Alain Badiou, erre que erre

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Por Iñaki Urdanibia
Decía el otro que si la serpiente no cambia de piel, muere; aplicado a los humanos la frase puede interpretarse como puro elogio del cambio de chaqueta, en estos tiempos de resaca y de arrepentimiento ( no lo volveré a hacer…). Si lo dicho es así , también es verdad que una cosa es una cosa y otra, otra, de modo y manera que , tras el paso del tiempo y la ampliación del conocimiento de ciertos hechos, puede-diría hasta que debe- llevar a cambiar de opinión, abandonando algunas posturas sin desdoro alguno, que au milieu de la mêlê, uno había defendido con auténtico fervor y fe. Tampoco se puede negar que partiendo de los mismos hechos ( o de las interpretaciones de ellos), las valoraciones de estos difieran, al tener en cuenta la óptica desde la que se realice al análisis.
Viene todo este saltarín preámbulo provocado por el último librito del incombustible Alain Badiou: « Pretograd, Shangai. Les deux révolutions du XXe siècle» ( La fabrique, 2018), que se mantiene en su leninismo-maoísmo sin pestañear. La variación o la rectificación , de al menos algunas cuestiones, las sustanciales, no parece que entren dentro de su modo de pensar, como voy a tratar de mostrar, aunque la lectura no deja dudas acerca de esa firmeza inflexible.

El libro defiende la revolución de Octubre de 1917, la Revolución Cultural Proletaria china y ya de paso el destacado papel que jugó en el Estado francés el maoísmo dentro de cuya corriente él , y su grupo, se incluía; realmente desproporcionada la valoración. Si se parte de la constatación de que la política necesita de una acumulación de fuerzas ( dejando de lado las cuestiones de fe y esperanza), no parece que con semejantes reivindicaciones se pueda tender o concitar una unidad muy amplia que digamos, ya que, por de pronto, tanto la segunda revolución como la valoración del maoísmo no es que a estas alturas resulten residuales sino que solo nombrarlas resultan un verdadero desfase, hasta producir cierto desasosiego .

Lo que en algunos momentos podía ser valorado, reside además de en la posible y discutible justeza de los planteamientos en cuestión, en el aire de los tiempos: es decir, en los años sesenta se daba un ascenso de la ola ( luchas de liberación nacional- Argelia, Vietnam…-, amplias movilizaciones en Europa y en otros lugares, la figura del Che…), mientras que ahora, qué duda cabe, de que los tiempos no son apropiados para tal tipo de euforias sino que el principio de , dura, realidad se ha impuesto con sus sinsabores y hasta con su implacable falta de esperanza, y ello por varias cuestiones: por una parte, la coyuntura internacional y el asentamiento del dominio capitalista, y por otra, el que lo que en aquellos momentos podían considerarse como caminos hacia la emancipación, han dejado ver su otra cara, el rostro autoritario y dirigista encarnado en el modelo leninista que, guste o no, ha desembocado – para entonces ya lo había hecho como dejasen ver algunos adelantados críticos, desde las filas del autonomismo y el anarquismo, o la misma Rosa Luxemburgo que alertaba , desde el primer momento, de los peligros que representaba el bochevismo- . Así pues, no vale solucionar el problema como lo hace Alain Badiou descalificando a los críticos, metiendo a todos en el mismo saco, sin dejar él de mantenerse enredado en la forma-Partido que conduce ( ha conducido de manera mecánica) vía directa a la forma-Estado con sus correspondiente nomenklatura, como representación de una nueva clase burocrática, a pesar de cierto aggiornamiento que deja asomar con tmidez.

Así como Hume despertó del sueño dogmático a Kant según declaraba este mismo, no parece que la realidad histórica haya despertado de ciertos dogmas al filósofo francés, cosa que sí ha sucedido con algunos militantes que en su momento andaban por los mismos pagos ideológicos, pues él sigue usando coletillas excesivamente rígidas con quienes no están de acuerdo con sus postulados ( vendidos al enemigo, traidores…), mas vayamos por partes que me embalo.
Con el fin de evitar excesivas precisiones a la brevedad de los textos que componen su ensayo, pelín más de cien páginas, que en su pretendida escasez muestran una densidad y una capacidad de atravesar épocas, sin evitar simplificaciones, voy a tratar de ser breve y resumir de manera esquemática las posturas que expone Alain Badiou.

Parte de dos formas de encarar la política: por una parte los políticos de profesión que lo que hacen es defender a una oligarquía encaramada en el poder económico, cifras al apoyo que confirman la miseria del mundo, al que no hacen sino servir los políticos nombrados; por la otra, estarían los intentos de cambiar de rumbo y hacer que sean los de abajo, quienes ejerzan el poder por medio de otras formas de organización: asambleas, auto-organización, etc. Estas dos vías vienen desde los tiempos de la primera revolución humana, la que se produjo en el Neolítico, de ahí se deducen dos cosas: una que la vida de los humanos es breve comparada con el tiempo de existencia de la vida en el planeta , y dos, que desde entonces hasta la Revolución francesa y sus continuaciones que son las que centran la mirada del ensayista, el modo de funcionamiento ha correspondido a la primera de las vías señaladas. Aprovecha el repaso Badiou para señalar como de un tiempo a esta parte se ha dado un cambio de perspectiva que ha conducido a revisar lo que hace algunos años se mantenía con respecto a la Revolución francesa y sus protagonistas, a la revolución de octubre del 17 y a la revolución cultural proletaria china ( cosa esta última ciertamente más discutible todavía, ya que su irradiación no tuvo la extensión de los dos anteriores acontecimientos sino que quedó reducida a pequeños círculos militantes); cierto es que de ser considerados muchos de los protagonistas como seres ejemplares- Robespierre, Saint-Just, Lenin… han pasado a ser considerados como seres violentos, autoritarios, dictadores sin escrúpulos, etc., etc., etc. [Resultando cierto este giro, eso no quiere decir, con relación de causa/ efecto, que quienes han cambiado de opinión se hayan pasado al enemigo como sugiere, reitero, Badiou sino que realmente los tiempos han cambiado y así como en algunas épocas se da, por decirlo así, un subidón, en otras épocas – después de lo que ha llovido – vienen tiempos de repliegue, de desánimo o de convencimiento que aquellas vías fracasaron por ciertas causas que obligan a cambiar de modelo, no a renunciar a buscar la emancipación de los humanos sino tal vez a replantearse los caminos anteriores para modificar aquellos aspectos que puedan resultar más nocivos para la verdadera mejora de las condiciones de vida de la humanidad. Sin entrar en mayores, es obvio que hoy soñar como se soñaba en los años sesenta en la victoria de las guerrillas latinoamericanas, por ejemplo, y en otras luchas de liberación más que un sueño puede resultar mero delirio].

En el libro se da paso al análisis escorado de las dos revoluciones mentadas en último lugar, considerándolas como los dos intentos, fallidos a la larga, eso sí, de cambiar los modos de hacer las cosas, de modo y manera que Badiou las incluye en el segundo método de los nombrados anteriormente. Con respecto a la revolución de octubre de 1917, considera que se dieron pasos en la buena dirección, en general prácticamente todos, bajo la sabia batuta de Lenin. El objetivo que podría ponerse en boca de Badiou es: salvar al camarada Lenin ya que la faute c´est à Stalin. Mientras Valdimir Illich Ulianov vivió, las cosas fueron – a decir de Badiou- sobre ruedas, no sin dificultades claro, pero las consignas de Lenin- contenidas en las célebres “Tesis de abril” – que se estudian / exponen con cierto detalle- en las que se reclamaba todo el poder para los soviets se cumplieron en lineas generales…La valoración que se hace dista, a mi modo de ver, de lo que en realidad sucedió: la pluralidad de los soviets fue siendo ninguneada en detrimento del poder del partido, las voces discordantes comenzaron a ser acalladas dese los primeros momentos ( socialistas revolucionarios, mencheviques de izquierdas, anarquistas…Kronstadt, Makhno, son algunos de los nombres propios que ni se mentan pero que cualquiera que haya estudiado el periodo habrá podido convencerse de que son de amplia significación, con respecto a la usurpación del poder de la base, y del silenciamiento de otras vías que no fuesen las propuestas por los bolcheviques)…No hubiera estado mal , de ninguna de las maneras, o al menos en cierta medida, que las tesis de Lenin se hubiesen llevado adelante , en paralelo a las propuestas expuestas en su obra El Estado y la revolución que sin lugar a dudas, puede ser considerado como el texto más libertario de Lenin, junto a las nombradas tesis, en el que se defendía la idea ya expuesta por Marx de que la revolución habrá de ser obra de los obreros mismos…De todo esto, de las desviaciones y las pasadas Badiou no dice ni ripio, solo mantiene aquello que juzga ejemplar, a mi modo de ver, sin reparar ( o haciéndolo y ocultándolo) en que una cosa son las palabras y otras las cosas, los hechos, y estos en la práctica adquirieron un distancia creciente, haciendo que la burocracia partidista se asentase cada vez con mayor potencia eliminando el pretendido poder de los soviets, del mismo modo que nada se recuerda de algunas de las últimas manifestaciones de Lenin que decía que lo que habían conseguido era simplemente teñir de rojo el Estado zarista.

Algunos análisis de Castoriadis y Lefort, en sus tiempos de Socialisme ou Barbarie, detallan el proceso de burocratización y del surgimiento de una nueva clase. Por lo demás, ya había profetizado Bakunin que «Libertad sin socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin libertad es esclavitud y brutalidad» , y ya en los tiempos a los que nos hemos referido, Kropotkin afirmaba que « Los bolcheviques nos enseñaron como no debe hacerse la revolución ». No creo que se equivocaron ni el uno, ni el otro, mas en el trabajo apologético de Badiou no caben estas sutilezas.

En lo que hace al caso chino, Badiou se centra el la denominada Revolución cultural proletaria que se desarrolló en el país asiático entre finales de los años sesenta hasta mediados de los setenta. Distingue el ensayista entre la toma del poder por el PCCh en 1949 que fue el final de la larga guerra que había tenido lugar contra los japoneses y contras las fuerzas nacionalistas, y la verdadera revolución que según él es la nombrada y que, según él igualmente tiene una ejemplaridad universal. Para guiarnos a los lectores en la visita a la revolución nombrada, recurre Badiou a la « Decisión en dieciséis puntos» del Partido comunista chino. El repaso de los hechos resulta agobiante y nada fácil de seguir por la acumulación de hechos y por la proliferación de nombres propios …Estamos, a mi modo de ver, otra vez, entre la no distinción entre las palabras y los hechos, entre la preciosa teoría y la nada preciosa práctica. La tendencia general que muestra Badiou es el elogio hacia el comportamiento de Mao y una empresa de minimizar los desmanes de la revolución de la que habla ( hay coletillas que resultan tan exasperantes como la actual: es lo que hay; pues bien, si se habla de muertos, de insultos, de abucheos, de ridiculizaciones sin cuento; las que son planteadas, por ejemplo, con respecto a los expertos, técnicos y científicos – ante los que se elogiaba la rojez y no el saber-, con alusiones a algunos episodios de la Revolución francesa ( el trato recibido por Lavoisier), tienen un tono exculpatorio hasta la desproporción: son cosas que pasan en las revoluciones, es normal en los procesos revolucionarios…igual tono de minimizar la estupidez de la cosa, con respecto al culto de la personalidad…[ que se me permita poner un ejemplo vivido por el que escribe : recuerdo en Paris haber visto reportajes de señoras dando a luz que sin anestesia de ningún tipo de agarraban al libro rojo del gran timonel, y con eso les bastaba. Vamos como la imagen de la Virgen de Regla o yo que sé…u otras mujeres, muy hábiles jugadoras de ping-pong, que antes de comenzar su exhibición, como quien reza, se encomendaban a la ayuda de Mao].
Badiou se empeña en sus análisis en apuntar como había dos líneas en el Partido: una la proletaria y otra la burguesa, con el fin de lograr que la primera saliese victoriosa era necesario atosigar a la segunda y para ello nada mejor que recurrir a las movilizaciones de jóvenes guardias rojos; eso sí, aplicando las lecciones del pensamiento Mao Tse tung ( no “de” ya que no era el pensamiento de una persona sino el pensamientos preciso que necesitaba la revolución…que nadie piense que exagero, pues los cambalaches que realiza Badiou son de salto mortal y medio con tirabuzón final, relacionando la adoración que se tiene con respecto a los artistas, cantantes, etc., y al líder político del que habla), lecciones acerca de la contradicción, de la distinción de la que se da en el seno del pueblo, y la que se da con el enemigo, y la necesidad de su distinto tratamiento para que las primeras no se conviertan en las segundas al ser mal conducidas. Tras esas lecciones – que sobre el papel pueden quedar más o menos bien- elogios son dedicados igualmente a los aspectos de revolucionarización ideológica, lo que supondría modificar el propio modo de ser y de pensar de los revolucionarios, a modo de perfeccionamiento personal…En fin, sin extenderme más, estas son las cuestiones esenciales, que sirven según el ponente en ejemplos de aplicación universal revolucionaria, como continuación de la Comuna parisina ( s´il vous plaît!) que Alain Badiou plantea en este expeditivo libro . Soy de la opinión de que la lectura de Simon Leys, sobre los nuevos hábitos del presidente Mao, o los estudios acerca de la revolución y la contrarrevolución , hasta 1949, de Pierre Souiry, sirven bien para aclarar las cosas…seguro que Badiou conoce dichos textos, pero, seguramente para su sesgada opinión, son textos que hacen el juego al enemigo.

Cierto es que hay algunas matizaciones, ligeras, acerca de los tiempos que nos tocan vivir ( fuerza, por cierto, algunas comparaciones , un tanto traidas por los pelos, entre las diferentes posturas en liza en Mayo del 68 y los hechos repasados), más en estos acercamientos no se pone el debido énfasis en cómo la presencia del Partido auto-proclamado en vanguardia proletaria se convirtió en el camino directo al crecimiento de la burocracia, al desprecio de las voces venidas de la base plural, tanto en las dos revoluciones reivindicadas como en todas las que se dieron siguiendo el mismo modelo leninista / bolchevique; en los dos casos estudiados por lo visto el Partido dirigente era una necesidad absoluta ( y en ese orden de cosas resulta curiosa y descolocante la afirmación, sibilina y bifronte o tri, que realiza finalizando la obra: « sabemos hoy que toda política de emancipación debe acabar con el modelo del partido, o de los partidos, afirmarse como “sin partido”, sin caer sin embargo en la figura anarquista, que no ha sido nunca más que la crítica vana , o la sombra, de los partidos comunistas, como la bandera negra no es más que el doble o la sombra de la bandera roja») .

[ Recuerdo algunas pertinentes intervenciones de Jacques Rancière en las que cuestiona el modelo platónico que hace que los filósofos se conviertan en gobernantes mientras que los trabajadores…a tu trabajo; distinción que conlleva jerarquías que ya de partida señalan distintas funciones, diferentes categorías y responsabilidades lo que hace que la representación como forma de usurpación triunfe en esa dinámica de dirigentes / dirigidos] . Teniendo en cuenta cómo han ido las cosas…no parece despreciable aquello que plantease Michel Foucault al ser preguntado sobre si la revolución era posible al contestar que el verdadero problema era si era deseable. A lo anterior me atrevería a señalar que como dijese el otro los medios son el fin y el no tenerlo en cuenta conduce a justificar las mayores bestialidades ya aberraciones; y ahí es en donde los reivindicados paciencia y largo plazo, cobran todo su sentido.

Preguntándose Kant acerca de si la humanidad avanzaba hacia adelante, hacia mejor, en el plano moral, halló la respuesta en el entusiasmo – considerando este sentimiento sublime como signo demostrativo- que mostraban ante la revolución francesa los espectadores, no los protagonistas,…podían llevar a dar cierta pertinencia , viendo lo que ha resultado de tales procesos, a reflexionar aquello que dijese Jean-François Lyotard: mayor número, mayor miedo.

N.B.: Si uno lee únicamente esto, no cabe duda de que: apaga y vámonos. Ahora bien, no se ha de confundir la parte con el todo, y así no juzgo serio, aplicando un estrecho reduccionismo, dejar de leer a Céline, Heidegger, Jünger, Sartre , Camus, o el mismo Badiou, por ciertos textos y / o ciertos compromisos. En ese orden de cosas, No hace mucho tiempo escribí algunos artículos sobre el filósofo que ocupa estas líneas; ahí están los últimos

https://kaosenlared.net/torno-alain-badiou-i/
https://kaosenlared.net/alain-badiou-ii-ultimas-obras/
https://kaosenlared.net/alain-badiou-profesor-iii/

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