«Al rincón de pensar». El castigo de los penalizados

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Por Pedro Segura

Para muchas personas, las escuelas son instituciones donde los niños pueden recibir valores a la par que conocimientos necesarios para el desarrollo de su vida, también puede servir como lugar de socialización dónde aprenden el sistema de roles etc. Pero si vamos más allá en el análisis de la educación, nos daremos cuenta de que es un sistema que funciona para mantener el orden social establecido, ya que el sistema educativo y el sistema laboral se organizan de la misma manera.

Tanto estudiantes como trabajadores se deben adaptar a un horario, no vulnerar las normas impuestas, acatar las órdenes de sus superiores (sean maestros o jefes) así como el mínimo control que tienen sobre sus acciones.

De esta manera se crean humanos autómatas incapaces de cuestionarse nada, estirpan de nuestras capacidades ese don que la naturaleza nos regaló y al que hemos bautizado con el nombre de «razón humana». No es casualidad que la pena común en la mayoría de colegios sea «el rincón de pensar».

Pero, no sólo debemos quedarnos en el «cómo», también debemos cuestionar el «por qué».

Al no tener la capacidad de razonar nuestra mente adquiere una capacidad maleable que permite a otros darle la forma a través de medios de comunicación, creando así una realidad «casi universal» y dirigiendo esta a su antojo.

Esta es una de las muchas razones por las que asignaturas como filosofía, música, artes plásticas, antropología, sociología o ciencias políticas no interesan en nuestro sistema educativo, ya que nos hacen adquirir una personalidad rebelde, capaz de analizar su entorno y diferenciar lo que es real de lo que es ficticio.

No pretenden que no sepas, lo que pretenden es enseñarte lo que les interesa.

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