América Latina. El golpe 343

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El de Bolivia contra Evo Morales es un nuevo golpe de Estado de una historia continental cruenta de inestabilidad permanente basada en la dominación estadounidense, cuya presencia impide estabilizar economías y gobiernos.

Curzio Malaparte, autor de La Técnica del Golpe de Estado, decía que el golpe de Estado no era otra cosa que un «recurso de poder cuando se corre el peligro de perder el poder». En el caso boliviano fue por haberlo perdido. La media verdad de Malaparte sirve para saber que las clases dominantes acuden a este recurso cuando se les agotan los mecanismos de dominio constitucional y parlamentario.

El historiador ecuatoriano Virgilio Rafael Beltrán destaca que en 1968 el 62% de Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asia Sudoccidental, estaban gobernadas por dictaduras militares. En América latina aquellas dictaduras surgieron de golpes de Estado, mientras que en las otras regiones brotaron de guerras, la aparición y desaparición de estados o revoluciones.

Con base en la biblioteca de CLACSO, la cuenta del total de pronunciamientos militares documentados en 25 países (sumadas las dictaduras largas y los golpes cortos), desde 1902 hasta la última jugarreta golpista en Bolivia 2019, nuestro continente sufrió 343 golpes de Estado.

Bolivia es el país donde se registraron más golpes militares en el siglo XX: 56 desde la destitución de Daniel Salamanca en 1934, en plena Guerra del Chaco. Le sigue Guatemala, con 36 golpes desde 1944, y Perú con 31.

En Panamá, que atestigua 24, se produjo tal vez el primer golpe del siglo XX cuando en 1902, miembros de la Compañía que construía el Canal se alzaron en armas, ocuparon el Palacio de gobierno y separaron a ese país de Colombia, en acuerdo con agentes de Theodore Roosevelt y parte de la burguesía colombiana.

En Ecuador se cuentan 23 asonadas. Cuba tuvo 17 hasta 1952; Haití, 16 hasta 1995. Santo Domingo, 16 golpes; Brasil, 10 golpes. Argentina, con seis entre el golpe contra Hipólito Irigoyen en 1930 y el último del coronel Mohamed Seineldín en diciembre de 1991. Sin embargo, hubo una treintena de planteos militares entre 1959 y 1969: algunos terminados en “renuncias” estilo Evo Morales o Chávez 2002.

México vivió un sólo golpe militar putchista, en 1929. Esta “anormalidad” se explica porque sus FF.AA. fueron integradas al Estado como institución co-gobernante, en un fenómeno parecido al de Cuba (desde 1959), Nicaragua (desde 1979) y Venezuela desde 2013. Antes de la Venezuela bolivariana, este país petrolero conoció 12 golpes entre 1908 y 2002.

En Colombia, el país más violento del continente después de México, se conocieron ocho golpes con la más larga guerra civil del continente y las guerrillas más perdurables. Fue el primer país del mundo que experimentó el Napalm, antes que Vietnam.

Alrededor del Río de la Plata, Uruguay sólo registra cinco golpes, junto con Chile que apenas tiene 6 en 100 años. En las islas-Nación de Surinam, Jamaica, Guyana, Grenada y Trinidad & Tobago, se dieron, desde 1965, unos 15 cuartelazos para voltear regímenes democráticos de izquierda y militares.

Desde 1983 bajó la estadística de los golpes militares en América latina, aunque hasta 2009 hubo unos 10 cuartelazos.

En Argentina conocimos el de Semana Santa 1986 y el del 3 de diciembre de 1990. Panamá registró otro el 5 de diciembre de 1990, igual que en Perú en mayo de ese año. En Venezuela ocurrieron dos golpes en menos de un año: el del 4 de febrero de1992 seguido por el del 27 de noviembre. Diez años más tarde fue el golpe proyanqui del 11 de abril de 2002, derrotado en 47 horas por una insurrección popular. El golpe de 1992, con Chávez a la cabeza tuvo propósito insurreccional, popular y antiyanqui, aunque tuvo su carácter putchista. En Haití hubo dos asonadas golpistas entre 1992 y 1994, mientras que en Paraguay se registran dos: en 1995 y en 1999.

Dos enseñanzas quedan: pocos triunfan y si si lo hacen se sostienen poco tiempo. De todas maneras, , hubo un golpe cada casi 18 meses. En las sociedades latinoamericanas y más allá, medio siglo de golpes y dictaduras feroces dejó instalado un rechazo social a toda forma golpista. Esa impronta de época cruzó hasta hoy. Su efecto difuso alcanza al golpe contra el MAS y Evo Morales Bolivia. Necesitan disfrazado, está mal visto en medio planeta y nada asegura que se estabilizará.

Este golpe retoma algunos elementos de los viejos golpes triunfantes de los años 50, 60 y 70. Pero no logra repetirlos en las escalas y magnitud de tragedia de entonces.

En medio de la rebelión chilena, el historiador Gabriel Salazar Vergara sostiene que ni Piñera ni el golpismo de Bolivia, ni Bolsonaro en otro contexto, se atreven a ocupar militarmente las ciudades y perpetrar masacres como hicieron hasta medio siglo atrás. Esto abona la hipótesis de reacción popular contra el golpe en Bolivia y el avance de la rebelión chilena hacia una salida sin Piñera y sin toda la “clase política” amarrada a la constitución pinochetista.

El de Bolivia contra Evo es un nuevo golpe de una historia continental cruenta de inestabilidad permanente basada en la dominación estadounidense, cuya presencia impide estabilizar economías y gobiernos. Curzio Malaparte, autor de La técnica del golpe de Estado, decía que no es otra cosa que un «recurso de poder cuando se corre el peligro de perder el poder». En el caso boliviano fue por haberlo perdido. La media verdad de Malaparte sirve para saber que las clases dominantes acuden a esto cuando se les agotan los mecanismos de dominio constitucional y parlamentario.

El historiador ecuatoriano Virgilio Rafael Beltrán destaca que en 1968 el 62% de Latinoamérica, África, Medio Oriente y Asia Sudoccidental estaban gobernados por dictaduras militares. En América Latina surgieron de golpes y en otras regiones brotaron de guerras, aparición y desaparición de Estados o revoluciones.

Con base en la biblioteca de Clacso, la cuenta del total de pronunciamientos militares documentados en 25 países (dictaduras largas más los golpes cortos), desde 1902 hasta la jugarreta en Bolivia 2019, resulta en que el continente sufrió 343 golpes de Estado.

Bolivia es donde se registraron más en el siglo XX: 56 desde la destitución de Daniel Salamanca en 1934, en plena Guerra del Chaco. Le siguen Guatemala (36 golpes desde 1944) y Perú (31).

En Panamá (24), se produjo el primero del siglo XX cuando en 1902, miembros de la Compañía que construía el Canal se alzaron en armas, ocuparon el Palacio de gobierno y separaron al país de Colombia, en acuerdo con agentes de Theodore Roosevelt y parte de la burguesía colombiana.Ecuador cuentan 23 asonadas; Cuba, 17 hasta 1952; Haití, 16 hasta 1995. Santo Domingo, 16; Brasil, diez golpes. Argentina, seis (entre el golpe contra Hipólito Irigoyen en 1930 y del coronel Mohamed Seineldín en 1991). Sin embargo, hubo una treintena de planteos entre 1959 y 1969: algunos terminados en «renuncias» estilo Evo o Chávez 2002. México vivió un solo golpe militar putchista, en 1929. Esta «anormalidad» se explica porque sus FF AA fueron integradas al Estado como institución cogobernante, en un fenómeno parecido a los de Cuba (1959), Nicaragua (1979) y Venezuela (2013), que conoció 12 golpes entre 1908 y 2002. Uruguay sólo registra cinco y Chile, seis. En Surinam, Jamaica, Guyana, Grenada y Trinidad & Tobago se dieron, desde 1965, unos 15 cuartelazos.

Desde 1983 bajó la estadística de los golpes en América Latina. En Argentina conocimos el de Semana Santa 1986 y el del 3/12/ 1990. Panamá registró otro el 5/12/1990; Perú en mayo de ese año. En Venezuela ocurrieron dos en un año: el del 4/2/1992 seguido por el del 27/11. Diez años más tarde fue el golpe proyanqui del 11/4/2002, derrotado en 47 horas por la insurrección popular. El de 1992, con Chávez a la cabeza tuvo propósito insurreccional, popular y antiyanqui, aunque de carácter putchista.

Dos enseñanzas quedan: pocos triunfan y si lo hacen se sostienen poco. Medio siglo de golpes y dictaduras feroces dejó instalado un rechazo social. Esa impronta de época cruzó hasta hoy. Su efecto difuso alcanza al golpe contra Evo. Necesitan disfrazarlo, está mal visto en medio planeta y nada asegura que se estabilizará.

Este golpe retoma algunos elementos de los triunfantes de los ’50, ’60, ’70. Pero no logra repetirlos en escalas y magnitud de tragedia. En medio de la rebelión chilena, el historiador Gabriel Salazar Vergara sostuvo que ni Piñera ni el golpismo de Bolivia, ni Bolsonaro en otro contexto, se atreven a ocupar militarmente ciudades y perpetrar masacres como las de medio siglo atrás. Abona la hipótesis de reacción popular ante el golpe en Bolivia y el avance de la rebelión chilena hacia una salida sin Piñera y sin la «clase política» amarrada a la Constitución pinochetista.

www.tiempoar.com.ar/nota/el-golpe-343

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