Alemania confirma sus peores sospechas sobre el auge del nazismo

Desde que Alemania se enteró, hace ya un par de semanas, de que una banda de neonazis había asesinado a diez personas y cometido varios asaltos bancarios a lo largo de una década, una sospecha comenzó a envenenar la apacible vida política del país. ¿Tenían cómplices en los servicios secretos? ¿La justicia alemana es ciega del ojo derecho?
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Las interrogantes aún persisten y desde ayer el país ya sabe que los neonazis están armados, cuentan con apoyo de la población civil y del partido NPD, y que el famoso y polémico Bundesnachrichtendienst, el servicio de espionaje exterior alemán (BND), destruyó varias decenas de actas personales de un exclusivo grupo de agentes que había ocupado puestos importantes en las siniestras SS o en la Gestapo, la policía política de Hitler.
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El periódico Berliner Zeitung reveló ayer que la Policía se había incautado en los dos últimos años de un pequeño arsenal que deja al desnudo que los nietos de Hitler podrían estar preparándose para librar una nueva batalla contra las instituciones alemanas. El inventario de armas confiscadas -que hasta ayer era un secreto del Ministerio del Interior- suma un total de 811, que incluye rifles de combate, pistolas de diferentes calibres, granadas, bombas incendiarias y explosivos. También hay granadas de gas lacrimógeno y spray de pimienta que son utilizados por los antidisturbios de la Policía.
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«El descubrimiento de armas en poder de los neofascistas demuestra que la ultraderecha se está armando masivamente», señaló la diputada del partido La Izquierda, Ulla Jelpke, que obtuvo gracias a una petición oficial, la revelación del arsenal. La Agencia Federal para la Protección de la Constitución tiene registrados unos 25.000 neonazis y casi todos ellos aceptan el uso de la violencia como una vía legítima de protesta. Según expertos citados por la prensa germana, la revelación del arsenal representa solo la punta del iceberg y existe la convicción de que los nietos de Hitler tienen en su poder armas compradas a los soldados soviéticos que abandonaron Alemania y también en las filas del ejército de la ex RDA.
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Actas destruidas
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«Muchos activistas tienen permiso para portar armas y también muchos militantes provienen del ejercito alemán», señaló Anette Kahana, presidenta de la Fundación Amadeu-Antonio, que combate la violencia neonazi en el país. Mientras prosiguen las investigaciones para determinar responsabilidades y tratar de dar una respuesta a la impunidad que protegió a la banda de neonazis que asesinó a diez extranjeros, ya existe en el país la convicción de que las autoridades subestimaron de forma sistemática el extremismo de derecha.
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Pero también existe la sospecha de que el extremismo de ultraderecha podría haber encontrado un cierto grado de protección en los medios encargados de combatirlos. Esta idea cobró fuerza ayer cuando el país se enteró de que el BND había destruido, en 2007, 250 actas de agentes que tenían un pasado nazi y que trabajaron durante años espiando para la nueva Alemania que surgió de las ruinas de la guerra. El servicio de espionaje exterior alemán contrató a cientos de expertos nazis que habían hecho carrera en las SS o en la Gestapo, como Klaus Barbie o Walter Rauff, dos criminales de guerra, que cobraron sueldos del BND cuando vivían en Bolivia y Chile. La destrucción de las actas fue descubierta por una comisión de expertos que investiga la historia del BND.
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