American day

En cuanto a lo primero, lo previsible: bellas palabras, recuerdos para los padres fundadores, café para todos y Dios omnipresente en la perorata y en todo el acto. Y con respecto a la película debo decir que siempre es interesante conocer la visión de este genial cineasta, muy interesado en los sucesos y los personajes más relevantes de la Historia reciente tal y como atestiguan películas y documentales sobre el asesinato de Kennedy, el 11-S, Fidel Castro…&nbsp En este trabajo nos presenta a un George W. Bush paleto, inculto, fanático religioso, ambicioso y, sobre todo, muy impulsivo. Lo cierto es que no me cabe duda de la presencia de todos estos atributos en figura del ya ex-presidente, sin embargo tengo ciertas reservas con respecto a la idea de que éstos tuvieran tanta influencia como propone Stone en las acciones de la principal potencia militar del mundo allende sus fronteras.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Por ejemplo, en las escenas de las reuniones en las que la cúpula de la administración americana (Bush, Cheney, Rumsfeld, Condoleezza Rice y toda la tropa) adopta la decisión de atacar Irak, se nos muestra, con la excepción de el vicepresidente que aparece como un individuo calculador con la mente puesta en los recursos naturales y en la idea de forjar un imperio, a un grupo de exaltados sectarios dirimiendo la cuestión sobre los argumentos de la seguridad y el terrorismo, es decir, creyéndose sus propias patrañas. Se plantea el cuento de las armas de destrucción masiva como una enorme cagada y el consiguiente ataque como el fruto de una bravata del propio Bush destinada a demostrar que nadie “hacía daño a su papá” sin pagarlo después. Los hechos, sin embargo, nos invitan más bien a pensar en lo primero como un pretexto calculado conscientemente para justificar lo segundo: una invasión destinada a hacerse con el control de la riqueza petrolífera de la zona. Confieso además que me faltan en la película referencias a los vínculos entre las decisiones de las altas esferas del poder ejecutivo y los cálculos estratégicos de las multinacionales que extrajeron (siguen extrayendo) pingües beneficios de las agresiones militares y de las posteriores reconstrucciones tanto&nbsp en Afganistán como en Irak.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Y es que me niego a creer que las acciones de EEUU (y no sólo de EEUU) en el exterior se encuentren motivadas únicamente por el fanatismo (aunque éste exista indudablemente) o por la adopción de los valores que sus élites pretenden transmitir a su pueblo y al mundo. Es decir, no dudo de que los militares estadounidenses vayan por ahí con los cerebros bien lavaditos y la conciencia tranquila por estar “expandiendo la libertad y la democracia” por toda la Tierra, pero me resisto a pensar que este ardor fundamentalista tenga un reflejo en las intenciones de aquellos que los envían a morir y sobre todo a matar. Y no creo esto como tampoco creo en las coincidencias en temas de esta enjundia: ¡qué bonita casualidad que el ejército de Israel, gendarme de EEUU en Oriente Próximo, se haya apresurado en acabar con el grueso de su intensísimo ataque sobre los palestinos justo a tiempo para la toma de posesión de Obama que, por cierto, no mencionó una palabra sobre la masacre en su discurso! Así la Casa Blanca (y con ella toda la maquinaria de poder e influencias que tiene detrás, por encima de la alternancia de presidentes) renace a este nuevo mandato como redimida de sus crímenes, limpia de sangre. Todo queda listo para recibir al nuevo presidente sin mácula: Barack Hussein Obama sin pecado concebido. Veremos…

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