Aliado de la CIA y del proconsul McCarry, condenado a 30 años

Emmanuel "Toto" Constant, jefe de un escuadrón de la muerte haitiano respaldado por la CIA que masacró, torturó, aterrorizó a miles de sus compatriotas, cuyos cómplices colaboraron luego con otro agente, el hoy procónsul para Cuba Caleb McCarry, acaba de ser condenado en Nueva York a 30 años de prisión.

Solo que la condena no ha sido por crímenes contra la humanidad, sino por un millonario fraude inmobiliario.

Algunos comentaristas llegaron a nombrar a este mercenario haitiano el "Savimbi de Haiti" por su colaboración ciega con la CIA y la Embajada norteamericana de Puerto Príncipe, en su guerra sucia contra el gobierno legitimo de Jean-Bertrand Aristide.

Varios tenientes de este gangster nunca juzgado por sus crímenes más horribles y protegido por la administración Bush, dirigieron las tropas mercenarias que secuestraron y expulsaron de la isla, el 29 de febrero de 2004, al mandatario haitiano en un plan manejado por el funcionario norteamericano McCarry.

Dos cómplices de Constant, los mercenarios Louis Jodel Chamblain y Jean Tatoune, encabezaron lo que CNN llamó las "fuerzas rebeldes", al lado de otro cabecilla aliado de la CIA, Guy Philippe, que aparecieron en la frontera dominicana y ocuparon la capital con el apoyo de las fuerzas yanquis.

En Nueva York, en el 2006, Constant fue arrestado e inculpado por tramar una estafa para aumentar exageradamente los precios de propiedades inmobiliarias mediante la venta a testaferros.

El Juez Abraham Gerges, al sentenciar a Constant a 30 años, reconoció que éste tenía un "historial verdaderamente atroz de violencia, asesinatos, tortura e intimidación".

Desde años, la comunidad haitiana reclama sin éxito el enjuiciamiento de Constant por el conjunto de sus crímenes contra el pueblo de la isla caribeña.

En el 2004, gracias a una demanda civil interpuesta por un grupo humanitario de abogados, el asesino haitiano convertido en millonario neoyorquino fue condenado a pagar 19 millones de dólares de indemnización a tres mujeres, torturadas y violadas por sus tropas en circunstancias indescriptibles.

Sin embargo, las autoridades del Departamento de Justicia se quedaron de brazos cruzados a la hora de acusar a este fiel socio del Departamento de Estado y de los órganos de inteligencia de EE.UU.

McCarry sigue hasta ahora al frente de la organización creada por Bush para espiar, subvertir y derrocar a la Revolución cubana.

De la misma forma que en el 2004, usó a elementos criminales para llegar a sus fines en Haití, McCarry maneja hoy el Plan Bush contra Cuba y su "anexo secreto", junto a los más recalcitrantes capos terroristas de la fauna mafiosa cubanoamericana.

Todo en perfecta coordinación con la misma Casa Blanca que ha protegido a Luis Posada Carriles y Orlando Bosh y encarceló a cinco antiterroristas cubanos que monitoreaban sus actividades.

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