África: «guerras humanitarias» con sed de petróleo

La violencia asola Nigeria y Libia, dos países con abundantes recursos energéticos. La dominación de las potencias que conservan su estatus colonial ha impulsado al continente a desafiar el orden mundial establecido por Occidente.

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África es el continente con mayores recursos naturales, sobre todo de hidrocarburos y reservas minerales. En la década de los 60 se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en el subsuelo y las grandes potencias se lanzaron a su conquista. La reciente descolonización de los países africanos dejó a las economías maltrechas y dependientes de la producción agrícola, sin capacidad tecnológica para poder extraerlo y refinarlo. Europa aprovechó la sumisión de estos estados para invertir con sus empresas en la producción de hidrocarburos, EEUU no tardaría muchos años en sumarse al lucrativo negocio del oro negro.

Es en el siglo XXI cuando China extiende su presencia a casi todo el continente, favoreciendo el intercambio de bienes entre los países en desarrollo, esta nueva iniciativa de cooperación Sur-Sur ha de aumentar la rivalidad económica entre Washington y Pekín. La inestabilidad provocada durante años por Occidente a causa de los altos índices de desempleo, sumado a la corrupción de la clase política finalmente servirán de carnaza a los grupos yihadistas que operan en la región del Shael y supone la militarización de Libia tras la guerra civil.

Desde que la OTAN interviniera en Libia, avalada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en misión «humanitaria», la nación magrebí se encuentra sumida en el caos y la lucha por poseer el control de los hidrocarburos. En la capital Trípoli, el autodenominado Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) apoyado por Turquía, pactó en noviembre un compromiso marítimo y de cooperación en seguridad con su protector, el presidente turco Erdogan. Este pacto entra en conflicto con otro acordado en enero por los líderes de Grecia, Chipre e Israel para la construcción del gasoducto EastMed, el acta final fue firmada en presencia de Mike Pompeo, secretario de Estado de EEUU, como una señal de apoyo a la diversificación del suministro de gas natural en la Unión Europea y la reducción de la dependencia del gas ruso. El acuerdo turco-libio sobre fronteras marítimas no permite a la isla de Chipre tener una zona de económica exclusiva (ZEE), algo considerado ilegal por el derecho internacional según el grupo de países formado por Grecia, Chipre, Israel, Egipto y Francia. Se trata del mismo grupo de poder que está apoyando al Ejército Nacional Libio del comandante Jalifa Hafter en su lucha contra el gobierno islamista de Trípoli.

Libia es la tercera nación del continente en volumen de barriles de petróleo exportado. En 1970, el coronel Muamar Gadafi, tras derrocar al régimen monárquico exigió que se retiraran las bases extranjeras y fueran nacionalizadas algunas empresas petroleras, la iniciativa convirtió a Libia en el estado africano con mayor PIB. Actualmente el ejército de Haftar ha paralizado prácticamente todos los yacimientos, los jeques de las tribus leales al comandante han puesto como principal condición para reanudar las exportaciones el reparto justo de los beneficios por la venta de hidrocarburos entre las cuatro regiones, pero las pocas probabilidades de un armisticio entre los bandos enfrentados no garantiza el proceso democrático necesario para llegar a un acuerdo.

El Fondo Monetario Internacional prevé un crecimiento favorable de la economía en el África Subsahariana durante los próximos años. Nigeria es el paradigma de nación africana, su territorio es el más poblado y lidera la exportación petrolífera en el continente. La reconocida consultora PricewaterhouseCoopers (PwC) aseguraba, en 2015, que el país será dentro de unas décadas la novena economía mundial, por delante de muchas potencias occidentales gracias a la alta tasa de natalidad. Parecen predicciones difíciles de creer para un estado del Tercer Mundo, datos inverosímiles si no es con el criterio subjetivo que las instituciones neoliberales tienen sobre la efectividad de la gobernanza global. El aumento del precio del petróleo en la década de los 70 catapultó a Nigeria al ránking de las naciones más ricos de África, gracias a las inversiones de la multinacional británica Shell y las estadounidenses Chevron y Exxon consiguió un rápido desarrollo pero no se aplicaron estrategias de crecimiento sostenible a largo plazo.

En 2016 fue elegido presidente Buhari. Durante su mandato la economía entró en recesión, desde entonces el desempleo, el terrorismo y la pobreza han convertido a Nigeria en el séptimo país del mundo con menor esperanza de vida, superando a la India en el número de personas que viven en situación de pobreza extrema, prácticamente la mitad de su población.

El destino de las decenas de miles de migrantes capturados por las bandas criminales en Libia es la esclavitud o la muerte, tres cuartas partes de ellos provenían del sur de Nigeria, concretamente del delta del Níger. En la desembocadura del río Níger se ubican extensos yacimientos de la empresa anglo-holandesa Shell y ENI, de propiedad italiana, culpables del vertido de petróleo en sus aguas durante años, hasta convertir la región en uno de los lugares más contaminados del planeta y privar a la población de los necesarios medios de subsistencia. El golfo de Guinea, donde desemboca el río Níger, se ha convertido en el principal foco de piratería en África occidental.

El norte de Nigeria también es un importante foco de conflictos, allí el grupo yihadista Boko Haram intenta establecer un califato, extendiendo los actos violentos hacia naciones vecinas asentadas en los límites del desierto del Sáhara, en la región conocida como la Franja del Shael. La escasez de alimentos, el tráfico de drogas y el terrorismo forman parte del día a día de los países del G5 Shael, una institución regional creada para la cooperación en el desarrollo económico y de seguridad entre sus estados: Burkina Faso, Mali, Níger, Chad y Mauritania. Occidente ha convertido la franja en un centro de operaciones militares, el reducido contingente de tropas desplegadas por el Comando de EEUU en África (AFRICOM) ha conseguido silenciar el impacto mediático de las maniobras durante años, Washington tiene al continente tropical en el punto de mira dada la dificultad de acaparar el petróleo de Oriente Medio por culpa de la guerra.

Francia aprovecha el estatus colonial para liderar la lucha antiterrorista en Mali y Burkina Faso contra las milicias del Estado Islámico del Gran Sáhara (EIGS). Recientemente el grupo G5 cuestionó al presidente Macron la presencia de las tropas galas en su territorio a lo que el político respondió amenazando con plantearse la retirada total del ejército. Las desavenencias procedían del Forum Rusia-África celebrado el pasado mes de octubre donde el dirigente chadiano, Idriss Déby, afirmó que «el apoyo de la Federación de Rusia es vital para reforzar la estabilidad regional». Moscú está ampliando sus relaciones en materia de cooperación militar con multitud de países africanos, una iniciativa que podría servir para implementar estrategias de seguridad compartidas con Europa en la lucha contra la insurgencia islamista.

Desde 2009 China se ha convertido en el primer consumidor de materias primas exportadas por África, a la vez que ha mejorado su influencia en el continente a través de préstamos e inversiones para el desarrollo. El Cuerno de África es el principal receptor de los créditos, en esta región Pekín se abastece de petróleo en grandes cantidades. Las inversiones asiáticas destacan en el sector del transporte y, en particular, del ferrocarril: el mejor ejemplo sería el proyecto ‘Standard Gauge Railway Project’ —que forma parte del plan de la Nueva Ruta de la Seda marítima—.

La mayoría de la población africana aprueba la influencia del gigante asiático en su desarrollo, influencia que ha arrastrado a Occidente a una crisis de legitimidad. Con Pekín han mejorado en calidad de vida (sanidad y alfabetización) pero la sola exportación de productos básicos o los préstamos por valor de millones de dólares provocan desigualdad en la relación. Para las naciones africanas la dependencia económica de China puede ser el mal menor del proceso de globalización a la vez que una alternativa a la hegemonía de EEUU.

Sputnik

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