Altibajos en la relación de Cuba con Estados Unidos

Aquella superchería sobre los méritos de Obama fue lanzada por la Academia Nóbel de Oslo en octubre pasado, cuando debió explicar los motivos para concederle el premio de la Paz 2009. No convenció ni a la población de Noruega de la veracidad de ese fundamento.

En los lejanos frentes de Kabul y Bagdad se comprueba la continuidad bélica de la política del imperio, lo sucedido en el vínculo con La Habana se inscribe en esa misma política. Y se trata de un país ubicado a 90 millas de La Florida , que no significa ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos, como lo han admitido en sede judicial varios generales norteamericanos retirados, algunos de ellos ex jefes del Comando Sur.

La situación actual es contradictoria. Por una parte los representantes de los dos países se reunieron el viernes de la semana pasada en Cuba para tratar las migraciones y otros temas de interés común. El dato era muy positivo, teniendo en cuenta que durante la administración Bush, en 2003, estas conversaciones habían sido interrumpidas unilateralmente por Washington.

Pero por la otra el enviado estadounidense, apenas terminó la reunión formal con su contraparte isleña, citó a una runfla de mercenarios cubanos mal llamados “disidentes”. El subsecretario adjunto para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Craig Kelly, resumió esa historia contradictoria: fue el funcionario de mayor rango en visitar Cuba en muchos años y a la vez armó semejante provocación con oscuros personajes que viven de los dólares de la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA). Es el caso de Marta Beatriz Roque, Vladimiro Roca, varias Damas de Blanco y la bloguera Yoani Sánchez.

Esto último es lo que más ofendió al gobierno de Raúl Castro. No tanto que el visitante le hubiera reclamado la libertad de Alan Gross, detenido en diciembre pasado en La Habana bajo cargos de hacer espionaje para la CIA.

Al respecto, la abogada y escritora venezolana-estadounidense Eva Golinger escribió en Resumen Latinoamericano: “(el apresado) trabaja para la estadounidense Development Alternatives Inc. (DAI), uno de los grandes contratistas del Departamento de Estado, el Pentágono y la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos (USAID). El Congreso de EE UU aprobó 40 millones de dólares para promover la transición a la democracia en Cuba. A DAI fue otorgado el contrato principal, el Programa de Democracia en Cuba y Planificación de Contingencia, que además autorizaba el empleo de subcontratistas supervisados”.

Gross fue sorprendido por la seguridad del Estado en diciembre último mientras repartía teléfonos celulares y computadoras al grupo contrarrevolucionario.

Basados en este agudizado conflicto, medios argentinos titularon: “EE. UU. y Cuba, como en la Guerra Fría ”. Esto resulta inexacto y muy exagerado. En ese tiempo hubo una invasión norteamericana, cohetes soviéticos en la isla y alto riesgo de una guerra propiamente dicha, con el mal vecino agrediendo a Cuba. Hasta ahora las cosas no han escalado a ese nivel, si bien tratándose de EE UU nada puede descartarse.

Juegan fuerte

La movida de Obama ha sido muy provocadora. En relación a China, el presidente norteamericano visitó Beijing en noviembre último y demoró hasta hace unos pocos días para recibir al Dalai Lama en la Casa Blanca , sabiendo que ambas cosas no podían ser simultáneas. Hubieran saltado los tapones en su relación con Hu Jintao y el gran país socialista.

En cambio respecto a Cuba, el Departamento de Estado no tuvo ningún prurito de alentar en el gobierno de Castro expectativas de un cambio favorable con la visita de Kelly. Y este funcionario, a las pocas horas recibió en la sede de la SINA en La Habana a Roque, Roca y otros tipos a sueldo de quienes bloquean a Cuba desde 1962.

Al hacerlo, Hillary Clinton sabía perfectamente que el canciller cubano Bruno Rodríguez iba a reaccionar con un comunicado como el emitido el 20/2, donde acusó a las autoridades estadounidenses de que “sus prioridades se relacionan más con el apoyo a la contrarrevolución que con la creación de un clima conducente a la solución real de los problemas bilaterales”.

En la reunión de ambas partes del viernes 19/2, antes del cortocircuito, el Minrex (Ministerio de Relaciones Exteriores) había planteado a Kellyretomar el acuerdo por migraciones, que data de 1994. Según éste, EE. UU. debía conceder hasta 20.000 visas anuales a cubanos para viajar a ese país.

También fueron planteados asuntos para la cooperación en la lucha contra el narcotráfico, en defensa del medio ambiente, en cuestiones humanitarias (como la coordinación de ayuda al pueblo de Haití), contra el terrorismo y, por supuesto, la demanda de liberación de los cinco cubanos detenidos en Estados Unidos desde 1998 acusados falsamente de espionaje.

El adjunto principal de Arturo Valenzuela para Asuntos Hemisféricos, por su parte, reclamó la liberación inmediata de Alan Gross, cuya detención in fraganti evidenció que Raúl Castro también estaba dispuesto a jugar fuerte.

En 2003 el entonces presidente Fidel Castro había enviado una fuerte señal a George Bush –quien cavilaba sobre invadir Cuba luego de haberlo hecho con Irak-, al detener a 70 mercenarios y fusilar a 3 delincuentes que habían tomado por asalto una embarcación y llevarla con pasajeros a alta mar.

Ahora su hermano Raúl imita parcialmente la jugada, a un nivel inferior, con la detención del espía de CIA-DAI. El mensaje para Obama sería éste: estamos listos para negociar de todo, pero no permitiremos espionaje ni intromisión en los asuntos internos.

Malos antecedentes

El capítulo protagonizado por Kelly aún no ha concluido. El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento cubano), Ricardo Alarcón, declaró que aún hay posibilidades de retomar el diálogo.

Ojalá que así ocurra y las dos partes se sienten otra vez a la mesa, pero con voluntad de llegar a acuerdo en algunos puntos elementales.

Sin embargo los antecedentes de la parte norteamericana no pueden ser pasados por alto y ponen muchos límites a esa luz de esperanza que prendió Alarcón.

No se trata sólo del bloqueo ilegal condenado ininterrumpida y sistemáticamente por la Asamblea General de la o­nU desde 1992, los 638 intentos de la CIA por asesinar a Fidel Castro y la protección de esta agencia a terroristas como Luis Posada Carriles, quien planificó el atentado de octubre de 1976 en Barbados contra el avión de Cubana, donde murieron 73 personas.

Hay antecedentes negativos mucho más cercanos, propios de la administración Obama.

Uno es que el actual presidente prorrogó el bloqueo pese a la décimo octava votación de la o­nU que urgía levantarlo.

Otro, muy fresco, es que el gobierno de EE. UU. mantuvo a Cuba en la lista de “países que patrocinan el terrorismo” por lo que los pasajeros cubanos sufren controles y restricciones especiales. El 25 de diciembre pasado hubo un intento de atentado por parte de un yemení y el 5 de enero de 2010 los cubanos ya estaban pagando culpas ajenas. El Minrex denunció que eso “conllevó la aplicación de nuevas sanciones económicas, incluyendo el congelamiento de transacciones financieras, prohibiciones de transferencias de tecnología y medidas restrictivas y de aislamiento”.

Las tareas de ayuda a Haití, luego del terremoto, han confirmado las diferentes actitudes de las partes y sembrado un obstáculo por parte del imperio.

Cuba ofreció de inmediato facilidades para que aviones norteamericanos pudieran volar por su espacio aéreo en la medida que lo requiriera el transporte de heridos desde Haití a EE. UU. La otra parte no ablandó ninguna de sus restricciones para con la isla socialista.

Como es sabido por los lectores de LA ARENA (no así los de medios afines al monopolio), los médicos cubanos están ayudando en Haití desde 1998. Y como dijo el coordinador de esa brigada médica, Carlos Alberto García: “estaremos aquí cuando todos se hayan ido”.

En cambio Obama aprovechó el sismo para enviar 22.000 soldados, con numerosos barcos, aviones, tanques, etc. Sus vehículos artillados Humvee recorren las calles de Puerto Príncipe, apuntando sus armas contra los haitianos pobres. Pero esa fuerza bélica, que piensa quedarse allí mucho tiempo, en definitiva es un peligro para la vecina Cuba ( 48 millas ) y Venezuela.

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