Publicado en: 24 febrero, 2018

¿ Amenazado el derecho al propio cuerpo?

Por Patrocinio Navarro Valero

El Gobierno holandés acaba de aprobar en febrero de 2018 una ley por la que sus ciudadanos se convierten en donantes forzosos de sus órganos a la hora de morir. Y a no ser que  individualmente hayan presentado un escrito de oposición a esta medida, sus cuerpos serán utilizados como más convenga.

Por Patrocinio Navarro

¿AMENAZADO EL DERECHO AL PROPIO CUERPO?

El Gobierno holandés acaba de aprobar en febrero de 2018 una ley por la que sus ciudadanos se convierten en donantes forzosos de sus órganos a la hora de morir. Y a no ser que  individualmente hayan presentado un escrito de oposición a esta medida, sus cuerpos serán utilizados como más convenga al Estado. Noticia escalofriante para cualquier persona que se detenga un segundo a pensarla. ¿Está en cuestión la propiedad de los propios órganos? ¿Se puede usar  nuestro cuerpo como almacén de repuestos orgánicos porque así lo determinen unos cuantos individuos desde un  Gobierno que sin duda no puso en su programa electoral semejante disparate que le restaría millones de votos?

¿No resulta alarmante este cambio de paradigma respecto al derecho de posesión del propio cuerpo en una nación supuestamente civilizada, democrática y avanzada socialmente?. A lo peor estas democracias son solo eso: apariencias. Si  en Holanda se mueren de repente o se olvidaron de haber firmado contra esa ley, su cuerpo será secuestrado “legalmente, civilizadamente y democráticamente”. Ya ven.

Nos hallamos ante un salto cualitativo en la relación Estado- ciudadano de una gravedad tal que resulta inexplicable que apenas se haya mencionado este caso  en los medios, y solo el mismo día que se aprobó la ley. ¿Casualidad? Imposible esta generalización del silencio mediático ante una noticia tan importante. Por lo tanto solo cabe pensar que  se ha lanzado un globo sonda para ver qué tal reaccionan los ciudadanos de los países supuestamente “civilizados, democráticos y avanzados” de la “cristiana” Europa ante semejante atrocidad. ¿Oyeron algo? Es tan profundo el sueño de los narcotizados que aunque les pique una víbora no se inmutan. Sin embargo deberían darse por aludidos, porque aunque se haya dicho una sola vez, la onda expansiva de esta noticia es tal que debería haber subido hasta el mismo Himalaya amplificada por las voces de alarma de medio mundo, entre las que ni siquiera están las del clero. Podríamos pensar que sería  natural su indiferencia hacia lo material y que  lo suyo son las almas si no conociéramos el fausto y la buena vida  con el que viven sus príncipes en todas partes.

Resulta espectacular así mismo  la falta de reacción popular  cuando sabemos cuánto amor, cuidados y refinamientos placenteros, tanto los holandeses como los  europeos en general dedican a su bienestar corporal en función de su capacidad adquisitiva. Sin duda  el culto al cuerpo está en todas partes  muy por encima del que merecería  el espíritu. Eso explicaría por qué en Europa sigue reinando el machismo patriarcal, sigue habiendo  alarmante número de abusos sexuales y maltrato a la mujer, y asistimos a tan  notable deterioro de  la ética en las costumbres y actitudes personales, que  el individualismo y la indiferencia hacia el prójimo crece sin cesar. Y explicaría por qué  sigue habiendo tan escasa reacción popular  ante los inmigrantes y refugiados por causa de las guerras con intervención europea que mueren  de hambre y frío ante nuestras narices.

Esta decadencia espiritual de Europa es el terreno de cultivo apropiado para que sean aprobadas leyes tan contrarias al interés personal y colectivo de los ciudadanos como la restricción al derecho de posesión del propio cuerpo, o las reformas laborales, que han empobrecido y arrojado al paro a millones de europeos sin que tales medidas hayan puesto en cuestión el autoritarismo estatal, como sucede en el caso de Holanda ante esta medida sin precedentes, si exceptuamos el extremismo del holocausto, del que le separan los resultados, pero no la filosofía que lo sustenta, que es la misma que sustenta la existencia de la pena de muerte. Un estado se arroga el derecho a disponer del cuerpo  de gentes como si se tratara de una propiedad a la que usar según conveniencia, incluida la de arrebatarle la vida si fuera necesario. Por ello envían soldados a sus guerras, decretan la pena de muerte, practican genocidios, y largo etc. En Holanda, por suerte,  solo se está en la primera fase.

Arrogarse el derecho a poseer los cuerpos de los ciudadanos es la máxima dominación visible  de  un Gobierno hacia sus gentes. Medidas como esta forman parte de un proceso que conduce  inevitablemente hacia estados policiales de corte neofascista donde los derechos y libertades menguan con cada nueva ley que se pone en marcha. El caso de España actualmente es un ejemplo claro. El caso holandés, si no encuentra resistencia, como al parecer sucede,  pronto podrá ser imitado por otros estados. Y es que el siempre es lo mismo: primero se restringe un derecho, luego se le va asfixiando poco a poco, y cuando su reducción se asimila por la sociedad, se elimina, y punto. Esta forma de proceder está llevando a este mundo hacia la dominación total de los poderosos hacia el resto, no solo de su economía; no solo de sus libertades civiles; no solo de sus informaciones, de su intelecto y hasta de su alma mediante hábiles programas de control mental mediático, en escuelas, iglesias y universidades. Tras esta escalada se halla la última frontera: el cuerpo de cada uno. Y después  ya no habría más que coger.

¿A qué distancia estamos del final de la pesadilla? Que cada uno piense y valore  su propia situación. Si quiere. O si todavía puede.

 

 

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