Alexandre Kojève, hegeliano de pro, espía, y…

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Por Iñaki Urdanibia

No cabe la menor duda de que Alexandre Vladimirovitch Kojevnikov ( Moscú, 1902 – Bruselas, 1968) fue uno de los cerebros más potentes del siglo pasado, si bien su figura tal vez pasó desapercibida a no ser para algunos especialistas en el campo de la filosofía, interesados en Hegel, y en los ambientes de la UE en sus últimos años de su existencia. Una existencia digna de una lograda novela de John Le Carré, por ejemplo; un hombre de los de darle de comer aparte.

Nacido en una familia rica, su madre era hija de banqueros e industriales, quien era sobrino del pintor Wassily Kandinsky, tras seguir las enseñanzas de preceptores privados , que le enseñaban latín, alemán, francés, fue enviado a estudiar a Berlín, tras la revolución de octubre de 1917, en donde conoció a Léo Strauss y a muchos estudiantes que con el tiempo pasarían a ser luminarias del campo intelectual, entre ellos su compatriota Alexandre Koyré, el historiador de la ciencia, las dos K jugarían un papel prominente en la filosofía francesa; antes de llegar a tal ciudad hubo de pasar algún tiempo en la cárcel de Varsovia al ser confundido con un agente rojo…su dominio del alemán le libró de la problemática situación . Leyó la tesis bajo la dirección de Karl Jaspers, y posteriormente marchó a París, en donde vivió en un elegante palacete. Si su madre no dejó de enviarle suculentas sumas de dinero, mas no hay bien que dure cien años – es un decir- y el crack del 29 supuso que la familia quebró y el se quedó sin ingresos, ya que los que tenía los tenía invertidos en empresas que también quebraron. Esto hizo que tuviese que buscarse la vida, y con tal fin fue contratado para dar unas conferencias, en la École des Hautes Études a Paris, acerca de la Fenomenología del Espíritu de Hegel; era la primera vez que ejercía de filósofo y se daba la curiosa circunstancia de que era más joven que prácticamente todos sus alumnos, y aquellas conferencias dieron lugar a un seminario cuya duración se extendió de 1933 a 1969, y al que asistía regularmente todos los lunes Raymond Queneau, George Bataille, Raymond Aron, Roger Callois, Michel Leiris, Henry Corbin, Maurice Merleau-Ponty, Jacques Lacan, Jean Hyppolite, Éric Weil, Pierre Klosowski, André Breton, …y algunos otros cuyos nombres desde luego no desmerecen a la brillantez de los nombrados ( de allí salían todos – según sus palabras – descolocados, sofocados, rotos, molestos…); este célebre seminario sirvió para dar a conocer a Hegel en el panorama hexagonal, pasando a ser una escuela de formación de algunos de los intelectuales que años después jugarían un papel relevante en el Estado francés.

Las conferencias de las que hablo fueron publicadas en 1947 bajo el título de Introduction à la Lecture de Hegel, en base a los apuntes que había tomado con escrúpulo Raymond Queneau. La lectura kojeviana incidía especialmente en la dialéctica de amo y el esclavo y en la conclusión de la historia, lo cual no quería dar a entender que todo había acabado sino que se había llegado o se iba a llegar a una situación apaciguada en la que la población iba a vivir, o sentirse, feliz, sin mayores pretensiones luminosas de una futuro de chorros de leche y miel. Su lectura trataba de entrelazar a Hegel con Heidegger y con Marx, con una perspectiva que dejaba ver que su apuesta era por una sociedad socialista como armoniosa culminación de la historia, del mismo modo que Hegel había considerado que el Estado y el Derecho prusianos eran la encarnación de Espíritu Absoluto, tras el caminar del Espíritu Subjetivo desplegado en el Espíritu Objetivo- naturaleza e historia-, y tiempos después Francis Fukuyama , no ocultando su inspiración kojèviana, decretaría el fin de la historia identificándolo con los USA de Reagan que acabaría siendo el modelo adoptado por todo el mundo mundial con su nuevo orden mundial. En seiscientas apretadas páginas no exentas de humor y de incursiones en otros panes de la historia del filosofía pasada y de su presente, y en las que el propio intérprete deja ver su aspiración al saber absoluto, que él considera accesible y como tal deseable, Kojève nos sumerge en la tensión hegeliana entre el uno y el otro y en su dialéctica que les enfrenta/ conforma …la historia, el tiempo, la razón, la ciencia, el arte, el concepto…la muerte, todo es analizado en detalle y el profesor lo va entregando en entrelazadas y desmenuzadas dosis, no quedando la obra en una mera exégesis sino en una reinterpretación original de la filosofía de la conciencia, de la historia y del Estado, focalizada – como queda nombrado- en la dialéctica del amo y el esclavo.

En la concepción de Hegel, expuesta por Kojève bebieron además de los ya nombrados, muchos de quienes estudiaron filosofía en los años siguientes, y brillaron por sus posicionamientos políticos radicales; podría decirse que las lecciones de las que hablamos acabaron constituéctoca del aestro yendo la versión oficial de la filosofía de Hegel.

Con el paso del dominio en el campo filosóficos francés de las tres H ( Hegel, Husserl, Heidegger) a los tres maestros de la sospecha ( Marx, Nietzsche, Freud), Hegel fue rechazado, o dejado de lado, como pensador de la totalidad ( la totalidad es la no-verdad que decía Adorno) y el espíritu de sistema, que dejó paso a una visión fragmentaria, etc. Ambiente que Gilles Deleuze calificaría de anti-hegelianismo generalizado en las primeras páginas de Différence et répétition ; junto a la caída de Hegel, obviamente se produjo el desinterés por su privilegiado intérprete Kojéve, quien por otra parte , debido a los avatares de la vida hizo que su prestigio cayese en picado en algunos ambientes, al tiempo que ascendían meteóricamente en otros. Han surgido algunas críticas a la interpretación kojèviana, argumentando que hay más de Kojève – y sus ansias del momento por tender hacia una sociedad socialista – que de Hegel: en ese sentido es Derrida quien se ha pronunciado, en su acercamiento a los Espectros de Marx ( Galilée, 1993; pp.123 et ss.), aun admitiendo la importancia de las lecciones del francés de origen ruso ( fue nacionalizado en 1937) en lo que hace al conocimiento del filósofo alemán y lo que supusieron en la formación de diferentes generaciones; de otras milongas simplificadoras, y ad hominem, que han descalificado a Kojève ya que era estalinista y como tal partidario del Gulag ( dicho sea al pasar, y de manera anecdótica, que el caballero no tenía pelos en la lengua, ni abuela pues no se cortaba a la hora de afirmar que era un sabio o que él era el más ortodoxo de los estalinistas…).[ Hay cierta tendencia a hallar marrones, del pasado, en diferentes personajes como para rebajar o anular el valor de sus obras: me vienen a la cabeza Günther Grass al que se recordaba su participación en su juventud en organizaciones juveniles nazis, o Christa Wolf acusada de haber trabajado para la Stasi, o Milan Kundera acusado de lo propio con respecto a la policía secreta checa…].

Pues bien, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, que tras esas sumarias afirmaciones de que hasta aquí se había llegado, coincidiendo con el fin de la segunda guerra, su dedicación a la economía centró el foco de sus preocupaciones – tal vez afectado por el síndrome de Siracusa que le empujaba a convertirse sino en filósofo-rey, sí en consejero del príncipe , llegando a ser contratado por la Dirección de la investigación y de estudios económicos ( DREE), pasando a ser nombrado secretario de la Organización europea de cooperación económica (OECE) en el año 1948. La importancia de su persona alcanzó altísimas cotas de importancia ya que pasó a ser el más destacado consejero de los gobiernos franceses sobre los temas más importantes en el mercado común europeo, pasando a jugar un papel de suma importancia en la creación del antecedente de la CEE, la Comunidad europea del carbón y del acero y otras organizaciones afines. Fue secretario de la Organización europea de cooperación económica ( OECE). Precisamente fue en una de esas reuniones internacionales cuando falleció, en junio de 1968, unos días antes había soltado otra de sus célebres boutades: ¿ 1968? no ha muerto nadie, luego nada ha pasado.

Leo en Le Monde de hoy, 10 de agosto, cómo algún miembro de los servicios de información del Estado francés, comenzó a hurgar en la persona del “filósofo”( así se le nombraba en algunos papeles que se hallaron posteriormente en los archivos de la policía soviética, la KGB en los que se calificaba de agente de valor, destacándose sus «servicios desde 1940, al transmitir comprometida documentación de carácter reservado sobre proyectos del gobierno francés»), ya que sospechaba que podía ser un espía infiltrado por los soviéticos, teniendo en cuenta su pasado…esto sucedía a mediados de los años y las pesquisas fueron frenadas al considerarse que era meterse con una vaca sagrada. El mismo Kojève pudo comprobar cómo en los archivos había unas anotaciones referidas a su persona en las que se le calificaba de susceptible de colaborar con las autoridades soviéticas. Requerida la opinión, por el vespertino parisino, de un especialista en su trayectoria, el filósofo italiano, Marco Filoni responde. « ¿ cobró Kojève dinero de la KGB? Habría que demostrarlo para afirmar que fue un agente? No era estúpido, no me cabe en la cabeza que la KGB haya podio jugar con él, imagino más bien lo contrario. Quizá su voluntad de poder era ta grande que haya querido divertirse con los espías rusos». Chi lo sa!

Camaleónico personaje – que hablaba el tibetano, el ruso, el inglés, el alemán, el francés,, que era especialista en textos sánscrito, que disertaba sobre física, …- que, sea como sea, dejó notar su presencia y del que me atrevo a aconsejar la lectura de la obra a la que me he referido para quien quiera acercarse al conocimiento de la obra del filósofo germano, de quien decía Michel Foucault en su lección inaugural en el Collège de France, L´ordre du discours, que por más que se tratara de deshacerse de Hegel, éste aparecía por otro lado…al modo de la canción de El último de la fila…cuando la…entra por la puerta… el…sale por la ventana.

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