Allá por los “lager”: Mauthausen ( y III )

Confesiones de un superviviente narrado por su joven pariente

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Por Iñaki Urdanibia

En agosto de 1938 comienza el funcionamiento del campo austriaco, ubicado en las cercanías de Linz, en proximidad de la cantera más grande de granito de Austria. Hasta 1942 su finalidad es fundamentalmente represiva, cuya finalidad es acabar , por agotamiento, con la vida de los detenidos considerados irrecuperables. A principios de 1945, era el campo más superpoblado, debido a la concentración de detenidos ante el avance del Ejército Rojo, como consecuencia de tal masificación las condiciones eran realmente espantosas. Se estima que unos 200 000 prisioneros pasaron por el campo enter su creación en 1938 y su liberación en mayo de 1945, siendo asesinados 120 000 de los deportados. Fue el campo en el que las tasas de mortalidad alcanzaron las mayores cotas. En 1940, se contabilizó hasta el 76% de muertes. Al final, el campo fue liberado por las tropas americanas.

Etxaun Galparsoro ( Donostia, 1980) presenta en « Bilbao en Mauthausen. Memorias de un deportado vasco» ( Crítica, 2020) la ajetreada vida de supervivencia de su tío abuelo Marcelino Bilbao Bilbao. No lo tuvo fácil el protagonista de esta historia, ya que fue abandonado en las orillas del río Cadagua, siendo hallado por una persona que oyó su llanto llevándolo al hospicio ( « Marcelino vino al mundo en el cinturón industrial de Bilbao, pero nunca supo cuándo, ni dónde. Ni siquiera sabía quien lo había parido») . Adoptado por una familia numerosa ya desde joven hubo de ponerse a trabajar, buscándose la vida en trabajos varios ( primero en la mina La Primitiva, luego en una empresa de hilaturas de yute, experiencia que le sirvió para tomar conciencia de las injusticias que padecían los trabajadores lo que le llevó afiliarse en las Juventudes Socialistas Unificadas. A resultas del alzamiento fascista acudió al combate integrado en un grupo de la CNT, alcanzando el grado de teniente en el batallón Isaac Puente; en su periplo bélico fue testigo del bombardeo de Gernika y participó en la batalla de Teruel, en la ofensiva de Aragón y en la batalla del Ebro, siéndole concedida la medalla al valor. En este último frente luchó junto a los brigadistas internacionales con quienes volvió a encontrarse en Mauthausen.

Tras pasar la frontera, fue recluido junto a otros muchos de los que huían en los campos de Saint-Cyprien, Argèles-Sur:mer y Gurs). Los refugiados parece que quemaban a las autoridades franceses que trataban de deshacerse de ellos: o bien repatriándolos a su país de origen o bien extraditándolos a otros países, especialmente a Latinoamérica. Muchos de los legados fueron aprovechados como mano de obra barata cuando no gratis; allá parecía que se abría una puerta de esperanza para Marcelino y sus compañeros: ir a trabajar a Las Landas como leñadores…poco duró aquello y que concentrados en el campo de Septfonds fueron trasladados a la célebre línea Maginto, en donde hubieron de trabajar como verdaderos burros de carga…severa Marcelino que « el 80% de las casamatas de la línea Maginot las levantamos nosotros…».

Detenidos por los alemanes hubieron de seguir trabajando para ellos cortando los alambres de espino que bordeaban el Rin…el control sobre ellos, de todos modos, fue en aumento hasta que comenzaron a asomar los primeros agentes de la policía secreta, la temida Gestapo, y con ellos los hábiles interrogatorios, a resultas del primero de ellos a Marcelino le partieron la cara al pensar que se estaba riendo de ellos al declarar que su nombre coincidía con el de su ciudad natal; realizadas las correspondientes pesquisas, la policía franquista confirmó que el detenido no mentía. De allí a Mauthausen y allá el recibimiento brutal de los SS con sus canes que en medio de la nieve no cesaban de gritar y golpear a los que descendían del tren; siendo llevados a la fortaleza a ritmo marcial y en medio de alaridos y golpes…y la población civil que por lo visto no se enteraba de lo que sucedía ante sus narices.

Fue en la madrugada del 13 de diciembre de 1940 cuando Marcelino y ochocientos detenidos más llegaron al lager, y allá vieron a algunos detenidos que deambulaban como almas en pena. Control de sus cuerpos desnudos a veinte grados bajo cero, y allá se inició la temporada de frío, hambre y miedo siendo éste último lo peor, cuya difícil superación era el único modo de sobrevivir. Barracones, duchas heladas, y una desinfección a base de brochazos de azufre y posteriormente a vestirse con la ropa que se les suministraba , ropa que anteriormente había pertenecido a otros detenidos. Un prêt-à-porter aleatorio que hacía que las vestimentas no correspondiesen para nada con la talla requerida; ante cualquier asomo de desobediencia golpes brutales y la muerte que comenzaba a convertirse en moneda al uso.

Y allá comenzó el infierno en estado puro, en una barraca , la n.º 18: Al Capone en donde los dueños eran los piojos, que imponía su ley sus continuos y masivos ataques; los problema del desconocimiento de la lengua lo que suponía graves consecuencias ya que no entender las órdenes recibidas suponían desobediencia lo que traía emparejado el castigo correspondiente o la muerte inmediata; precisamente al poo de llegar el no guardar la fila como correspondía costó a Marcelino un golpe que casi acaba con él, golpe que le supuso estar postrado algún tiempo. Marcelino da cuenta de que él conocía perfectamente su número, 4628, pero no sabía cómo se decía…la solución venía de la ayuda de los comunistas alemanes detenidos. La muerte erigida en dueña del campo cuando llegaban los convoyes de nuevos detenidos, que eran recibidos por el salvajismo aniquilador de los SS que no se privaban de liquidar llegado el caso a todo el contingente; espectáculo dantesco al que puede añadirse aquel otro relato del espanto ante el suicidio de unos judíos lanzándose contra las vallas electrificadas ante la visión del destino que se les reservaba . La angustia era pensar que tras la masacre de los polacos llegaría el turno de los españoles… y el salto a la cuerda para comprobar el estado en la que se encontraban los obligados a saltar y a quien tocase la cuerda le esperaba el traslado inmediato al campo de Gusen.

Con medios rudimentarios algunos deportados elaboraron un balón y cundió la propuesta de organizar algunos partidos de fútbol; proyecto que parecía que fuese impensable que los guardianes del campo pudieran aceptar, y que sin embargo fue permitido por éstos. La habilidad en el juego por parte de Marcelino fue una de las causas fundamentales de sus supervivencia ya que el brillar en el juego atraía las simpatías en torno a su persona por parte de otros detenidos y , muy en especial, por los kapos que eran quienes movían los hilos del mecanismo aniquilador puesto en marcha, tales amistades suponían mayores raciones de alimento, lo que unido a la participación en algunos tejemanejes nada limpios, de contrabando , y a una serie de circunstancias azarosas fueron las que hicieron que el bilbaíno saliese con vida del infierno, tras pasar, ya en marzo de 1944, por otra de su sucursales, el campo de Ebensee. Ya en 1943 habiéndose aflojado un poco el funcionamiento del campo, ante las sucesivas derrotas alemanas en los frentes, algunas responsabilidades de auto-administración de los prisioneros cayó en manos de los detenidos españoles lo que hizo que Marcelino fuese cambiado al Block 11 en donde estaban concentrados los republicanos españoles…esto, no obsta, para que Bilbao desvele , frente a la hagiografía de los comunistas sobre su solidario comportamiento, que no destacaron precisamente por lograrle condiciones ventajosas, sino que en su caso vinieron de los ambientes de los bandidos alemanes, los criminales y los kapos…[ por simple asociación me vienen a la mente aquellas reflexiones de Primo Levi sobre la zona gris, y sus argumentos acerca de que los que habían sobrevivido-incluyéndose a sí mismo- lo habían hecho gracias a los privilegios conseguidos y a costa de otros…de donde la culpabilidad propia de los supervivientes]. Detallada queda igualmente su participación en el comité de resistencia y en las medidas que esta adoptaba de cara a organizar la defensa y la posibles vías de huida ante las últimas posibles embestidas de los nacionalsocialistas que veían cercana su derrota y podían usar de los detenidos como rehenes y objeto de su venganza…momentos de temor ante la cercanía de la posible muerte o de ser entregados a las huestes de Franco…El 6 de mayo de 1945 acabó la experiencia y ya en libertad a Viena, de allá al Hotel Lutetia parisino, y…el comienzo de una nueva vida.

Se nos cuenta también cómo Marcelino resistió la prueba de los demenciales experimentos que allá realizaba el émulo de Mengele de turno, Aribert Heim que le inyectó benceno en el corazón; muchos de quienes habían sido ratas del siniestro laboratorio fallecieron, Marcelino fue de los que subsistió

La historia oral que Marcelino Bilbao narró a su Sobrino, Etxahun Galparsoro, es recogida con fidelidad y narrada ateniéndose al principio de realidad y verdad por parte de este último, sirviendo así la obra para conocer no sólo los padecimientos del protagonista sino el telón de fondo del campo de concentración con sus ignominiosas condiciones de vida.

La obra es completada con unos anexos , con cifras, acerca de los republicanos en el último de los campos nombrados …Lo cual denota la ampliación de la mirada de Etxahun Galparsoro, que de lo particular, y familiar ( entiéndase que muchos de sus compañeros acompañan el retrato de Marcelino), extiende su mirada a horizontes más generales acerca del fenómeno de la deportación, que en el caso de los vascos está un tanto desatendido…si se exceptúa, tal vez, en lo que yo alcanzo, el trabajo sobre Gurs de Josu Chueca…

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