Alain Badiou y Jean-Luc Nancy en diálogo

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Qué duda cabe que la filosofía alemana ha dejado su huella y ha dinamizado la filosofía francesa. Basta con constatar el origen germanoparlante de las tríadas en que se movió el pensamiento hexagonal en el siglo pasado, transitando de las tres H ( Hegel, Husserl, Heidegger) a los tres maestros de la sospecha ( Marx, Nietzsche , Freud), como mostraba en una mirada ciertamente bien dirigida Vincent Descombes en su Lo mismo y lo otro: cuarenta y cinco años de filosofía francesa ( 1933-1978).

Si traigo el asunto de la relación entre ambas filosofías a colación es debido a que el intercambio de los dos pesados pesados se desarrolla en torno a « La tradición alemana en la filosofía», editado en libro por Mardulce. En el volumen se recoge la reunión que en enero de 2016 se celebró, en la universidad de Berlín, con el fin de que cada uno de los convocados expusiese su visión sobre la filosofía alemana y su presencia en el panorama hexagonal. Ya de las primeras palabras Badiou mantiene que en filosofía ha habido momentos, y así del mismo modo que huno un tiempo griego, o francés, ha habido un momento alemán que marcó el siglo XIX, y que había quedado descolocado con respecto al francés de la revolución de 1789, y dejó notar su peso también en el siguiente, y…lo que te rondaré; en Alemania se dio un interés mayor por la fenomenología que influyó en no pocos pensadores franceses, además de que la revolución se dio en el campo de la filosofía especulativa, mientras que éstos prestaron más importancia al lenguaje. Son varios los filósofos alemanes que saltan a la palestra: Kant, Hegel, Heidegger, Adorno, coincidiendo ambos en que a Marx( los análisis que se ofrecen en torno a la celebérrima última tesis marxiana sobre Feuerbach acerca de interpretar / modificar el mundo, son brillantes y convincentes) no se le puede considerar como filósofo en sentido estricto ya que su finalidad iba más por el terreno de la política emancipatoria, estatus que igualmente se aplica a Freud, y en su herencia, a Lacan cuyas pretensiones iban más por el campo de las terapias, etc. Dice Badiou: « note el querido público que es sobre Marx que Jean-Luc y yo encontramos puntos de acuerdo ¡ Es un síntoma!».

Como en una partida de ping-pong se comportan los dialogantes, que se interrumpen y muestran sus diferencias en sus valoraciones, e interpretaciones, de los filósofos nombrados, a los que han de añadirse algunos seguidores de estos en el panorama francés: de manera muy especial se trata de Jacques Derrida como continuador de las reflexiones heideggerianas y, en menor medida, a Jean-François Lyotard como lector de Adorno. Por medio de este toma y daca, amable pero sincero, que no evita las discrepancias ni los puntos abiertos, saltan a la páginas algunas pinceladas de las diferentes posiciones filosóficas que ambos mantienen: Badiou, que proclama el valor de Platón de las matemáticas y Nancy, más en la senda o parentesco con la empresa deconstructora de Derrida.

No me atrevo a aconsejar el orden de lectura del libro, mas sí soy de la opinión de que la lectura de Filosofía alemana, a modo de epílogo, del editor y moderador, Jan Völker, ya que tal texto sirve bien para aclarar algunas cuestiones fundamentales acerca del quehacer filosófico, el papel que en ella juegan la conversación – en un balanceo entre Deleuze y Guattari y Sócrates, sin obviar a Beckette y sus personajes que esperan a Godot- y el libro como constancia escrita de lo propuesto, mas no con una finalidad de acuerdo sino de la creación de diferencias lo que hace que la filosofía permanezca como campo abierto y siempre abierto a visiones añadidas; se ofrecen igualmente reflexiones acerca de la filosofía como actividad pública, a pesar de que su punto de partida sea individual, sin obviar que tal travesía particular no brota en el vacío sino que responde a épocas y contextos determinados . Igualmente de interés resulta las puntualizaciones sobre las etiquetas ya sean nacionales o lingüísticas que sirven para clasificar las diferentes tendencias filosóficas según distintas geografías si bien más que dichas características las diferencias se basan fundamentalmente en los contextos nacionales que hacen que ciertas temáticas surjan y preocupen en un momento determinado ( habla Nancy de los filósofos como hongos , lo cual no significa que se mantengan tales rumias encerradas en un marco sino que atraviesan fronteras sino que influyen en otros lares, suponiendo ello – como en el caso que nos ocupa- un viaje de ida y vuelta.

De todas estas cuestiones se habla en el intercambio, sino de manera explícita sí se manera latente, pues planean sobre las distintas palabras. Badiou no se priva de reivindicar su antipatía con respecto a Kant y su simpatía hacia Hegel, con quien estaría dispuesto a pasar un verano, al igual que con Descartes, cosa que no haría de ninguna de las maneras con el Königsberg, aprovechando la afirmación para esbozar una curiosa clasificación entre los filósofos: histéricos, obsesivos y paranoicos ( p. 24) . Nancy – quien por cierto realizó su tesis doctoral sobre Kant- discute las interpretaciones de Kant que hace su colega, que lo considera un pensador que establece unos límites infranqueables ( « hay lo no-conocido, hay lo desconocido,, pero no hay, propiamente hablando lo incognoscible») contra lo que recurre a Mao para afirmar que todo es conocible, aunque de momento no lo sea, ante lo que el otro le corrige al decirle que el pensador alemán « consiste en intentar pensar lo que es quizá pensable más allá del objeto, de lo objetivable del conocimiento», y tampoco evita en señalar puntos de parecido de familia entre la empresa de Badiou y la de Heidegger, a pesar de sus aparentes distancias, subrayando también el parentesco entre las vías emprendidas por Heidegger y Bataille, y la defensa de Nancy al considerar a Heidegger como el primer filósofio en tratar de pensar lo imposible ( sin obviar el compromiso con el nacionalsocialismo, que hace que si Lacoue-Labarthe hablase del maestro de la Selva Negra como archi-fascista, Nancy lo cataloga nada menos que como híper-nazi ; coinciden, no obstante , ambos filósofos en que al tiempo fue un gran filósofo). Sobre sus posiciones ontológicas y sobre otras cuestiones relacionadas se extienden en diferentes precisiones, que la verdad es que exigen poner a punto un punto de sutileza . Nancy valora sobremanera el papel de la palabra, mientras que Badiou se desplaza más hacia el matema, como encarnación de la ontología. Nancy muestra su extrañeza ante la antipatía de Badiou hacia Kant, y no evita señalar la falsa interpretación que del alemán hace su contertulio. Tampoco evitan la muerte de Dios, la significación de Grecia, mostrando Nancy su reiterado interés para que Badiou indique por qué las matemáticas , y otras disciplinas, nacen en un momento determinado y en lugar ídem; Badiou parece despreciar la cuestión pareciendo que no le preocupe mayormente mientras que Nancy pone el acento en que para él es una cuestión filosófica esencial…« de pronto, en ese lugar del mundo, de un Mediterráneo más bien oriental, hay una humanidad que está haciendo cambiar a la humanidad genérica. Hay una humanidad a la que eso ya no está dado». Igualmente discrepan acerca de cómo leer a Hegel, por ejemplo, apostando Badiou por una lectura ingenua, mientras que Nancy incide en que no es posible leer al autor de la Fenomenología del espíritu «como si estuviéramos en el siglo XIX». Algunas fugaces pinceladas en torno a Wittgenstein, un somero pero atinado retrato acerca del panorama de la filosofía francesa, con la presencia de la epistemología ( Gaston Bachelard, Jean Cavaillés, George Canguilhem) y el interés por la ciencia ( como muestras de las tendencias de la época: la gramatología de Derrida, Foucault hablando de episteme) y los problemas de los marxistas en dicho paradigma , con la excepción de Althusser que proponía la ruptura epistemológica en la obra de Marx, …mas a pesar de la faja del libro, o me he despistado, a de Walter Benjamin…ni ripio.

No es fácil dar cuenta de las idas y venidas de los argumentos y contra-argumentos que se cruzan veloces y a botepronto, lo que sí que es claro es que las matizaciones que se realizan y las precisiones y ajustes de cuentas, inevitablemente dejan huella en el lector , al entregar visiones y matizaciones que dan mucho que pensar sobre los autores visitados. A lo dicho ayuda en que parece que ambos contendientes, por calificarlos de algún modo, parecen estar dispuestos a no ponerse de acuerdo para nada sin que ello quiera decir que se rompa la baraja…podría achacarse esta civilizada disputa , que en algunos momentos parece acercarse al différend lyotardiano o a la mésentente ranciereana, a la politesse, propia de los franceses que se dice y al tiempo a la amistad de colegas que les une, lo que les permite algunas vaciladas socaroonas en tono de cercanía amistosa.

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