de cualquier responsabilidad al Estado nacional, y porque no quieren comprometer ni condicionar la inminente llegada del canciller de Israel, Avigdor Lieberman, a la Argentina. La suspensión del acto “oficial”, compartida por otros grupos de familiares, es un verdadero cachetazo para todos aquellos que contaban con un espacio de recordación y reclamo, por limitado que fuera.&nbsp No hay un acto convocado por las direcciones de DAIA y AMIA porque ya no tienen margen para permitirse ni la más mínima crítica al gobierno.

Privilegian las relaciones carnales con el gobierno nacional y con el de Macri, no piensan confrontar con ninguno de los dos, y sólo están empeñados en confundir, desmoralizar y desmovilizar a quienes reclaman justicia.”

Claramente la presencia de Cristina F. de Kirchner en el acto oficial es una muestra que la denuncia de APEMIA no solo es cierta, sino que al mismo tiempo, la dirigencia comunitaria judía se transforma en cómplice del encubrimiento. Establecen las relaciones carnales con gobiernos de derecha como la administración del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, aún cuando este mismo gobierno conducido por Mauricio Macri pone al frente de su policía a un hombre sospechado de ser cuanto menos cómplice del propio atentado a AMIA: el “fino” Palacios.

Mientras en el acto oficial llevado a cabo un mes después del 15 aniversario del atentado se denuncia a Irán y su “peligroso régimen” la oficialidad judía de la comunidad argentina nada dice de los ataques que durante el mes de enero ensombrecieron – una vez más – a la Franja de Gaza, ataques que dejaron más de 1.400 muertos y que tuvo como sostenedor ideológico al ilustre visitante Avigdor Lieberman, hoy sospechado por casos de corrupción en Israel. Mientras estos dirigentes comunitarios tejían la alfombra roja para recibir a Lieberman, hicieron mutis por el foro en el cuestionamiento a la administración K y al gobierno de Obama para poner el “punto final” en la causa AMIA, como lo ha denunciado APEMIA el 17 de julio.

¿Por qué tantas diferencias entre el accionar de las instituciones judías y el de una agrupación que busca el esclarecimiento del atentado? No caben dudas que a la hora de entablar las relaciones carnales con el gobierno, los dirigentes actuales han aprendido de sus mayores. Basta con recordar aquí las complicidades vergonzosas en el encubrimiento de quien fuera el presidente de la DAIA, Rubén Beraja y los turbios negocios que mantenía con Menem, cuando el ex presidente justicialista era sospechado también de haber encubierto el atentado.

Para muestra, un botón… además de Palacios

Vayamos a un fragmento del documento leído en el acto oficial el 18 de agosto: “Al Dr. Nisman, con el que hemos tenido diferencias y coincidencias, le reconocemos el trabajo que ha hecho hasta el momento, (las cursivas son mías) pero esto no detendrá nuestros reclamos hasta tanto no sepamos toda la Verdad. Usted asumió ese compromiso al hacerse cargo de la Fiscalía. Confiamos en que lo cumpla.”

Y veamos la diferencia con el documento leído por APEMIA el 17 de julio: “Si prestamos atención a las declaraciones públicas que el fiscal Nisman hizo ante funcionarios nacionales y extranjeros en los dos últimos meses, nos quiere hacer creer que la causa AMIA ya está esclarecida. “La gente ya sabe qué pasó con el atentado… los interrogantes quedan resueltos”, dijo Nisman.

El fiscal enfrenta a la opinión mayoritaria del pueblo argentino. Según estadísticas públicas, el 80-90% de los encuestados descree de la investigación oficial y del papel de la Justicia para el esclarecimiento del atentado.”

Y una vez más nos asalta la duda: ¿Por qué esta diferencia entre APEMIA y la dirigencia judía? ¿Acaso no hablan del mismo fiscal Nisman? Mientras desde la oficialidad se reconoce el trabajo de Nisman, desde APEMIA se denuncia la complicidad del fiscal en el encubrimiento.

En uno de los puntos más sensibles, la acusación contra el gobierno de Irán como responsable de la masacre en AMIA, APEMIA parece responder anticipadamente al documento leído por la oficialidad comunitaria un mes después, al afirmar: “Hoy, la acusación política del Estado argentino contra Irán es un fracaso, que ya no sirve ni para impulsar un ataque de las grandes potencias contra Irán, ni para esclarecer el crimen de la AMIA, ni para proteger al Estado argentino de toda la evidencia que lo incrimina como verdadera ‘conexión local’ del atentado.” (Las negritas del texto corresponden al original)

Mientras, desde el estrado acompañado por Cristina F. de Kirchner, los dirigentes comunitarios vuelven sobre esta cuestión al afirmar que: “La presidente Cristina de Kirchner y el ex presidente Kirchner, denunciaron y muy duramente a Irán y a su régimen, en el marco de las dos últimas Asambleas Generales de la ONU, hecho que sin duda se repetirá este año. Denuncias que generaron gran conmoción en el recinto.”

Vale la pena insistir una vez más: mientras se apunta contra el gobierno de Irán, se sostiene la masacre en Gaza haciendo un guiño cómplice al Estado de Israel, hoy cuestionado por la represión y opresión contra el pueblo palestino. ¿Qué gobierno esconde entonces a terroristas en sus gabinetes?

Y una aclaración que a esta altura se hace necesaria, ya que comienzo a leer las críticas que lloverán contra el autor de estas líneas de “apoyar” al gobierno de Irán despreocupándome por los derechos humanos en el país persa. Pues tenga cuidado el lector de este artículo que quien esto escribe, se preocupa tanto por los derechos humanos en Irán, como en Palestina, pero una cuestión no invalida la otra, y si el Estado de Israel y su gobierno resultan hoy cómplices del encubrimiento del atentado a la AMIA, debo ser el primero en decirlo, por el favor a la verdad, aquella que clamaba al comenzar esta nota. Y porque entonces debo volver una vez más a decir: en mi nombre no.

Solo esta muestra basta para ver hasta donde las relaciones carnales ciegan ciertas posiciones y no permiten llegar a fondo en la denuncia. Si hasta el recuerdo han bastardeado haciéndonos creer que el 18 de agosto se cumplen 15 años del atentado. ¿Imagina el lector recordar y repudiar el último golpe militar en Argentina el 24 de abril y no el 24 de marzo? Pensemos por un momento cómo hasta la fecha de recordación ha sido entonces vilipendiada por una dirigencia judía que se aleja cada vez más del principio talmúdico de perseguir justicia. Las diferencias entre unos y otros son mucho más extensas pero para señalar algunas, quizás las más groseras, con lo expuesto aquí, parece más que suficiente. El lector podrá entonces sacar sus propias conclusiones leyendo al finalizar el presente artículo los dos discursos. El leído el 17 de julio por APEMKIA y el leído el 18 de agosto por las instituciones oficiales de la comunidad judía. Cada uno tendrá entonces la sapiencia de volver y reflexionar sobre el proceder de unos y otros y verá, con las cartas en la mesa, quién es quién. Por mi parte solo me resta decir que no comparto una línea por lo actuado hoy por la oficialidad judía argentina y sostengo una vez más: en mi nombre no. Ellos no me representan, ellos no persiguen justicia. Mientras esto no cambie, y mientras APEMIA siga con la voluntad de denunciar a viva voz las complicidades en el encubrimiento en el atentado a la AMIA, allí estaré acompañándolos, como lo hice el último 17 de julio de 2009. Sin miradas tribales. Sin intereses espurios. Sin complicidades. Justicia, justicia, justicia, perseguiremos. Porque como expresaba Ginsberg en su discurso: “Si se puede conocer la verdad, que abran los archivos secretos y los entreguen”.


Documento leído por Laura Ginsberg el 17 de julio de 2009: AQUÍ

Documento leído en el acto oficial el 18 de agosto de 2009: AQUÍ

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