Algo dramático

Algo que está ocurriendo en Valencia -probablemente ocurra en muchas otras ciudades, quizás en todas, pero suele pensarse que es asunto local y nadie dice mucho, y los que dicen lo dicen en voz baja, en páginas locales, por miedo a sonar demasiado dramático.

 

Pero es que es algo dramático.

 
La llegada a España de miles de personas que escapan de continentes arrasados por el capitalismo depredador sirve no sólo para amasar fortunas en la economía sumergida, sino también como apoyo perfecto para el impulso de una nueva tendencia política de extrema derecha llamada populismo (y cuando populismo vuelve a ser eufemismo se puede empezar a tener miedo) a la que pertenece un sujeto llamado José Luis Roberto, empresario y capo de un partido político -España 2000- que aglutina a todo el neofascismo valenciano.

 

José Luis Roberto controla gran parte de los negocios de la prostitución y la seguridad privada levantinas. Sus empleados -juzgados muchos de ellos por amenazas y agresiones racistas, hipnotizados todos por el rancio y siniestro sonsonete del franquismo más nazi- forman una auténtica guardia pretoriana que en estrecha colaboración con los cuerpos de seguridad del estado (sin esfuerzo alguno por disimular la empatía entre ambos) realizan labores de limpieza étnica cobrando a veces de las arcas privadas y a veces de las públicas.

 

José Luis Roberto desfila cada año por el barrio de Ruzafa escoltado por su guardia de korps y protegido por la policía con la única intención de intimidar impunemente a las familias inmigrantes que allí residen, lo que no es óbice para que la televisión autonómica Canal 9 –inesperado banderín de enganghe- le ofrezca demasiado a menudo apariciones en horarios de máxima audiencia.

 

José Luis Roberto gusta de acudir con sus matones a reventar actos culturales de todo tipo –conciertos, obras de teatro, conferencias, cursos universitarios- sin que por ello las diputaciones, consellerías y otras instituciones públicas dejen de concederle generosas contratas año tras año.

 

Nada ni nadie se cruza en su camino. Crece mientras se integra, se integra mientras crece. Vive por y para el conflicto. La in-seguridad es su fuente de ingresos. Cuando la inestabilidad sea la norma, él se encargara de administrarla.

 
¿Seguro?

 
Control se enfrenta aquí a un cruce de caminos delicado; el rebote del péndulo turnista complica el desarrollo de la trama. ¿No es demasiado pronto para introducir elementos tan trágicos? ¿No estarán subestimando la capacidad anticipatoria de su público?

 

Si se quiere lograr un mínimo de verosimilitud tranquilizadora, el guión debe seguir alguna lógica: nadie entenderá que el PSOE no elimine automáticamente a José Luis Roberto y a los otros señores de la guerra repartidos por toda la península.

 

¿Y entonces qué sentido tiene entrenar a sicarios para después tener que eliminarlos?

 

¿O es que acaso se entrenaban los entrenadores?

 

Todo es turbio y mezquino como el personaje, como este punchline, como Control.

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