Algunas notas sobre la “primavera de Praga”

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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Parece que nadie se acuerda ya de las esperanzas suscitadas por la “primavera de Praga”. Prometía un “socialismo con rostro humano” o sea no policiaco, no asfixiante como el que había impuesto el antiguo seminarista en la URSS. En un principio, todo parecía posible.

Ya habían comenzada Hungría en 1956, una historia que está estos días en pantalla con “La revolución silenciosa” (Lars Kraume, Alemania, 2018, situada en este momento que motiva a un grupo de estudiantes alemanes decide mostrar su solidaridad con las víctimas de la Revolución Húngara de 1956 con un minuto de silencio durante las clases, y que da el tono de lo que eran estos regímenes), y en principio, Breznev en una visita a Dubcek había planteado como una “una vía propia” de la que “ellos eran los responsables.

La propuesta de una «vía nacional al socialismo» ya estaba presente en el “policentrismo” del PCI, pero otra cosa era la Checoslovaquia, en 1968, con todo lo que había sucedido en el mayo francés y amenazaba de extenderse. El proyecto de una vía democrática propia en tradiciones de los pueblos de Europa del Este que se remontaban por lo menos hasta 1848. Entonces Checoslovaquia era uno de los Estados que todavía no había emprendido la «desestalinización» iniciada por Kruschev a pesar de que tenía sus propias llagar provocadas por el terror estalinista, y cuyo rostros más conocidos, los de Arthur y Elisa London eran bastante “familiares” en el PCE-PSUC.1/

La recesión económica de los años sesenta agudizaría las tensiones sociales existentes. El “bujarinista” Alexander Dubcek fue electo primer secretario del Partido Comunista, y planteó instaurar la democratización del sistema político, lo que se llamaría ”la Primavera de Praga”, un periodo que se extiende desde enero hasta agosto del 68. Esta nueva línea estipulaba la renovación económica; a la par de otorgar libertades a la prensa. En abril, Dubcek presentó en el Comité Central su «Programa de Acción» que situaba al PC como órgano dirigente de la sociedad, pero que contenía entre otras cosas la socialización de la economía, que mantendría su condición de estatizada; se emprendería el sistema autogestionario en vistas a una «economía socialista de mercado»; se reconocían los sindicatos y el derecho de huelga; se declaraba la libertad de expresión, propiciando un clima tendente al debate público, que no tardó en descender a los círculos culturales y de ahí a la calle, a una movilización de ocupación de plazas, con debates públicos sin límites ni policías haciendo de sabuesos “socialistas”.

Esta movilización social contrarió al núcleo conservador del Partido, además de conturbar el ánimo de los soviéticos. Después de un primer momento de ambigüedad,  el PCUS por boca de Breznev 2/ tildó de «contrarrevolucionarias» las reformas que se gestaban en Checoslovaquia  reprobó con dureza el rumbo aperturista del Gobierno checo. La suerte estaba echada. Llegado a este punto, el 20 de agosto de1968, las fuerzas militares del Pacto de Varsovia invadieron Praga. El pretexto no podía ser más falaz: “se estaba fraguando una conspiración trotskista” cuando en realidad la IV Internacional no pasaba de constituir una pequeña célula, solamente quedaba el lejano precedente de Zavis Kalandra, trotskista y surrealista que había sido fusilado.

Con este zarpazo, no solamente se cerraba brutalmente cualquier discusión sobre “soberanía compartidas”, “vías nacionales” propias, también se cerraba el sueño de una generación que creyó posible una reforma del “socialismo real”, de un sistema en el cualquier disidencia estaba castigada, y cerró en buena parte aquella “imaginación al poder” francés. Desde entonces, el declive de lo que se llamó el “movimiento comunista” internacional no hizo más profundizarse, logrando que la palabra “comunismo” tuviera connotaciones tiránicas cuando había nacido como radicalmente emancipadores. El estalinismo arruinaba un proyecto que había logrado movilizar a millones de hombres y mujeres de todo el mundo, incluyendo Checoslovaquia cuyo partido comunista conoció también sus disidencias críticas como la Jiri Weiss quien en su obra “Moscu Frontera” (Letras de Oriente y del Mediterráneo, Madrid, 2005),  expresó muy duramente lo que había visto en la Rusia de Stalin en la que trabajo durante mucho tiempo como viejo comunista (ingresó en las juventudes en 1921)…

La ocupación fue acompañada por la remodelación. Los líderes reformistas fueron condenado al ostracismo o expulsados como miles de comunistas. Se impuso  una verdadera censura y la prohibición de publicar obras de autores disidentes, imponiendo una restauración burocrática sin contemplaciones que pusieron a los partidos comunistas del “mundo libre” en una situación muy ardua, hasta tal punto que evolucionaron hacia el llamado “eurocomunismo”, sobre el que Manuel Sacristán dejó dicho que se trataba de la degeneración de una degeneración (la estaliniana). En el caso checoslovaco* se observa que la política de renovación provino desde arriba; el «Programa de Acción» fue formulado por una fracción de la clase dirigente que trataron de establecer un nuevo acuerdo con el pueblo.

Se puede decir que la “Primavera de Praga” fue, sobre todo, un proyecto reformista del socialismo dentro de los marcos del sistema de partido único pero con libertad de tendencias dentro del propio partido, algo que en plena crisis el PSUC a principios de los años ochenta  no se atrevió a reconocer. Sobre el papel no cuestionó el statu quo soviético, ni la dirección planificada de la economía, el monopolio político del Partido Comunista ni la participación checa en el Pacto de Varsovia, demandas que sí fueron centrales en la proclama húngara.de 1956 que acabó con una insurrección popular.

La Primavera de Praga constituiría un señalado precedente histórico de las corrientes reformadoras que florecieron en el bloque socialista desde mediados de los años ochenta pero que acabaron siendo desbordada por una población que sufría hartazgo del “socialismo policiaco” y a la que se le vendió la mota prometiéndole un “capitalismo con rostro humano” justo cuando se hacía cada vez más evidente que democracia y capitalismo eran conceptos contrapuestos.

Notas

1/ En la reseña para “Nuestra Bandera” de la obra de Arthur London, “La confesión”, Federico Melchor  hacía hincapié  en el detalle de que no todos los trotskistas habían pertenecido a la “quinta columna”.

2/ Un chiste celebérrimo de la época presentaba a Breznev mostrando a su mamá toda su fortuna, a la que la buena mujer le aconsejaba: “Hijo mío, ten mucho cuidado. No sea que vengan los comunistas”. Evidentemente, los jerarcas no lo eran.

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