Algunos consejos de un ciudadano común al nuevo presidente de los Estados Unidos de América

Algunos consejos de un ciudadano común al nuevo presidente de los Estados Unidos de América.‏

Por Orlando Cruz Capote

Acostumbrados a los textos que aconsejan a Cuba esto o lo otro, hemos disfrutado este texto de alerta al Presidente electo:

“A fuerza de decir siempre la verdad, cuando comenzó la campaña electoral en los EE.UU., no estaba convencido de que la candidatura de un senador demócrata negro pudiera ganar las elecciones presidenciales. Porque también pesaba en su contra el hecho de ser descendiente de irlandesa y kenyano, y de tener un pasado, no muy claro, que lo vinculaba a la religión musulmana -lo cual refutó-, pero a lo cual no eran ajenos ni siquiera su nombre y apellidos: Barack Obama.

En plena campaña oficial contra el islamismo «fundamentalista» que, según los servicios de inteligencia estadounidenses son el alma y cerebro del terrorismo internacional, el gobierno de George W. Bush -¿o de Dick Cheney?-, había exacerbado esa idea no solo en el país, sino en el mundo entero, aunque nunca pudieron demostrar que un país musulmán estuviera detrás de los atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. La organización Al Quaeda, no podía ser suficientemente fuerte como para penetrar y golpear el corazón del imperio, y si lo hizo fue de forma asimétrica, avistando la debilidad del contrario. Lo que llevaba a pensar que al descartarse a Saddam Husseim, los afganos, los iraníes y los sirios, ¿y Arabia Saudita?, como posibles organizadores del ataque artero y criminal resurgiera, una vez más, la teoría de la conspiración interna, como justificación ideal para lanzar los programas más belicistas aprobados desde hacía algunos años. Por eso no estaba contra la lógica que Obama sufriera un revés de envergadura en su recién carrera política. Sin embargo, la percepción y visión de muchos intelectuales y politólogos me indicaba que era posible que Obama llegara ser presidente, a pesar de los pesares.

La segunda de mis dudas, era la raza del aspirante y la gran popularidad de su oponente dentro del partido, una mujer abogada muy inteligente con proyecciones sociales reconocidas con anterioridad: Hillary Clinton. Después los caminos y azares, siempre impredecibles de la política, eliminaron esa barrera. Pues el contendiente de la raza de color habló no solo como demócrata, sino como estadounidense, volviendo difusa su pertenencia a un partido, a una raza, a una posición de derecha, centro-derecha o liberal-moderada, o sea su discurso era el de un dirigente que intentaba representar a la mayoría de los estadounidenses, incluyendo a las mujeres y los jóvenes, a los latinos y los afronorteamericanos. Parecía un independiente, vendiendo de forma meridiana y coherente sus ideas-mercancías de múltiples promesas socioeconómicas y políticas, todas encaminadas hacia el «Big Change».

La tercera de mis dudas, era la juventud de un hombre de 47 años que se proponía el cambio en los EE.UU., consigna que siempre fue su bandera. La inexperiencia y el poco entrenamiento del senador negro en las lides electorales, donde vale todo, se enfrentaba ante una maquinaria republicana bien engrasada, con apoyo de sectores ultraconservadores religiosos y políticos, económicos y culturales. Me era imposible pensar que ese joven pudiera arrasar -tal como sucedió hace dos días-, con un viejo militar y político que tenía un discurso a tono con la situación del miedo existente en la sociedad norteamericana ante el terrorismo, de querer vencer a toda costa en las guerras lanzadas por la administración Bush, y porque el patrioterismo norteño no se ha estremecido aun masivamente con las miles de víctimas, muertos (más de 4 mil soldados) y heridos en Irak y Afganistán. Aunque percibía y reflexionaba acerca del desgaste de los republicanos y, en especial, en los neoconservadores, en el poder desde la época de Ronald Reagan, nunca supuse con certeza que ese deterioro estaba también incidiendo hacia dentro de ese conglomerado, que comenzó a variar de táctica y método, aunque su estrategia de dominación total del planeta no ha sido abandonada. Pero el pragmatismo político comenzó a imperar en sus filas y a dividirlas inexorablemente.

Luego, la poca distancia tomada por McCain con respecto al mandato, los dislates y disparates del bushismo, me hicieron ver que era una gran oportunidad de que Obama venciera, ante esa vejez -en dos sentidos- de su rival. Además, Obama se demostraba como un líder carismático, orador ágil y calculador en las respuestas y en cualquier escenario público que se moviera, muy hábil en la conducción de la campaña, evitando caer en la chapucería habitual del sistema electoral y en errores garrafales que empañaran sus propósitos. Era, y debe seguir siéndolo, un individuo abierto a los diálogos y no pertenece a la generación de la Guerra Fría, tan invocada en estos días cuando Rusia respondió acertada y rápidamente la agresión de Georgia contra Abjasia y Osetia del Sur, que estaba amparada por el gobierno estadounidense. La retórica diplomática-militar de EE.UU. dio tanta lastima que el presidente de Francia, Sarkozy, en un rápido viaje a Moscú, ayudó a solucionar la crisis, sin que los rusos cedieran un ápice en sus derechos en la zona de conflicto, en el que habían muchos ciudadanos rusos implicados y que su accionar decidido está respaldado por los acuerdos internacionales firmados entre las partes. La gira de Sarkozy, salvaba de paso el seguro suministro de petróleo ruso para los países más desarrollados de la vieja Europa.

La tercera, y la última incertidumbre, era la incógnita de cuál agenda-programa de gobierno podía traer ese candidato que pudiera articular tantos intereses y demandas de la sociedad estadounidense actual. Al final, no me quedó más que pensar, acertadamente, de que él era un hombre del sistema capitalista-imperialista, y que sus cambios, necesarios pero no trascendentales, no alteraban, ni afectarían, las estructuras del mismo. Pero si podía haber un cierto cambio -y no digo solamente cosmético-, porque eso sería denigrar a alguien que todavía no ha tenido tiempo de demostrar sus intenciones reales, sino la de mejorar la imagen de los EE.UU. y su rol en el mundo actual, tan necesario en las búsquedas de consensos en el exterior y al interior de la nación. Imagen tan vilipendiada y rebajada -ese antinorteamericanismo del que se escribe y se habla, que no es más que el repudio a la política intervensionista de sus gobernantes- ante la opinión publica nacional e internacional.

Para rematar las posibilidades reales del triunfo demócrata, el sistema capitalista cae envuelto, en los días finales de la campaña, en una crisis económica-financiera de, hasta ahora, inimaginables proporciones y alcances temporales, y que su génesis fue la bancarrota del régimen inmobiliario-hipotecario, la banca acreedora y crediticia y el despido de obreros -¡sí, obreros, calificados y menos capacitados, de la ciudad y el campo!- de la industria y los servicios en los Estados Unidos. En fin, una crisis cíclica del modo de producción capitalista, a la cual Carlos Marx dedicó gran parte de su obra escrita.

Y ante esa realidad, de que Estados Unidos entraba, y ya se encuentra, en una etapa de recesión ocasionada en parte por los grandes gastos de guerra y de inflar desmesuradamente una burbuja financiera y una economía de casino global, regional y local, que no era en absoluto productiva, la administración saliente, la más impopular de la historia de ese país en la contemporaneidad, impuso la compra de los bancos arruinados -un adiós abrupto al modelo neoliberal, ante los ojos atónitos de los mandatarios del Tercer Mundo, que aun creían consciente e inconscientemente en los dictados y las bondades del mismo- y un salvatage salvaje al introducir más dólares-papeles (sin respaldo en oro) en todo el sistema bancario central norteño y en el de sus socios capitalistas, poderosos y subalternos. Ahora, Obama no podía perder la oportunidad de golpear, al último causante del problema, a los gobiernos republicanos y, en especial, al de Bush. Y McCain, escaso de ideas y de cultura económica y política en época de crisis, ni tampoco para un largo plazo, no pudo responder casi nada ante esos hechos incontrovertibles.

Resultado: la victoria del senador demócrata negro Barack Obama, un hecho insólito en las tradiciones políticas de ese país, que ha sufrido y aun padece del atávico esclavismo -todavía se descubren trabajadores con esa condición en el sur de la frontera con México-, del apartheid y la segregación racial, más la discriminación abierta y solapada en todas esferas de la sociedad. El destape de la captura de dos grupos de «supremacía blanca» y neofascistas que preparaban atentados contra el aspirante sirven de botón de muestra de ese racismo arraigado en las mentes, la ideología y la cultura de alguna gente de ese país. El regreso brutal del Ku-Klux-Klan no podía ser obviado y, menos, olvidado. Si fue una amenaza real o ficticia, no es de importancia relevante si recordamos que Colin Powell fue también intimado de asesinato, hasta que decidió retirar su candidatura, hace algunos años atrás.

Los consejos.

Como nadie debe llamarse a confusión, ingenuidad e ignorancia política, lo que propondré al flamante presidente de los Estados Unidos de América, no es un programa seudo-socialista, ni siquiera tan a la izquierda del centro, de lo que puede realizar un hombre del stablishment en ese país, porque tampoco se le puede pedir peras al olmo, pues se parte de una premisa falsa: el olmo nunca ha dado peras.

Un comentarista internacional aseveró que con Obama, comenzaba una nueva «Era para los Estados Unidos de América»; ese slogan me pareció similar a uno utilizado con la llegada al poder de William Clinton, el mandatario que bombardeó indiscriminadamente a Belgrado y llevó hasta las últimas consecuencias el bloqueo contra Irak. Otro me escribió que, aunque no fuera de contenido, su figura supondría de seguro un nuevo sentido de hacer política en esa nación. Un tercero, acotó, con aires de descubrir algo novedoso que el hecho de que el candidato había recurrido a las frase-tesis de redistribuir más justamente el producto o las riquezas para todos los ciudadanos, parafraseándolo, lo simbolizaba como un socialista o un representante de una izquierda moderada. Un cuarto, afirmó que él era representante, más o menos, genuino de las necesidades de los negros norteamericanos y que a ellos debía rendir cuenta de las promesas de su campaña y, que por eso, una parte importante del contenido de su programa debía ser cumplido, ante la población negra y latina que de seguro votarían por él. Un quinto, y con esto acabo las observaciones interminables, que Barack era un mandatario que iba a obligar a cambiar las percepciones de las élites de poder del Imperio del Potomac, hacia Africa y América Latina.

Como era un debate, de esos que se promueven entre observadores políticos, encuestadores de opinión, cientistas sociales y gente común, tuve que recordar que hasta los miembros del Partido Socialista estadounidense -no muy numerosos, por cierto-, respondieron velozmente que esa propuesta, y menos Obama, era socialista, ya que en todo caso fue una acusación ideologizante de McCain y de la Palin. ¡Ay, la Palin!, pésima elección para la responsabilidad de vice-presidente, en la Convención Republicana, que tuvo un costo enorme para McCain y su equipo de asesores, porque fue incapaz de alfabetizarse políticamente -la superación cultural era un imposible- y que hizo declinar la prosperidad electoral del piloto de guerra preso y, fingidamente, declarado torturado por el vietcong en los años de la guerra de agresión contra Vietnam del norte, específicamente, Hanoi. Para mayor mala suerte de McCain, el vietnamita que estaba custodiándolo y brindándole seguridad, alimentación y cuidados excesivos, aun vive. Y explicó, con toda la paciencia asiática, que por ser un alto oficial de la poderosa Air-Force, estaba detenido en condiciones más que normales, que conversaban normalmente y que nunca fue maltratado, porque formaba parte intrínseca de la ética-política de la patria de Ho Chi Minh, hacia los prisioneros de guerra. Y que, además, constituía un trofeo cambiable en las negociaciones de paz, llevadas a cabo entre las delegaciones de su país agredido y el agresor imperialista. Y le deseó lo mejor, que lo admiraba y que deseaba que ganara. ¿? Esas fueron de seguro las interrogantes de los que leyeron esa noticia y hasta del propio McCain. Tanta verdad y humildad del viejo carcelero, no le cabía en el cerebro adoctrinado y «desmemoriado» del candidato de línea dura.

Asimismo, rememoré que una cosa decía un candidato antes de llegar al poder y otra expresaba y hacía cuando estaba ya posesionado en el mismo. También recordé que Barack Obama fue el candidato que más dinero recaudó en la campaña -incluso podrá pagar las deudas de la Clinton-, por lo que es abiertamente conocido que ha llegado muy comprometido a ese alto cargo. ¿Quién brindó ese dinero que, incluso, permitió al entonces candidato, renunciar al monto oficial del gobierno y del contribuyente -33 millones de dólares-, gesto muy popular, pero también muy populista? Los que seguimos con atención estas elecciones y el contexto histórico-concreto en que se desarrollan, conocemos y comprendemos que todo ese financiamiento y donativos tienen que provenir de las grandes corporaciones estadounidenses-transnacionales, que pagaron hasta sus anuncios mediáticos. Incluso en los últimos días, Obama puso un video de más o menos media hora, transmitido de costa a costa, por las cadenas televisivas de ese país a un costo de más de 5 millones de dólares. ¿Por qué tanta benevolencia de la prensa y los medios de comunicación masiva ante el candidato negro? ¿A qué costo político debe pagar esos favores? ¿Cuáles son las mermas que debe sufrir en el uso de sus enormes prerrogativas como Presidente de la nación más poderosa de la Tierra?

En el caso de África y América Latina, expresé que él no iba a imponer un cambio, sino que al contrario, específicamente los latinoamericanos le estaban indicando el camino a seleccionar para conversar, dialogar y comprender al mundo de hoy. Era el futuro presidente quien debía aprender y aprehender lo que sucedía en el Sur geopolítico y subdesarrollado, para que hiciera una agenda adecuada de conversaciones y arreglos en el trato con sus impares: los indígenas, los diversos gobiernos de izquierda, los nuevos y tradicionales movimientos sociales y políticos, la gran diversidad de actores sociales antisistémicos o no, que estaban en el escenario regional antes que el senador se postulara. Si no lo asumía de esa forma, los procesos en curso podrían tomar caminos muy violentos y contrarios a la hegemonía declinante estadounidense. En cuanto a Africa, repensé que los líderes de ese continente no estaban esperando mucho del señor presidente de los EE.UU., aunque simpatizaran con el color de su piel, sino que se encontraban en la expectativa, escéptica y pesimista por cierto. Porque si los europeos querían más consenso y más multilateralismo, los africanos, los latinoamericano-caribeños y el Tercer Mundo en general, lo tenían en primer plano de su agenda política, desde hacia mucho tiempo.

También refresqué la memoria y precisé que, el 8 de julio de este año, se había reunido en Chantilly, Virginia, el Think Tanks internacional Bilderberg. Esta fundación ultrasecreta creada en 1954, realiza sus congresos por tres años consecutivos en países europeos y, luego siempre utiliza el territorio estadounidense. El escueto artículo al que haremos alusión afirmó que: «[…] Los Amigos Estadounidenses de Bilderberg, un grupo de fachada estadounidense que organiza la lista de participantes estadounidenses para la conferencia anual Bilderberg, publicaron un raro comunicado de prensa este año. Declaró que: «La Conferencia tratará sobre todo de un mundo libre de armas nucleares, del ciber-terrorismo, África, Rusia, finanzas, proteccionismo, relaciones EE.UU.-UE, Afganistán y Pakistán, Islam e Irán». (1) Este grupo, que incide influyentemente en la formulación de políticas para la Unión Europea y los Estados Unidos, invita a sus conclaves a los grupos más adinerados y poderosos económica y políticamente de todo el orbe, incluyendo a empresarios, jóvenes y de mayor edad o experiencia. Se dice que Barak Obama fue invitado a última hora a esa reunión, hecho que nunca desmintió, aunque es cierto que tampoco lo confirmó. En la misma, también se rumoreó, fue seleccionado el vice-presidente para la gran fórmula ganadora, aunque a contrapelo de la fuente utilizada en la lista no apareció el nombre de Biden, como posible candidato. Lo cierto es que Obama no montó en el avión que lo regresara, junto a la Clinton, y se quedó en Virginia luego del acto electoral, y según algunos de sus asesores, lo hizo calladamente, porque se trataban de compromisos individuales de la campaña presidencial. Eso sucedió, de forma similar, con William Clinton y este luego llegó a su responsabilidad en la Casa Blanca, en 1990. La anécdota no es para tomarla como una verdad histórica pero, «cuando el río suena es porque algo trae o arrastra» y es, en ese sentido, que la incorporamos en este artículo, porque no sería descabellado pensar que hubiera sucedido realmente. Porque nadie tiene la verdad absoluta en sus manos y está demostrado que los consensos transnacionales se realizan a puertas cerradas y que tales miembros actúan como un Opus Dei global.

Además, estábamos inmersos en una etapa transicional del sistema-mundo capitalista, y cualquier líder inteligente lo debía conocer -o su grupo de funcionarios y asesores-, porque si desconocía esa realidad de crisis civilizatoria, epocal, de culturas e ideologías, el programa enarbolado por cualquiera en cualquier país, caería en una especulación abstracta y en un irracionalismo total, no ayudando a la reestructuración del sistema y tratar de sacarlo de este ciclo de crisis, sino que podría ser contraproducente para el capital transnacional, dando al traste con el mismo. Y en la otra probabilidad de solución negativa, podría suceder que sus aliados, ansiosos de ocupar ese lugar dominante y hegemónico, le ganaran esa carrera económica-comercial y financiera, relegándolo a una potencia de segundo o tercer orden.

Pero yendo al grano de este artículo, los consejos que le haría llegar a Barak Obama, serían los siguientes:

1) El presidente de los EE.UU. tiene que realizar una mirada bien autocrítica hacia lo que acontece al interior de su país y solucionar múltiples problemáticas en el seno de la sociedad norteamericana. Por lo que debe constituir un grupo de gobierno, asesores incluidos, que sean capaces de lidiar de forma inteligente, consciente y realista con la crisis económica. Una potencia económica, comercial, política, financiera, militar y cultural de esa categoría, no puede darse el lujo de poseer tan alto grado de desigualdades en una población que, aunque se pregone de clase media -que no es más una parte de la fantasía del gran «Dreams American»-, porque lo que demuestra es que está totalmente polarizada con una minoría de ricos, multimillonarios y millonarios de un lado y una mayoría viviendo en la incertidumbre de caer en niveles extremos de pobreza, en el otro. No menciono la forma de cobro de los impuestos, porque el señor Barack Obama, en su programa electoral advirtió que obligará a los ricos a pagar más y a la clase media y pobre, menos.

Igualmente, no debe permitir tantos individuos subsidiados para evitar eclosiones sociales y populares, porque la ganancia-plusvalía se obtiene en su gran parte de la producción del obrero asalariado, aunque hoy sea, en algunas zonas, un ingeniero o un técnico especializado de alto nivel; no puede poseer muchos desempleados (la última cifra rondaba los 700 mil), así como a personas y familias sin seguros médicos y de salud, en general, que en épocas de crisis aumentan irremediablemente, y que servirían de caldo de cultivo en explosiones sociales; no puede permitir que haya tanta droga en las calles, que no solo la recibe del exterior -como gustan decir para excomulgar sus culpas- sino que se crean y procesan en laboratorios químicos internos, y que además es el mayor consumidor de ellas en el planeta, por lo que la sociedad está irremediablemente enferma; no puede seguir autorizando el derecho a comprar y usar armas de fuego de cualquier calibre, de fácil acceso a cualquier ciudadano común, que matan a centenares de seres humanos cada año, incluyendo violencia y asesinatos en escuelas primarias, secundarias y universidades; no puede permitir que la educación no alcance a toda la población y que existan tanto analfabetos funcionales, porque en este mundo global de saberes, eso sería un gran paso atrás, y no pueden continuar con la pretensión de comprar-robar cerebros a otros países.

Paralelamente, su visión acerca del funcionamiento interno del Estado norteamericano, tiene que abarcar una reducción necesaria de la burocracia y la tecnocracia, que se dedica, por ejemplo, a la ingrata tarea de perseguir con saña a los intercambios de todo tipo que Cuba realiza con otros países del mundo, a nombre del bloqueo, que ellos denominan técnicamente embargo, y que cobran salarios exuberantes; debe luchar para que no se practique en el país el antidemocratismo, en la autoproclamada, paradójicamente, la nación más democrática del mundo y que, sin embargo, vive en constantes sobresaltos de corrupciones de altos y medianos políticos, funcionarios y empresarios, fraudes al fisco, y hasta en las propias elecciones; que combata el alto abstencionismo político, no funcionable como en el caso de su elección, gracias al cual ganó el apoyo de estos sectores indecisos o anteriormente inertes y despreocupados votantes, y que al final decidieron su puesto en la White House; evitar que proliferen y se multipliquen los grupos xenófilos y racistas, y hasta neofascistas que, aunque según se dice están bajo control del FBI, continúan sus actividades al amparo de los variados servicios de seguridad; impedir que se viole constantemente los derechos humanos bajo el amparo de una «Ley Patriótica» que permite inmiscuirse en la vida privada de las personas y que exista un centro penitenciario en la Base de Guantánamo, territorio cubano ilegalmente ocupado, en que permanecen centenares de prisioneros en un limbo jurídico de más de 4 años (aunque el inicio de los juicios militares demuestren que son pocas las pruebas fehacientes para inculpar a la mayoría de los encarcelados); tampoco puede dejar que se pregonen y se aprueben legislaciones anti-migratorias cuando su nación es la que más necesita de la inmigración de extranjeros -una población con alto índice de envejecimiento y que siempre ha sido una sociedad de emigrantes-, especialmente mano de obra calificada y otra que sea capaz de realizar el trabajo más barato y sucio, y al mismo tiempo, se desarrolle una política migratoria discriminatoria y selectiva, poniendo en juego la vida de familias enteras que están indocumentadas en ese territorio y que solo envían sus pingües ganancias hacia su país de origen, etc. En fin una gran tarea a lo interno, de la cual hemos señalado algunos elementos, pero que son muchos más.

2) Debe culminar las guerras de agresión, ocupación y los sueños de conquista de los halcones -ya no hay ilusión de poder llevar dos guerras al unísono- y extraer a las tropas norteamericanas de Afganistán e Irak. Tiene que reducir los gastos militares y de los aparatos de inteligencia, verdaderos agujeros negros por donde se escapan millardos de dólares del erario público, para el uso de algunos privilegiados, en especial, los máximos responsables del Complejo Militar Industrial. Asimismo, debe pensar en como reducir la gran cantidad de bases militares norteamericanas en países extranjeros, que solo sirven para presionar y chantajear, además de servir de puntas de lanzas, no solo contra enemigos reales, sino como fuerzas de intervención en cualquier conflicto, ajenos muchas veces a los intereses norteamericanos. De paso, cerrar la Base de Guantánamo como centro inmoral de calabozo, torturas y asesinatos a presuntos prisioneros de guerra, y sentarse a conversar su devolución con el gobierno de Cuba. Todo ello redundaría en las limitaciones adecuadas de los enormes gastos de manutención de tales emporios militares, en el que el ejército estadounidense es un consumidor excesivo de logística de todo tipo, o sea que constituye un cuerpo armado demasiado caro para el contribuyente norteamericano, y que ha demostrado no ser tan eficiente en las guerras asimétricas e irregulares.

3) Tiene que pensar en como reestructurar y democratizar los organismos de Naciones Unidas, así como de las instituciones financieras, comerciales y de otra índole en el plano internacional y regional. Ya que están funcionando obsoletamente -fueron creadas a fines de la segunda conflagración mundial, 1945- porque no se adecuan a las necesidades y complejidades del mundo actual. El multilaterismo en las relaciones internacionales debe ser reinstaurado sobre nuevas bases, porque sería provechoso hasta para los propios Estados Unidos. Nadie, mejor que las élites de poder para apreciar la decadencia y declinación de la potencia y detener, al mínimo, sus consecuencias. La lucha unilateral, infinita y sobre la base de cañonazos y cohetazos contra el terrorismo real, no puede desarrollarse si no es sobre la base de la colaboración de todos los países, gobiernos y pueblos. Pero debe empezar por su propio país y enjuiciar a los terroristas que circulan libremente en su territorio. Los casos de los americanos-cubanos, Orlando Bosh y Posada Carriles son ejemplos por los cuales deben de comenzar para cambiar esa imagen distorsionada que existe sobre ellos, que es provocada por sus actitudes cínicas e hipocresías. Asimismo, el Tribunal de la Haya y otros tendrán que someter a juicios, justos e imparciales, a los soldados, oficiales y funcionarios norteamericanos que cometan desmanes en el extranjero. La inmunidad y la impunidad hacia sus nacionales carece de base jurídica legítima y creíble. No se puede decir a los demás no hagas, y después deshacer a su antojo. De paso y haciendo otro gran paso justiciero, podría liberar a los cincos cubanos presos en su país, por luchar contra el terrorismo, no solo por Cuba sino por otras naciones, incluyendo la suya.

4) Las conversaciones que prometió Barack Obama con líderes del Tercer Mundo y gobiernos de países emergentes deben realizarse sobre la base de la igualdad de condiciones y respeto mutuo. De nada sirve en convertirse en jueces supremos si ellos son los que confeccionan listas de dictadores, estados de violadores de los derechos humanos, gobiernos miembros del eje del mal, etc. si además se abrogan el derecho de suspender las ayudas económicas y las preferencias en el intercambio, así como la concesión de créditos. Luego de esos epítetos y adjetivizaciones, de las acciones punitivas, los márgenes para conversar se convierten en posibilidades mínimas. Hay naciones, con cierto poderío, que pueden renunciar a un trato de inferiores, así como otras en que los principios de dignidad, justicia e independencia-soberanía nacionales no le otorgarán crédito si hace uso de presiones y chantajes. Esos Estados nacionales en algunos casos están forjando relaciones e integraciones regionales fuertes, que pueden prescindir de los EE.UU. o, por lo menos, sortear los obstáculos que estos pongan en sus esfuerzos de reforzar sus identidades, dentro de la diversidad, y ánimos integracionistas. Los dirigentes de Estados Unidos América deben percatarse que existe una reconfiguración del mundo en el cual ellos interactúan y que los tiempos no son para continuar con las viejas políticas intimidatorias. Ese nuevo escenario internacional potencia aliados, estratégicos y tácticos, con poderío militar suficiente que permitirá un fortalecimiento interno de los Estados naciones que harían pagar un precio mayor ante cualquier aventura bélica norteamericana.

5) En ese diálogo debe cesar las difamaciones y epítetos ideologizantes que no permitan el acercamiento a posiciones consensuadas, que no pueden ser excluyentes. Cualquier conversación a dos, tres y seis bandas -como la que llevan a cabo con los norcoreanos- tiene que eliminar las presiones y condicionantes. El país que posee el mayor arsenal de armas nucleares y de destrucción masiva convencionales, no puede pretender que otros no lo posean o adquieran la tecnología propia o ajena -y menos para el uso pacífico de la energía nuclear-, porque entonces deberían medir con el mismo rasero a sus aliados, como Israel en el Medio Oriente que las tiene y amenaza con usarla contra sus vecinos.

6) El nuevo mandatario y sus seguidores deben ser lo suficientemente valientes para reconocer que el bloqueo impuesto a Cuba, es criminal, genocida e inútil. Que ha sido rechazado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, desde 1992, y cada vez, más mayoritariamente. Que ese bloqueo perjudica moral, ética y hasta económicamente a los propios Estados Unidos. Nadie que se respete puede admitir que una Isla, 84 veces más pequeña que esa nación, puede significar un peligro para la seguridad del país más poderoso de la Tierra. Si algo les molesta, debe ser discutido en una mesa de negociaciones y con el restablecimiento paulatino de unas relaciones normales con el Gobierno legítimo de Cuba.

7) La reconstrucción de un mundo más justo y de paz, atraviesa perpendicularmente el comportamiento real de los EE.UU., sólo si están dispuestos a cambiar su política belicista, todos se sentirán más seguros.

Asimismo, tendrán que poner a prueba su diplomacia para limitar la acción de sus aliados más agresivos. No se puede ser juez y parte en un conflicto. Y si son fuertes, esa fuerza debe volcarse a la solución de los problemas, no en azuzarlos y, mucho menos, apoyar a la parte que agrede. El conflicto del Medio Oriente pasa por el reconocimiento de un Estado Palestino, la jurisdicción internacional y múltiple de Jerusalén y el freno de las ansias expansionistas de Israel.

8) Este mandatario debe ser firmante de todos los acuerdos que se elaboren y aprueben por consenso mayoritario, acerca de la protección del medio ambiente y la defensa de la biodiversidad del planeta. Al unísono, ser parte importante de los protocolos que no permitan violar las normas de la ética y la bioética en las investigaciones científicas. El país que tiene grandes industrias, centros de investigación de avanzada, laboratorios muy especializados y sofisticados tiene que someterse a los mismos rigores de las auditorias de las entidades internacionales que velan por el uso adecuado de la ciencia y la técnica.


Podríamos brindarles más consejos. Pero no podemos traspasar el umbral de la naturaleza del sistema capitalista-imperialista. ¿Ya lo hicimos? Perdone, señor presidente, no nos habíamos percatado de ello. Porque quedaría que no invadiera con sus productos materiales y espirituales, al resto del mundo, imponiéndoles los deseos de su sociedad consumista y derrochadora, sus juegos de entretenimientos banales, sus gustos seudo-estéticos y su subcultura enajenante. Serían muchas más estas propuestas, pero la utopía en el mundo burgués, choca con los intereses egoístas e individualistas que promueve el modo de producción del capital. Y no queremos que se busque problemas serios con esos grupos de «gatillo alegre» que abundan en su país. Porque a pesar de todo, el pueblo norteamericano hizo la mejor elección en esta oportunidad y quizás de toda la historia contemporánea. Y nosotros respetamos y queremos solidariamente al pueblo estadounidense. »


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