Agustín Gómez Arcos, afilado retrato del espíritu de la Victoria

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Por Iñaki Urdanibia

Oí una vez decir sin sonrojo, en una muestra de osadía y chovinismo, a Bernard Pivot en su programa Apostrophe refiriéndose a Jorge Semprún que: el mejor escritor español escribía en francés. Si el éxito del madrileño afincado en París era notorio más allá de las fronteras hexagonales, no sucedía lo mismo con Agustín Gómez Arcos ( Almería, 1993 – París, 1998) que escapando de la asfixia del nacionalcatolicismo que prohibía sus obras teatrales, unas tras otra, se trasladó primero a Londres para luego cambiar su residencia a París en donde a partir de 1975 optó por escribir en francés, obteniendo notable éxito en dicho país, como lo atestiguan los numerosos premios conseguidos y las críticas ensalzadoras, mientras ha sido prácticamente ignorado de Pirineos abajo; sería mera necedad conformarse con aquello de que nadie es profeta en su tierra, debiéndose buscar los motivos en otros factores: si la censura franquista le forzó a exiliarse, las luminarias de la ejemplar transición le empujaron al ostracismo ya que no se podían permitir voces, como la de Gómez Arcos, que no tragasen con las componendas y bajada de pantalones , eran tiempos de prietas las filas ( « Me resulta extraño que se hable del franquismo como antiguo régimen y me pregunto qué hay detrás de esto. ¿ Se nos quiere hacer creer que es absolutamente normal que el país haya vivido durante cuarenta años bajo una dictadura? . No puedo comprenderlo, aunque a decir verdad lo comprendo muy bien. Por eso escribo lo que escribo ») … Decisión claramente política, guiada por aquello de que el que se mueva no sale en la foto, la causa de la ignorancia de su obra a lo que habría de sumarse el desbarajuste editorial, desbarajuste materializado en la falta de traducciones de sus obras y subsanado por Cabaret Voltaire que se ha encargado de publicar El cordero carnívoro, María República, Ana no, Escena de caza ( furtiva), El niño pan y su Obra poética completa; ahora ha sacado a la luz una de sus obras, que en 1984 fue candidata al prestigioso premio Goncourt : «Un pájaro quemado vivo».

Leía en una entrevista realizada al autor en la Histoire de la littérature libertaire en France ( cita tomada de un Dictionnaire de l ´anarchie. Albin Michel, 2008; p. 255, en donde se da un escueto retrato del escritor) que si se afirmaba que era un escritor anarquista, eso era una evidencia del mismo modo que era español, yendo las dos cosas indisolublemente unidas, y ciertamente desde las primeras páginas de la novela de la que hablo pueden verse los dardos críticos con respecto a los resabios de los tiempos de la posguerra, con el imperante espíritu de la Victoria, que tan propicios resultaban para hacer el agosto, apropiándose de los bienes públicos y logrando permisos de construcción y otros suculentos chanchullos, del mismo modo que asoma el espíritu meapilesco que dominaba en algunas piadosas mentes, en compañía de las lecturas piadosas del Kempis y la audición de programas de radio en los que se daban noticias del mundo de los buenos frente a las hordas republicanas y/o rojas, provocando una doble vara ( como los dos colores de los ojos, a lo David Bowie, de la divina dama y de su hija) de comportamientos entre las apariencias y el y los hábitos reales: así, devotas personas de bien que predicaban las buenas costumbres mientras que ellos se entregaban a desfogues varios, nada ejemplares al menos en lo que hacía a los rígidos criterios de la moral dominante; « la Iglesia perdona siempre a los militares todo lo que condena ( sin apelación) en la conducta de la gente de a pie». La caricatura, propia del género picaresco, planeando de continuo sobre la realidad inmunda narrada.

Todo comienza cuando Paula Pizón Martín recibe un telegrama, enviado por su hermanastra Araceli ( la niña puta, según Paula), que da cuenta del fallecimiento de su padre ( padre-cadáver) Abel Pinzón, brigada del ejército victorioso que había hecho su carrera en el Sahara y el la guerra civil con las tropas victoriosas. A partir de ahí la narración se dispara para desvelarnos la vida del militar y su pía esposa, la divina Celestina Martín, quien habiéndose quedado embarazada se convirtió en el tema de conversación de los vecinos de la localidad, comentarios provocados entre otros motivos por el volumen que adquirió el bombo, hasta el punto de que la población pensaba que tal parto iba a dar lugar a montes. Conocemos la sequía sexual de la señora que sacrificaba su deseo en aras de conquistar el cielo, conservando su cuerpo cerrado como una fortaleza, en especial tras haber sido madre y dar por cumplida su misión/ prueba y deber ( era fértil y su marido había mostrado su potente virilidad al provocar el embarazo tras la primera noche como matrimonio) – posturas de la señora sinceradas a su confesor a domicilio, don Sebastián, y las posteriores de su hija…conversaciones que son de toma pan y unta, como tantas otras …hasta agotar el pan- y siendo consciente la devota Celestina, y justificando con disparatados eufemismos militares, las salidas de su marido a burdeles, bares, etc. Conoceremos a la patrona del Jardín de las Huríes, Pilar de Riopinto, conocida como Luciérnaga, convertida en amante del caballero al que le perdía la bragueta . A pesar de ello, pasando por alto estas operaciones militares , fruto de los desatinos de la carne, que desatendían las que verdaderamente eran propias de su grado, ajeno al ascensos en el escalafón con los consiguientes beneficios y privilegios, como digo, a pesar de todos estos deslices carnales y desatenciones monetarias, ambos se amaban con casta ternura.

También se va completando el cuadro y el retrato de la protagonista principal, la tal Paula en algunos comentarios acerca de quien le había enviado el fatídico telegrama, Araceli de la que no le gusta el nombre que no es muestra más que de su origen bastardo; lo mismo sucede con su sirvienta, la Roja, antigua prostituta, calva y muda, a la que la dueña de la casa trata con desdén, convirtiéndola en verdadero capacillo de las h/ostias. Se desvela igualmente el poco aprecio que la hija tenía hacia su padre, entre otras cosas por el -según su opinión- el infame trato que reservaba a su progenitora y su disoluta vida, lo cual era ejemplo de la falta de amor; dicha animadversión, por cierto, le veía desde la cuna… y acabó haciendo que Paula transformase su nombre evitando el apellido paterno: primero dejando solamente la inicial y llegada la mayoría de edad haciéndolo desaparecer; su padre no pertenecía al conjunto de los « verdaderos hombres, cargados de cojones. ¡ Vencedores! ¡ Machos, a quienes no bastó con ganar la guerra: había además que ganar la Victoria a golpe de prebendas y de ascensos! ¡ Ay, si yo fuera un hombre, yo…, yo…te castraría! ». Muerta la adorada madre, el brigada fue expulsado de la casa a ostias por la enfurecida Paula…a causa de las heridas recibidas fue hospitalizado , quedando fuera de servicio y yéndose a vivir al cabaret, manera eufemística de nombrar el antro, de su querida, provocando el escándalo en el estamento militar lo que no quitaba que al tiempo tratasen de enterarse a través de él de cómo le iba a la cachonda danzarina, y las críticas de otras fuerzas vivas del país,lo que les empujó a trasladarse a una localidad de la costa y montar allá la Pensión Edén cuyos clientes eran estudiantes que hallaron en la dueña, que fue adquiriendo una figura que dejaría flaca a cualquier de las ideadas por Botero, una consejera vital.

Con un humor ácido y un afilado y feroz sentido del humor, la narración se va desplegando , mostrándonos como Paula Pinzón Martín muestra de manera creciente su oligofrenia galopante; las Tres Palmeras se va convirtiendo en el verdadero lugar de la desaprovechada Victoria, rindiendo culto su dueña a los objetos que va acumulando, y una tenaz, como disparatada, tarea de reconstrucción de la genealogía materna, de la guerra civil, por otros medios, de cómo debía haber sido, con los beneficios de los vencedores que su padre no supo aprovechar, desperdiciando así ese capital político y el económico de su santa esposa. La labor de anamnesis atormentada que establece la mujer, alimentada por la rabia hacia su padre y la admiración hacia su madre, le va haciendo deslizarse por las sendas del delirio ( de lirium = fuera del surco), al irse creando una realidad sustitutoria de cabo a rabo.

El escritor hurga en algunos de los aspectos más rancios del pasado, con humor pero con enorme seriedad, en los que confluyen los sólidos baluartes del régimen: los militares, los curas y los dueños del parné…y Paula erigida en verdadera diosa, ya que en ella – según su demencial valoración se da la unión del Estado, de la Iglesia, del ejército, de los valores familiares, del honor, etc., Paula que, como su madre, había sido educada por las monjas jesuitinas que con motivo de la herencia de la divina Celestina, como a un panal de rica miel… aunque el panal no era tal y como se esperaba… [ no me resisto a recordar un caso de comportamiento pesetero y tramposo que conocí acerca de los hermanos/ padres religiosos al que asistí de chaval: cuando en un colegio de postín de la capital del reino el padre de unos alumnos tenía una librería con cuyas ganancias no podía hacer frente a los gastos que suponía la matrícula de sus hijos…los caritativos religiosos le daban todo tipo de facilidades y crédito hasta que el final, una vez hundido en las deudas hasta las pestañas…los religiosos se quedaron con la librería poniendo las bases de la que luego sería una editorial de literatura adolescente…« milagroso negocio con el que siempre se gana»], panal / herencia a la que más tarde la audacia de la heredera daría la vuelta ; Paula, digo, había convertido su residencia en centro de los rituales que organizaba al modo de las demonizadas misas negras masónicas, más teniendo a Dios de su lado…todo estaba permitido ; un ejercicio poderoso de memoria histórica, plasmado a través de la historia de una familia, y, muy en especial, de la figura de una de sus miembros quien bajo su pureza pública oculta sus vicios privados con su amante, hijo del notario Rosal – que a la muerte de su madre había hecho que Paula quedase bajo su tutela, convirtiéndose la casa en un verdadero centro de reafirmación de la (des) educación de la joven- , Félix, justificando su comportamiento con disquisiciones acerca de que lo principal es mantener su respetabilidad evitando ser penetrada por delante, cumpliendo de este modo su deseo de aun siendo mujer ser como un hombre…residencia en la que anidan los olores rancios de sacristía o de los acumulados en sotana de amplio y dilatado uso, sala de armas cuartelera..olores que Agustín Gómez Arcos es capaz de transmitir con certera desenvoltura, atrapándonos en la atmósfera cargada que inunda las Tres Palmeras, reflejo del páramo establecido en todos el país por los cruzados victoriosos, para desgracia de los republicanos, rojos y demás gente de mal vivir , convertidos en pájaros a los que se impide cantar la libertad, para ser convertidos en pasto de las llamas purificadoras .

Nadie que se acerque a este libro saldrá defraudado ante las historias alucinadas y alucinantes que se suceden , elevadas al nivel del esperpento, tomando el pulso a la esencia del muladar implantado, por las armas, por el caudillo y epígonos uniformados de caqui, de negro…de marrón como la…

La traducción de Adoración Elvira Rodríguez resulta impecable; eso sí, hay en la página 31 un diálogo que se me antoja un tanto confuso y contradictorio entre buenas y desgraciadas noticias, y en la página siguiente me sorprende, quizá se deba a mi ignorancia, la expresión empujón masculino que la verdad servidor no sabe con exactitud qué es, calificación que se vuelve a dar en la página cien cuando se habla de, contraponiendo, la suavidad femenina y la mueca viril de la señora , o un coraje masculino ( p 118), o la calificación de dos empleadas como machorras ( p. 122)…cuestión que no sé si se debe a la traducción o refleja la idea del escritor…en cualquier caso: reproducción de la típica y prototípica atribución de roles con sus supuestas propiedades; igualmente, en otro orden de cosas, me parecería mas adecuada otra expresión para calificar, un regateo que el de gitano utilizado en la página 124,más por ahí no seguiré, ni por ningún otro lado.

Solo me queda concluir, reiterando que estamos ante una novela ante la que no cabe más que exclamar Chapeau!

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